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lunes, 2 de junio de 2014

La abdicación



Me he enterado un poco tarde, sobre las once y cuarto, a la hora del patio en el instituto. Un grupo de profesores hacían cuchufletas sobre la situación. Me he unido a ellos y he comprobado en internet la noticia que me ha sorprendido pues no me la esperaba. Luego en las redes sociales he confirmado que era omnipresente el tratamiento paródico de la abdicación. La mayoría de los internautas parecían estar hablando del hotel de los líos, o de la 13 rue del Percebe al referirse tanto al abdicante como al sucesor y monarca de este país que no parece tomarse en serio a la monarquía.

Todas las fuerzas políticas han reforzado sus posiciones con la idea de que se abre un tiempo nuevo en el sistema constitucional español y parecían alentar la posibilidad de una reforma de la Constitución. Los nacionalistas catalanes han amenazado con que su desafío sigue en pie y que no variarán ni una coma. Izquierda Unida y Podemos han reclamado un referéndum sobre la forma de estado, es decir, que los españoles puedan pronunciarse sobre si quieren monarquía o república. Hoy, de hecho, va a haber concentraciones para demandar una consulta sobre la cuestión. Esto, no obstante, es la posición de minorías porque el grueso de la población española no parece cuestionar dicha forma de estado masivamente, pero a la vez, toma a chacota el asunto de la familia real y la monarquía.

Una vez un comentarista del blog, Serenus Zeitbloom, me comentaba que prefería cien veces una monarquía que una república, que prefería una infanta Leonor destinada a ser reina, que un sistema republicano. No me he encontrado muchos más que piensen así, y la mayoría de los opinantes con los que tengo relación parecen ser republicanos. ¿Esto es así? ¿Es una demanda extendida entre los españoles la república? ¿Podría una república ofrecer estabilidad política a este país que tiende al desgarro y al costurón? ¿Estamos los españoles hartos y reclamamos de nuevo el ámbito de las utopías que nos acecha de vez en cuando en la historia? No es casual que España fuera el país en que más fuerte era el movimiento anarquista durante el primer tercio del siglo pasado. La monarquía es un síntoma conservador, un sistema que teme y huye del caos al que propendemos los españoles en cuanto nos dejan, ya que de vez en cuando nos llega el amok, algo así como la locura malaya por la que, de ciclo en ciclo, los malayos salen a la calle con sus cuchillos curvos a rebanar la cabeza al primer chino que aparezca por la esquina. ¿Estamos en este momento? No digo que vayamos a matar chinos, pero sí banqueros, partidos tradicionales, la monarquía, los sindicatos como formando parte de un conglomerado que ya no nos sirve y que está caduco. El humor negro con que ha sido recibida la abdicación del rey Juan Carlos en su hijo Felipe no augura una fácil transición. El rey pareció ganarse la corona con la noche del 23F, algo que recientemente ha sido puesto en cuestión por el libro de Pilar Urbano Lo que Suárez olvidó y lo que el rey prefiere no recordar. La corona se cimentó en un mito del que participaron con su silencio los partidos con responsabilidad institucional. ¿Qué será necesario para que el sucesor de Juan Carlos, ese Felipe VI que tan raro se nos va a hacer y cuyo nombre evoca al Felipe V que tanto detestan los nacionalistas catalanes, constructores a la vez de mitos sin fin y que ahora están decididos a lanzarse contra el sistema constitucional con la máquina y los vagones a toda velocidad, llegue a encarnar algo sólido para los españoles, algo que no suene a tebeo revenido, a crónica perdularia de sociedad?

¿O nos lanzaremos decididamente por la reivindicación republicana? ¿Estamos ya en ese paso? ¿Tras las befas y mofas con que hemos recibido la abdicación del rey caza elefantes, perseguidor de faldas corinescas, polla loca, corto de luces, vividor borbónico,  viejo caduco, habrá por fin una sociedad abiertamente republicana que apueste por un nuevo sistema político? ¿Los jóvenes que no han votado en estas elecciones tendrán paradigmas políticos y se imbricarán en la toma de decisiones? ¿Será Podemos un polo de atracción para los electores adolescentes y jóvenes? ¿Estamos en uno de esos puntos de inflexión de nuestra historia en que reivindicamos nuestra faceta utópica y anarquista y llevaremos nuestra ansia de sueños hasta el patio de butacas donde los banqueros y grandes empresarios, políticos del PPSOE y demás partidos institucionales, magistrados de tribunales varios y damas de Acción Católica asisten atónitos al desarrollo de la función? ¿Es todo esto un bluf? ¿Nuestro humor negro sobre la monarquía esconde algo más que un estado pasivo de opinión? ¿Estamos a punto o no de lanzarnos a la yugular de algo que nos oprime? ¿De qué va esta representación?


