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martes, 30 de diciembre de 2014

¿Puede haber una revolución?


Escribo a propósito de dos artículos (1 y 2) que he leído de la filósofa y periodista Marina Garcés sobre la revolución. Los leí varias veces y me empapé de ellos pero no los cito con exactitud, más bien utilizo ideas que ella da según van hilvanándose en mi recuerdo.

La pregunta básica es ¿es posible una revolución política y social hoy día? ¿Es posible una toma del poder por medio de un acto único e histórico para despojar al liberalismo de los medios de producción y de generación de plusvalías? ¿Es posible poner en manos de la mayoría la creación de riqueza y la sociedad en su conjunto? Por todos lados se nos dice que no, que la época de las revoluciones ha pasado, que es imposible batir al liberalismo porque está metido hasta los tuétanos en nuestra concepción del mundo y casi de nuestros genes. El liberalismo es seductor. Nos encanta tener y tener más, y consumir y desear lo que no tenemos. El abanico de lo deseable es tan extenso y tan magnético (tecnología, moda, comidas, viajes, coches, estilo de vida, viviendas...) que no podemos inhibirnos. Somos criaturas anhelantes de placer inmediato. Nos cuesta demorar la satisfacción del placer. Queremos poseer más y más. Es una sed insaciable. La publicidad es tan potente y tan expresiva que somos seres moldeables por su modo de percibir y expresar el mundo, así como fácilmente manipulables. 

A la vez, esta filosofía de la posesión va unida a una explotación infinita del planeta Tierra. Y además sabemos que buena parte de la humanidad está excluida. Son los parias, los nacidos en países que solo pueden ser, en el mejor de los casos, mano de obra barata para fabricar lo que nosotros deseamos. Solo un tercio de la humanidad puede disfrutar de los beneficios materiales del liberalismo. El resto es fungible. Ya lo vemos en nuestra propia sociedad en que hay seis millones de parados y la pobreza afecta a más de un millón de hogares en que todos sus miembros están en paro. El trabajo es un bien escaso y los trabajadores han de aceptar salarios progresivamente menores y hacerlo en condiciones de creciente explotación. Pero peor es estar sin empleo. Luego vienen los inmigrantes que asaltan las vallas de Melilla: la élite de sus países que huye despavorida de la miseria y de la nada. El capitalismo ha creado un mundo que se consume y que deja a inmensas zonas del planeta en la sombra. Solo sirven como productoras de materias primas. Esto es África, hundida en la corrupción y la pobreza, absolutamente prescindible.

El liberalismo nos proyecta la imagen de que debemos vivir para nuestro placer. La filosofía es poseer más y más. ¿Es posible en tal caso una revolución que una a los swaggers (moda en torno a las tiendas Apple) y a los inmigrantes africanos?  Me lo pregunto. Tal vez es una pregunta estúpida, me digo. Pero son dos realidades que coexisten. El liberalismo nos lleva a un callejón sin salida pues el planeta no es infinito y pagamos y pagaremos caro nuestro derroche: el cambio climático es de tal magnitud que veremos en las próximas décadas una transformación total del mundo que incluirá migraciones masivas, desertización, hambrunas, sequías, huracanes, inundaciones, extinción de especies, devastación de los océanos...

La revolución no puede ser ya la toma del poder sea de la Bastilla o del Palacio de Invierno de los zares o Wall Street... La revolución habría de ser de las conciencias, pero esto es más de lo mismo. Cambiar las conciencias para dejar de ser ciegos sobre a qué nos conduce esto. Al desastre medioambiental, al caos humanitario, a la devastación del planeta, al incremento de la miseria en el mundo... Según Marina Garcés, en cierta manera hay no una sino muchas revoluciones en marcha, la sociedad va reaccionando en actos de resistencia: plataformas contra los desahucios, rebelión de la batas blancas contra el desmantelamiento de la sanidad, camisas amarillas y verdes en defensa de la enseñanza pública. movilizaciones sociales de grandes dimensiones como el 15M que ahora se prolonga en la aparición de nuevos partidos políticos que son expresión indirecta de aquello, la opinión pública que se revuelve contra la corrupción, plataformas en internet que promueven la solidaridad en casos concretos...


