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viernes, 4 de julio de 2014

El horror al vacío



Timothy Wilson, profesor de psicología de la universidad de Virginia, acaba de publicar un artículo en la prestigiosa revista Science del que da referencia Javier Sampedro en El País de 4 de julio de 2014. El artículo expone las conclusiones de una serie de experimentos realizados con personas de todas las edades y condiciones sociales y culturales. Dicha experiencia era proponer a los sujetos estar de 6 a 15 minutos sin hacer nada, perdidos en sus pensamientos o dejando la mente en blanco. Al parecer, los seres humanos no podemos estar aunque sea un tiempo mínimo sin ninguna actividad concreta y se convierte en un estado insoportable si no es algo espontáneo y elegido. Así nuestra práctica real consiste en estar haciendo continuamente algo, manipulando algo (el móvil por ejemplo), oyendo música, mirando algo, hablando o  interactuando. Dicho de otra manera, el no hacer nada se puede convertir en la peor de las torturas según los resultados de este experimento cuyo artículo original en inglés no he podido leer porque cuesta veinte dólares comprar un artículo de Science.

Un aula es en este sentido un campo espléndido de experimentación. El profesor sabe por experiencia clara que los alumnos deben estar siempre ocupados en algo. Un veterano profesor al borde de la jubilación me confesó la mayor enseñanza de su vida:

“si ellos no están ocupados, el que estará preocupado es el profesor”

Y lo sabemos. No hay peor situación que en un momento la clase se quede en el vacío. No lo soportan. No puedo imaginar de ninguna manera que estén cinco minutos sin hacer nada en silencio. El que conozca el aula sabrá que todo se hundirá antes de concretarse esa situación. Los chavales se aburren y necesitan hacer algo aunque sea hacer el tonto, molestar, quitarle algo al de delante, esconder la mochila del compañero, manipular el móvil, escuchar música, jugar con el ordenador, dormirse, levantarse, gritar, mirar por la ventana, meter las manos en el cajón y sacar algo, mirar a alguien buscando su respuesta... Infinidad de cosas que se pueden hacer, pero todo más soportable que estar sin hacer nada.

Nuestra mente necesita la actividad constante. Un tiempo en blanco produce infinidad de pensamientos o imágenes caóticos que se van sucediendo sin orden ni concierto. La mayor parte de los participantes en estos experimentos reconocieron que era algo terrible ese espacio de tiempo vacío impuesto, y que preferían en buena parte dejar el experimento o recibir una descarga eléctrica por molesta que pudiera ser.

Según las conclusiones de este estudio, las nuevas tecnologías que ocupan ahora masivamente a la población en general no son las causantes de este horror vacui sino una expresión, precisamente, de esa aversión que tenemos a no hacer nada que antes se solucionaba con otros medios para tener la mente ocupada, fuera la lectura o cien mil ocupaciones que distraían la mente.

Algunos lectores del artículo han señalado que la meditación precisamente parte de esta observación del fluir del pensamiento en la quietud de una postura y una respiración acompasada. El que ha practicado meditación sabe de la dificultad de dejar la mente en blanco. La mente se entretiene en imágenes y pensamientos fragmentarios que acuden masivamente a entretenernos y distraernos de ese anhelado vacío mental.

Otros señalan que el no hacer nada no es tan difícil y han señalado a los ancianos sentados en los bancos en actitud quietista. Sin embargo, no es cierto que no estén ocupados mentalmente porque están mirando activamente lo que les rodea o dejándose ir por los recuerdos del pasado... Los que toman el sol en la playa aparentemente tampoco hacen nada pero sí que se puede decir que están en una actividad que es tomar el sol que les centra la mente que, a su vez divaga, por infinidad de imágenes o ensoñaciones que se apoderan del consciente o del inconsciente.

Una vez en clase propuse a mis alumnos el ejercicio de quedarnos en la oscuridad mirando una vela encendida durante unos minutos. Esperaba que esta imagen magnética de la vela les ayudara a concentrarse, pero no fue posible lograrlo porque un par o tres de ellos hicieron estallar el ejercicio con su movimiento y sus gracias que provocaban las risas y la distracción de todos.