¿Cuál es el punto en que estamos?  

27 comentarios :

  1. Soy gallego, te contesto a todas tus cuestiones con una única pregunta:
    ¿Acaso no merece la pena intentarlo de nuevo?
    Salud y República

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    1. Merece la pena intentarlo de nuevo si es una opción mayoritaria de los españoles. Destacadamente mayoritaria. La segunda república nació ante la oposición de la parte conservadora de la sociedad y en un momento turbulento internacionalmente, no pudo haber nacido en peor situación. Sin embargo, visto el panorama de lo que fue la izquierda en general durante la segunda república y su tremenda dispersión y división y enfrentamientos internos, puedo sentir desasosiego por el carácter caótico de la parte progresista de la sociedad. Hay quien dice que fue una república sin republicanos y que faltaban partidos centrales, moderados que representaran una visión estabilizadora. Tú no eres muy simpatizante del independentismo catalán por lo que he podido ver. Probablemente el resultado de esa república sería más bien de lo que quedara de España.

      Saludos.

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  2. Personalmente creo que la monarquía es una institución que podía ser válida hace muuuuchos años, pero ahora... Algo así como una diligencia
    Se reclama la república como una solución a todos nuestros males, pero ¿realmente sería así? No lo acabo de tener claro. Francia es una república, el Congo también
    Más que la forma de estado creo que lo importante son los valores que inspiran el estado, claro que si los valores fueran los "correctos" ser hijo de, no sería hoy por hoy ningún motivo para ser rey o similar
    Un abrazo

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    1. Sin duda, la forma de estado monárquica es tenida por el mal menor en una historia atormentada y convulsa con cuatro guerras civiles en dos siglos.

      Un abrazo.

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  3. Si cierta propensión a la idealización desligada del principio de realidad es lo que ha encumbrado a Podemos -más de la mitad e sus votantes son "acomodados", no jóvenes del 15M, según el País-, no es menos cierto que la palabra República tiene, en la izquierda, un componente idealizador trasnochado y nostálgico que no se compadece para nada con nuestro presente. De hecho, me parecen más antiguos ciertos republicanismos de corte estalinista que nuestra monarquía constitucional, y atentos al adjetivo, que, en este caso, es lo sustantivo...
    La sola imaginación de un Aznar presidente de la República, lo cual es bastante más verosímil que el hecho de que lo sea un Iglesias, por ejemplo, me produce tal escalofrío que hasta puedo llegar a ser capaz de manifestarme a favor del heredero de nuestro sistema constitucional... Ciertas reivindicaciones del republicanismo suenan más a triste pasado idealizado, paradójicamente, que nuestro sistema actual, aun a pesar de sus muchas imperfecciones, lacras y rapiñas.

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    1. Me ha sorprendido tu expresión en que hablas de "la izquierda" como si tú no estuvieras ya en ella emocionalmente, no pareces hablar de cierta izquierda sino de "la izquierda" que propende a la idealización nostálgica. Siento como tú en muchos aspectos, por eso mi post es más inquiridor e interrogativo que defensor de una tesis política porque temo a la izquierda, temo a lo que ha sido la izquierda en ese pasado republicano. La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina reflexiona sobre el terror en la zona republicana, algo que suele obviarse y no dársele importancia como si no hubiera habido un régimen totalitario en el lado progresista. Yo, sin duda, en esa tesitura, hubiera escogido el exilio de unos y de otros.