No sé si esto es suficiente. Veo una enorme distancia entre el poder del capitalismo en nuestras mentes y la reacción de la sociedad que es lenta y parcial. Y el sistema democrático es en realidad una ficción que nos hace creer que vivimos en una sociedad en que se pueden decidir cosas importantes pero es falso.  No es verdad. Nuestra capacidad de decisión es próxima a cero. Solo podemos elegir entre A y B que son más de lo mismo. Si decidiéramos elegir C, una fuerza que fuera de verdad crítica con el sistema y pudiera transformar algo teniendo en sus manos el poder... sería aplastado el intento de mil y una formas. Ya lo saben los griegos ante las elecciones que se van a celebrar en enero: Alemania y el Banco Mundial ya les han advertido sobre las consecuencias de sus elecciones si decidieran elegir a una fuerza antirrescate que pusiera en cuestión la realidad del sistema. Está claro que es una advertencia explícita sobre si deciden votar mayoritariamente al partido de izquierda radical Syriza. La campaña del miedo ha comenzado... La creación de miedo a perder forma parte de las artimañas más efectivas del sistema. El miedo nos domina y lo saben. Hay algunos que tienen mucho o algo que perder. Pero los peligrosos para el sistema son los que no tienen nada... 

viernes, 26 de diciembre de 2014

La isla misteriosa


Yo no era bueno con el balón y preferí los libros. Fue una opción entre dos visiones de la vida algo distintas. No sé si hubieran podido ser compatibles. El que soy es producto del libro y no del balón. Tal vez fue mi torpeza física, mi mente torturada ya desde niño, los que me llevaron a la letra impresa como intento de comprender mi realidad. Mis compañeros se lo pasaban genial a la hora del patio jugando, driblando, tirando a puerta y yo los veía con envidia. No me atraía, me sabía lento y torpe, y me quedaba aislado esperando que acabara el recreo buscando más la compañía de las niñas cuyas conversaciones me atraían más sin ser una de ellas. Mi padre tampoco me llevó nunca a un campo de fútbol ni tenía colores así que no fui ni del Zaragoza, ni del Barça ni del Madrid. Me sumergí en juegos solitarios y no de grupo, dedicaba todo mi empeño en la lectura de tebeos que eran los libros de los niños de aquel entonces cuando aún nevaba y hacía frío. No recuerdo muy bien qué encontraba en aquellas historietas de personajes estrambóticos, pero me atraían. No tuve libros de niño. En mi casa no había libros. Yo no sabía que existían los libros. Puede parecer extraño pero a mí no me regalaron un libro de goma para el baño, ni libros troquelados de páginas gruesas. No. Yo ignoré qué era un libro hasta los once años. Es algo que me sorprende. Sí que conocía la enciclopedia con que estudiábamos en la escuela infantil y los libros de texto del colegio de curas sórdido y gris en que estudiaba, pero no sabía que había otros libros más acogedores. Yo leía, como digo, tebeos, y veía la televisión. En ella aparecían personajes que yo amaba y se me hicieron míos. Así que cuando una mañana de invierno en una papelería alguien me mostró –o tal vez lo descubrí yo, no recuerdo- que había unos artefactos gruesos con ilustraciones y texto con los personajes de mis series televisivas aquello me produjo un impacto que no puedo calificar sino de extraordinario. No podía creer que fuera posible, que alguien hubiera inventado algo llamado libro cuya existencia me era desconocida y que albergara historias como las que a mí me fascinaban en la televisión. Así empezó mi historia con los libros. Ello me hizo fanático de ellos y a la vez me expuso a la crueldad de mi madre. Cuando ella quería hacerme daño, lo que era frecuente, me los tiraba por el balcón o los regalaba. El dolor que sentía era difícil de expresar. Era lo que yo más amaba, lo que me hacía vivible un universo cuyo color era aciago y sórdido. Por algún azar del destino llegué a descubrir una colección en que se mezclaban imágenes y