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sábado, 7 de noviembre de 2015

Balance de "la clase invertida"



Llevo dos meses largos con mi planteamiento de la Clase Invertida. Los alumnos ven en casa vídeos que he grabado yo durante el verano sobre Historia de la Literatura. El programa de Lengua irá después. Las grabaciones son fruto de preparación e intuición a partes iguales. Abordo temas con rigor pero con amenidad. A veces hago el payaso para mantener la suspensión. Mediante una aplicación llamada EduCanon, puedo saber si han visto el vídeo y seguir sus respuestas a las preguntas insertadas en el mismo. Tengo una visión perfecta de su cumplimiento de las tareas y su grado de implicación. La respuesta suele ser muy buena. Ven los vídeos de forma mayoritaria. Tienen que hacer un resumen del vídeo y aquí ya no son todos quienes lo hacen ni hay homogeneidad en la calidad de los trabajos. Los hay excelentes y los hay chapuceros. Al día siguiente, al llegar a clase les planteo un Kahoot sobre el tema del vídeo. Esto me lleva mucho trabajo, tanto que es difícil imaginarlo. La animación invade el aula durante veinte minutos de duración del Kahoot en que compiten unos con otros sobre sus conocimientos. Al final uno gana y se le ve con una cara de enorme felicidad. Su nombre aparece destacado sobre la pantalla digital. En este juego se produce gran expectación. El resto de la clase es para elaborar mapas mentales sobre el contenido de los temas abordados. Un mapa mental en Mindomo a la semana. Estos mapas tienen gran complejidad y requieren de una buena comprensión del tema para establecer las jerarquías necesarias de conceptos.


Mi impresión en general es buena, pero soy consciente de que estoy pisando territorio nuevo y potencialmente resbaladizo. Cuarenta minutos de la clase son dedicados a su trabajo de ampliación, pero el ambiente es muy distendido. No dudo de que hay algunos que aprovechan el clima libre de la clase para tontear y no hacer nada. Esto me duele. Intento motivarles pero no siempre es posible. Me pregunto qué impresión tendría un observador externo de estas clases. Aparentemente son demasiado libres. El profesor va de un lado a otro intentando orientar en la tarea que están haciendo. Hay alumnos que necesitan total orientación y otros que son plenamente autónomos y hacen unos mapas mentales realmente formidables, a un nivel incluso superior a bachillerato. Están en tercero de ESO. El nivel de avance es interesantísimo. Me asombra el grado de compromiso de algunos/as de ellos/as. Es tremendo. En ese clima de desorden aparente de la clase hay esfuerzos muy superiores a lo convencional. Otros, ya digo, lo aprovechan para divertirse y trabajar muy poco. Digamos que un ochenta por ciento de la clase está firmemente comprometido con un sistema netamente distinto a lo habitual y que exige una convicción muy importante. El grado de fidelidad de buena parte del aula al sistema es elocuente. Es como si nos hubiéramos metido en una nave a un destino incierto pero convincente. Yo no sé adónde vamos a ser capaces de llegar. Lo ignoro. Este año es para mí totalmente diferente. Intuyo que vamos a llegar mucho más lejos que con cualquier otro planteamiento. Ello no quiere decir que no me asalten dudas en clases que son completamente experimentales. Es tan práctico llegar a clase, imponer un orden, y ser convencional ... A veces me pregunto por qué me cuesta tanto ser un profesor convencional. Por qué me arriesgo a enfoques tan terriblemente audaces, tanto que un alumno externo puede pensar que en clase hay un enorme desorden. Sin embargo, busco llegar más allá de lo establecido. Pero ¿es posible? ¿Acaso no será como decía en un post bastante desconcertante XARXATIC que el planteamiento de la Clase Invertida era el más absurdo y necio que se había conocido en los últimos años? ¿Por qué arriesgarme en el final de mi carrera docente a hacer algo que es abiertamente revolucionario? Y con la incertidumbre que eso genera. Hay días en que salgo confortado, y hay días en que desfallezco y me siento abatido. El trabajo es abrumador. Dar soporte a este sistema de producción de dos vídeos por semana es agotador. Dedico todo mi tiempo libre a dar consistencia a lo que estoy haciendo. ¿No hay otras formas más sencillas de trabajar? ¿Conseguiría el grado de implicación y complicidad que logro de esta manera? ¿Es todo una ilusión que necesito para confirmarme que estoy en un camino interesante? Me gusta sentir el compromiso de mis alumnos con lo que estamos haciendo. ¿Cómo lo verán ellos? No lo sé. Ignoro qué idea se llevarán sobre unas clases nítidamente a contracorriente. Es difícil evaluar con esta escasa perspectiva un proyecto que es a la vez vitalista e intelectual. No sé. Ciertamente no lo sé. A veces me da la impresión de que estoy en una película de los Hermanos Marx y otras que estamos en un filme de Bergman. Mi vivencia interior está sometida a fuerte desgaste intelectivo y emocional. ¿Es algo absurdo lo que estamos haciendo? ¿O estamos construyendo una hipótesis de lo que puede ser la escuela necesaria para un mundo como el que estamos? Nada de esto me lo han explicado en los libros de pedagogía ni en los cursillos de formación. No sé si soy un botarate o un explorador que se abre a territorios nuevos. Francamente no lo sé.  

