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viernes, 1 de enero de 2016

En el aire


Una rama en el aire, embelesada,
exacta, enhiesta, en el aire.
Hoy he soñado con la muerte,
sueños oscuros, no podía
escapar de ellos. Me agitaba
en la cama, abrazándome
a quien me consuela cada día
de mi existencia.
Una rama en el aire,
el vértigo del espacio vacío
y el renacer de botones
que restallarán de vida
en poco tiempo.
El invierno pasa
acompañándome el latir
desbocado del corazón.  
Como el funambulista que cruza
entre las torres Gemelas
y seguirá toda su vida
evocando esos instantes en el vacío,
en el aire, así estuve
hace muchos años cruzando
el abismo, como él,
en la montaña de Ordesa,  
sin cuerpo, libre, puro ... 
Sentir la liviandad, la levedad
del alma en el aire, en el vacío,
como esa rama que apunta
hacia el cielo de la tarde
no pudiendo anhelar
otra cosa 
que ser ella misma.
En el aire.



10 comentarios :

  1. Me gusta como se define esa rama agitándose a merced del viento.
    La vida resulta absolutamente posesiva, todo nos lo demanda. La muerte se conforma con la identidad.

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    1. Leo tus comentarios con emoción contenida cuando llegan de madrugada. Y me estimulan a seguir con esta serie que está a punto de acabar, en este tiempo de excepción que es la Navidad. Siempre recordaré esta sensación de escribir con riesgo, con libertad, asumiendo la posibilidad de ser un mentecato metido a versificador. Que te llamen poeta a veces escuece más que una crítica negativa. Tu reflexión es muy interesante.

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  2. Caramba, desde un comienzo "a lo Guillén", nos vamos deslizando por la vertiente del poema con el mismo tacto de ese funambulista que, en el fondo, somos todos, sobre el frágil hilo de la existencia. Me parece, hasta el momento, el más logrado de la serie. Me ha traído a la memoria nuestra excursión por Ordesa y la imposibilidad de atravesar por una pared peligrosa, llena de clavos auxiliares, por ir con los niños pequeños... Lo he leido con sumo placer, Joselu. La rama es siempre una promesa de futuro, de ir más allá... Justo lo que se abre ante nosotros el mismísimo día de la jubilación. Y no son los "fúnebres ramos" de Darío, no.

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    1. En mi concepción y vivencia de la vida y de las cosas, entreveo siempre el lado trágico junto al éxtasis del placer. No he logrado un áurea mediocritas que me mantenga en un intermedio razonable de estabilidad anímica. Vivo en un tobogan emocional altamente interesante para sentirme vivo. En mis textos anteriores no había fúnebres ramos sino una evocación necesaria de la infancia, imprescindible para dar soporte a mi realidad existencial que me mantiene en pie imaginativamente. Quizás te resulte extraño o patológico, pero yo necesito mantener un contacto, un hilo permanente con aquel niño que fui hasta los seis años. Tal vez lo reinterpreto, tal vez lo invento, pero acercarme al que fui en esa etapa de dolor y misticismo es esencial para dar soporte al artista que pugna por salir de una u otra manera. Para mí no ha habido fúnebres ramos y lo podrás comprobar con el siguiente texto que sigue esta noche. Sí, reconstrucción -más o menos- literaria. A veces lo hemos hablado. Tú no recuerdas tu niñez con una especial fuerza. Es una pena. Siempre te pareció un estado de insuficiencia que querías sobrepasar para dejarlo atrás. Yo, en cambio, me doy cuenta de que ya era. El que fui hasta esa edad es el personaje clave de mi vida. Solo estableciendo un hilo con él, que sigue vivo, puedo arriesgarme a límites insospechados. Afortunadamente, los libros vinieron a redimir una pubertad y adolescencia sumamente grises hasta los diecisiete años, un tiempo perdido.

      Lo que has leído -con hartas reticencias- estos días es un proceso mental que se ha iniciado con la escritura volcánica que ha surgido a partir de un texto relativo a una felicitación de navidad que inicié con alguna ansiedad y tristeza. El fruto de este proceso es la llegada a un arco iris emocional en el que ahora estoy. Entiendo este subir y bajar como parte esencial de mi vida. Tal vez otras personas logran vivir con más sosiego su día a día. Yo estoy acostumbrado a ello y entiendo que no puede ser de otra manera.

      Por lo demás qué precioso poema el de Rubén Darío.

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  3. Je, je, me ha encantado tu alusión a Ordesa, probablemente mi paisaje preferido. Parece que aludes a alguna aventura compartida con Juan Poz. Algunas clavijas, quizás, igual las que llevan desde la cascada de cola de caballo al refugio de Goriz. No creo que se las clavijas de Cotatuero que son mucho más serias. Ya contarás la anécdota algún día.

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    1. Efectivamente fueron las clavijas de Cotatuero, creo que ahora están mucho más civilizadas y con cables para asegurarse al pasar. Pero cuando las pasé eran puras y duras. Pasé un miedo aterrador hasta que me di cuenta que tenía que pasar. Entonces hubo un momento en que me di cuenta de que era igual morir, que no tenía mucha importancia, y de golpe perdí el miedo por completo y me dediqué a disfrutar de pasar por allí. Para un montañero experto esto es una tontería, pero para mí fue una experiencia iniciatica que he contado alguna vez en el blog. Esos instantes que estuve pasando ha sido una de las grandes experiencias que he tenido en mi vida. Si perdemos el miedo a la muerte somos libres. Creo que esos instantes me acompañarán algún día. Me alegro de haber compartido contigo el conocimiento de estas clavijas. Tenía 21 años y estudiaba en la universidad.

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    2. Yo en realidad no las he pasado nunca, e estado en Ordesa, pero no he subido por ahí nunca. Obviamente hoy en día esta todo mucho más instalado, en aquella época debería ser una cosa más seria, pero aun así, no creas que no pasa miedo muchos montañeros en sitios así. Los que tienen la montaña muy presente y la practican constatemente no pasan miedo en sitios así. Pero gente como yo que vamos muy ocasionalmente a la montaña, en sitios así realmente pasamos, pero le tenemos mucho respeto. Buscaré esa entrada en tu blog.

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  4. Bien, pues en el aire, aquí te devuelvo tu felicitación para este 2016
    que me encontré de ti al volver a casa y abrir el blog, mil gracias, de corazón! Fuiste mi regalo de reyes anticipado porque sé q te he crispado muchísimo en el pasado, me alegro q te hayas dado cuenta q sieeempre fue sin querer.

    Tu tobogán emocional nunca ha sido deferente en nada al resto de los que sentimos extremadamente todo en esta vida. Yo sieeempre he vivido en una montaña rusa emocional, la única diferencia q existe entre la mía y la tuya es que tú pillas velocidad en las bajadas y yo... en las subidas.. naaaada más ;)

    Un abrazo graande y mucha suerte con este año de cambios para ti, te irá bien!


    Recuerda respirar profundamente cuando te atenace por dentro lo que sea y escuchar sooolo lo que se escuche en el instante que estés, lo demás ...
    No existe, es solo un invento de tu mente ;)


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    1. Gracias por tu comentario, María. En estos días he publicado una serie de textos no especialmente poéticos pero que me han servido como ensayo de introspección durante las fiestas de navidad que ya se han acabado. El subir o el bajar es meramente una cuestión química que llevamos adherida en nuestro ADN. Pura química. Me han alegrado mucho tu presencia y tus palabras.

      Un cordial saludo.

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