texto, y se me apareció un autor al que quiero rendir homenaje en este post: Julio Verne. De alguna manera llegó hasta mí, no sé como me informé porque nadie me orientaba y en el colegio menos que en ninguna parte, La isla misteriosa. Si yo tuviera que elegir el libro de toda mi vida que he leído con más fascinación sería este. Su propio nombre ya es suficientemente expresivo: La isla misteriosa. Yo no había estado nunca en una isla, pero desde entonces supe que yo viviría en una isla misteriosa y que me cautivarían las islas, hasta tal punto que haya expresado que querría que mis cenizas fueran llevadas hasta una playa de una isla en el Atlántico, La Graciosa, y enterradas allí, junto al mar infinito. La lectura de aquella novela durante el verano de un año de los sesenta me llevó a sumergirme una y otra vez en las aventuras de aquellos náufragos que llegaron a una isla en globo y que construyeron allí su campamento y organizaron su vida levantando un pequeño mundo. Leí esta novela unas veinte veces durante aquel estío. Cuando terminaba su lectura con desolación, volvía a empezarla, una y otra vez. Ignoro por qué las novelas de islas me han fascinado y que ellas mismas me reclamen por completo. Y desconozco por qué la mejor metáfora del ser humano que conozco sea precisamente esa: ser una isla misteriosa. Así me considero yo, me hallo yo, en una suerte de isla que se sitúa en algún lado del océano, y en ella, con materiales precarios, construyo mi espejo de la civilización, en soledad o en escasa compañía. Nunca he sido una persona popular. A mi funeral irán como máximo una docena de personas si excluimos lo que es familia de mi mujer que supongo que irán. No he sido un hombre comunicativo, cordial, expansivo, campechano, de esos que reúnen por todos lados a montones de amigos. No. Siempre las amistades me han parecido excesivamente promiscuas y en algún sentido peligrosas. Tengo pocos amigos y tal vez no los trate muy bien. Me siento bien en mi isla misteriosa a la que he llegado en globo y no hay muchos habitantes, solo aquellos con los que puedo convivir sin excesivo peligro. Otros me reclaman desde la distancia y compartimos el afecto del conocimiento compartido. Del placer de la comunicación desde lejos. Entiendo que los seres humanos son peligrosos, ambiguos, amenazadores, inciertos. Puedo comprender por qué tantos seres humanos prefieren la compañía de perros que nunca los traicionarán. Es una experiencia que me falta. El caso es que aprendí a sumergirme en los libros a modo de islas misteriosas y en ellos he vivido más que en la realidad. En ellos he podido encontrar las experiencias más vivas y profundas. Puedo comprender que haya personas que estas las encuentren en el balón. Hay muchos que tienen como personajes vivos y fundamentales a los futbolistas, los equipos de la liga, la competición y esto les ayuda a mantenerse vivos incluso participando en peleas arregladas en que llegan a matarse como ha sucedido recientemente con un hincha del Depor. Yo tuve que decantarme por los libros. Ignoro por qué. Nada había en el ambiente que llevara a ellos en aquella época tan diferente de la actual en que se difunden campañas ominosas para atraer a los jóvenes a los libros. Prefiero la crueldad que se expresa en páginas escritas que la que existe en la realidad real. Es como un doble de la vida, es un refugio ante las inclemencias, es un parauniverso misterioso especialmente cuando se es adolescente. Nunca se vuelve a leer del mismo modo que cuando lo eres. Y es una tragedia el efecto de la tecnología, que aleja mentalmente a los jóvenes de los libros. El tipo de atención que requieren es diferente a la que necesita el móvil. Yo me siento contento de haber descubierto La isla misteriosa a los doce años en  un tiempo en que no había tecnología aunque esta encierra a las personas también en islas no precisamente misteriosas.

martes, 23 de diciembre de 2014

¿Qué es Podemos?


