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lunes, 9 de marzo de 2015

Mi amigo budista


Hice esta foto durante mi caminata atravesando la sierra del Garraf. El perro me miró cuando pasaba por la Plana Novella cerca del monasterio budista. Intuyo en estos ojos una mirada intensa, no sé si llena de tristeza o de perplejidad. No sé de perros. En una caminata hay momentos que se aproximan al misticismo. Iba solo. Es una buena compañía. En algunos instantes sentí algo cercano a la felicidad, especialmente al atardecer, tras más de cuarenta kilómetros. Sé que no soy nada, que no soy nadie, pero mi ego oscila entre la disolución y la euforia de existir. Este perro me mostró su vida interior y yo la capté. Posó para mí. Hoy día prefiero este modelo antes que atractivas muchachas que posaran para mí en poses atrevidas. No me gusta la fotografía de boudoir. El arte es una vía de acceso a lo invisible, al misterio a punto de revelarse.

El profesor de secundaria deja lentamente su piel de docente. Todo lo que pasa en el insituto en el fondo le da igual. Normas, proyectos, burocracia, disciplina... Me atrae lo esencial y olvido lo anecdótico. Caminar es meditar. Ser profesor es algo que ha sido una dedicación parcial durante más de treinta y cinco años. Yo no soy eso. No dejará huella en mí. Hay vocaciones más hondas que ser profesor aunque durante diez años esta ha sido en este blog mi carta de presentación, la que ha sobrevivido. Pero soy el antiprofesor. No participo del espíritu del cuerpo. Soy un detalle en el organismo de un instituto.

Padezco fobia social. Pero me gusta como soy. Extraño. Único como cada uno de los seres de este planeta. Como este perro que me dedicó la mirada más inteligente que he percibido en los últimos días y con quien hablo en este post. A tu salud, amigo. Gracias por saludarme y despedirme. Te he contado mi vida. Poca cosa, pero radicalmente mía. Cuando muera no me iré sin la sensación plena de haber vivido a fondo. Y vivir a fondo es entregarse a los caminos, al azar de la vida y percibir la realidad trasmutada en arte, en misterio, en ceremonia litúrgica en que el cielo y la tierra brindan por la vida

24 comentarios :

  1. Pena que ya no pueda caminar tanto. Acorde con esa oscilación del ego y cierta fobia social. Mágica mirada del can. Resulta un privilegio romper ciertas barreras entre especies.

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    1. Realmente mágica la mirada del can. Se puso a mirarme creo que con curiosidad. Hay una pelicula realmente hermosa que se llama Humberto D sobre la relación de un viejo desesperado con un perrito nada selecto. Es una película bellísima. Algún día me tengo que plantear eso de tener un perro. Y saltar esa barrera entre especies. Sí.

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  2. Hoy no he hecho nada. No he ido a trabajar. No he sido quien normalmente soy. Comparto contigo esa irresponsabilidad de vivir sin etiquetas ni apegos, aunque sea solamente por un rato.

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    1. Hay que practicar el desapego. Caminar es una buena vía. En el camino todo es efímero. Solo hace falta el estímulo para salir temprano y dejar las sábanas calentitas. Luego ya uno se hace a la idea y en el tráfago del caminar uno termina abandonando su identidad profesional. Eso me gusta. Quitarse etiquetas. Solo caminante.

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  3. Maravilloso cierre. Estimo que has logrado la maduración plena si eres capaz de sentir que eres más y a la vez menos que un simple rol que has desempeñado tanto tiempo. Me gustaría dar caminatas que me iluminaran así y disfrutar del arte de la fotografía que tan bien te sale.

    Un fuerte abrazo, caminante existencial.

    Fer

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    1. Incluso creo que la fotografía tiene un componente existencial. Quiero experimentarlo desde ese ángulo. En cuanto a maduración plena, me temo que algo hemos avanzado, pero uno nunca deja de conocerse. La plenitud no existe en el autoconocimiento. Creo.

      Un abrazo, Fern.