Nuestra mente está programada para la actividad lo que no quiere decir que esto significa que todos seamos trabajadores o que ocupemos el tiempo en algo útil y provechoso. No, de ninguna manera. Hay muchos que son refractarios al trabajo, en el aula por ejemplo, pero no pueden soportar la quietud y necesitan actividad por disruptiva que sea como hemos señalado. Un aula es proyección precisamente de esa dificultad del ser humano en centrarse en algo mental o, peor aún, en un tiempo vacío. En el aula siempre pasan cosas. Treinta mentes inquietas adolescentes que no dejan de urdir algo para calmar la necesidad de una actividad incesante sea del tipo que sea, y, a ser posible, lo más alejada del mundo mental que intenta transmitir el profesor. Por eso, las nuevas tendencias pedagógicas llevan a que los alumnos estén siempre activos e implicados en acciones que les resulten interesantes y atractivas que no supongan, eso sí, tampoco demasiado esfuerzo mental para el que cada vez estamos peor preparados.

22 comentarios :

  1. posiblemente es que la función de la mente sea producir pensamientos al igual que la del pancreas sea producir insulina. Supongo que es al querer alcanzar el vacío cuando esa actividad se pone más de manifiesto, pero creo, al menos en lo que a mi respecta que es activa durante todo el día y bastante independiente de nuestra voluntad.
    Sólo creo que decrece o se fija en una actividad, cuando esta supone una gran demanda de atención por razones por ejemplo de supervivencia. Personalmente me ha pasado esquiando en bajadas complicadas, (pero que no superasen mi capacidad). Entonces la mente se ha enfocado en esa actividad sin que suponga ningún esfuerzo de voluntad por mi parte. Posiblemente ese acallamiento sea una de las razones por la s que el ski produce esa atracción al que lo practica.
    Más que el acallamiento de la mente creo que lo más accesible (y eso no quiere decir que sea fácil) es la observación objetiva de su actividad, pretando atención a no verse envuelto o atrapado por los pensamientos... (es más fácil decirlo que hacerlo)
    Un abrazo y buen finde
    j

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    1. Recuerdo que hace dos o tres años practiqué dos días barranquismo en el Pirineo aragonés. Esas horas en que descendíamos por el barranco fueron muy intensas, tanto que era imposible no estar centrado en el aquí y el ahora. Es un caso semejante al esquí, una actividad en que debes estar totalmente metido en ella al cien por cien. Diferente es cuando voy a correr o nadar. Como son ejercicios rutinarios en que no necesitas concentrarte en cada paso, los pensamientos te asaltan continuamente. Me pasa también cuando hago la comida. Si uno está inmerso totalmente en lo que hace, la atención se fija y no se escapa como el mono loco. Y sí, ciertamente, en la meditación uno puede ver los cómo nos cercan los pensamientos e imágenes que pretenden apoderarse de nosotros, de nuestra mente que los contempla sin dejarse atrapar por ellos (es un decir). Cuando esto sucede, llega la calma mental, una sensación imposible de expresar y que he sentido en pocas ocasiones.

      Un abrazo.

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  2. Dicen que una "persona humana" tiene sobre 60.000 pensamientos diarios, es decir más o menos un pensamiento cada 1.44 segundos. por lo visto ocurre que la mayoría de los pensamientos, más del 90% ,son los mismos que tuvimos ayer o la semana pasada. Cuando tu modificas el entorno, en este caso, pones una vela, has modificado el ambiente diario y periódico de su vida y has metido una variable no habitual a la que deben examinar, lo que hace más difícil la concentración. Lo abstracto empieza cuando esos 60.000 pensamientos están suavemente acomodados en la rutina y de esa comodidad se desprende la creatividad. Por eso, pienso, existen algunos rituales de artistas y deportistas , por ejemplo. Luego hay que tener en cuenta que la adolescencia en época de innovación más que de reflexión y es bueno que esto sea así, para todo hay su tiempo.

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    1. Creo que me he ido por los ya afamados "Cerros de Ubeda", pero es lo que hay, aquí te dejo esto.
      Siempre estamos haciendo algo aunque sea en segundo plano como los ordenadores. Un saludo.

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    2. Aquel día de la vela en clase había mucha expectación sobre el ejercicio. Eran veintitantos alumnos. Yo creo la mayoría querían concentrarse en lo que les había propuesto. La luz de la vela y la oscuridad eran reclamos que les gustaban... pero nunca puedes controlar que no haya tres diablejos que boicoteen la experiencia, y eso es lo que pasó. Sin ellos, yo creo que hubiera funcionado. De hecho se quedaron con ganas de hacerlo de nuevo, pero no puedes eliminar a los alumnos que molestan así sin más, aunque el resto te lo pida.