Como habrán advertido “podemos” es la forma del presente de indicativo que corresponde a la primera persona del plural del verbo “poder”. Viene a decir que sí podemos hacer algo. ¿Qué exactamente? Esa es la pregunta que intentaremos darle contestación. Por otro lado “podemos” es la primera persona del plural del presente de imperativo del verbo “podar” lo que es una significación que se une a la idea de posibilidad de hacer algo y que añade la de cortar las ramas que sobran y que impiden que crezca con fuerza el árbol. Una poda estacional es necesaria para recuperar el vigor de crecimiento. Poder y podar. El caso es que una formación política nueva de momento extraparlamentaria ha irrumpido en el panorama político español amenazando su estructura tradicional de dos grandes partidos (PP y PSOE) que se alternan en el poder de manera que recuerda el periodo de la Restauración que inició Cánovas del Castillo. Estos partidos heredan la Transición del franquismo a la democracia y los equilibrios que se urdieron, así como la posterior evolución que ha desencadenado una indignación generalizada en plena crisis por la corrupción del sistema político resultante que ha dado tantos y tantos ejemplos de podredumbre que nos han llenado de desolación y amargura.

Podemos ha aparecido y en poco tiempo se ha convertido en una expectativa seria y contundente que amenaza dicho equilibrio. Su propósito es quebrar el candado de la transición y entrar en debates como la forma de estado, el bipartidismo opresivo propiciado por un sistema electoral no proporcional, las listas cerradas de partidos, la existencia inútil del senado, controlar a los poderes fácticos como la banca y las energéticas que se propician como la puerta de salida de los gobernantes una vez acabada su etapa ejecutiva, de tal forma que no se sabe qué es apéndice de qué... Asimismo pretende proteger a los sectores más precarios como son los que sufren desahucios, cortes de electricidad en invierno, parados, dependientes ... proteger la sanidad y enseñanza públicas que están siendo desmanteladas. También ha propuesto dejar de pagar los intereses de la deuda internacional que se consideren abusivos o injustos.

Todas estas son reivindicaciones que se extendieron con las movilizaciones del 15M y que no parecían tener salida eficaz. Recuerdo que entonces voces discrepantes con estas manifestaciones dijeron con suficiencia: “si quieren intervenir en política, que formen un partido y que se presenten a las elecciones”. Lo decían con un tono irónico creyendo que esto era imposible.  El sistema estaba atado y bien atado. De esos perroflautas del 15M no podía salir nada sólido. Eran una barahúnda desarrapada que acampaban en las plazas públicas de las ciudades pero no expresaban más que una cultura ingenua y utópica. Ja, pensaban. Lo sorprendente es que esa predicción no ha resultado certera y esas movilizaciones importantes han dado lugar a una formación política que ha cuajado y que se llama Podemos (poder y podar). Han partido de la nada y hoy por hoy aparecen en las encuestas de intención de voto como una formación política que rompe la estructura del sistema político español.

Horror.

Aquí damos un manual rápido de respuestas que se han dado para situarlos y desenmascararlos.


¿Quién los paga?
 Respuesta: Venezuela, Irán.

¿Qué son?
Populistas demagogos que dan respuestas simples a problemas complejos.

¿Qué pretenden?
Instaurar un sistema político de estilo bolivariano apoyados en movimientos de masas manipuladas.

¿Qué pasaría si llegaran al poder?
Que el sistema financiero internacional dejaría caer a España por la incertidumbre que eso refleja. Dejarían de llegar créditos y se hundiría la confianza en la estabilidad española.

¿Qué son en realidad?
Lobos con piel de cordero que disimulan sus afanes totalitarios pero que pretenden controlar la libertad de expresión amenazando los grandes grupos informativos. 

¿Cómo son sus propuestas?
Totalmente ingenuas y demagógicas pues nada de lo que proponen se puede pagar ya que las arcas del estado están vacías.

¿Qué son los principales líderes de Podemos?
Profesorcillos universitarios que encandilan a las masas y las narcotizan con sus mítines y sus intervenciones mediáticas en televisión.

¿Quiénes son los receptores de sus mensajes?
Individuos huérfanos, sin personalidad, que se dejan ilusionar por sus propuestas y las creen factibles sin darse cuenta de la terrible complejidad de la estructura económica internacional.