      Sin embargo, el sistema político que viene de la Transición está herido de muerte. Necesita algo más que un oreo para restablecer la confianza en las instituciones entre las que la monarquía recibe una calficación muy baja. No digamos los partidos, los sindicatos, el tribunal Constitucional (hoy con uno de los magistrados atrapado borracho y sin casco), todo el entramado político y jurídico está puesto en cuestión en buena parte por sus propios méritos y también porque la crisis ha revelado la corrupción de los partidos y que no han pagado ni pagarán, igual que los banqueros salen de rositas, mientras los jueces indagadores son expulsados. La impresión de la gente es que no se confía nada en el sistema y en ello está también la monarquía. Fenómenos nuevos como la izquierda populista es menos peligroso que la derecha xenófoba y fascista que está resurgiendo en Europa que también está en profunda crisis. No sé qué haría falta y dudo que tenga Felipe margen de actuación con el papel que la Costitución adjudica a la Corona, pero es cierto que el sistema se cae a pedazos y el noventa por ciento o más de los ciudadanos no te dirá nada bueno del edificio político en que estamos. En Francia hubo la cuarta República, y luego la V República. ¿Qué hemos de hacer para vivir en un país del que no nos sintamos sonrojados?

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    2. Para que hubiera república, en Francia rodaron cabezas... No va a pasar nada. El PPPSOE tienen la mayoría necesaria para que el proceso de la sucesión salga adelante sin que los nacionalistas catalanes puedan reclamar otros cambios constitucionales. Ni nadie más, a no ser que la gente salga a la calle masivamente y haya una recolución, pero no veo yo a nadie por la labor.
      Hay diferentes tipos de repúblicas, o para ser más preciso, diferentes sistemas presidenciales- el alemán donde el presidente no pinta casi nada, el norteamericano donde es al mismo tiempo el jefe del ejecutivo, el francés- muy parecido al norteamericano o portugués donde el presidente es una suerte de árbitro, etc. ¿Cuál sería mejor para España? ¿Cómo aguantarían los españoles otras elecciones? y sobre todo ¿cuánto costaría mantener a un jefe de la república con todo su séquito- no sería más caro que la monarquía? Hay mucho que tomar en cuenta.

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    3. Lo que me duele es la pésima percepción que tenemos de nuestra realidad política y nuevamente deseamos empezar de cero, como si esta vez la historia pudiera ser diferente. A la mayoría no nos gusta la monarquía, pero se la considera como un mal menor en un país cainita con afición a las guerras civiles. Esto no lo podemos olvidar. Si la república fuera demandada unánimamente, estaría bien, pero si de nuevo fuera motivo de división brutal entre todos los españoles (o lo que quedara de ellos), yo me contendría, agacharía la cabeza y soñaría con otro país diferente a este. No hay cosa que odie más que un español a los españoles que no son como él. Se odian más que si fueran extranjeros. Esto me da miedo. El carácter español es endofóbico.

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    4. No puedo no estar de acuerdo contigo- hay micho odio en este país, por todos los lados.

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  4. A mi la monarquia me parece un error, porque el ser hijo de alguien no supone nada más que una relacion paterno filial que se debe respetar, pero no supone las capacidades para ejercer un empleo.
    Sin embargo, leo cosas por ahi que dan que pensar, y mucho, ¿que discurso es el republicano? ¿el del director del Mundo o del señor de Podemos?.
    Republica es el destino, la gente republicana quiere su Republica ¿y al día siguiente que?.
    No se, pero esto se complica cada día más y eso en este país de cabrones, caciques, autocratas y envidiosos es muy peligroso.
    Que yo sepa no hemos pasado un siglo sin guerra. Quedan veinticinco años para cumplir ese siglo de paz y cada día estoy más convencido de que no llegaremos a cumplirlo.
    Algunos me llamaran pesimista o agorero, pero mi posicion es realista, cada dia hay más bandos, más versiones, más salvadores y cada día hay menos actos y menos ejemplos practicos. Una mirada a los años treinta en España es justificada y necesaria, aunque solo sea para no cometer el mismo error. Eso es lo que yo pienso, aunque se que mi opinion no es compartida por mucha gente y muchos me calificarian como pesimista, imagino que lo mismo paso a quienes avisaron en los años 30 de la guerra futura.

