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jueves, 28 de enero de 2016

¿Qué predice un brillante expediente académico?


La entrevista a Laszlo Bock, vicepresidente de Recursos Humanos en Google en una entrevista en el NYT, me ha hecho pensar y ha confirmado algunas intuiciones que he obtenido a lo largo de mi carrera como docente. La idea fundamental del citado Laszlo Bock es que el expediente académico más brillante no predice nada del comportamiento de un futuro trabajador de Google. De hecho le prestan ya poca atención por no decir ninguna. Tampoco los tests rebuscados sirven de mucho para seleccionar a alguien con capacidad innovadora o de liderazgo.

Parece que el éxito en los estudios más elaborados puede querer decir más la capacidad de adaptación a un ambiente artificial en el que se ha aprendido a destacar. La pregunta fundamental que un alumno se llega a hacer es qué quiere el profesor que le conteste. Esa habilidad es la que se premia en los exámenes que destacan al alumno que contesta lo obvio que desea el profesor. Además los ambientes académicos son tan artificiales que rara vez tienen que ver con el contexto en que habrá que desarrollar su potencialidad el futuro trabajador.

Yo no soy profesor universitario, pero soy consciente de que las buenas notas, conseguidas con esfuerzo o con capacidad de adaptación a eso que quiere el profesor, no son síntoma claro de que haya verdadero brillo detrás. Muchas veces los alumnos con mejores notas se evidencia que no son imaginativos y que fácilmente, si se les saca del contexto en que se desenvuelven bien, perderían fácilmente el norte. Responder a lo obvio no es tan difícil. Responder a lo no obvio es más complicado. Alumnos que quedan orillados por su poco trabajo, su escasa constancia o su actitud disruptiva en clase pueden tener más potencial que el que triunfa en los estudios.

El otro día conversaba con un profesor en una salida y le explicaba que, a pesar de haber hecho un bachillerato científico, yo era muy nulo para las matemáticas y que me costó muchísimo sacarlas adelante. Aun así, le explicaba que todo lo que tuve que aprender sobre trigonometría, derivadas, integrales, números irracionales, etc, realmente no me ha servido de nada en mi vida profesional. Él no creía esto y pensaba que me había dado un sistema que aplicaría en mi vida de modo inconsciente. Yo se lo negué. Mi mente no es matemática, igual que no es futbolística ni musical. Tengo otras potencias pero estas no son las mías. De igual modo entiendo que todo lo que enseño sobre sintaxis a mis alumnos por prescripción curricular no les servirá de nada salvo que se dediquen como profesores a explicar sintaxis. Es falso que la sintaxis enseñe a escribir mejor. Se escribe de modo intuitivo y se aprende escribiendo, llenando miles de cuartillas y leyendo a los mejores. Ni Homero, ni Cervantes ni Balzac fueron a una escuela de escritores. Ni aprendieron sintaxis. En todo caso de modo intuitivo.

Veo a alumnos muy aplicados aprendiendo con ahínco cosas inútiles que en buena parte no sirven para nada salvo que se vayan a dedicar a una parcela del conocimiento muy específica. Y los exámenes suelen ser sobre eso, no para plantear problemas que exijan un ejercicio del pensamiento y de la reflexión para enfrentarse a lo no obvio. Los profesores somos parte de un sistema que no da prioridad a la creatividad, al liderazgo, a la innovación. Premiamos a los laboriosos, a los aplicados, a los formalmente adaptados, a aquellos que saben qué vamos a preguntar y se lo preparan, estudiando con tesón. Pero si uno se pasa la vida estudiando ¿cuándo aprende? Yo soy consciente de que todo lo que he aprendido ha sido de forma autodidacta y sin un plan prefijado, de modo intuitivo, bordeando los límites, circulando por carreteras secundarias. No necesariamente las respuestas están en las autopistas. Un futuro líder puede estar demasiado ocupado haciéndose preguntas que le obstaculicen el éxito en los exámenes que miden la homogeneidad y la ortodoxia. Y esa es la cualidad superior que tiene alguien que resalta. La capacidad de hacerse preguntas e intentar resolverlas de modo original. Lo asistemático tiene más posibilidad de enfrentarse a nuevos problemas que requieren salirse de los caminos conocidos. De hecho los grandes innovadores surgen muchas veces de la marginalidad y no del centro del sistema educativo.

¿Qué universidad puede crear a un gran periodista? ¿A un gran actor? ¿A un gran escritor? ¿A un gran director de cine? ¿A un gran pintor? ¿A un gran cocinero? ¿A un gran músico?


Entiendo que hay profesiones que requieren de una titulación académica, es cierto, por ejemplo los arquitectos, pero los arquitectos que edificaron las pirámides o las catedrales góticas no habían ido a la universidad. Hay diferentes medios de aprender pero nosotros lo hemos basado todo en la adquisición formal de títulos y de la conformación de brillantes expedientes académicos que terminan tirándose a la basura porque no son válidos para crear profesionales audaces e imaginativos. Para contestar preguntas imprevistas y fuera de programa.

A veces pienso que un solo dibujo muestra mucho más de un alumno que el examen más difícil que se pueda imaginar. 

42 comentarios :

  1. Estamos de acuerdo en casi todo, excepto en decir que esta formación académica no sirva de nada. Me parece que lo que la instrucción hace es llenar lagunas de conocimiento en áreas que tal vez no nos interesarían de ninguna manera y, por otro lado, exponernos a diferentes ramas de conocimiento que tal vez no hemos considerado hasta que nos topamos con ellas en la escuela. Pero para mí siempre la verdadera educación es un asunto individual. Es algo que uno busca y vive con entusiasmo.

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    1. Estoy de acuerdo contigo. Mi formación académica me creó un contexto que yo digerí muy libremente, sin adaptarme a su ortodoxia. Me refiero a la universidad. De mis años de bachillerato realmente recuerdo muy pocas cosas útiles, salvo sadismo por parte de los curas y los compañeros, pero ningún fomento de la inquietud o de las preguntas. Puede que mi formación sea muy antigua y ahora sea diferente. No obstante, una compañera el otro día afirmaba que seguimos enseñando como nos enseñaron, como hace treinta o cuarenta años. Un alumno con brillantes notas no significa necesariamente mucho. Ciertamente es una cualidad más o menos interesante. Pero, como dices, la verdadera educación es un asunto individual y no termina nunca. Hay quien pasa por la universidad como si pasara por la lavandería. La universidad es solo el comienzo.

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    2. Pues yo vengo a poner una nota discordante a todo esto. Escribo el comentario aquí porque no lo puedo poner en la general, no sé por qué.

      Yo agradezco haber estudiado esas cosas que "luego no sabes para qué te van a servir". Dependiendo de lo que hagas te pueden ser muy útiles. Si sólo planeas dedicarte profesionalmente a aquello para lo que tu carrera te prepara, entonces probablemente sólo te sirva estudiar lo de tu carrera y te podrías ahorrar lo anterior. Pero si llegado el momento ves que tu carrera no tiene muchas salidas, que quieres hacer otra cosa, y presentarte a exámenes de otra cosa, igual aquello que estudiaste te puede servir y de mucho. Aprobé el exámen de oposiciones con mucha suerte y casi sin estudiar, en disciplina distinta a la que he estudiado (aunque el tema que me salió tiene que ver con mis intereses) y entre otras cosas gracias al análisis sintáctico de segundo de bachillerato, a haber estudiado idiomas en mis ratos libres y a la historia de la ESO.

      Es decir, estudias una serie de cosas que son preparación para la vida, y nunca sabes por dónde te llevará la vida. Igual no te sirve para nada, pero igual sí. Y a priori ni tienes ni la más remota idea de para qué lo quieres. Además tienes el problema de que tienes que preparar a un montón de gente cuyas vidas van a ser muy variadas. Y no sabes qué cosas les van a servir. Así que les das lo básico de una serie de disciplinas para que luego ellos construyan a partir de ahí.

      Y si eres curioso, y te gusta aprender de todo, creo que una gran parte de lo que estudias en el colegio sin aparente utilidad posterior es muy interesante porque te ayuda a entender las cosas mejor. Incluídas las matemáticas, la lengua, la historia, los idiomas, biología, dibujo, arte, filosofía. Y hay veces que descubres relaciones entre las cosas que mola descubrir. Es el típico equipamiento que transformas en segunda naturaleza y luego ya no sabes cómo es vivir sin eso, y te piensas a ti mismo como si eso fuera natural, cuando no lo es.

      Y además, pienso que si a la gente se le hace llegar ese mensaje, por activa o por pasiva, aprenderán menos y al final sabrñan menos en general, incluso de aquellas cosas que luego sí les van a servir.