      No sé si serán sesenta mil pensamientos pero lo cierto es que no dejan de fluir constantemente, salvo que te concentres intensamente en lo que estás haciendo. Me pasa cuando escribo un post o cuando contesto a un comentario como ahora. Escribir hace que los pensamientos sean productivos. Tal vez sea por eso que a ti y a mí nos gusta tanto escribir. Un saludo desde Cornellà de domingo matinero.

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  3. Hice que mis alumnos dibujaran completamente a oscuras y, al tiempo que lo hacían, iba yo improvisando una historia de modo que al final el dibujo, que al principio era libre, viró hacia lo escuchado. Creo que logré algo que no se consigue con luz. Hice que pensaran en sí mismos, que no tuvieran la distracción de la realidad. Porque la realidad distrae, Joselu, una barbaridad distrae. No sé qué filósofo griego se sajó los ojos para pensar sin estorbo. Hay en todo eso de concentrarse en uno mismo mucha new age, mucho rollo tipo Bucay o Coelho o los que vengan a ese tren de las cosas, pero la verdad es que no somos en ocasiones ser capaces de afrontar lo que somos. Yo mismo, cuando me acuesto, suelo enchufarme la radio. No pongo música, por lo general. Me voy al dial y trasteo hasta que doy con la emisora que me tranquiliza, que me acuna. Lo que buscamos es eso: que nos acunen, que no nos dejen solos con nosotros mismos. Cuando estoy extremedamente cansado (a veces pasa esto) hago lo mismo. No caigo al sueño de inmediato. Es fascinante lo que escribes, lo que se extrae

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    1. Ahora mientras te escribo, escucho con los auriculares las variaciones Goldberg de Bach. Me concentro intensamente en la respuesta. Me ha interesado mucho tu experiencia con tus alumnos en la oscuridad y me gustaría hacerla a mí, el problema es que las clases no se pueden oscurecer ya que las puertas tienen cristal por donde entra la luz y muchas veces las persianas de las clases no cierran bien o están estropeadas. De hecho tengo problemas para pasarles películas porque no se puede oscurecer convenientemente el aula. Es certero eso de buscar que pensaran en sí mismos. Yo cuando era profesor de literatura, lo buscaba continuamente. Hay demasiada distracción, todo lleva a que estemos fuera de nosotros mismos. Es un tópico que me llega a cansar pero comprender lo que significa vivir el aquí y el ahora es tarea de toda una vida.

      A mí me gusta también mucho escuchar la radio. Soy un adicto a la cadena Ser. La escucho en el coche y cuando me voy a dormir la pongo en ese programa que es la hora 25, salvo que esté tan afligido por la realidad política que deseche escuchar más noticias sobre la abdicación, la coronación, la corrupción, las primarias del PSOE, los ERE, el caso Bárcenas...

      Una vez me pasé tres meses viajando por el sudeste asiático en solitario. No tenía ningún contacto con las noticias de ningún tipo, ni existía Facebook ni las redes sociales, ni los móviles. Cuando quería comunicarme con alguien tenía que enviarle un aerograma y escribirlo lógicamente. Viví como en una burbuja maravillosa. Cuando llegué a París, compré la prensa y comprobé que los debates en España seguían en el mismo nivel en que los había dejado (era el tiempo del referéndum de la OTAN). Yo había vivido una experiencia tan fuerte que equivalía a varios años, y en mi país seguían anclados en lo mismo. Quiero decir que ese aislamiento fue tremendamente productivo y estimulante y fue un tiempo en que tuve que estar muy en contacto conmigo mismo, lo pasé mal y levité. Esa es para mí la experiencia del viajar, algo que te transforma contemplando tus pensamientos infinitos en soledad.