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    1. En mi alusión al amok en el que caemos los españoles cíclicamente estaba ímplicito mi temor a lo que mencionas. Los jóvenes no saben qué fue la guerra civil ni lo que costó conseguir la democracia que fue fruto de muchas concesiones que hoy no pueden ser entendidas. Tengo la impresión de que en este país cada cierto tiempo es necesario un cambio generalizado como si partiéramos de cero. No hay un patrimonio acumulado y este sentido la apreciación que tenemos de nuestro pasado en general es abominable. Despreciamos lo que hemos sido y menospreciamos lo que somos. Es posible que hayamos vivido bastante bien estos años pero la percepción no es esta. Hay un ansia de cambio radical por parte de muchos sea en forma de república, sea en forma de independencia (vascos y catalanes), sea en forma de crítica total a los partidos que conforman las instituciones del estado. ¿Hacemos tabla rasa? Considero un peligro que nos despreciemos tanto, que solo pensemos que España es el patio de Monipodio, aunque en algún sentido lo haya sido y lo esté siendo... pero algo bueno hay en nuestro estilo de vida, en nuestro sistema político, educativo. sanitario. No sé. Estoy contigo en esa percepción negativa de repetir el pasado. No podemos soportar reconocer que tal vez no estemos tan mal y, desgraciadamente, todo es susceptible de empeorar y a ello nos lanzamos con pasión cíclicamente pensando que peor no puede ser. Pero sí que puede ser peor. Y los soñadores de utopías pueden ser muy peligrosos porque estas acaban en nuestro país en guerras civiles. No saben los independentistas los demonios que pueden despertar de nuestro inconsciente que pugna por lo trágico y la sangre.

      Yo también creo que la monarquía es anacrónica, pero las dos repúblicas que hemos tenido han sido incapaces de mantener la estabilidad del estado.

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  5. Me refería, como es obvio, a la izquierda "oficial" la que se autotitula así para evitar hacerse planteamientos sobre muchas cuestiones en las que sus propuestas no pasan de un infantilismo agudo, casi intoxicado. Cada vez que oyes hablar de los recursos del estado y de cómo se emplearán, te viene a la mente la idea de que para ellos el presupuesto de un país es algo así como el milagro de los panes y los peces, y, por supuesto, que no existen los tiburones... He ido a ver Hermosa Juventud, y mi heterónimo Juan Pérez ha hecho la crítica. Joaquín Esfanía la hace hoy en su columna de economía. Y ambos estamos bien ubicados. Se trata de una película eminentemente política. ¿Las diferencias? Estefanía habla de una generación robada; yo añado un matiz, buena parte de los ninis que se describen en la película son ladrones de sí mismos, esto es, se han cegado a sí mismos todas las salidas.
    Todo esto tiene que ver con el uso de conceptos vagos, etéreos, que igual valen para un roto que para un descosido. Tomemos uno de los que acabas de usar: el sistema.
    Tengo pocas cosas claras, pero de una no me aparta ni dios: el sistema soy yo. Y a ver quién es el guapo que se atreve a disentir y, sobre todo, a salirse de él, porque los famosos antisistema son importantísima parte del sistema, les guste o no, lo quieran o no. Sentado ese principio, que es casi como una maldición, no lo niego, se supone que cualquier esfuerzo individual que tienda a mejorar y transformar el sistema habría de ser válido, ¿o no? ¿Haylos? Los hay. ¿Que el sistema es rocoso y difícil de cambiar? Forma parte de su naturaleza.
    En resumen, que la vieja diotomía de Eco entre apocalípticos e integrados ha de resolverse a favor de los integrados, me parece, porque, con nuestra oposición o con nuestro consentimiento, el sistema nos integra a todos. Cambiarlo desde dentro, poco a poco, con esfuerzos solidarios, con posiciones individuales que tengan repercusión social, con compromisos de trabajo diario, etc., es lo que nos conviene. Y ahí no sé yo ya si hay un ola multitudinaria. Por la experiencia de radio corto de mi propia persona, tiendo a creer que hay más egoístas que solidarios. Como decía La Bruyère: Es más fácil tomar una decisión que llevarla a cabo.
    Le tengo mucho miedo a la demagogia de la izquierda de salón, a los viejos adictos al despotismo ilustrado; porque, también por mi experiencia, acaban poniendo más énfasis en el despotismo que en la ilustración: el primero es un camino rápido, y hasta eficaz; el segundo es tortuoso, largo, complejo y conduce a que el otro te cuestione.
    En fin, tiempos revueltos; ganancia de demagogos.