      Y sé perfectamente que los currículos son muy criticables, pero también sé que mirar desde la óptica adecuada (casi) cualquier currículo puede ser terriblemente interesante. (probablemente los currículos de las facultades de educación y de las oposiciones de educación son la excepción. Y es cierto que en las oposiciones para profesor hay disciplinas en las que lo que estudias no te va a servir directamente, pero quizá sí indirectamente, lo cual es interesante, quizá, porque tener una formación más amplia da perspectiva). Lo que hay que encontrar es esa óptica. Es decir, que como en todo, tienes que poner de tu parte. Y poner de tu parte resulta más sencillo cuantas más cosas sepas, porque tienes más material para relacionar.

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    3. Y la verdad, entre que en unas oposiciones te obliguen a estudiar literatura o caca pseudopedagógica, prefiero la literatura que te hace crecer como persona.

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    4. Yo también estoy de acuerdo en que es preferible la literatura a esa masa pegajosa y escatológica de la pedagogía que solo sirve para que algunos listillos vivan de ello. La literatura es arte, nunca es un contenido ocioso. NADA de lo que ha traído la nueva pedagogía oficial vale un ardite, es pura filfa, nada, realmente patética. Tú lo has definido perfectamente: caca.

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  2. ¡Si yo les contara lo que estudia mi hija preparando oposiciones para primaria...!
    Puedo opinar con conocimiento de causa, y opino, que nada de lo que está empollando le servirá en su día a día en las aulas; nada absolutamente.
    Puede ser que para un futuro profesor de literatura sea útil esa asignatura en el bachillerato y después en la universidad, pero les puedo asegurar que para despertar la curiosidad, la creatividad, el entusiasmo en los niños, no hacen falta estas alforjas,... ni tantas,... ni tan absurdas,...
    Ni vomitarlas luego delante de un tribunal...
    Pero creo que me he ido a otro asunto, el de la selección del personal. Esa es otra historia bien espeluznante!

    Se agradece el post.
    Saludos

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    1. Te dejo el enlace a la crónica en español de El confidencial que es una versión de la del NYT. Se refiere específicamente a la selección de personal por parte de Google SELECCIÓN DE PERSONAL EN GOOGLE

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    2. La bazofia pseudopedagógica que tiene que estudiar un estudiante de magisterio no tiene nada que ver, efectivamente, con lo que será su ejercicio profesional. Yo, afortunadamente, me he librado de ello, pero he sido consciente de las terminologías que nos han abrumado desde hace veintitantos años. Ninguna me ha servido de nada para orientar mis clases. He investigado mucho, en cambio, por mi cuenta. He leído, he seguido otras experiencias reales aquí y allí, y he elegido caminos en circunstancias no precisamente fáciles. No sé cómo orientarán la carrera docente en Finlandia. Creo que la escolarización comienza a los seis años. Creo que es una de las carreras más exigentes para la que hace falta una intensa dedicación. Pero no pienso que los castiguen con los conglomerados pseudopedagógicos que por aquí circulan. Suerte a tu hija.

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    3. Gracias por tus buenos deseos para con mi hija, aunque como bien sabes, más que suerte en su primer enfrentamiento a las oposiciones, necesita un milagro!!
      He leído el enlace que me adjuntas sobre selección de personal en google: mi ánimo está por los suelos, ¡las gentes de letras no tenemos nada que hacer, la mayoría de los trabajos del futuro todavía no existen, pero si hacemos caso de lo que dicen ahí, como no seas matemático, arquitecto o ingeniero, olvídate de ganarte la vida!
      Ya sabes, un enlace te lleva a otro y me he reído y mucho con este:
      http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-11-26/esto-si-que-es-montarselo-bien-en-el-trabajo_1107043/
      Si alguna vez estás triste, léelo, hazme caso :))

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    4. Ciertamente, los seres de letras, de literatura, arte, filosofía, y demás no tenemos lugar alguno en los deseos ocultos de nuestra sociedad. Para nada. Estas carreras son las que poseen menos prestigio, demanda y salidas laborales. A mis hijas les ha dado por Medicina y Biomedicina. Si me llegan a decir que quieren hacerse filólogas a mí me da algo tal como está el panorama. No hay demanda social de cultura. Esta está reducida a una mínima parte de la población. Los libros que se leen mayoritariamente no tienen que ver con la literatura de verdad. Somos una sociedad muy inculta en líneas generales. Un amigo que se ha ido a vivir a Mexico dice que los estudiantes de la UNAM son cultos y muy formados, con criterios muy exigentes. Me da envidia lo que me cuenta. Mexico un país devastado por el narcotráfico es infinitamente más culto que España o al menos le adjudica a la cultura un lugar mucho más elevado que el que se estila por aquí. Nos hemos ido del tema pero la misma conversación nos lleva a ello.

      Muy divertido lo del trabajador que montaba todo con scripts para realizar sus tareas. A ver si aprendo yo cómo se hace jajajajajajajaja.

      Siento este último año una nostalgia que no cesa cuando entro a un aula, tantas veces estresante, pero a veces un foco intenso de luz.

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  3. Estoy totalmente de acuerdo contigo en este tema. Como te dije alguna vez creo, los estudios no aportan casi nada, y coincido contigo en lo que, por ejemplo, la inmensa mayoría de lo aprendido en las matemáticas, normalmente no sirve absolutamente para nada en la vida real de persones que no se dedican a temas muy concretos. Y mira que yo soy informático, pero las matemáticas que uso en mi día a día son absolutamente triviales. Tengo un amigo que trabaja para Google. Trabaja conmigo hasta hace un par de años cuando lo ficharon. Desde luego la filosofía de fichar de ellos si que la cumplen si es tal y como nos cuentas. Era el chico de mi empresa que menos estudios informáticos tenía. De hecho ningunos. Creo que había estado a punto de acabar biología, pero estudiar informática nunca lo había hecho. Eso si, es un chico mega inquieto intelectualmente en muchos ámbitos además. Siempre tiene algo en la cabeza que probar, siempre innovando, probando cosas nuevas, con una imaginación e iniciativa difícilmente igualable. Supongo que eso lo que le vieron en Google.

    En la empresa donde yo estoy, en general, me parecía un trabajador mediocre, tirando a poco válido al menos según los intereses propios de la empresa. De hecho no estaba bien considerado en General. Porque era capaz de las mayores genialidades, de ser el primero en innovar a la hora de aplicar nuevas técnicas y lenguajes de programación, ganaba cada año un concurso de postales navideñas que montaba la empresa (eran multimedia, vídeos, juegos, etc), pero también se tiraba mucho tiempo del día dedicándose a trabajar en programas propios que el tenía y que no tenían nada que ver con la empresa, perdía la concentración fácilmente, si un tema no lo interesaba no lo afrontaba, lo iba posponiendo el máximo posible. Es decir, era un trabajador inconstante, poco disciplinado, mal organizado, genial, pero poco productivo.

    Creo que esa es mi respuesta a tu entrada. En los sistemas educativos, se forma a trabajadores para el mundo laboral capitalista, se crea trabajadores impecables. Los buenos en los estudios son los que se saben sacrificar, los que tienen constancia en el trabajo, los que retienen, los que obedecen a los profesores, si me apuras, los que hacen la pelota a los profesores universitarios (muchos de ellos acaban quedándose incluso de interinos en la propia universidad), los que saben dedicar horas extras a los estudios en casa, no se si me entiendes, todo es una cadena.

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    1. Como profesor, lógicamente, tengo que primar el esfuerzo, la constancia, el acierto en tests, cumplimiento de plazos, etc pero tengo siempre atento el ojo al otro lado, a ese plus de genialidad que puede aparecer en algunos alumnos que no responden al perfil de buen alumno académicamente hablando. Procuro acercarme a ellos, hacerles comprender que tienen un potencial que quiero estimular con algo que sea significativo para ellos. El buen alumno es generalmente muy plano. Cumplidor pero poco imaginativo, constante pero incapaz de raptos de genialidad o como se le quiera llamar. El sistema, como bien dices, se aprovecha de ellos y conforma todo el organigrama a base de sus facultades (necesarias, no obstante). Los individuos marginales muchas veces no pueden ser aprovechados. Me alegro por tu compañero que trabaja en Google. Como hemos visto es una política de la empresa. Si quieres lo excepcional, lo no obvio, no contrates a los trabajadores con capacidades grises, contrata también a los otros, a los que poseen una potente intuición aunque discontinua. Un solo momento de ellos vale más que miles de horas de trabajo del resto. Ahora bien, seguro que Google tiene a trabajadores disciplinados para llevar a cabo sus proyectos. En manos de los genialoides no podrían desarrollarse hasta el final. Puedo entender esta marca de los que se salen fuera del sistema. Funcionan a impulsos pero les falta la continuidad.