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  4. Como bien dices ir solo es ir -generalmente- bien acompañado. Personalmente lo necesito. A veces creemos que estamos con gente y en realidad estamos en un estado de "soledad acompañada", que es peor que el bullicio del día a día. En la naturaleza, en el mar no se está sólo nunca. Uno puede entonces conocerse mejor y se desprende esa imagen de cartón piedra que vamos construyendo día a día para dar buena imagen. Lo que aparece detrás,no siempre gusta, pero es lo que hay...
    Eso de que prefieras fotografiar perros que modelos sugerentes me recuerda a ese individuo- de nuestra eda- que paseando como tú de repente oyó una voz que le llamaba
    -¡Señor,! ¡Señor!
    Así varias veces sin que viera a alguien.
    Después de fijarse mucho vió que era una rana que hablaba, la puso en su palma de su amano y la rana se explicó:
    -Mire Sr. A pesar de mi aspecto, soy una princesa, muy guapa, espectacular, diría yo, a la que un hechizo convirtió en rana. Si Ud. me besa, volveré a ser princesa y en agradecimiento estáre siempre con Ud para satisfacerle en lo que Ud. quiera.
    -Además le debo decir que estuve mucho tiempo en un harén turco y conozco las más sofisticadas técnicas sexuales y soy experta en ellas.
    El hombre la miró una vez más, se la echo al bolsillo y siguió andando
    Al cabo de un rato la rana inquieta le dice:
    - Sr, me parece que Ud. no ha entendido mi propuesta
    Y él, sin sacarla del bolsillo le dijo:
    -Mira hija a mi edad, me hace más gracia una rana que hable que una princesa ninfómana

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    1. He leído tu mensaje mientras pasaba a mis alumnos de tercero de ESO la película El niño salvaje de Truffaut. Y no he podido reprimir una amplia sonrisa que me ha surgido. Sé que conoces bien el tema de la soledad en el mar, esa soledad acompañada por el mar que hace que nos conozcamos mejor. Yo no he tenido esa relación con el mar. Yo no he navegado salvo en ferris. Una vez nos perdimos en los mares de Alaska en una barquichuela a motor y casi ni lo contamos sumidos en la niebla. El mar me es un elemento que veo desde la costa y no desde dentro. Me gustaría vivir en una casa desde la que se viera el mar. Eso sí.

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  5. Me parece maravillosa tu íntima confesión, tu pequeño y acotado relato en el que se destaca y sobrevive mostrándose lo esencial de una personalidad. La del profesor que sale de su rol y rótulo de tal y se exhibe en su extraneidad y soledad.
    Nunca terminamos de conocernos, pero la soledad ayuda. Es, como dices en tu relato, la mejor compañía. Esa aseveración que haces me recuerda la del gran poeta Antonio Machado: "converso con el hombre que siempre va conmigo, quien habla solo espera hablar a Dios un día" No soy creyente pero la frase del poeta me pone al borde de serlo, de creer en un Dios no presentado, delineado y caracterizado por ninguna religión, sino un Dios único y particular que cada uno podría descubrir dentro de sí mismo.

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    1. Creo que das un salto conceptual muy interesante. Estos días leo unas memorias del pintor Balthus en que expresa su espiritualidad e incluso su religiosidad. Acabo de encargar un catálogo con pinturas suyas porque me atrae esa densidad, más en un mundo tan alejado de ello. Creo que tenemos que recuperar la espiritualidad. Tú lo has expresado muy bien. Podemos ser no creyentes, pero en nuestra soledad y extraneidad encontramos hondura que reverbera más en un camino, en un paisaje, bajo el cielo, frente al mar. Espero con suma intensidad mi próxima caminata este fin de semana. Tendré en cuenta tus palabras generosas y tal vez mediante el caminar y la fotografía pueda acceder a esa zona de misterio en que hallamos el alma de las cosas. Muchas gracias por tu visita y tus palabras.

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  6. Yo cuando voy solo por el bosque de hayedos y robledales de Cameros me gustaría que alguien me acompañara para compartir la sensación de algo único que se pierde en uno mismo. Pero cuando voy acompañado preferiría ir solo que esa sensación se me queda a medio camino entre las ramas y mi solitario corazón.

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    1. Es una buena forma de expresar ese dilema. Ir solo te permite ir a tu propio ritmo. Sé que si fuera acompañado tendría que llevar un ritmo más rápido, y algo he aprendido sobre caminar y es que el ritmo tiene que ser plácido, leve, que implique poco esfuerzo. Al final del día notas el sobresfuerzo y terminas agotado. En cambio si vas tranquilo, el cansancio es mucho menor. Me gusta eso de solitario corazón.