19 comentarios :

  1. El planteamiento dicotómico, todo o nada, no conviene a tu salud mental. Tu experiencia merecerá un 7 o un 4, un 8 o un 3. Seria rarisimo que mereciera un 0 ó un 10.

    El problema de esas entradas anfetamínicas en q crees merecer un 10 es que se tornen un día en lo contrario. Yo soy también de extremos. Mi madre decía q paso del frio al fuego.
    Ni tanto ni tan calvo.

    Ánimo. A mi me parece bien tu planteamiento. Pero cuidado q no se te suba a la cabeza.

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    1. Loiayirga, para desarrollar este planteamiento se requiere, como he dicho, un inmenso trabajo fuera del aula (y dentro). La pregunta es por qué hacerlo si puede hacerse algo mucho más simple. Para contestarte a esta pregunta necesitas como ingrediente la pasión y esta es buena y mala consejera. Por un lado, te ayuda a seguir adelante, pero, por otro, puedes llegar en un momento dado a la extenuación extrema. Por eso es necesario creer en lo que se está haciendo, creer que tiene sentido, aislar los momentos de bajada cuando surgen como momentos de una batalla. Tiene algo de épico para bien y para mal. Por eso lo de la etiqueta de anfetaminas que no he puesto en esta ocasión si te has dado cuenta. Esta vez he sido mucho más apegado a la tierra reconociendo lo que no es posible conseguir. Y reconociendo el lado bueno. Muchas gracias por tus comentarios.

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  2. Yo ya no me pregunto si soy buen o mal profesor. Me pongo una nota de 0.a 10.
    Y ademas es una nota circunstancial. Es la nota que merezco hoy. No mañana. Ni el mes que viene.

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  3. Preciosa la reflexión.
    Me siento muy identificado con este debate que has sabido expresar tan bien.
    Yo creo que el hecho de plantearte las cosas ya es que vas por buen camino.
    La docencia no es una cadena de producción.
    No es una rutina establecida.
    No puede serlo.
    Aunque... cuántos compañeros llevan haciendo años y años exactamente los mismo curso tras curso...
    Para entrar en el aula cada día tenemos que llevar un poco de ilusión.
    También enfrentarnos con cierta incertidumbre.
    Y llevar a los alumnos a procesos de creatividad.
    Porque solo se interioriza aquello que se vive con emoción.
    Y puede ocurrir que, frente a momentos de ambiente de aula mágicos, haya muchos otros en que parece que todo naufraga.
    Los alumnos recordarán tus clases toda su vida.
    La del profesor que no hacía nunca "cosas normales".
    ¿Qué profesores recordamos cada uno de nosotros?
    Yo recuerdo los pocos que tuve que hicieron algo especial, que me emocionó en su momento, que me sacó de la rutina, que me hizo pensar...
    Y asociado a ese recuerdo están los procesos intelectuales, emocionales, que lograron generar en mí.
    Sé que el coste físico y psíquico que conlleva el estar continuamente innovando es... inmenso.
    Lo sé.
    Pero merece la pena.
    No estamos en una cadena de producción.
    ¡Enhorabuena por tu trabajo!