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  4. Hace muchos años, querido Joselu, un profesor de Psicología nos contó que en no sé qué universidad habían intentado llevar a cabo un experimento novedoso pero no pudieron concluirlo por falta de voluntarios. Consistía en someter a los sujetos a una falta total de estímulos: encerrados totalmente a oscuras en una habitación acolchada, con un traje similar a una camisa de fuerza para que no pudieran tocar nada, sin oír nada ni poder hablar. No sabían cuánto tiempo transcurría y ni siquiera los estudiantes más necesitados pudieron soportar las tremendas condiciones pactadas. Conclusión: no podemos vivir sin estímulos, no soportamos el silencio absoluto, el vacío, la nada. Necesitamos algo que estimule nuestros sentidos. Las funciones fisiológicas no se pueden parar, ni la actividad cerebral tampoco, pero no sabemos permanecer aislados, ensimismados. Soportamos (y necesitamos) el silencio y la quietud durante un tiempo, pero tarde o temprano surge la imperiosa necesidad del movimiento, de la acción, aunque sea mínima. Dar un paseo por la playa, contemplar el atardecer, echar una siesta, estar tumbado sin hacer nada y mil cosas así no son el vacío, pueden ser momentos llenos de actividad interior. Un niño o un adolescente, bien lo sabemos los maestros, es incapaz de parar, son "interactivos", como dice una colega mía, por naturaleza, por eso nuestro reto es mantenerles interesados y ocupados con actividades controladas; si no sabemos hacerlo, se nos van de las manos y empiezan los problemas. Una de las claves del éxito del viaje de fin de curso con el Colectivo Tándem es que no dejan tiempos muertos a los chavales, siempre están en danza incluso cuando toca esperar al autobús. Si no están remando o saltando están cantando o jugando, no hay descanso salvo para comer o dormir, y se lo pasan en grande. Nuestra sociedad no está preparada para la inacción, está mal visto el ocio improductivo. Nos quieren consumistas compulsivos, siempre ocupados para no pensar. Las personas que piensan son peligrosas para el sistema. ¿Cómo canalizar nuestra necesidad de estímulos sin perjudicar a nadie, y menos a nosotros mismos? Sentimos horror al vacío, a la nada, al silencio absoluto, quizá porque la identificamos con la muerte, con la total inmovilidad.
    Unos colegas míos han introducido el uso de las tablets en algunas clases para que los alumnos que van algo sobrados puedan ampliar lo trabajado mientras sus compañeros siguen con las tareas obligatorias. Si un alumno pilla pronto el concepto de la suma de fracciones, por ejemplo, se aburre después de hacer tres o cuatro operaciones. Necesita otra actividad, a ser posible útil y enriquecedora. Y hacia eso vamos a pasos agigantados, nos guste o no (a mí no me gusta). Pero, de momento, qué quieres que te diga, me encanta disfrutar de este tiempo vacacional carente de horarios y actividades regladas obligatorias. Esta cierta anarquía es sana y necesaria. Yo sé cómo llenar mi tiempo libre, no me da miedo.
    Sigue ofreciéndonos textos tan motivadores como éste. Yo necesito estímulos para escribir, para crear, pero cuanto se me ocurre creo que no resulta interesante para los demás. Estoy aletargada con respecto al blog, pobrecito mío, a ver si recupero las ganas.
    Cuídate y disfruta de las vacaciones. Un fuerte abrazo.

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    1. Una de las situaciones más habituales en el aula es que ante unas tareas planteadas por el profesor, los chavales trabajen a ritmos muy diferentes. Los hay que al cuarto de hora ya han acabado la tarea prevista para una hora (sea bien o mal hecha) y otros que no han sacado todavía el bolígrafo para empezar a trabajar. Entonces ¿qué hacer? Porque tener a una serie de alumnos con la conciencia de que ya han acabado es sumamente disruptivo porque empiezan a aburrirse y a molestar. Ponerles tarea suplementaria puede representar su oposición porque en tal caso están haciendo mucho más que sus compañeros y no están de acuerdo. Puedo entender esa praxis de las tabletas que mencionas. De momento son algo atractivo y seguro que les gusta.

      El año pasado para mi cumpleaños me regalé a mí mismo una experiencia en un tanque de flotación. Es una especie de nave espacial en que hay agua salada en la que flotas. Te metes allí y estás una hora en la oscuridad con música muy suave (si quieres) que percibes a través de los oídos que están sumergidos en el agua de modo que la audición es muy diferente a la habitual. Me quedé solo con mis pensamientos flotando en la total oscuridad del tanque. Fue una experiencia muy relajante. Pero no voy a volver a pagar 35 € que costaba.

      En mis viajes en solitario suelo tener mucho tiempo para estar conmigo mismo, a veces lo prefiero pero en otras ocasiones me gusta pegar la hebra con alguien y charlar aunque seas menos consciente de lo que ves. Me gustaba practicar meditación, actividad en que te ves a solas con tus pensamientos caóticos que te bombardean la mente sin cesar. Los budistas llaman a esto "el mono loco". Nuestra mente es un mono loco que no deja de saltar de rama en rama sin encontrar nunca la quietud. Hay tantas guerras y conflictos que se producen porque los hombres no pueden dejar de pensar y urdir maldades...