      En tu exposición, sumamente interesante, me queda una duda, la de saber en qué lado te sitúas tú. Como fotógrafo tienes raptos en que desarrollas tu faceta artística espontánea; como trabajador, te ves abocado (con cierta amargura, he intuido en tus comentarios) a trabajar como los disciplinados, aplastado en tu fuero interno por el sistema.

      Es mi último año, y en él estoy dando rienda suelta a lo que he sido siempre, y si no he podido serlo, he enfermado. Ahora lo entiendo. Mi enfermedad gravísima del ánimo provenía por el aplastamiento de mi faceta artística en el trabajo. Mi psique se rebelaba por no poder ser un trabajador gris que produjera individuos grises. Resultado: depresión severa. Más de una década. En el último año, las estrategias didácticas y la tecnología me han permitido desarrollar lo que yo siento que debe ser la cosa. Mis clases son otro ángulo. En el departamento en que estoy lo achacan (mi anarquismo) al poco tiempo que me queda en el convento. Me parece una interpretación sesgada y que no entiende nada. Este es el que soy, el que no ha dejado de ser, que fue siempre si las circunstancias académicas no me hubieran aplastado y convertido en la más triste de las cucarachas (ya que estamos hablando de Kafka, jejejejeje).

      Genial tu comentario.

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    2. Je, je, pues mi comentario de respuesta te va a descolocar. Porque en mi anterior comentario lo que te cuenta es que yo creo que el sistema educativo crea personas grises y está pensado únicamente para crear buenos trabajadores que llenen el mercado laboral de esta sociedad capitalista de excelentes y disciplinados números, en este comentario te tengo que contar que a mi personalmente, de alguna manera, el pobre sistema de enseñanza español me ha facilitado la vida.

      Te cuento, yo en la antigua EGB era un alumno excelente. Vengo de un barrio con poca tradición de estudios donde para la mayoría de los niños el objetivo era ser camionero o paleta como sus padres, o si triunfaban, futbolista como Arconada o Quini. En la EGB siempre fuí el mejor de la clase, siempre todo excelente, me ponía más que los demás, era constante, tenía tesón y se me daban bien toda las asignaturas por igual.

      Cuando llegué al instituto ya fui a un centro de más nivel, lejos de mi barriada y donde llegaban jóvenes de colegios del centro de mi ciudad donde había más tradición de estudiar (hijos de gente con carrera, no emigrados de Andalucía y Extremadura como en el mio, niños de conservatorio, y clases particulares de Inglés, jóvenes que se reían de mi acento en catalán de chaval que en su vida ha oído hablar en su barrio en catalán). Allí continué estando entre los dos o tres mejores de la clase sacándome el BUP y el COU con bastante facilidad. Siempre fui un alumno constante sin ser obsesivo. De los que me ponía a estudiar tranquilamente el primer día de clase en Septiembre y no lo dejaba hasta que acaba el curso en Junio. Con capacidades normales, pero constancia, disciplina, facilidad en todas las materias por igual. Si en algo sacaba detalles de genialidad era en Filosofía que me encantaba. La parte más humana de la Filosofía, tirando a la psicología, o a la sociología, pero vaya ese es otro tema.

      Luego en la Universidad ya la dificultad me puso en mi sitio. Entrando en una ingeniería dificil como las que existían antes (a día de hoy tengo entendido que el sistema ya no es tan selectivo) fui tirando con más o menos dificultades hasta que me la saque con más pena que gloria. Para mí era un carrera gris, un trámite para trabajar de algo. Yo no me crié en un ambiente en el que el que estudiaba lo hacía por vocación para desarrollarse como persona. A mis padres le costó mucho mandarme a estudiar. MI padre trabajaba en una fábrica y mi madre limpiaba en casas. Del hijo que estudiaba se esperaba que sacase una carrera con la que se ganase bien la vida para poder sentirse orgulloso de él, y sobretodo para demostrar al resto de la familia que sí que tenía sentido estudiar y el esfuerzo para pagarle al niño los estudios, aunque de entrada los primos paletas, en pleno boom inmobiliario cobrasen mucho más que tu hijo que era un informático de mierda.

      Después vino como sabes el gris mundo laboral, empecé de informático en pleno boom del efecto 2000 y el cambio de moneda al euro en un país donde los informáticos no son suficientes. Es una profesión gris, triste, desagradecida, yo no formo a nadie, nadie se alegra de lo que yo hago, si acaso se alivian porque les he arreglado algo que les iba mal. Yo no dejo mella en nadie, no inculco nada, no creo nada original o bello, yo arreglo fallos informáticos, hay algo más triste que eso.

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    3. Soy todo lo contrario que mi amigo de Google. Yo no tengo puntas de motivación, ni encuentro ningún aliciente en lo que hago cada día. Como tampoco lo encontraría en ninguna otra profesión de ciencias. En el mundo laboral sobrevivo por la constancia y la fuerza de voluntad que se me potenció en la enseñanza. Con mi capacidad de organización y concentración tiro hacia delante desarrollando cada día de mi vida algo que no me aporta nada. Soy la idea que tiene todo el mundo del trabajador de oficinas. Aquello que cuando tienes 18 años y eres joven e idealista dices que nunca podrías soportar ser. Que te pegarias un tiro antes que serlo. Y no tienes que imaginar como una persona triste en el trabajo, al contrario, tengo mis días, pero en general soy un trabajador divertido y charlatán, demasiado diría yo. Porque eso es lo que me salva. Las relaciones humanos, siempre estoy rodeado de seres humanos (con un alto índice de rotación por cierto, siempre tengo carnaza nueva) a los que conocer, a los que sacar jugo, vampirizarlos. A pesar de estar en la informática (generadora de grandes androides de clase A apenas parlantes) siempre encuentro seres humanos interesantes con los que compartir cosas, y de los que aprender mucho. Me río muchísimo en el trabajo. Puedo llegar a ser un verdadero Showman. Me encanta hacer hablar a los chavalillos jovenes que empiezan su vida laboral en mi empresa. Chicos tímidos que podrían ser mi hijos, adoradores de la Estrella de la Muerte y Sheldon Cooper, con ganas de llegar a los sillones de cuero de los despachos y ganas de ganar mucho dinero para comprarse BMW y Mercedes.

      El último con el que me estoy divirtiendo desde hace un mes es un Youtuber de unos 22 años. El tio se saca un sobresueldo cada mes grabando cada día de 18 a 20 (llega a casa a las 18) un vídeo para su canal de youtube jugando a un juego de ordenador de esos de batallitas donde por lo visto es el mejor de España, y después jugando en Streaming de 20 a 23 al mismo juego en una plataforma donde por lo visto lo siguen una media de 1000 personas cada día. Mientras juega va contando cosas, del juego básicamente. Estoy aprendiendo muchísimo con el. Por lo visto ese es el futuro de todo. Ya hay canales de televisión que emiten este tipo de retrasmisiones, y el tiene compañeros con muchos más seguidores que el (de juegos como el Minecraft al que está jugando mi hijo de 9 años ahora mismo a mi izquierda mientras a mi me da un rayo de sol precioso de sábado por la mañana en la frente) que ganan más de 40.000 euros al mes con esas retransmisiones. Me habla precisamente de uno al que mi hijo sigue mucho por la tablet. Pero es que además el chaval es mi máximo apoyo en las tertulias del desayuno sobre política. El como yo ve la única esperanza de cambio en Podemos y defiende con verdadera maestría para su edad esta opción ante el resto de adoradores de la derecha españolista (PP y C’s) con los que estoy rodeado en mi entorno de desayuno.

      Y tú te preguntarás. Y porque aguantas esa vida gris, porque no te cambias a algo que te guste más y seas feliz. Como si eso existiese. A ti te gusta la literatura, hasta donde se te gusta la enseñanza, ¿eres feliz?, me hablas de depresión severa durante 10 años, ¿sería feliz yo haciendo algo más gratificante en otro lado?. Quizás durante un tiempo sí, hasta que se convirtiese en rutina, en poco tiempo no creas.

      Lo que me apetecería es trabajar de cuidador de personas con discapacidad, síndrome de down, autismo, etc, con niños sería ideal (muchas veces en la informática tengo la sensación de que ya trabajo en un sitio así). Hice la objeción de conciencia en un centro así. Ser valiente y hacer un cambio, irme a un sitio a hacer algo para lo que no estoy preparado y a cobrar la mitad de lo que estoy cobrando ahora. Pero el sistema educativo no ha reforzado mi parte creativa, ha reforzado mi parte relacionada con el esfuerzo, no con el riesgo. Ningún profesor me dijo que en la vida tenía que ser feliz, me dijeron que tenía que esforzarme para aprobar.

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    4. Cuando me pidieron deberes a ningún profesor le sirvió que le dijese que no los había hecho porque estaba siendo feliz con los amigos jugando en la plaza y se me olvido hacerlos. En Filosofía me hacían pensar, y era donde más valoraron en mi cosas que no eran simplemente el esfuerzo, quizás por eso me gustaba más esa asignatura y era donde más me desarrollaba como persona.