¿Qué hacen en realidad los líderes de Podemos?
Hacen de encantadores de serpientes, tocando una música atrayente, para hacer bailar a las masas que abdican de su personalidad para izar a unos individuos al poder, pero lo que hacen es abrir el camino de la senda al infierno.

¿Qué expresan sus propuestas?
Un desconocimiento absoluto de la realidad y recuerdan las quedadas para fumar porros de los años sesenta en que los participantes se daban a imágenes oníricas y psicodélicas  que no tenían nada que ver con la realidad. Hasta Fernando Savater tiene ataques de risa leyéndolas.

¿Qué amenazan?
Claramente al sistema democrático y las libertades que tanto nos costó recuperar. 

¿Quién es en realidad Pablo Iglesias?
Una especie de psicópata iluminado al estilo de Hitler que pretende arteramente entregar España a un experimento bolivariano.

¿Qué pasaría si triunfaran?
Que España se desharía por sus tesis incautas de admitir el falaz “derecho a decidir” y este país se sumiría en el descrédito internacional lo que propiciaría el hundimiento de su economía y el desarrollo de formas autoritarias y populistas de control del poder.

¿Qué es lo mejor que puede pasar?
Que los dos partidos estatales se unan para impedir cualquier atisbo de influencia de esta formación mefistofélica, populista y demagógica.

Yo estoy evolucionando y no dejo de mirar esta formación política con interés. El otro día estuve en el mitin de Pablo Iglesias en Barcelona y tuve ocasión de contemplar la entrega de los asistentes a esta intervención. Sin duda levantó expectación y pasión. Los ataques continuos que ha sufrido no han disminuido sus expectativas electorales. Es como si la gente hiciera oídos sordos a esta sarta de razones que se aducen en su contra.


¿Qué es Podemos? El otro día lo interpretaba como un ejercicio adolescente de rechazo del poder establecido y que no quiere mancharse de suciedad, que quiere seguir siendo puro. Tras ver el mitin de Iglesias en el que no participé emocionalmente ni me fundí con los participantes en su culto al líder, he advertido que es algo muy serio y que despierta enormes simpatías en amplios sectores de la sociedad que no admiten interpretaciones como las arriba recogidas que pueden ser más explicadas por el miedo a lo desconocido y la crisis del modelo político.  El miedo ante la historia que de pronto se puede abrir impetuosa para quebrar el status quo. Me pregunto si esto sería equivalente a lo que sintieron los poderes conservadores cuando advino la segunda república en 1931.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Ejercicio deplorable de narcisismo


¿Su nombre?
Ya lo sabes.

¿Edad?
La que tenía Cervantes cuando publicó la primera parte de El Quijote.

¿Qué libro le gustaría haber escrito?
Vuelo nocturno de Antoine de Saint-Exupery.

¿Su vicio inconfesable?
Tengo muchos. Y no se puede escribir sobre ellos.

¿Su mayor virtud?
Mi capacidad de darme la vuelta en la cama, poniendo la cabeza donde los pies y viceversa. Eso se aplica también a la vida.

¿Qué líder político sería?
Charlie Chaplin en El gran dictador.

¿Todavía tiene sueños?
Eróticos, de vez en cuando, pero son eso sueños.

¿Qué le aporta el blog? Lleva ya nueve años en esto.
Fluidez de escritura, capacidad de expresar un texto a partir de algo mínimo.

¿Ha hecho amigos con esto de los blogs?
Creo que sí, pero también enemigos. Ha habido conflictos muy intensos. Es como la vida.

¿Su pasión?
Escribir y sobre todo la fotografía.

¿Cómo fue su niñez?
Una niñez ideal para curtirme en la desdicha y prepararme para una adultez equilibrada.

¿Es la infancia un paraíso?
Los cinco o seis primeros años te conforman. Ya eres. El resto es desarrollo de esa semilla inicial.

¿País que le gustaría visitar?
Creo que ninguno en especial. Lo que existe en mi habitación no dista demasiado de lo que ocurre en el país más exótico del mundo. Mi padre me decía que él conocía todo el mundo sin moverse de la butaca del cine. Al final he sabido que él era menos dañino que tanto turista que pervierte con su presencia la belleza de tantos y tantos lugares.