      Muchas veces se anhela el pensamiento y decimos que nuestros alumnos no piensan, que no les gusta pensar... Pero esto no es cierto porque depende qué se entiende por pensamiento. Si pensar es un flujo de imágenes incesante que pasan por la mente, nuestros adolescentes y niños lo hacen permanentemente, todos lo hacemos. Otra cosa es que ese flujo de pensamiento busque de alguna manera la abstracción mediante un proceso interior de comparar, evaluar, escuchar pensamientos distintos y considerarlos sin prejuicios... Esto no se hace. Se evita sistemáticamente la instrospección y la abstracción, y sí se busca la distracción, el jugueteo, el grito... Estaría bien que nuestros alumnos practicaran yoga, aunque fuera un yoga elemental, pero no en el colegio o instituto, fuera. También son interesantes los deportes que facilitan la concentración activa en el esfuerzo.

      Un fuerte abrazo, compañera.

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  5. No se bien donde leí hace tiempo que genéticamente la mente lucha por no estar vacía y si le obligan a estarlo tiene un rechazo muy grande por parte de la razón y de la mente lógica.
    Yo solamente puedo aislarme recitando un mantra con muchas repeticiones. Me gustaría llegar al vacío de la mente como llegan los maestros budistas, por lo que se es el colmo de la superación de una persona.

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    1. Por propia experiencia de meditación, sé que dejar la mente en el vacío es casi inabordable. Alguna vez ha pasado. No quiero decir que lo he conseguido porque eso no se puede conseguir. Sencillamente "sucede" sin buscarlo si estás en las circunstancias adecuadas.

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  6. Buena y oportuna reflexión. El parloteo mental es inevitable. Y para la mayor parte de los humanos, incontrolable. Solo se pueden cerrar las puertas a este vendaval bendito (para mí, al menos) de pensamientos si la voluntad fuerza a practicar una actividad que requiera concentración al cien por cien. Y eso, querido Joselu, en el aula, lo sabemos todos los docentes, se da en muy pocas ocasiones. ¿Cuándo el profesor ha propuesto (algunos dicen "motivado") al alumnado con algo que realmente les cierre las puertas al parloteo mental que les impulsa a actuar de manera disruptiva? Yo recuerdo que en muy pocas ocasiones. Esto es lo verdaderamente difícil de nuestra bendita (al menos para mí) profesión. Pero si alguna vez se consigue... es como aquel buscador de oro que ha encontrado una pepita de oro...

    Un fuerte abrazo.

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    1. Creo que lo has plasmado con exactitud y claridad. El parloteo mental, si hay silencio (aleluya) domina a nuestros alumnos. Yo a veces me sorprendo cómo soy capaz de estar explicando algo relativo a la sintaxis y lograr que ninguno de ellos esté prestando atención a lo que digo. No es exageración, es cierto. Pongo toda mi intención en ello. Procuro ser didáctico y claro, repito varias veces, pero si pregunto a cualquiera de ellos qué he dicho me encuentro sistemáticamente que estaban sumidos en una desconexión total con lo que yo estaba explicando. Sus voces interiores les llevan a otros lugares. Como resultado de esto, a veces el profesor se encuentra que en todo el año no les ha enseñado nada. Así que prefiero plantear actividades concretas para realizar, sencillas y de naturaleza mecánica que no exijan pensar demasiado. Es la única manera que consigo que estén concentrados en algo escolar. Tú eres un buen contador de historias. Tal vez cuando les cuentas algún relato sobre el Grao consigas su atención.

      Un abrazo.