      La enseñanza aplaca las personas, apaga los fuegos de la genialidad, castiga la rebeldía, aplaude la mansedumbre, y la insignificancia.

      Mi mujer quiere cambiarse de piso. Vivimos en un piso muy pequeño con dos hijos. Tenemos que volver a hipotecarnos, el panorama económico y laboral en España es desolador. Nosotros estamos en una situación privilegiada y podemos hacerlo. Pero si yo escogiese intentar tarde ya buscar la felicidad el tema se nos complicaría sobremanera.

      Conclusión, saldré a la montaña cuando pueda y tomaré aire, haré fotos que colgaré en el blog y tomaré aire, en los desayunos y comidas en el trabajos me quejaré de mi profesión, de la mediocridad de mis jefes, me reiré con ellos y tomaré aire, recibiré un abrazo de mi hijo por las noches y tomaré aire. Marcharé al mar un fin de semana de vez en cuando y tomaré aire.

      Y mis pulmones cobardes seguirán respirando en este mundo cruel como hacen tantos otros millones de seres de humanos en este planeta.

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    5. Plas, plas, (aplauso divertido por este discurso fluido salido del alma -o lo que sea-). Te escribo más por extenso en otro momento. Solo hacerte la observación de que Franz Kafka se pasó toda su corta vida (41 años) trabajando en una oficina de seguros de vida que significaba el aplastamiento absoluto de su capacidad artística por su grisura, por su burocracia, por su planitud. Luego por la noche (no dormía apenas) fue creando su mundo alternativo (en el que introducía el mundo del día en sus personajes abocados al desastre) que ha terminado siendo el más significativo del siglo XX en literatura. Nadie entendería la literatura del siglo pasado sin Kafka. Es un universo enigmático aunque tenemos sus relatos, sus diarios íntimos, sus cartas a sus amantes. Sabemos todo pero no sabemos nada. Creo que de ese universo gris, que tu conviertes con tu humor y tus bromas, se puede sacar un enorme partido artístico. Dices que te desenvuelves mal con las palabras pero este texto que has escrito es enormemente expresivo e interesante y te ha salido de un tirón, aunque lo has pensado cuidadosamente.

      Tu faceta divertida en el trabajo ha sido un descubrimiento para mí. Nunca me habías hablado de ella. Tus compañeros de trabajo son curiosos. Mis compañeros profesores son sumamente aburridos, apenas hay tiempo de hablar con ellos o yo no sé hacerlo. Yo vivo en una especie de burbuja, no bromeo (he olvidado hacerlo) y me dicen que vivo en un universo paralelo. Las clases me permiten el aire limpio de la adolescencia (aunque a veces te encuentras tormentas en él) y puedo experimentar.

      Puedo entender perfectamente tus condicionantes familiares, la nueva hipoteca inminente, criar a dos niños pequeños, sus perspectivas de estudios hasta la universidad ... Y ahí están tus escapadas al bosque, al mar, a la montaña para dar aire a tu atmósfera insatisfactoria de tu trabajo.

      También me ha asombrado tu interés por los discapacitados. Tampoco sabía nada de ello.

      Muchas gracias, José Antonio, tu texto bien vale que me tome un café (no bebo alcohol) a tu salud.

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    6. Aquí futura (espero) profe de filosofía. Siendo realistas, estudiando filosofía tienes muy pocas posibilidades de dedicarte luego a la filosofía. MUY POCAS. Ni siendo doctor. Ahora mismo el panorama es más que desolador (de hecho el futuro de los filólogos me parece un oasis en comparación). Y si eres doctor, puedes trabajar en universidad, pero eso es mucho más fácil si te vuelves un mierda lameculos, cosa que nunca me pareció atractivo, y exige dejar de pensar por ti mismo, lo cual es bastante poco filosófico.

      (Y un aparte, parece que los médicos sí tienen mejor futuro, pero no los biólogos o los químicos. Tienen un futuro de mierda, al menos en España. A pesar de estar licenciada en una carrera con futuro chungo, creo que la gente de otras muchas carreras no está mejor. Ingenieros con dos ingenierías trabajando 8 horas diarias, cobrando 600 y gracias? qué es eso? Para eso estudias ingeniería!? WTF!)

      Pero a lo que voy: si te gusta la filosofía, tienes unos recursos excelentes para aprender por tu cuenta (clases en coursera, el curso de Justice de Michael Sandel, dado en el la misma sala en la que Thoreau hablaba de la desobediencia civil, todas las entradas de la Stanford Encyclopedia of Philosophy... en reddit philosophy hay cosas interesantes de vez en cuando, y hay un montón de libros super interesantes sobre filosofía, manuales buenísimos, y libros de cosas que te pueden interesar). Y si quieres te doy mi email y te doy clases particulares. Mis alumnos de la uni me valoraban mucho (valoran, espero, que con algunos sigo teniendo relación). Y creo que me mola lo del pensamiento lateral, las locuras, trolear y eso (hacía mucho el friki en clase, y flipaban).

      Tu última frase, Jose Antonio, me recuerda a esta de Schopenhauer:

      “Entrar a la edad de cinco años en la hilandería o en otra fábrica y, a partir de ese momento, estar ahí encerrado primero diez, después de doce a catorce horas diarias, y realizar el mismo trabajo mecánico, significa pagar cara la diversión de respirar. Es el destino de millones, y muchos otros millones tienen uno análogo”. Schopenhauer, Senilia

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    7. No, información incorrecta. Thoreau no daba clases en la sala en la que está grabado Justice. Es el Sanders Theatre que se acabó de construir unos años después de la muerte de Thoreau. Teniendo en cuenta que vivió en Concord y alrededores y que está a unas 5 horas andando de Cambridge, supongo que sí dio charlas en Harvard, pero no en esa sala.

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    8. Me inquietas. Tengo una hija que ha empezado con enorme ilusión a estudiar Biomedicina.

      Tengo entendido que las filologías y la filosofía comparten el dudoso honor de estar entre las carreras que menos salidas tienen, algo desolador. Estudiar en este país es llorar. Me he puesto triste. En todo caso, suerte, amiga anónima.

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    9. Medicina está bien. La gente que conozco tiene trabajo bien, aunque hay veces que es inestable, pero qué no lo es en esta vida que nos toca vivir?

      Biomedicina no lo sé. Sí sé que biotecnología, que era "la carrera del futuro" hace diez años fue una cosa que se vendió bien pero luego en la práctica ha sido bastante hype. Y la gente que la hizo necesitaba una media superalta para que las salidas en la práctica (o las salidas decentes) sean investigación que está como está en este país. Sobre biología, me comentan que la salida son depuradoras y alguna cosa más. Pero supongo que el que estudia biologia no lo hace para terminar en la depuradora.

      Vamos, que no tengo ni idea de cómo está en concreto biomedicina, así que no sé si hay motivos para inquietarse. Cada cosa es un mundo. Suerte para tus hijas.

      Gracias por la suerte, de momento no me va mal, aunque estoy trabajando en salidas de filóloga hasta que tenga puntos para poderme meter a salida de filosofo con posibilidades de éxito.

