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domingo, 12 de octubre de 2014

El amor cortés explicado a los jóvenes



Las filosofías sobre el amor en el Renacimiento se basan fundamentalmente en dos corrientes anteriores: el amor cortés y el neoplatonismo. Sobre el amor cortés se ha escrito muchísimo. Se trata de la primera teorización sobre la naturaleza del amor refinado frente a la tosquedad de la realidad cotidiana. El amor cortés es un amor de naturaleza irrealizable. Un trovador corteja a una dama casada. Debía ser casada porque solo una mujer casada podía tener vasallos, porque esto es lo que es el enamorado, un vasallo, un servidor, un esclavo amoroso que dedica su vida a un amor imposible. Escribe sus poemas encubriendo a la dama con un seudónimo y se recitan en una corte en donde la mayoría no saben leer. La dama sabe de ese amor oculto, una mujer siempre termina sabiéndolo, y ello le halaga, pero el juego amoroso implica que ella debe distanciar al amante, debe tener mucho cuidado para que su marido y los celosos no descubran la situación. Ella se siente atraída por el amante, pero sabe que debe rechazarlo, por prudencia y por honestidad. Sin embargo, su vida es tan radicalmente árida y aburrida que ese amor absoluto que la pone a ella en un nivel elevadísimo le atrae y ha de buscar medios para hacer llegar sus mensajes al trovador, mensajes y prendas de amor...

¿Pero, entonces, es un amor imposible? –me preguntan mis alumnos-. Sí, todo nos lleva a pensar que el amor es irrealizable físicamente, pero eso no le quita intensidad. Un amor de naturaleza fantástica y que no puede cumplirse es de una intensidad todavía más alta que uno que se realiza. Porque la pulsión sexual entre los dos sujetos del amor cortés es muy elevada. Se desean pero es imposible. El trovador sufre intensamente, pero este sufrimiento lo ennoblece. Amar hace al hombre más refinado, más noble, más luminoso, lo perfecciona. Aunque sea imposible el objeto de su amor. El amor cortés no tiene que ver con la naturaleza sino con la cultura. Uno de los primeros en teorizarlo fue Andreas Capellanus, clérigo en una de las cortes del sur de Francia. Esa ansia de lo imposible hacía incrementar el deseo. Los dos amantes sueñan el uno con el otro. Están juntos en la imaginación, probablemente se masturban imaginando desnudo el cuerpo del otro. Es posible que el trovador tenga relaciones sexuales y en ellas sustituya el cuerpo de la mujer permitida por la otra, la oculta, y cuando introduzca el pene dentro de ella, sueñe que lo hace dentro de la mujer soñada. Ella, la mujer casada a través de alguna dama que la ayuda y que sabe el secreto, le hace llegar alguna prenda íntima que esté en contacto con su cuerpo, que huela a ella, que tenga algo de sus flujos más recónditos. Ella, tal vez, le hace llegar en un camafeo un vellón de pelos de su pubis.

¡Qué asco! –dicen mis alumnos. Eso es una relación... ¿morbosa? –les sugiero yo-. Sí, muy morbosa. Nada hay tan intenso sexualmente como algo que no se puede realizar y que sucede en el terreno de la imaginación. Ellos cada noche están juntos y nadie lo puede impedir porque es un amor soñado, imaginado, y la imaginación es la facultad más potente que existe. Un cuerpo real no es nunca tan intenso como un cuerpo recorrido milímetro a milímetro por las manos de los amantes en su imaginación.

Nada es tan real como un cuerpo real, me dicen mis alumnos que escuchan asombrados. Yo les contesto que en la sociedad que vivimos domina la satisfacción inmediata del deseo y se concibe difícilmente la demora o el retraso en la posesión del cuerpo deseado que deja de interesar si no es accesible, pero en el tiempo en que estamos, los seres humanos debían recurrir a la imaginación para dar rienda suelta a lo que no podía ser posible en el mundo real. La relación entre Lanzarote del Lago, el mejor caballero del rey Arturo, con la reina Ginebra es representativa de este modo de ver las cosas, en el mundo cortés. Ella cuando es penetrada por el rey Arturo imagina que quien lo hace es Lanzarote y su deseo es infinitamente mayor y el rey lo desconoce totalmente. Nadie puede penetrar en el mundo oculto de la imaginación.

En el plano real, la dama casada rechazaba al amante y le ponía obstáculos para comprobar la fuerza de su amor, pero a ella le subyugaban su constancia, sus versos llenos de conceptismo medieval en imágenes enfermizas y retorcidas que revelaban la intensidad de lo sexual, escritos en clave para que solo ella pudiera entenderlas. Las palabras se cargan, en la retórica de versos alambicados, de una fuerte tensión sexual, pues son escritos en noches de intenso deseo cuando él se masturba pensando en ella y acariciando los pelos de su pubis que mete en su boca para recorrerlos con su lengua sabiendo que son de ella. Ella lo imagina y eso la excita hasta límites difícilmente concebibles. Sus damas la bañan y dan ungüentos y ella sueña que es él el que es una de esas damas que la acaricia desnuda y la ve por la mañana cuando se levanta. La vida en la corte, una corte grosera, una corte sin apenas refinamiento, se convierte en un paraíso sensual en la imaginación de los dos enamorados que saben que su amor es imposible, tanto que ni siquiera esperan una oportunidad, pues nada será tan alto como lo que sucede en el terreno de su imaginación. No, no es un amor pueril, el amor cortés, no es un amor masoquista. No, supone el triunfo de los sueños frente al mundo de la realidad de cortos alcances en una corte plana y sin estímulos. Y ella frota su prenda más íntima con su fluido para hacérsela llegar de alguna manera al amante que la olerá y la morderá en un éxtasis de deseo brutal.