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  7. No se muy bien que es eso de meditar. Aunque si que me gusta pasar tiempo si hacer nada. Hace poco un psicólogo me comentaba que a veces no somos conscientes de nuestros pensamientos, y es justamente en los momentos de silencio, cuando no hay actividad, donde afloran, donde podemos reconocerlos. Es posible que reconocerlos y actuar sobre ellos pueda ser muy útil para mejorar nuestra vida emocional. Creo que de vez en cuando es útil eso de estar a solas con uno mismo y dejar que nuestro pensamientos pasen a la consciencia aunque no nos gusten, puedan ser negativos o angustiantes.
    Un saludo,

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    1. Cuando uno elige un tiempo sin hacer nada, sumido en nuestros pensamientos, es una actividad grata. Otra cosa es cuando se impone, como en el experimento, la obligación de estar sin hacer nada aunque sea por poco tiempo. Entonces es algo difícil. A mí me cuesta esperar en las colas. El otro día estuve en el banco esperando una hora y cuarto para que me atendieran. Fue difícil. No sabía dónde meterme, qué hacer, qué pensar. Observaba todo, pensaba en el rostro siniestro del director de la agencia, en la estructura mafiosa del sistema bancario, en el niño que estaba con los clientes a que estaba atendiendo la empleada. No sé, la mente divagaba y divagaba, se perdía en meandros absurdos e incoherentes, inconexos. No podía dejar de pensar. Esto es lo que pasa siempre. En la meditación lo que se hace es desdoblarse y no dejarse atrapar por los pensamientos. Estos surgen y se los observa como si uno estuviera fuera y la mente, una urdidora de historias. La mente no puede dejar de pensar, alguien ha dicho que es un mecanismo de producir pensamientos sin cesar. De ellos surge toda nuestra vida anímica. El problema es cómo dominarlos, como conseguir la concentración la que solo surge cuando nos sumergimos en una actividad intensa que no nos deja pensar fuera de ella misma.

      Un saludo cordial.

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  8. Eso que propones de olvidarse de uno mismo y navegar por la nada de uno, valdría como un juego, pero en la realidad, hay demasiado ruido de fondo, demasiadas cosas urgentes como para que alguien pierda el tiempo dejándose llevar por algo que no sabe para que le sirve. Yo creo en la intensidad de un momento que puede dar la lectura de un poema, a mi me lo da suicidio hacia arriba de Salinas para crearte ese ámbito único de uno mismo, sin el más triste contacto con la vida, sin ver nada hecho por el hombre, sin señas de que nadie exista, nada que nos pruebe que hubo antes otros, flotante boca arriba, en alta mar. Ahí puedes olvidarte entre los versos ,si te concentras, y casi sentir la angustia de la soledad, pero en la pureza del vacío o cuando una mano fría o algo te remueve por dentro ese dolor que no sabías ni que dormía en ti como si fueras el mar y de pronto como en el verso de Lorca recordaras el nombre de todos los ahogados. Llegar a ese relámpago de estremecimiento merece la pena.
    Un saludo

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    1. No pretendía proponer ningún objetivo sino reflexionar sobre la dificultad o aversión que tenemos ante el tiempo vacío cuando este se nos impone, no cuando lo elegimos nosotros. Los pensamientos o la necesidad de acciones nos desbordan en todo momento. Nuestra mente es inquieta naturalmente. Los orientales buscan disciplinarla en una búsqueda de la concentración intensa en el tiempo presente. En general nosotros en nuestra cultura huimos del tiempo presente proyectándonos hacia el pasado o el futuro. Mis alumnos se escapan de la clase mentalmente. Las razones, complejas, y no disminuyen la responsabilidad del profesor de retenerlos allí en el momento presente.

      Yo no tengo esa capacidad de concentración en un poema como la que expresas tan bellamente. No me retiene tanto la poesía pero me alegra saber que tú puedes hacerlo. Me gustaría pero no lo logro. La poesía es un lenguaje difícil para la rapidez de este tiempo vertiginoso. Tú has desarrollado esa capacidad como lector y como creador.

      Un saludo.

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  9. El post me ha traído a la memoria una película muy antigua de Ken Russell: Altered States, en la cual William Hurt se somete a una terapia en tanques de flotación completamente herméticos, a cuyo interior ni llega la luz ni el sonido. El paciente flota en el agua y en ese silencio uterino... La película no acaba bien, pero el experimento me chocó por su radicalidad psicológica: era una manera de enfrentarse a la nada en vida, o a uno mismo sin asidero ninguno. La mente no se le quedaba en blanco, pero su mundo mental lo escogía a él como blanco de sus más perturbadas alucinaciones.
    Cuando enseñé música -uno ha hecho cosas inverosímiles en esto de la enseñanza...- solía hacer un ejercicio preliminar: tenía a los alumnos en riguroso silencio -la violación se castigaba con la expulsión- oyendo durante 45 minutos el tic-tac del metrónomo. Después habían de completar una redacción donde explicaran lo que hubieran percibido en la sesión. Reconozco que una clase así, la más larga de todas las clases que tuvieron nunca, es un desafío que marca un antes y un después en la capacidad de reflexión sobre uno mismo o sobre su entorno. Algunos se quejaron; otros me lo agradecieron; todos supieron, desde ese día, la radical falta de sentido de una expresión como "no tuve tiempo", para hacer cualquir deber...