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  4. Saludos, Joselu,

    he leído tu entrada (como todas aunque haya dejado de comentar), y bueno, hasta cierto punto estoy de acuerdo con lo que expones. Desde ese mismo punto, no.
    Es cierto que no recuerdo muchas de las cosas que estudié, sobre todo en el instituto. Pero también es cierto que gracias a mi paso por él tengo ciertas nociones sobre unas cuantas cosas y cuando quiero averiguar algo, sé por dónde comenzar. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero no opino que la formación académica en modo alguno caiga en saco roto. Eso no lo creo. Personalmente hubo un tiempo en que también pensé que era así. Hasta que comencé a razonar al respecto de lo estudiado. Después de la carrera. Tal vez sea por la naturaleza misma de lo que estudié. A fin de cuentas no es lo mismo estudiar Biología que Economía, o sí, quién sabe. De lo segundo cursé una materia y la verdad es que me pareció de lo más interesante (economía ambiental en la segunda carrera) pero claro, ya llevaba puesto lo de la primera. En fin... El caso es que a mí, ya te digo, personalmente, el haber estudiado me ha ayudado a afrontar situaciones muy duras desde el punto de vista personal. Por ejemplo cuando se murió mi padre. No sé si recuerdas exactamente cuáles fueron las circunstancias pero al principio estaba en shock, o eso me parece ahora. Mi madre estaba preocupada porque no hablaba del tema. Incluso yo me preocupé por eso mismo. Pero ahora entiendo que lo asimilé de un modo distinto a otras personas de mi entorno porque hay ciertas cosas que tengo muy asumidas, y que sin el estudio académico no lo habría entendido o llevado tal cual lo hice. Lo mismo con otras muchas situaciones. No sé, verte bajo una lluvia de mil demonios, a las dos de la madrugada conduciendo por en medio de la campiña inglesa, "al revés", sin un alma en ninguna parte, totalmente perdida, pero con algo raro. Una especie de seguridad en el fondo. Seguridad que te da también un bagaje intelectual además de el vital. El saber que por muy mal que se ponga vas a saber salir porque tienes recursos, y no me refiero a los físicos solamente, no sé si se me entiende.
    Ahora estoy dando clase en un bachillerato nocturno y observo en mis alumnos (mayores de edad) unos miedos que yo perdí hace mucho. Incluso en los más mayores -tengo una alumna que me saca dos años-. Ciertamente ajustarse al currículo muchas veces es un tostón. No hay curso más ingrato que segundo de bachillerato, o eso me parece ahora que estoy viendo lo que es. Pero por ejemplo en otras materias con más margen sí opino que los chavales aprenden mucho más. Y cosas mucho más importantes (aparte de los contenidos teóricos a los que no resto importancia pero que me parecen sólo la base). Esta semana por ejemplo y al hilo de un tema sobre evolución natural les pasé la peli de Gattaca. No se oyó ni una mosca en toda la proyección, pero el debate de después fue genial. Y a ellos parece ser que también les gustó mucho. Una alumna me dijo que era la única que les motivo. No sé si será así, y yo misma me doy cuenta de que tengo mucho más que aprender de lo que sé. Infinitamente más, pero sí es cierto que intento dar las clases como me gustaría que me las diesen a mí, y tratando temas que a mí me hubiese gustado ver en clase más allá del libro de texto.
    Memorizar para vomitar es un absurdo, salvo como tú dices, si luego vas y te dedicas a la docencia. Pero a pesar de ese absurdo, algo de lógica sí tiene. O al menos ya te digo, yo se la encontré. No sé, tal vez sólo sea la excusa como refugio, a saber...

    Besos, Joselu.

    Siempre un placer leerte.

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    1. Gracias, Vero, por tu comentario tan interesante.

      Vivimos un tiempo en que muchos docentes nos preguntamos qué es lo que falla actualmente en el sistema educativo. Hay otros que con el libro de texto y seguirlo ya están contentos, con ese saber prefabricado y ortodoxo que diseñan las editoriales. En el área de lengua, todos los años son los mismos contenidos. Es tremendo. Y se llega a bachillerato y se sigue con lo mismo. No se alienta a aventuras y desafíos intelectuales que sean motivadores. Tú lo estás viendo con ese bachillerato en que les pasas Gattaca. Hay otros modos de enseñar. Ese es el reto. Por otro lado, el post hacía referencia que los alumnos que se ajustan milimétricamente a lo que el profesor quiere de ellos pueden ser excelentes alumnos para el sistema pero ello no predice que sean individuos sobresalientes, capaces de innovar y afrontar lo imprevisto, fuera de lo obvio. Premiamos a estos porque nos son cómodos (y en cierta manera es justo también) pero quedan en el margen otros mucho menos académicos pero que pueden estar realizando un proceso de maduración mucho más personal y original. No nos son tan cómodos, claro. Queremos alumnos que nos sigan y que saquen buenas notas respecto a lo que queremos de ellos. En esto Google, según expongo, lo tiene claro: un expediente brillante no sirve en principio para nada de lo que ellos necesitan por las circunstancias que presupone de adaptación al sistema cuando lo que ellos necesitan es precisamente ser capaces de urdir lo nuevo, lo distinto, lo radicalmente imprevisto.

      Por otro lado, entiendo que algo de cultura general es válida. Yo estoy sometiendo a mis alumnos de tercero de ESO a un proceso de inmersión en Kafka, además de prepararlos en lo convencional, claro. Quiero que se enfrenten al pensamiento excéntrico, extraño, enigmático, fuera de esa lógica tranquilizante de bocadillo de chorizo para todos. Todo lo que elaboramos desde el departamento de mi materia me parece enlatado, convencional, gris, fácilmente previsible, para alumnos estándares, sin aristas, fácilmente adaptables a lo dado. No creo que sea tu caso y seguro que no caerás en ello.

      Besos, Vero.

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  5. Estoy totalmente de acuerdo con lo que cuenta Joselu en el post, así como Jose Antonio. De todas maneras, cada persona es un mundo, y solemos opinar según nuestras experiencias personales y según nuestro propio carácter. Por eso creo que el sistema educativo que no tiene la capacidad de atender a cada persona, según sus necesidades personales, características y temperamento, es un pésimo sistema educativo. Aunque no haya más remedio por razones prácticas y operativas que dedicarse a la uniformidad. Cuando escucho hablar del "alumnado", es una palabra que me da escalofríos.
    Existen muchas personas muy adaptativas que son felices estudiando contenidos "standard" que sueltan en un exámen, y les alegra enormemente que eso se convierta en un baremo alto, en un número, una nota que le alegra enormemente la vida. Luego en el mundo laboral se presentan cargados de títulos, másteres y postgrados (¡hay mucha competencia, qué le vamos a hacer!) que sueltan ufanos encima de la mesa de un psicólogo-psicóloga encargado de seleccionar personal (él-ella hizo lo mismo para estar ahí) que le hará a su vez las preguntas "estandard" que el candidato responderá convenientemente (viene preparado)y accederá a ese puesto de trabajo. Y se sienten muy a gusto en estas dinámicas y pueden llegar a ser muy felices realizando esas tareas, como hizo cuando estudiaba. No es un reproche, me alegro que se adapten tan bien a todo eso.
    El problema lo tienen los que su personalidad no les permite adaptarse tan bien a todo esto, empezando ya en el instituto. No explicaré aquí mi historia personal porque no tiene importancia, pero va por ahí. Y por ahí seguirán yendo las personalidades diferentes, seguirán pasándolo incluso mal. Y muchos serán catalogados de malos alumnos, simplemente porque no encajan con esos stándares.
    Creo que en general, el mercado laboral, sediento de titulitis, necesita de la mediocridad. Porque la mediocridad también es necesaria, y el sistema educativo prepara para eso. ¡Ojo que no vuelvo a ser peyorativo! Es más probable encontrar la felicidad en la mediocridad que en la genialidad, la excelencia, la ingeniosidad, el talento, la entrega vocacional o la brillantez profesional. Un mediocre sólo es capaz de reconocer y valorar a otro mediocre como él, y cuando detecta otra cosa distinta, lo aparta a un lado para que no le haga sombra. Por tanto, salvo excepciones ya comentadas, se ven obligados a deambular en la marginalidad o, como me decía una vez uno de estos "outsiders" en un trabajo: debo bajar el nivel intelectual e intentar adaptarte lo mejor que pueda. Puede parecer muy exagerado y tremendista lo que digo, pero es lo que me ha enseñado mi experiencia. Xavi.

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    1. Observo con cuidado en mis clases lo que sucede en función del sistema pero estoy especialmente atento a lo que acaece en la periferia del mismo. Me gusta encontrar ese rasgo de genialidad o brillantez al margen de lo académico, virtualidades desconocidas en alumnos que no son exitosos o que lo son pero tienen una vena ácrata (vamos a llamarla así). Entiendo que un alumno que satisfaga totalmente lo que el sistema exige con total éxito puede ser un fiasco en cuanto tenga que enfrentarse a lo insólito. Hace falta algo más que sale de la periferia, de la marginalidad, de lo externo al sistema. Lo que pasa es que muchas veces (no siempre) estos alumnos pierden el tren académico por múltiples causas (la vida les tira más que lo intelectual) y se ven en vidas más o menos estereotipadas y metidos en hormas mucho más rígidas y opresivas que aquellas que rechazaron. Por eso, pienso que el sistema es el que es, hay que convivir con él. De él no saldrá lo extraordinario porque está diseñado para que no sea así, como bien dices. El peligro de desasirse del sistema es elevado. Puede dar lugar a algo totalmente personal y propio. Es el caso de los líderes que son capaces de llevar proyectos insólitos con total independencia. Pienso en un Steve Jobs por poner un ejemplo. Pero, por otra parte, es arriesgado enfrentarse por completo al sistema sin un aura y una convicción absoluta. Y capacidad de fijar metas, continuidad y tenacidad. Un individuo destacado sin ello termina trabajando en lo más brutalmente gris. Los he conocido. El mundo está lleno de ellos mientras los adaptados al sistema son lo que ocupan los lugares preeminentes en los procesos de selección, en las aulas como profesores, en las empresas como encargados, etc. Ese plus de originalidad, de excepción, de singularidad hay que saberlo administrar. Puede ser un estilete que se lo clave uno en el corazón.

      Y ciertamente en el sistema educativo prima la grisura en general. No está atento a esos muchachos que se salen y que están pensando cuando algunos de sus compañeros se dedican a sacar simplemente buenas notas.