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  7. Tanto si nos gusta como si no, yo creo que pasear al menos una vez a la semana durante un largo tiempo solos es algo que todo el mundo debería de hacer. Te da tiempo a pensar, a hablar al yo propio, al que está dentro, a discutir con el, a hacerte tu propio mejor amigo. Básicamente es una manera de encontrarte a ti mismo, de encontrarte si no lo has hecho ya, de no olvidar quien eres, en parte es una forma de recuperar y mantener la amistad contigo mismo.
    Personalmente me gusta caminar sola, pero también es cierto que a veces me asusta, pues me da tiempo a pensar en muchas cosas que me terminan agobiando, asi que la mayoría de las veces, cobarde de enfrentarme a ellas, acabo refugiándome en la sociabilidad, interponiendo cualquier excusa que me permita estar con alguien evitando enfrentarme a mi yo interno.
    El perro es precioso, a mi me desprende felicidad. Yo solía tener una preciosa, que recibíía todo el amor del mundo y más, y sin embargo la gente cuando la miraba decía muchas veces que tenía cara de pena, pero era algo imposible, lo que demuestra que no debemos de guiarnos por las apariencias.

    Un abrazo

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    1. Es cierto que cuando caminas solo te asaltan pensamientos negativos. Es algo que pude constatar en esta caminata. Creo que son destellos de la conciencia que se imponen y que dominan tu mente. Hacer fotografías es un buen sistema para concentrarte en otras cosas, mirar la vegetación, los caminos, sentir cada paso ... pero nada te libra de pensamientos indeseados. Por eso y por otras cosas es bueno salir acompañado. A mí me gusta de las dos maneras pero son cosas distintas. Más profundo solo, más animado y menos concentración acompañado. Mi compañero de travesías está ocupado en estos momentos. Veremos si se incorpora. Yo de momento ya tengo una caminata para este sábado aunque anuncian lluvias. Mañana me compraré una capelina ligera. Hacer fotos con lluvia puede ser muy interesante.

      En cuanto al perro, yo no sé nada de su psicología. Puede que tengas razón. A mí los pastores alemanes me dan muy buenas vibraciones. Algún día me gustaría tener uno. Había tres perros que me saludaron sin ninguna agresividad. Este se pudo a mirarme con una placidez maravillosa. Lo tomé como un signo del camino y me puse feliz.

      Un abrazo.

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  8. "El arte es una vía de acceso a lo invisible, al misterio a punto de revelarse", magnífico aforismo que comparto. Ha sido un placer leerte estas letras hacia ti mismo, hacia el perro.
    Saludos.
    Setefilla.

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    1. Bueno, el mérito no es mío. Más bien es una libre interpretación de ciertos autores de creaciones artísticas. Estos días leo las memorias de Balthus y soy consciente de que sus ideas me están calando profundamente, entre otras cosas, porque dan forma a lo que yo ya pensaba anteriormente. En este sentido es esta idea que calificas de aforismo. Yo no me atrevería a tanto. El género aforístico es algo que me sobrepasa.

      Saludos.

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  9. Telepatía pura. Estaba leyendo tu entrada y...zas...recibo tus mensajes.
    Pienso, Joselu, que cada día , cada caminata en compañía de tu cámara te está haciendo encontrarle sentido a la vida y eso es una gran noticia.

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    1. Ciertamente, es como si hubiera encontrado un camino en el caminar. Siempre ha sido mi vocación pero ahora es como si se cargara de sentido y misticismo. Todo se ha unido para que cada caminata sea inolvidable y única. Espero con enorme ilusión la próxima que haga, espero que el sábado, aunque llueva. Y la fotografía como arte espiritual me llena de gozo. Te dejo el enlace al vídeo que hice el otro día sobre mi caminata por si te apetece verlo. Son siete minutos.

      TERRITORI METAFÍSIC

      Gracias, Lola, por estar ahí. No sabes cómo me alegra tu mensaje.

      Un beso.

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  10. Admiro tu capacidad de síntesis, querido Joselu. Has sabido resumir en pocas líneas tu vida, tus aficiones, tus anhelos, tu visión de lo que te rodea. Yo necesito largos párrafos para hacer lo mismo. Tuvimos un perro de la misma raza que el de tu foto en El Aaiún, heredado de unos amigos de mis padres. Cuando nos enteramos de su muerte lloramos amargamente. Era paciente y sufrido, con la misma mirada que tú has captado, resignada, seria, profunda. ¿Los perros piensan? Quizá más que muchas personas. Los que tienen perros establecen con ellos una relación íntima y profunda. Te imagino delante de él, haciendo una breve pausa en tu caminata, estableciendo durante unos instantes una comunicación sin palabras. Supongo que caminar solo durante horas propicia la reflexión, debería probarlo alguna vez. Pasas revista a todo cuanto hay en tu vida. Dices que ser maestro no dejará huella en ti, que eres el antiprofesor. ¿Lo dices en serio? No esperaba semejante confesión. Quizá sea una suerte sentirlo así. Para mí es toda una filosofía de vida, una forma de entender el mundo, de luchar continuamente contra molinos, de levantarse una y otra vez herido, maltrecho y dolido tras reveses sin cuento. No quiero sufrir más de lo necesario al dejar lo que ha sido mi otra casa durante muchos años, pero no puedo irme como quien sale de un centro comercial. Sabes cómo he vivido este trabajo, con intensidad y apasionamiento. Hay otras cosas en mi vida, evidentemente, pero ninguna me ha ocupado tanto tiempo y tanto esfuerzo. Creo que, de alguna manera, nunca dejaré de ser maestra. No sé si es bueno, pero es así. Me alegro de que tu balance vital sea positivo. El mío, aunque diferente, también lo es.
    Un fuerte abrazo, colega.