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    1. Te agradezco profundamente tu comentario que es elocuente y claro. Innovar supone desgaste, pasión, esfuerzo, situaciones comprometidas y momentos de intensa satisfacción. Nada hay asegurado de antemano. Es una apuesta incierta. Me gustaría que mis alumnos recordaran estas clases, si es que se llegan a hacer un hueco en su historia personal: dimensión humana, emocional e intelectual. No me conformo con poco. Quiero hacerles avanzar geométricamente. No aspiro a conocimientos de fácil digestión y olvido inmediato. No. A la vez busco que se sientan reconocidos, respetados y considerados en su búsqueda. Los que más expongan tienen derecho a llegar a lo máximo, independientemente de su CI. Apoyo a todos pero quiero que sobresalgan los alumnos luchadores, los que, a pesar de sus dificultades, no tiran lo toalla. Si algo permite este planteamiento de la materia es la evidencia de quién es cada uno. Y, si se me permite, siento un gran orgullo por la mayoría de mis alumnos. Saben que me estoy entregando. Saben que esto es un camino nuevo. Espero que sea inolvidable para ellos igual que lo es para mí. Efectivamente, no es una cadena de producción. El aula es una especie de sala de redacción y trabajo. De elaboración de ideas. Y en un clima distendido los veo esforzarse a la mayoría. Hay alegría. Cuando me enfado a alguna hora conflictiva entienden que lo haga. Pero siguen adelante. No puedo aspirar a que esto sea el camino para el cien por cien pero sí que llega a una buena parte que se sienten motivados y yo especialmente al verles trabajar con tanco ahínco. Falta el proceso final que será la evaluación. Esta es otra apuesta, muy diferente del que hace dos exámenes y extrae una nota. La evaluación será un proceso igualmente complejo y nuevo. Y me gusta.

      Hay días en que todo parece naufragar, como dices, hay días en que hay errores, pero el conjunto es muy alentador.

      Gracias por tus palabras, Ángel.

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  4. Joselu, insistes mucho en que algunos alumnos aprovechan para divertirse y pasar de todo, eso siempre ocurre. Lo importante es que tú te has puesto a prueba y contigo a toda la clase. La idea puede funcionar o no pero no te has quedado con las ganas de intentarlo y experimentarlo en tus propias carnes. Efectivamente hay mucho trabajo detrás y también durante, porque hay que saber mantener la tensión de la enseñanza y de la clase ante un entorno nuevo que también es artificial y novedoso.

    No hay nada más tedioso para un profesor que una clase rutinaria donde ya se sabe lo que va a pasar a continuación día tras día. Por eso necesitamos esa llamita encendida que nos dice que neceitamos hacer algo diferente, probar algo nuevo. La cuestión es que, como dices, es agotador. Es como cuentas, hay alumnos que te entienden a la primera y son plenamente autónomos, otros que se sienten a gusto en el lío sin hacer nada y otros que quieren implicarse pero te necesitan al lado. Mi experiencia, que no se acerca a la tuya ni mucho menos, es que la que trabaja como una burra soy yo si quiero que todo salga adelante y al final siempre me planteo si el esfuerzo ha merecido la pena, pero al final pienso que si lo hice fue porque necesitaba hacerlo.

    Y ahora al leerte pensaba en lo diferente que es ser profesor de una materia y sentirse cómodo en el territorio que pisas y ser profesor de esa materia y sentir como que estás en aguas movedizas. Eso me pasa a mi este curso, es muy diferente cuando enseño Inglés y cuando enseño Lengua, que me produce mucha inseguridad sobre lo que enseño y cómo lo enseño, pero sobre todo me siento mal por los alumnos, porque creo que se merecen alguien que sepa el terreno que pisa.