      Muchas gracias por tus comentarios que me llenan de gozo intelectual.

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  6. Hola Joselu,
    Totalmente de acuerdo. Hay quien incluso está afectado de lo que llamaría "titulitis", es decir hacer acopio de títulos universitarios, de post grado, de Masters y demás cursos, pensando así (y a veces les funciona) que aumentarán las probabilidades de encontrar un buen trabajo. Luego, en la práctica, en el campo de trabajo, no saben tomar decisiones ni tienen la iniciativa ni a capacidad analítica para hacer avanzar un proyecto.
    Yo siempre he creído que en los términos medios está lo correcto: ni un "lumbrera" académico" (lo que en el colegio llamábamos "empollón" ni un pasota poco instruido, por no decir ignorante por muy espabilado que sea.
    Quizá lo más provechoso de la formación universitaria o académica en general sea el haber aprendido a ser disciplinado y constante y, como decía uno de los comentaristas de más arriba, tener una base sólida y saber en todo momento ir a la fuente de la información. Recuerdo que tanto en Biología como en Farmacia tuve que presentarme a unos exámenes con libro. La primera vez, en Biológicas, dije: "caramba, qué bien". La segunda, en Farmacia, dije: "horror, no". Porque en estos casos el libro de texto solo era una herramienta en la que apoyarse pero lo realmente importante era saber interpretar la pregunta, el problema que se planteaba, saber analizar la situación, discurrir sobre el enfoque y buscar la solución. Y eso no se aprende en los libros.
    Muy buena reflexión, como siempre.
    Un abrazo.

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    1. Por diversas circunstancias que no vienen al caso, en cierta ocasión tuve ocasión de recibir currículums para trabajar en un despacho de logopedia. Los leía, algunos eran magníficos, deslumbrantes, propios en su perfección de estupendos estudiantes de logopedia, más masters diversos. Yo no tenía que decidir nada, solo tenía ocasión de mirarlos. Hasta hoy no he podido verbalizar lo que sentía ante aquel cúmulo de brillantez curricular. Miedo y aburrimiento. No había nada que me atrajera de aquello. Me impresionaba pero no me decía nada. Esto son los currículums estereotipados. Perfectos pero vacíos. Supongo que las empresas estarán llenas de ellos. Es lo que Google entiende que no sirve para nada en la medida de que estas personas desconocemos si serían capaces de gestionar un problema, un proceso, llevar una clase, desarrollar un proyecto o simplemente si serían capaces de innovar.

      En los libros se puede aprender de casi todo, depende de lo que leas. Eso sí, en la realidad es otro problema. Y ahí estaba el quid de la cuestión. He visto a arquitectos cagarse en los pantalones por no saber encontrar solución a un problema y dársela un albañil que estaba a sus órdenes.

      Yo no tengo problemas con los títulos. Solo tengo el de mi carrera. No sé dónde está. La última vez estaba arrugado y perdido en algún sitio. Mi currículum profesional es prácticamente igual a cero, salvo los años de experiencia llenos de claros y sombras. Si alguien tuviera que valorarme por ese documento, creo que bien poco valdría. Si me dejaran adjuntar una carta explicativa, todo cambiaría.

      Un abrazo, José María.

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  7. Joselu, me faltan manos para aplaudir. Tu reflexión golpea mi experiencia como hijo, como alumno, como tío y, finalmente, como profesor. Tus palabras denuncian un sistema burocrático, un sistema de molinos sin gigantes; una mentira cómoda al poder de gobernantes grises que huyen de la opinión critica, que odian la creatividad.

    Así se mantienen estructuras medievales y decimonónicas donde no hay rectores capaces de denunciar y democratizar las normas, donde las cátedras son más de piedra que aquella larga noche de Celso Emilio Ferreiro.

    Los políticos hace ya mucho tiempo que pusieron en búsqueda y captura cualquier asomo humanístico: duele, desde el latín a la música pasando por la filosofía, cualquier ápice de pensamiento libre, cualquier atisbo de creación ya sea espontánea o experimental.

    Cuentan las certificaciones, los títulos, cuentan y "cuentan" y -aunque los cuentos, cuentas o cuentos sean- nos arrastran por la pendiente mediocre de la rutina y del adocenamiento mental; ellos, los que dicen que no adoctrinan. ¿Y nosotros?

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    1. Xavier, por lo que veo eres profesor. Yo me inhibo del sistema político y pedagógico cuando entro en clase. Tengo a treinta alumnos y estamos solos, ellos y yo. Y allí no importan las estructuras. Hago lo que pienso que debo hacer sin limitaciones. Libertad pura, si bien busco también una especie de pacto con lo dado, un pacto mínimo. Sé que no voy a revolucionar el sistema educativo, pero este espacio es mío. Y de mis alumnos. ¿Que el sistema nos aplasta? Ignoremos el sistema, engañémosle.

      Yo era profesor de literatura en el antiguo BUP y COU. La totalidad de mi horario era dedicado a literatura. La LOGSE laminó un noventa por ciento la literatura que desapareció prácticamente. Esto fue muy duro para mí. No hubo una revuelta de la sociedad ni de los profesores contra aquel desmán. No sé si hubo alguna queja. Luego han laminado la filosofía, el latín, etc. Son parcelas que no tienen lugar en la escala de valores de nuestra sociedad española. Hay una lista de las carreras con menos posibilidades de empleo y ahí están todas las filologías (la hispánica, la clásica y demás), la filosofía, arte, historia ... Creo que hay otros países en que los valores son diferentes. Aquí es raro, si no insólito, que se hable de libros, de cultura, de arte. Por supuesto que Messi debe valer mucho, pero nadie sabe quién fue Schopenhauer o Kierkegaard. Por decir algo. No sé si la política ha interpretado nuestros intereses reales y las ha suprimido y devaluado totalmente o si la política ha determinado esta ausencia en nuestras conversaciones. Más pienso lo primero. Que somos una sociedad en buena parte ignara. Hemos destruido nuestro patrimonio natural y artístico en aras de un turismo de masas y no ha habido resistencia por parte de la sociedad. No sé si es el sistema político el que ha hecho que las cosas sean así o las cosas son así porque somos así. Más creo esto último. Tuvimos un siglo de oro hace mucho tiempo, pero la realidad es otra ahora.

      No habría gobernantes grises si el pueblo fuera culto y multicolor. Los gobernantes nos interpretan y quieren satisfacernos. Se los culpa muchas veces pero esto, creo, que es indubitable. Si el pueblo, la sociedad pidiera cultura, lo notaríamos y esto no es así.

      Eso sí, en mi aula yo soy libre. El que quiera aprender que aprenda.

      ¿Y nosotros? Que cada uno responda la pregunta. Yo sé mi respuesta.

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    2. Apreciado Joselu:

      Sigo estando de acuerdo contigo en la parte esencial de lo que dices, siempre hay matices, pero no deben desdibujar la cuestión.

      Soy profesor de Lengua, Literatura y de alguna materia optativa relacionada con la competencia digital. Yo vengo de otros mundos, trabajé veinte años en el gremio de las Artes Gráficas, fui desde obrero impresor hasta director de producción, pero siempre había querido dar clases. Y di clases relacionadas con la imprenta en Elisava y en algún posgrado de la UPF. Después lo dejé todo, a los cuarenta me convertí en joven universitario y estudié Filología hispánica.

      Hace diez años que doy clases en la concertada, en una concertada que se parece mucho a la pública, aunque trabajo más horas; pero también soy libre en mis clases, disfruto con mis alumnos y creo que ellos también lo hacen con frecuencia cuando realizamos actividades que no siempre se ajustan al temario. Otra cosa son los claustros, ya sé que bien lo sabes.

      No hago política en clase, pero cada vez me cuesta más obviar ciertas preguntas. Es cierto que tenemos una responsabilidad colectiva respecto a los gobernantes que acabamos escogiendo o tolerando con mayor o menor resignación; pero el político debería tener una ética y una vocación de servicio por encima de cualquier tipo de corruptelas. No parece ser así y la responsabilidad no debe ser únicamente de quien vota sino de quien debería cumplir con el programa ofrecido a sus votantes.

      Hubo siglos llamados de oro, pero cuántos accedían a la cultura y en qué condiciones. Y aquellos aúreos autores bien supieron de cárceles, de persecuciones y de miserias. Han pasado siglos, me pregunto si con ministros como Wert y similares se puede imaginar alguien la construcción de una sociedad culta. Ya no hablemos de la manipulación informativa incluso en las cifras del paro. Y es que el lodo nos viene de lejos, ni siquiera pudieron evitarlo dos siglos de oro en las letras y de miseria en las calles.

      Un abrazo.