¿Le gusta Sebastiao Salgado?
Me abruma. Lo veo mesiánico, grandilocuente, ajeno a mí.

¿Le gustaría que le dieran un premio? Habla tanto contra ellos que da la impresión de que está necesitando que le den uno.
Puede ser. Nunca lo rechazaría. Hay más vanidad en rechazar el premio que en callarse y aceptarlo. Pero ¿quién me va a dar un premio a mí?

¿Qué personaje literario le hubiera gustado ser?
Aliosha, uno de Los hermanos Karamazov.

¿Su fiesta preferida?
Ninguna. La navidad más feliz que he pasado últimamente fue una Nochevieja en que mi mujer estaba internada en el hospital por neumonía. La pasamos los dos solos, ella con cuarenta de fiebre. Me libré de la cena familiar. Me comí un bocadillo de jamón.

¿Es asocial?
Esencialmente sí.

¿Su deporte preferido?
Caminar hasta quedar extenuado. Luego comer croquetas requemadas.

¿La sensación más poderosa que recuerda?
Subirme a un escenario y representar una obra sin acción entre dos personajes a lo largo de dos horas delante de cuatrocientos chavales de Formación Profesional dispuestos a machacarnos. Se llevaron un chasco.

¿Es narcisista?
Mucho, pero un narcisista que tiene sentido de la medida, creo.

¿Qué le gustaría hacer a los ochenta y cinco años?
Poder tirarme en paracaídas.

¿Su posición preferida?
Cualquiera que ayude a la mente a pensar.

¿Es divertido?
El otro día mi hija me proponía que escribiera un libro con mi sentido del humor. Yo le dije que no lo entendería nadie. Dudo que sea realmente sentido del humor. Pero a mí me hace reír.

¿Una película inolvidable?
Breve encuentro de David Lean.

¿Un momento del día?
El amanecer.

¿Se cree atractivo?
Tanto como un boniato en sazón.

¿Qué cambiaría de su vida?
Creo que nada. Es perfecta en su terrible imperfección.

¿Se siente culpable de algo?
De casi todo. No entiendo a esas personas que repiten que viven muy tranquilos y que no se arrepienten de nada. Yo me arrepiento de muchas cosas, que tal vez fueron inevitables.

¿Cree en el destino?
En cierta manera sí. La alternativa al destino es el azar absoluto. Y yo percibo que hay algún tipo de sentido oculto, que hay que descubrir.

¿Es rencoroso?
No lo sé. He sido más bien incauto en mi vida y algunos lo han aprovechado, pero no les guardo rencor. Tal vez era necesario.

¿Le gusta el mar?
Pasear por una playa desierta en invierno me cautiva. Los colores del invierno son fabulosos.

¿En qué época le ha gustado vivir de las que ha vivido?
Me atrajo la euforia vitalista de los años sesenta que percibí siendo niño. A la vez me sentí en la línea del existencialismo que sobrevoló el siglo XX. Hoy los gurús del pensamiento son Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckenberg, google. Agradezco haber vivido un tiempo anterior a la tecnología. Es algo que mis hijas no podrán comprender.

¿Pasearía desnudo por una playa desierta?
Tal vez, en soledad.

¿Le agrada estar solo?
Mucho. Necesito una vida equilibrada para disfrutar de la soledad. La soledad es el más excitante de los paraísos. Una soledad buscada, eso sí.

¿Le gusta ser profesor?
Al cabo de más de treinta años de serlo, he de reconocer que he vivido momentos cumbre en la enseñanza y momentos de hundimiento anímico inconmensurable.

¿Ha tenido alguna vez una depresión?
Yo soy una depresión andante.

¿Cree ser inteligente?
No. En absoluto. He dado vueltas y vueltas a las cosas, eso sí.

¿Su funeral anhelado?
Que enterraran mis cenizas en la isla Graciosa, frente a Lanzarote. En la playa, en invierno.

¿Le atrae la muerte?
Mucho. La muerte es lo más interesante que nos sucede en la vida. Es un momento sin el cual nada de lo anterior tiene sentido. Todo encuentra su sentido a posteriori en la muerte.