    O sea, que sea lo que sea, Joselu, habrá valido la pena porque lo que hayas hecho lo habrás hecho sobre un territorio que conoces muy bien y muchos de tus alumnos habrán sacado buen provecho de ello, estoy segura.

    Y ya nos contarás tus conclusiones. Un paseo de vez en cuando de esos que te das tú, te vendría bien.

    Un abrazo.

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    1. Estoy echando a faltar uno de esos paseos como bien dices. En otoño me retraigo esperando la primavera para iniciar cuatro o cinco meses intensos de caminatas hasta desembocar en el verano. Vivo demasiado encerrado entre cuatro paredes, sea en casa o en el instituto. Paso muchas horas ante el ordenador o el iPad leyendo, estudiando, preparando ideas. Estos últimos días he iniciado un ejercicio mental a través de un dispositivo que se coloca en la cabeza y que te conecta con el ordenador en un entorno de videojuego. De tal modo con el pensamiento puedes volar en la pantalla. Es algo extraño y en alguna manera fascinante, pero todavía estoy lejos de saberlo entender plenamente. Quiero decir que estoy en un entorno excesivamente mentalista y que, efectivamente, necesitaría caminar como bálsamo a tanta actividad intelectual. Y este proyecto tiene mucho de intelectual, a pesar del entorno de juego con que lo implemento. Puedo entender lo que dices de sentirte cómodo en el territorio que pisas. Es complicado impartir una materia que no es tu especialidad.

      Nada de lo que pasa en la Clase Invertida es anómalo. Sería utópico que el cien por cien del alumnado fuera a responder positivamente a este nuevo planteamiento, pero ciertamente el grado de compromiso es alto por parte de la mayoría. Lo que pasa es que va avanzando el curso y el cansancio mental se va acumulando. Lo que era nuevo, pasa a ser ya un modo de funcionamiento habitual y ya contiene menos sorpresa. Aun así, el balance es muy positivos. Los logros de una clase habitual son menos sorprendentes. Creo que los alumnos esperan la clase con ilusión. Es algo diferente del planteamiento de otras clases en que lo único que tienen que hacer es escuchar. Aunn así, espero en el segundo trimestre dar un giro que lleve a nuevas cotas de intensidad. Les voy a hacer escribir una novela (o cuento) de unas veinte páginas como colofón del curso. Las otras veces que he intentado este proyecto siempre he tenido narraciones realmente muy buenas. Los chavales a esta edad tienen mucho que decir, y quiero ser ese profesor que sea el que les lleve a ese ejercicio apasionante que es construir un relato breve en que su propia vida (o no) puede ser la base del mismo. Es probablemente mi último año de docencia y anhelo que sea el más intenso de las últimas décadas. No busco, como ves, la comodidad o el tranquilo aposentamientoe del que no quiere ensayar nada nuevo. No. Estoy como si comenzara mi carrera docente, y tuviera veinte o treinta años por delante.

      En cuanto a conclusiones, las iré desgranando a lo largo del curso.

      Un abrazo, Angie.

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  5. Ser profesor consciente exige un esfuerzo al que pocos están dispuestos. La gratificación no vendrá -aunque comprendo tus temores y dudas- del resultado sino de la satisfacción del deber cumplido. Sé que es un concepto un tanto neblinoso, pero es en el que yo creo.
    Enhorabuena por tu esfuerzo.

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    1. ¿Satisfacción del deber cumplido? A veces hay un instante en que esto aparece, pero se diluye ante la complejidad del aula en que las necesidades son tan variadas y perentorias que uno no sabe muy bien si debe sentirse satisfecho por el deber cumplido o insatisfecho por todo lo que no ha hecho y tal vez pudiera haberse conseguido. Gracias por tus generosas palabras.

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  6. Hemos estado viendo tus vídeos en youtube con mi hija, quien justamente estaba necesitando un refuerzo en sintaxis. Te hemos dado el "Like", Joselu. Tu trabajo es maravilloso: didáctico, adecuado para los alumnos y - para grandulones como quien escribe - y ameno. Mi hija dice que desearía tener un profesor de lengua como tú, y ya nos hemos suscrito a tu canal, ¡Adelante, profesor!