El silencio se hace en la clase. Mis alumnas musulmanas son las menos sorprendidas. 


Pues vaya. 

10 comentarios :

  1. De pequeño siempre quise ser un caballero andante que rescata a una princesa, de mayor fui un vendedor de camiones que ·"capturó" a una funcionaria, que puede sonar poco romantico, pero que me ha hecho muy feliz.

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    1. No deja de ser un bello microrrelato digno de cualquier página dedicada a ellos, y, además, con final feliz.

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  2. El amor sentimental, para separarlo del amor fraternal o filial, es una derivación de ese amor cortés nacido en la corte de Aquitania.
    Antes las cosas eran mas sencillas, existía la apetencia sexual y existía el interés. Los hombres, en las mujeres era más complicado, se acostaban por puro deseo sexual y se casaban por su interés o por interés familiar o patrimonial, en la mayoría de los casos.
    No había relación entre el sexo y el amor y menos entre el sexo y el matrimonio.
    El amor cortés con su insoportable lirismo romántico vino a complicarlo todo ya que convirtió la seducción en el protagonista de la historia. Desde entonces se hizo más importante lo que se sentía en la cabeza que lo que se sentía entre las piernas que fue considerado como algo soez y pernicioso. Se hizo más importante la batalla por conseguir el amor que el amor por si mismo plenamente realizado. Demasiados caballeros andantes para ganar un sueño. De aquellos polvos -no realizados- éstos lodos.
    Si lo piensas bien, la sexología moderna -desde los inefables Masters and Johnson- es la recuperación de aquella dicotomía entre amor y deseo anterior a las "pajas líricas" de los trovadores y juglares.
    Un abrazo

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    1. Sí, pero todo esto fue para gozo de la literatura que encontró en la expresión de estos sentimientos una exploración minuciosa del amor como creación cultural y artística. La buena literatura no deja de ser heredera de esta descripción casi morbosa del proceso de seducción y el dolor de amar concebido a la vez como gozo en el sufrimiento (porque es peor no amar) del enamorado que se perfecciona en ese acto de amar. Además va unida a la idea sumamente interesante de que el amar nos transforma en el objeto amado al identificarnos con él. Yo no sé cómo enjuiciar el amor cortés como experiencia cultural, pero como literaria es prodigiosa. Estoy convencido que la exploración meticulosa del mundo de Guermantes que hizo Proust tiene su origen lejano en esta experiencia de transformación del enamorado y su descripción de sus estados anímicos.

      Un abrazo muy agradecido pues has entrado en el debate desde el centro del mismo.

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  3. Muy interesante la exposición sobre esos usos amorosos. ¡Qué lejos de la realidad actual! Es excitante et amor cortesano. A mí me encanta ese amor. Ese amor que no supone contacto carnal directo y sí roces mentales. Es un amor etéreo. Pero tan etéreo, como cierto y real. Me hubiera gustado preguntarle a Alonso Quijano qué opina sobre el tema. Seguro que nos hubiera ilustrado admirablemente...

    Un fuerte abrazo.

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    1. Ese amor o esa experiencia es, como bien dices, plenamente mental y yo diría que intelectual. Y estoy seguro de que es posible y real. A través de la escritura es posible trenzar la relación entre dos espíritus afines que se acercan anímicamente y disfrutan asimismo de una relación casi totalmente sexual cuyo corolario no tiene por qué ser la realización física. Esta ha sido mi motivación para escribir este post: mostrar cómo dos seres, en un tiempo adverso, podían vivir juntos en su mente, en su imaginación, disfrutando de ese roce mental que puede llegar a ser muy intenso, extraordinariamente intenso.

      Un abrazo fuerte, compañero.

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  4. Esto sí tiene mérito en los tiempos que corren...

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    1. ¿A qué te refieres exactamente? ¿Al tipo de amor que describo? ¿A la experiencia en sí de explicación del amor cortés a los jóvenes?

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  5. Las conversaciones en clase sobre tópicos amorosos y relaciones sexuales en la literatura son de lo más divertido. Los alumnos tienden a pensar en nosotros y en nuestro mundo de papel como pergaminos apolillados, vacíos de pasión. Cuando desvelas los entresijos de las relaciones entre Calisto y Melibea, la pulsión sexual que se esconde en el romancero, el perverso juego de apariencias en el teatro barroco, etc. se quedan alucinados, porque para ellos esos textos son opacos y se ven incapaces de leer entre líneas por su falta de competencia cultural. En cuanto a la satisfacción inmediata del deseo, quizá con la crisis empiece a cambiar la cosa :)

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  6. Siempre resulta interesante leerte, Joselu. No entiendo nada sobre el amor cortés, pero para los adolescentes esto puede resultar algo fuera de lugar, debe de resultarles difícil de entender. No sé si existe el amor cortés y esa imaginación tan desbordante para alimentarlo, pero sí creo en la química entre las personas, hay personas con las que conectas a la primera sin saber por qué y otras que rechazas de plano, o sea, yo veo química, y esa conexión puede ser de cualquier tipo, igual parte de lo que digo es una secuela de aquél amor cortés. Y lo de la química, bueno, a mi me pasa, a quién no. Bueno, igual a todo el mundo no. No sé. Me habría gustado saber la opinión de más mujeres.

    Besos.

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