 ¿Cree que hay vida después de la muerte?
Nadie ha vuelto para contárnoslo. Me mantengo en un escepticismo que no afirma ni niega nada.

¿La persona más importante en su vida?
Mi madre. Me enseñó con su ejemplo cómo no debía ser mi vida.

¿Qué recuerda de su padre?
Que me regaló una radio de galena a los doce años. Nunca me han hecho un regalo mejor.

¿Qué anhela? ¿Qué le falta por vivir?
Una vida plena como fotógrafo. Todo está por hacer.

¿Qué les dice a sus alumnos?
Nada. Sobre todo les enseño a dudar, especialmente de las verdades más evidentes. Son las peores.

¿Es importante perdonar?
Sin el perdón no existe la reconciliación, uno de los momentos más maravillosos de la vida.

¿Se siente importante haciéndose a sí mismo una entrevista?
Ya le dije que era bastante narcisista. Me gusta el desdoblamiento dialógico. En el diálogo está la esencia de El Quijote. Todo artista vive enamorado de sí mismo. No lo puede evitar. Tal vez no lo quiere evitar.

¿Es todo inútil?
No. La lucha tiene sentido. Hay que buscar hacer un mundo mejor. Aunque no se crea en ello.

¿Qué piensa de Podemos?
Se ha escrito tanto sobre ellos y tan mal que empiezan a resultarme simpáticos. Al último que he leído ha sido a Fernando Savater que encuentra hilarante una entrevista a Pablo Iglesias. Desafortunadamente, Savater no ha sido un pensador de talla. Se entregó a lo dado en seguida. Creo que le hubiera venido bien sentir dentro de sí el poder de una tremenda depresión. Lo admiré mucho pero al final se me ha convertido en un articulista menor. Sin interés.

¿Cree que es posible una revolución social?
No.

Pero ha criticado a Savater por rendirse a lo dado. ¿Y usted no hace lo mismo?
Tal vez, pero lo disimulo. No creo en eso taumatúrgico de crear una utopía, de levantarla, de derribar el orden para crear algo nuevo y radicalmente distinto. Siento rabia por pensar esto. Es como el deseo sexual. Se tiene o no se tiene. La vida es distinta con ello o sin ello. La revolución es como el deseo. Me gustaría que hubiera pastillas que excitaran el deseo revolucionario. Las tomaría.

 ¿Se siente fracasado?
No, especialmente. Pienso que he vivido una vida bastante plena y compleja. Nunca he buscado medrar. Se me podría tachar de poco ambicioso. Lo soy. No soy demasiado ambicioso.

¿Qué detesta?
Que alguien tire la piedra y esconda la mano. Que alguien te apuñale y luego diga oh no pretendía hacerte daño.

¿Se siente proyectado en sus hijas?
Creo que no he buscado influirlas. Son demasiado ellas para dejarse influenciar. No lo permitirían. Eso me satisface.

¿Qué piensa del nacionalismo catalán?
Que es una especie de narcisismo imposible de reprimir. No lo entiendo pero muchos se distraen con ello. Les gustan las banderitas, los himnos, la idea de destino, patria, efemérides gloriosas, épica... Todo bastante risible, pero existente. Una vez leí u oí que Josep Carreras llevaba un trozo de senyera en su bolsillo a cualquier parte del mundo que fuera. Nunca la abandonaba. Me imaginé llevando un trozo de bandera de España en mi bolsillo y me sentí ridículo, pero ¿qué se le va a hacer? Es así.

¿Vendería su alma al diablo?
No creo que estuviera interesado en comprarla. No pediría demasiado por ella. Algo más de inteligencia, eso me gustaría. La inteligencia es el más injusto de los dones. ¿Por qué unos la tienen y otros no? Es azar, no es un mérito. No es algo digno de elogio ser listo.

¿Qué añora?
Haber tenido sentido musical y sacar a mi mujer a bailar? Le gustaba.

¿Se considera un muermo?
Bastante.

Despídase con una frase ingeniosa.
Adiós.






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