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    1. Tu experiencia con los chavales me parece portentosa y propia de otro tiempo, y a la vez profundamente filosófica. ¡Cómo me hubiera gustado hacerlo a mí! Ahora es imposible. Requería otro tipo de alumnado dispuesto a experimentar. Me recuerda otra experiencia prodigiosa hacia el año 2001 cuando llevé a mis alumnos de cuarto de ESO al zoo y les puse ante la jaula de los chimpancés, tras una previa presentación de los personajes que la habitaban, durante cuatro horas interrumpidas por la comida y seguida de una hora más de conclusión por la tarde. Fue prodigioso. Aquella observación de los ocho chimpancés es uno de los ejercicios pedagógicos más extraordinarios que hecho nunca. Los ejemplares que al principio no eran más que "monos" adquirieron nombre, personalidad y espesor propio al ser individualizados y observados en sus mutuas relaciones de poder o de sumisión. Quedaron fascinados y repetimos otro día de observación durante varias horas realizando un etograma. Ciertamente hay experiencias que requieren de esa magnitud llamada tiempo de observación y de interiorización. Son ejercicios diferentes el que tú evocas y el que yo cuento pero ambos tienen como eje la percepción de lo que está ahí pero nuestras costumbres y modo de vida impide que sea contemplado: el silencio, la interioridad, la vida social de unos monos que en buena parte no eran tan diferentes a nosotros. Me asombró cuando murió Copito de Nieve porque supimos que era tratado con antidepresivos para paliar su angustia y su miedo. Sé que estas cosas ya son inabordables, yo al menos no puedo con mis alumnos plantear cuestiones así, pero ambas son, como decía arriba, de naturaleza filosófica, antropológica y existencial.

      El año pasado por mi cumpleaños me regalé una sesión en un tanque de flotación durante una hora.

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  10. Mucho cuidado con este tema ya que hay un factor distorsionador de lo observado que seguro que le encantaría al bueno de Heisenberg: no es lo mismo el nohacer compartido que el nohacer individual. El factor social en un aula obliga a una actividad constante para distinguirse o no dentro del grupo. Pensemos que éste a su vez no deja de ser otro organismo con leyes propias.
    Recuerdo las clases de música que eran audiciones de clásica de una hora y donde quien más, quien menos necesitaba expresarse y no quedarse quieto sobre todo cuando uno andaba por la plena adolescencia.
    A nivel individual la cosa es diferente y casi diría que en ocasiones se hace necesaria la actividad frente a la inercia del pensamiento. Ponerse a oír a tu entorno como pide la meditación es una buena solución pero eso no garantiza que el pensamiento no siga ahí, jodiéndolo todo. De hecho en muchas ocasiones la actividad febril es un escape inútil frente a los pensamientos acaparadores.
    Salud

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    1. Sí, es cierto que es diferente la soledad del individuo en sus pensamientos a la dinámica de grupos y más si son adolescentes. No obstante, tienen cosas en común la mente individual y la colectiva que es este el caso. Se soporta difícilmente la inactividad que representa el silencio y el no hacer nada. Hemos de estar llenando siempre el vacío con algo, sea provechoso o no. El cerebro no deja de segregar pensamientos e imágenes a velocídad de vértigo. La mayoría son banales e intrascendentes. Si esto se produce en un entorno en que treinta adolescentes pugnan por afirmarse de alguna manera u otra, es lo que habitualmente encontramos en las clases donde es muy rara la contención emocional que no se deja organizar en torno a un pensamiento central sino que responde a impulsos centrífugos. No es muy distinto de lo que encontramos en nuestro fluir mental: pensamientos desordenados, raramente hondamente reflexivos, contradictorios que van saltando de un lugar a otro sin orden ni concierto o, peor aún, en algún caso obsesivos y dolorosos. Quizás esos son los que calificas de "acaparadores". Son los más dañinos.

      Gracias por la aclaración.

      Un cordial saludo.

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  11. Conozco personas que cuando entran en su casa encienden radios, televisiones y otros cacharros ruidosos solo para evitar la sensación de sentirse solos.

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