    Un beso.

    Fer

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    1. El problema para que puedan ser considerados como material abierto para todos los visitantes en general es que están muy concebidos para unas circunstancias muy concretas a las que hago referencia. No están pensados para un público abierto y no sé si en este sentido son útiles. Me alegro de que te hayan interesado. Mis alumnos han visto ya unos quince o dieciséis vídeos de historia da la literatura desde la Edad Media y llegaremos como indicar el programa hasta el siglo XVIII. Luego comenzaremos con los temas de lengua de los que he colgado dos vídeos, pero esto tiene que ampliarse a partir de ahora. Es muy gratificante que os haya gustado, es un motivo de satisfacción. Es la primera vez que yo sepa que son vistos por alguien ajeno a mis clases. En algunos vídeos aparezco más histriónico que en otros para captar su interés. De hecho cuando ven alguno de estos en que exagero y hago bromas, al día siguiente me dicen que les ha gustado mucho estas salidad de tono. En cambio a mi hija de dieciséis años no le gusta que bromee, dice que no es seri. En fin, estoy contento con este trabajo y me congratula que lo podáis apreciar. Un beso, Fer.

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  7. Pues a mi modesto juicio ni botarate ni explorador, eres un hombre bueno sencillamente, que es una de las mejores cosas que se puede ser; además eres sincero contigo mismo.
    En lo único que discrepo un poco, y dudando mucho de mi propia discrepancia, es en que tenga tanta importancia la "forma" en tu maravillosa aventura. No cabe duda de que mediante esos vehículos de expresión que estás utilizando vas consiguiendo el objetivo. pero ello no es por el interés de los medios en sí sino porque estás aprendiendo junto a ellos, no frente a ellos, que sería distinto. Tu trabajo me recuerda la época en que me dediqué a investigar si Francisco de la Torre era un heterónimo de Quevedo. Era una pasión parecida. Naturalmente que para descubrir tal cosa tenía que enterarme colateralmente de lo más que pudiera de la vida de Quevedo en esa época, de su estilo, de su matrimonio pronto malogrado con Esperanza. La pasión viene con el aprendizaje, con el progreso.
    Bien sabes que ha habido épocas en que pensaba radicalmente lo contrario que tú. Lo que estás haciendo este año realmente despierta mi más absoluta admiración. Lo que garantiza de algún modo que irritará a otros tantos, la experiencia ya lo avisa jajaja.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Como profesor había llegado a un punto de no retorno en los niveles de la ESO. Me costaba mucho explicar en clase, me desagradaba incluso. Veía que el nivel de atención no era bueno. Había mucha dispersión. En bachillerato es diferente porque en ese momento ya son más maduros. Pero a los trece años yo no conseguía tenerlos atentos sobre una materia aparentemente árida como la Historia de la Literatura o temas de lengua. Así que esta didáctica parte de mis carencias y en este sentido la tecnología viene a ayudarme. La tecnología y una visión diferente de lo que puede ser una clase. Para llegar a ello, me he sumergido en experiencias pioneras que se están realizando en todo el mundo, pero especialmente en Estados Unidos. De ahí la Flipped Classroom. Grabo las clases y las ven en casa. Así consigo un clima de atención dominante sin la distracción de estar en el aula. Luego es un conjunto de secuencias que vuelven y vuelven sobre lo explicado de modo que se les fije en la memoria. Las clases son para profundizar y no para explicar. Hay pasión, claro. Tengo una enorme curiosidad por los frutos de este enfoque distinto. No hay nada asegurado y ciertamente aprendo con ellos, y la orientación es por grupos o individual. En ese sentido puedo sentirme satisfecho. No sabes qué placer es poder debatir contigo y recibir tu estímulo y aliento.

      Un fuerte abrazo, también.

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  8. El planteamiento dicotómico (o es una peli de los Marx o una Bergman) es fatal para cualquier persona. No eres ni un botarate ni un genio. No eres un excelente profesor (aunque a veces te lo creas) ni tampoco una birria (aunque en los peores momentos también lo creas. Ese "Cesar o nada" es un tipo de pensamiento que lleva a la depresión.