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    3. Soy un escéptico total respecto al poder. Me gustaría que hubiera gobernantes justos y que apreciaran la ciencia y la cultura en general. Pero la política no está hecha para personas sensibles. Hay que tener los colmillos retorcidos para apuñalar al que te lo va a clavar en tu propio partido y en el rival. La política es muy dura. No llegan los mejores. Esto es un sueño ilusorio. Llegan los peores en cierto sentido. Para sobrevivir en ese mundo hay que ser peor que los otros. ¿Mentir? ¿Quién no miente? Todos mienten. Todos, si pueden, manipulan. Sin distinción. Es el juego. El ciudadano tiene a su favor que los gobernantes tendrán que darle algo de carnaza para mantener el juego, y de eso nos alimentamos. ¿Wert? Un detalle que pronto olvidaremos. ¿Sociedad culta? Eso sale de dentro, y no nos sale. Tuvimos a un ministro de Educación espléndido como Ángel Gabilondo pero no recibió demasiado apoyo. Yo no oí a ningún profesor hablar de su calidad. De hecho no oigo hablar a los profesores demasiado de nada. Y menos de educación. No hay nada más anodino que una conversación entre profesores. No somos una sociedad culta salvo sectores particulares. Y ser culto en un sentido no significa ser humanista integral. Creo que en algún momento me pondré a leer a Michel de Montaigne. Tengo pendientes sus Essais. Sencillamente no me creo nada de nadie. Eso sí, cuando entro en el aula tengo una oportunidad de oro para convertir aquello en un laboratorio de creatividad. Al menos lo intento. Disculpa si te doy la vara. Me gusta hablar y escribir sin tino. Recibe, Xavier, un fuerte abrazo.

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  8. Estoy de acuerdo con todo lo que expones, Joselu. Hay una dimensión social y afectiva del mundo más allá de la escuela y de la universidad, que hasta imagino tiene que ver con la resiliencia, que nadie te enseña, y que hace al éxito o al fracaso en la vida profesional, y hay también lo que llamamos "contactos", "atajos", "viveza", "olfato", "creatividad", "originalidad" y "suerte". Todo esto, creo, y seguramente varias cosas más que se me escapan -ya que yo no he sabido encontrarlo- hace al cocktail que deviene en eso que tantos buscan con avidez como la llave del "éxito".

    Un beso.

    Fer

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    1. Yo no puedo augurar el éxito o no a mis alumnos. No tengo ni la más mínima idea de quiénes saldrán bien adelante y quienes las pasaran más que negras. Lo cierto es que no será necesariamente un expediente académico quien lo decidirá. He tenido buenos alumnos que se han estancado y podríamos decir que han fracasado, y otros, aunque no lo parecía, han conseguido una vida autónoma económicamente. A lo largo de mi vida de profesor he visto que poco de lo que sucede en las aulas tiene su repercusión directa en el futuro. Tal vez sí, tal vez no. Brillantez en las aulas no quiere decir éxito. Fracaso en la aulas no quiere decir fracaso. Y viceversa también.

      Un beso, Fer.

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  9. Me he pasado la vida docente diciendo a mis alumnos que las notas me importaban un pimiento, que no habían de ser el "objetivo" de nadie, y que la evaluación continua que he practicado siempre ("¡Yo evalúo hasta cómo respiran ustedes...!", les decía, índice erecto y admonitorio acompañando la afirmacion...) me permitía ponerles la nota que merecieran al final de cada trimestre y del curso. Claro que he hecho exámenes, la ley obliga, pero con un valor mínimo, una nota más entre el mar de ellas que llenaban mis cuadernos de notas del curso. Nunca he sido "brillante" ni "matriculero", y a mis hijos les he transmitido mi teoría del 5 como mínimo, y a partir de ahí, ya era responsabilidad suya lo que sacaran, que yo no les exigía nada. Yo que he estado en el pelotón de los tontos -así nos llamaban- que habían de recuperar asignaturas como Lengua, creo que estoy en condiciones de ecir algo al respecto de lo que planteas, Joselu. De entrada, y de salida, estoy totalmente de acuerdo con tu planteamiento. Mi experiencia es que cierta aplicación académica teñida de mecanicismo está reñida con otros valores que, a la larga, pueden serle de mayor utilidad práctica al individuo, al margen del tipo de persona que crea dicha dedicación "exclusiva". No he destacado entre los más golfos, por exceso de ingenuidad, pero he aprendido mucho en su compañía y admito que me han curtido y aliviado de un exceso de idealismo romanticón que me llevaba por mal camino. Después de toda una vida dedicada al estudio y a la enseñanza, no me parece que una carrera académica brillante sea nada de lo que estar especialmente orgulloso, salvo que le acompañe una excelencia que permita destacar con obras concretas e incomparables, pongamos por caso Francisco Rico o Alberto Blecua, pocos entre pocos, lamentablemente. Cuando se han tenido tantos compañeros de profesión absolutamente obtusos e incapaces de apartarse de su librillo y sus dogmas, está claro que el éxito académico no siempre es un éxito vital, y que, como se suele decir hoy en dia, "está sobrevalorado". En el fondo, más allá de los conocimientos, está siempre la "persona", un ser en formación a quien podemos ayudar de muy distintas maneras, incluso a través de nuestras asignaturas. Ayudar ¿a qué? Pues a descubrirse a sí misma, no hay más. El profesor no ha de ser un pigmalión, sino un escalón que le sirva para seguir subiendo en ese autoconocimiento. El contacto académico me ha hecho mucho bien, e incluso puedo afirmar que me ha marcado vitalmente, pero también me ha amenazado mucho y he tenido que rechazar infames y deleznables intentos de manipulación que pretendían "llevarme al huerto" de otros, no al mío propio, donde cultivar, para bien o para mal, mi específica singularidad. Late en el sistema académico ese maleficio de la igualdad que busca la homogeneidad en vez de la individualidad, y choca, sin embargo, con el elogio del currículo y la excelencia. Dicho de otro modo, algunos de mis primeros profesores jurarían que solo gracias a un pacto con Satán habría podido llegar a ser profesor; otros dirían que de nadie puede decirse nada definitivo y que nadie da más sorpresas que los tontos...

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    1. Lo has dicho muchas veces, pero me cuesta imaginarte en el pelotón de los torpes. Tendré que creerlo porque así lo sostienes. Esto me da idea de que, en efecto, no hay posible juicio definitivo acerca de nadie porque la imagen que he tenido siempre de ti ha sido de brillantez como en la primera vez que te escuché en 1982 (hace treinta y cuatro años, uf). Lo estoy viendo como si fuera actual y hubiera pasado hace un momento.

      No sé si estamos totalmente de acuerdo, creo que bastante. Para mí el valor esencial que transmito como profesor es el fomento de la curiosidad personal, el inicio de caminos personales, la búsqueda de respuestas a interrogantes sucesivos, el autoconocimiento. No tengo muchos alumnos que se maten por las notas, es cierto, pero los más destacados en ello, no brillan precisamente por su imaginación, y sí aparece en otros menos destacados y elípticos que no pugnan por dicha excelencia. Mi expediente no ha sido brillante en ningún caso. No tengo nada que añadir a mi título, que no sé dónde está, en mi currículum. Tú puedes poner mucho más que yo. Mi currículum ha crecido hacia dentro en lugar de hacia fuera. Ahora da igual. Esto ha llegado a su fin. Aplaudo tu última frase de que nadie da más sorpresas que los tontos jajajajajajaja. ¿Dónde estarán los primeros de la clase de mi colegio de bachillerato? Buena pregunta.

      Algún día me tienes que contar tu relación con los golfos, esa es una historia pendiente.

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  10. Resulta extremadamente difícil prever lo que será útil o no para nuestros alumnos. Creo que en ese sentido, debemos ofrecerles un poco de todo, con mesura, para que vayan encontrando la parcela en la que se sienten más preparados. Hay auténticas aberraciones en la aplicación de los currículos que hacen que, por ejemplo, un alumno saque un sobresaliente en Ciencias Naturales mientras es incapaz de entender o producir un texto básico en castellano. No enseñamos para formar profesionales sino para pasar exámenes. Para solucionar esto, tendríamos que hacer caso a lo que dicen los actuales currículos (sí, la ley hoy está más avanzada que los profesores), donde se apunta hacia el trabajo en equipo (también los docentes) y el desarrollo de tareas integrales y habilidades transversales. Lo digo a sabiendas de que es ciencia-ficción en la mayoría de contextos.
    Un saludo.

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    1. Yo he procurado impulsar el trabajo en equipo este año -no de profesores, eso es prácticamente imposible-, pero sí de mis alumnos. El resultado ha sido escaso. La mayoría de equipos formados se han disuelto porque no eran equitativos. Siempre había alguno que se cargaba todo el trabajo y quien vivía del resultado del trabajo ajeno. La mayoría han optado por hacerlo individualmente. No cejo por ello. Otra consecuencia negativa del trabajo en equipo es que parcelan la tarea en partes y, si logran trabajar todos, cada uno se entera solo de su parte e ignora lo que han hecho los demás.