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    1. Sin duda, es positivo, Yolanda y entiendo que forme parte de tu identidad ser maestra. Marca profundamente. En mi caso ha sido un accidente más que una vocación. Me ha hecho vivir la literatura y allí he tenido ocasión de hablar de ella (cuando me han querido escuchar). me ha atraído la experimentación así como la comunicación y allí he tenido magníficas ocasiones para desarrollarlas. Pero es anecdótica mi función como profesor. Es una más, casual. Antes tuve vocación honda de periodista. Con el blog he podido desarrollar esta vertiente casi tan bien como si hubiera escrito en un periódico real. Y he escrito lo que he querido, algo que no pueden decir los que viven de ello. Y otras vocaciones, más íntimas como la fotografía, el teatro, la meditación, las caminatas ... Ser profesor será algo que abandonaré sin pena. Un día saldré de mi centro y no dejará huella. Prefiero ser un antiprofesor -alejado de la profesión, de sus demonios, de sus cavilaciones-. De su burocracia. Hay algo más nítido que se forma en mi cosmovisión. Ser profesor ha sido una derivación más, larga en el tiempo pero no consustancial a mí. Siempre he estado de paso allí. Me ha permitido vivir desahogadamente. ¿Mis alumnos? Más mis amigos. Compañeros.

      Algún día me gustaría tener un perro como este. Tal vez hubiera un mensaje en su mirada. No sé si los perros piensan pero creo, intuyo, que su esencia puede ser más profunda que la de muchos seres humanos. Y no he tenido perros.

      Hay un monasterio budista allí, pero me interesó más el perro que los monjes y el entramado vivencial del budismo allí instalado. Sé que a mi manera soy budista. Caminar es una forma de meditación, pero lejos de toda ortodoxia y escuela o templo.

      Un fuerte abrazo, Yolanda.

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  11. Veo que con este post estás preparando tu metempsicosis :)
    Esperemos que el Joselu renacido nos siga contando en un blog sus desventuras del otro lado, quizá para explicar qué hizo en su otra vida (docente) para merecer tanto castigo.

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    1. Jajajajajaja, aun queda tiempo por delante, pero ciertamente ya se otea en el horizonte ese momento. Quiero volver a ser estudiante, no sé si de fotografía o de literatura. No sé qué es más determinante en este momento. ¿Castigo? No, exactamente, pero no una seña de identidad mayor que otras. Larga en el tiempo eso sí, pero no identitaria. Circunstancial. Ya he dicho que mi vocación inicial cuando era niño y adolescente era ser periodista. El blog ha servido para saciar ese lado. Hay otras vocaciones que han de emerger. La docencia siempre ha sido importante pero no me he sentido dentro de la profesión. No he sido un maestro o profesor vocacional. Simplemente me ha gustado hablar de literatura, no enseñarla. Lo he intentado hacer bien con aciertos y muchos errores.

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  12. Magnífico relato. El contacto con la naturaleza y la soledad nos hace aflorar sentimientos que habitualmente no experimentamos en nuestra vida rutinaria. La observación de cosas que, de otro modo pasarían desapercibidas, como la mirada de ese perro, nos hace más humanos, creo yo.
    Fuera de la vida profesional, hay otra vida mucho más gratificante.
    Saludos.

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    1. Ciertamente caminar es un ejercicio muy productivo pues si es intenso, llegas a ver las cosas de otro modo, desde otras perspectivas. Es un cambio de paradigma. Y sí, en la vida profesional hay alicientes interesantes pero fuera de ella hay mundos insospechados. Lo mejor y que consigo a veces es unir los dos. Saludos.

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