    Si el esfuerzo que requiere la clase invertida es hercúleo no es un buen planteamiento. Los profesores son humanos, ni heroes ni dioses. Ni siquiera tú podrías sostener un esfuerzo colosal durante mucho tiempo. Aunque te sobren ganas y energía. Aunque que te mueva un enorme miedo a jubilarte sin haber sabido enseñar realmente. (esto último no es mas que una especulación de vía estrecha, que se me ocurre sin conocerte demasiado, pero quizás lleve algo de razón). Sí sé una cosa. Si yo estuviera haciendo algo así sería por una ataque de pánico ante el temor de terminar mi vida sin haberme podido aprobar a mí mismo como profesor.

    Supongo que eres mayorcito y sabes relativizar estas cosas que te decimos. HAciendo estos comentarios no sé si me mueve la envidia, la impotencia o un deseo de ayudar.

    En todo caso espero que no te los tomes demasiado en serio. Especialmente si pudieran causarte daño.

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    1. Muy interesante y penetrante tu comentario que no me ha molestado en absoluto puesto que sé que está planteado con la mejor de las intenciones -aunque tenga su punto divertido de maldad-. No, no soy un genio. Ni soy una birria. Y aciertas en que vivo dividido entre consideraciones dicotómicas. Y aciertas también en que hay algo de pánico ante el temor de terminar sin haberme podido aprobar como profesor. No lo había pensado desde ese punto de vista, pero tiene bastante de verosímil. En un tiempo acumulé experiencias límite como profesor. Llegué hasta lugares que no suelen ser transitados por los profesores comunes en cuanto a audacia y espíritu rebelde. Ese era el Joselu que me gustaba. Bastante narcisista por eso. Luego vino la Logse y no levanté cabeza, salvo momentos muy puntuales. Sin duda lo viví como una pérdida. El mundo profesional se me vino abajo. Tuve que dedicarme a sobrevivir pero como en el síndrome de Ulises sentía que había sido arrojado del Olimpo donde había vivido. Fue una cura de humildad. Necesaria. Fueron malos tiempos para la lírica. Perdí toda ascendencia con mis alumnos y me sentí francamente mal. En este último año quizás busque, como dices, una aprobación de mí mismo como profesor. No lo estoy desarrollando como suele hacerse, por lo que veo: un año de espera para poderse liberar, un año sin novedades ni riesgos. No. Estoy experimentando nuevamente como solía, y asumiendo riesgos con un esfuerzo grande, es cierto, pero no sobrehumano. Como ves tengo tiempo para dedicarme a leer libros, a hacer vida familiar, ir al cine, ver series, volar con mi EPOC+. Vivo este tiempo de modo extraño. No quiero irme con una sensación de no hacerme valer de nuevo como creador, irme con el agrio sabor de lo que supusieron años de bajón mental, de depresión profunda, que tenía en lo profesional una raíz clara. Acudí a diversos profesionales para pedir ayuda en mi crisis. Ninguno supo entenderme demasiado salvo una psiquiatra ya jubilada que me atendía sin estafarme. Era muy buena.

      No puedo ni quiero contradecirte: es posible que tengas razón, pero eso no le resta encanto a la situación. Quiero vindicarme, no irme con la sensación de ser un profesor gris como veo en muchos de mis compañeros. Sé que mis alumnos me tienen afecto. Aunque no se porten demasiado bien en clase a determinadas horas. En fin, no sé. ¿Es acaso malo lo que hago? ¿Perjudico a alguien? A mí me ayuda a viviri con pasión, lo que más anhelo. ¿Motivos psicoanalíticos? Puede. No los niego y los expongo abiertamente. Ser profesor es complejo. Este blog tiene desde el principio un objetivo que es desnudar a un profesor existencialmente con sus temores, sus miserias, sus euforias, sus momentos de pánico y de éxtasis. Como ser humano que soy: pero en este caso, aceptando lo que tiene de grande ser profesor, acompañado también en mi blog de tan agudos comentaristas como tú. Muchas gracias. Probablemente has dado en el clavo y me ha hecho pensar. Pero. aun aceptando todo, no veo que tenga nada negativo. Cada día es un motivo de ilusión. Y ahora me voy a ver un episodio de House of Cards. ¡Qué bueno!