      Las actividades transversales deberían ser muy interesantes, pero, ciertamente, los equipos de profesores no están preparados para ello. Es cierto que parece ciencia ficción. A veces intentamos algo así en los llamados créditos de síntesis -no sé si solo son de Cataluña- pero el resultado realmente es mínimo y poco eficaz. La filosofía del profesor, hoy por hoy, es individualista. Solo en centros de nueva creación con un profesorado escogido es posible trabajar así. Hay demasiados intereses creados para el llamado trabajo en equipo. Personalmente, yo llevo mis proyectos en solitario. Nadie se interesa por ellos -y no es que yo no esté dispuesto a hablar sobre los mismos- y los chavales ven experiencias superpuestas que solo tienen como eje la figura del profesor individual. Todo lo que he hecho de valore en mi vida como docente ha sido en solitario. Puedo decir que, incluso, en tiempos del BUP, logré captar más el esfuerzo colectivo en algún caso que en la etapa que se abrió con la LOGSE.

      Saludos

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  11. El cuestionamiento de los expedientes académicos es en realidad un cuestionamiento del sentido de la instrucción pública y empleo esta palabra por que llamarla educación es algo que sobredimensiona el concepto que quiere expresar y le da un rango que le sobrepasa. La educación es un proceso natural de los individuos y no requiere sanción institucional.

    Partamos de una idea de base: la instrucción no nació como forma de colocación profesional como el capitalismo postindustrial pretende decirnos. No había ese sentido de utilidad laboral que nos han metido de tapadillo con claras intenciones manipuladoras.
    Para la cuestión puramente profesional existían los gremios con sus ciclos laborales y de aprendizaje que con posterioridad a la Revolución Industrial acompañada de una instrucción básica , lo de saber leer, escribir y las cuatro cuentas que se decía-hasta la adolescencia.

    Los privilegiados que accedían a ciclos superiores lo hacían para mantener el estatus de clase que te daba un título académico. Solo al margen estaban los estudios eclesiásticos, pero tampoco en el aprendizaje teológico había esa visión utilitaria que nos quieren ofrecer ahora y que ha servido para la progresiva eliminación de materias no adecuadas al nuevo mercantilismo mental de los oligopolios políticos y económicos: la filosofía, la historia del arte, quizás la gramática...

    Lo peor de todo es que este "lavado de cerebro" que pretende separar lo útil de los inútil, lo rentable laboralmente de lo que no lo es, no solo provoca una alienación en los alumnos. Es evidente que el propio profesorado lo sufre ya que no deja de cuestionarse -en muchas casos de forma obsesiva- el sentido de su trabajos, sudores y esfuerzos.

    Agradezcamos a este sistema que haya convertido la realización profesional en la única forma relevante y aceptable de realización personal.

    Un abrazo

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    1. Introduces una reflexión relevante en todo el comentario pero quiero recoger tu idea de separación de lo útil de lo inútil en el sistema educativo por la pérdida de peso de las humanidades que se ha operado a lo largo de mi vida académica. Pérdida que es evidente y que se confirma con la realidad de la desaparición de dichas carreras en las expectativas de trabajo viables. Es cierto, entre las carreras menos rentables laboralmente -con menos salidas- están todas las filologías, historia, arte y filosofía que prácticamente se extinguen en alumnos, planes de estudio y demás. No hay nada que me resulte más triste que mi especialidad de literatura haya desaparecido en la realidad de los institutos públicos cuando hace veinticinco años era medular. Poco puedo aportar más que lo que he aportado. Creo que es una pena. Hubo un tiempo en que era fundamental para los adolescentes que estudiaban bachillerato. Ya no. No hay nada que se entienda menos que comprar un libro que no sirve para nada, después de ser leído -si es que es leído-. El utilitarismo o pragmatismo es una maldición -ya lo escribió Cortázar-. Espero que el arte, la literatura, la filosofía sigan creciendo en los márgenes, si es que queda algo por decir que no lo desarrolle la tecnología. A ver ...

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  12. De hecho yo suelo tener un problema recurrente. En mis cursos no sirve el mero aprendizaje memorístico que a tantos alumnos les ha facilitado un currículum previo brillante. En cuanto les quitas el recitado estos alumnos suelen tener problemas. No siempre: el alumno brillante suele aunar el componente memorístico con otras habilidades. Tampoco conozco muchos alumnos brillantes que sean meros agentes de inteligencia adaptativa... Es una suma de cualidades. Y luego el azar de la vida y la forma de ser de cada uno: alumnos brillantes que de pronto se hunden porque no han sabido salir de un disgusto o una enfermedad de un familiar... Eso. La vida es una mezcla interesante de componentes en la que cada uno tira de sus capacidades de forma muy intuitiva a partir del acierto/error. El problema de la educación acomodada es que suele premiar solo una parte de la variante...

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    1. Una interesante aportación, realizada desde un nivel universitario, que nos aporta luz sobre esa complejidad que es la persona, el estudiante, más o menos brillante. El alumno brillante suele aunar la inteligencia adaptativa con otras habilidades más intuitivas tal vez. Me atrae lo que dices sobre que los alumnos que han basado su éxito en lo memorístico tienen problemas. Cuando era profesor de literatura, este criterio me creó la imagen entre algunos de que era imprevisible, que no tenían claro nunca cuando hacían un buen examen o cuándo no. De ahí a la arbitrariedad solo hay un paso en su mente. Está claro que buscaba claridad de ideas y un componente creativo original. Esto no es fáicl de explicar en qué consiste. El profesor lo percibe, si lo busca, en un pálpito, en un reconocimiento que siente cuando lee un trabajo o un examen que va más allá de lo memorístico. Pero ¿cómo explicarlo? La tendencia ha sido la de objetivar los exámenes igual que se ha objetivado (?) las pruebas de selectividad en torno a unos criterios absolutamente relativos -y a veces periclitados-. Es muy difícil objetivar una prueba de literatura a menos que la conviertas en una serie de ítems frente a la incertidumbre de lo otro.

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  13. Un texto interesante! Estoy de acuerdo con lo que dices Joselu, uno no necesita ser “brillante” para tener acceso a cualquier profesión y mucho menos el que tu titulo sea válido en cualquier ámbito aunque muchos estén emperrados en que así sea, todo tiene ventajas y desventajas, pero me he dado cuenta que los profesores no se quedan atrás en este tipo de cosas, es decir, yo estuve en la ESO y la tutora que era profesora de castellano nuestra me llamó para tener una reunión y decirme que hay que hablar sobre qué hacer para el siguiente curso porque decía que no podía hacer bachillerato, y eso a mi me fastidió un poco porque siempre se ha considerado que el bachiller es mucho mejor que un simple ciclo, y lo que más me sorprendió era de que aquellos que no me recomendaban hacer bachiller, ellos mismos lo habían hecho, incluida esta profe de castellano que dijo que estuvo en la universidad, así que si dicen que no tiene que ver el ser brillante para que tu titulo sea válido, porqué motivo los que han hecho bachiller te dicen o recomiendan que hagas un ciclo formativo (FP)?

    P.D incluso cuando iba con alguno de mis padres y nos encontrábamos a alguien por la calle y me preguntaba que es lo que haré ya que he terminado la secundaria y al responder yo “haré ciclos formativos” según de quien se trataba me decía que: “¿y siendo tan inteligente porque no te has decantado por la Universidad? “ “yo considero que el Bachillerato a por todas”, y lo que faltaba era de que mi padre me dijera que es una mier… q haya escogido fp, no me quedó otro remedio que decirle que yo si hubiese sido posible hubiera hecho el bachillerato pero que la profesora me dijo que no podía hacerlo e incluso otros miembros de la familia coincidían con el mismo consejo

    Buen texto me ha ayudado a reflexionar sobre lo que hasta ahora no se ha pensado mucho, todas las profesiones y cursos son importantes siempre y cuando tengas para subsistir

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    1. Cristina, mis hijas han sido encaminadas a la universidad. Una estudia primero de Biomedicina y la otra, más pequeña, quiere estudiar Medicina. Yo lo temo. No será un camino de rosas. Las salidas profesionales de Biomedicina pueden ser en este país muy inciertas y es posible que si hicieran un ciclo formativo tuviera muchas más posibilidades laborales a tenor de las salidas de las carreras. Medicina son diez años, una carrera muy cara, y muy incierta. No pienso que sea un mal consejo hacer un ciclo formativo. Nadie te impide ir luego a la universidad, hay puentes entre una enseñanza y otra.

      Efectivamente, todos los cursos y profesiones son importantes si tienes para subsistir.

      Saludos.

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