      Un abrazo.

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  9. Joselu, es estupendo que no dejes de hacerte preguntas, pero no cometas el error de autoevaluarte continuamente con excesiva dureza. Si tú estás satisfecho a pesar del esfuerzo que realizas, si tus alumnos avanzan y disfrutan porque están trabajando de una manera diferente, si te sientes vivo casi al final de tu carrera docente, ¿qué más quieres? Habrá días que te sientas demasiado cansado y desilusionado, por supuesto, y seguirás intentando que esos alumnos "descolgados" se enganchen al carro ilusionante que significan ahora tus clases, eso es bueno porque significa que te interesa de verdad lo que haces y no te limitas a cumplir sin más, pero no permitas que eso mine tu moral. Es imposible mantener siempre el listón a la misma altura. No conozco a nadie que no dude en algún momento de su labor ni a ningún profesor que haya conseguido excelentes resultados de todos sus alumnos (asunto éste realmente interesante y peliagudo, por cierto). Ten en cuenta, como bien sabes, que en la vida de los alumnos (y no sólo la parte académica) influyen cantidad de factores. El centro docente y los profesores no son lo más importante, en contra de lo que muchos piensan. Tus alumnos tienen padres, familia, amigos, barrio, entorno social... A veces un profesor puede ser determinante en la vida de un alumno, pero no es lo normal. Por un lado somos muy importantes pero por otro nos cargamos (y nos cargan) con responsabilidades que no nos corresponden. He conocido excelentes maestros que se han abrasado en el cumplimiento de su deber. Todos nos gastamos en menor o mayor medida pero no hay que llegar nunca al límite del sacrificio, no sólo por aquello de "ni agradecido ni pagado" sino porque nuestra vida privada puede llegar a verse resentida (a mí me pasó) y eso sí que no es bueno. En cualquier caso, admiro tu valentía y tu capacidad de trabajo. Si te diste cuenta de que no querías seguir por el camino ya trillado y aburrido has hecho muy bien en buscar una alternativa satisfactoria. No hagas caso de las críticas, tú sabes muy bien lo que debes hacer.
    Un fuerte abrazo, colega.

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    1. Leí apasionado tu comentario. De lo mejor que he leído en mucho tiempo. Vivo mi profesión de la única forma que sé hacerlo, que puedo hacerlo porque soy así. Me resulta difícil ponerme una coraza ante las emociones que siento. Me vi reconocido en la peli de dibujos de Pixar Inside Out. Puedo entender a la niña porque yo vivo las cosas así. Parece increíble pero es cierto. Para bien y para mal. Yo me he acostumbrado a vivir así. Tiene su aspecto bueno y su aspecto malo. Soy consciente. Disfruto y sufro. Ahora este tiempo final pasa en un proyecto complejo e interesante. O al menos yo lo veo así. Y me sigo planteando interrogantes. No somos decisivos: hay muchas otras cosas, cierto. Comentarlo luego aquí me sirve de terapia, aunque no todos los días me atrevo a hacerlo. Hay días en que más vale no escribir. Mejor dejarlo pasar. Y esperar a que haya algo que sí merezca la pena.

      Un fuerte abrazo, y gracias por tus palabras.

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  10. “Cuando todos los problemas tecnológicos estén resueltos, los problemas de la educación no habrán sido ni siquiera rozados”

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    1. Tal vez en un tiempo no lejano se vuelva en la escuela a la caligrafía. Yo propondría la caligrafía oriental (japonesa) con pinceles. Y propondría abandonar totalmente la tecnología y volver a hablar, debatir, aprender a escuchar, leer libros, salir a caminar, olvidar los móviles. Charlar en un parque, ver cine clásico en blanco y negro. Hacernos masajes de modo que sintamos el cuerpo. Volveríamos al ágora y la educación recuperaría su sentido etimológico. Y yo me apuntaría a ese intento, Ximo. Ya lo creo que lo haría.

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