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    1. Toda tu argumentación es sensata y válida. La suscribo en buena parte. Vi Hermosa juventud para poder comentar en tu blog. Espero a que cuelgues tu crítica para poder opinar., En cuanto al tema de que hablamos, no me cabe duda de que en ti hay una óptica prudencialista, plenamente conservadora, centrista, tal vez socialdemócrata, muy semejante a la que expone Antonio Muñoz Molina en su magnífico ensayo Todo lo que era sólido en que denuncia duramente los años de la corrupción y el pelotazo pero a la vez considera un bien valioso lo que hemos conseguido, que no hay que desechar totalmente sino mejorarlo con el trabajo personal, con la honradez, con la aportación colectiva y el esfuerzo. Sin embargo, lo real es que la historia no funciona siempre así. La historia discurre por canales lentos durante décadas, como si fuera un remanso y de golpe se acelera como si fueran los rápidos de un río y entramos en la zona de turbulencias peligrosas. Es lo mismo que pensar que la historia funciona a saltos. En la II República los moderados fueron aplastados por los extremos, las utopías, los proyectos revolucionarios de derecha y de izquierda. Actualmente la vida política española y ese sistema del que formamos parte pues nosotros somos funcionarios y difícilmente podemos decir que estemos fuera del sistema, está encallado, casi diría que se sitúa en un momento previo a la explosión (querría equivocarme) y la historia nuevamente se mostrará acelerándose y desgarrándose. Tal vez voten más obreros en paro al PP que a Podemos, igual que el FN en Francia recibe buena parte de sus votos de la clase trabajadora y que pasa más dificultades. Son paradojas de las opciones políticas.

      Tal vez Lenin era un demagogo. Setenta años después su creación se vino abajo. Era un demagogo pero cambió la historia del siglo XX. En tu visión altamente prudencialista no percibes las fuerzas telúricas que acechan en las profundidades de la sociedad, las temes, querrías que la historia hubiera llegado a su fin o en todo caso a que simplemente fuera perfeccionándose poco a poco, prudentemente, centrada. Estaría bien si no fuera porque en fases de aparente tranquilidad pueden estar acumulándose toneladas de explosivos situadas bajo los arcos de los puentes que nos sostienen y que creíamos perfectamente sólidos: esa es la Historia.

      La demagogia es parte de los mecanismos de la Historia para avanzar, para transformarse.

      No hay figura más patética que la de Felipe González, qué lástima de político al que tanto admiramos. Ahí lo tienes. Ahí quedaron buena parte de nuestros sueños. ¿Es extraño que los que vienen ahora quieran quitar de ahí todo lo que significó la Transición, incluido el Rey? Construimos o nos construyeron un mito de esa transición pero hoy no se percibe así, o muchos no la perciben así, y eso es lo que pasa ahora.

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    2. Coño, Jose, me has dejado de piedra. Yo tenía dicho, desde los 18 años que "de la contradicción nace el progreso", pero que a esas contradicciones se les sume la demagogia, la verdad es que no se me había pasado por la imaginación. Ahora que tú lo dices con esa contundencia axiomática, veo que, en efecto, no te falta razón. Es triste, sin embargo. Aunque coherente con la innata tendencia humana al autoengaño y al engaño al prójimo. Matizaría, si acaso, que es más propio lo de transformarse que lo de avanzar, porque todo avance implica una teleología que, la verdad, echo de menos en el uso de la demagogia y en los propios demagogos: embarcan a las masas en aventuras cuyo objetivo no está claro y cuya finalidad suele ser a menudo inconfesable...
      Gracias por la aportación. Sigo, en solitario, el rumiaje de tu afirmación...

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  6. Republica ya, yo ayer ya me tire a la calle sin dudarlo y seguiré haciendolo, y modelo americano sin duda, nada de presidente del gobierno y jefe de la republica separado, con pagar a uno más que suficiente y el gasto de esta forma si que se reduciría. Se que no va a pasar, pero no había visto la plaza del ayuntamiento de Sabadell tan llena como ayer nunca.

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    1. No sé en Sabadell pero en Plaza de Cataluña en Barcelona en las imágenes que transmitía televión se veía infinidad de banderas independentistas y algunas republicanas no pareciéndome compatibles unas y otras pues las republicanas suponen una defensa de España bajo otra forma de estado y las independentistas promueven considerar a España como un país extranjero. En todo caso, es cierto que ha crecido el sentimiento republicano en los últimos años. Yo guardo en casa una bandera tricolor que me ha acompañado muchos años, pero a medida que crezco en años y conozco mejor lo que fue el periodo republicano, el fracaso que fue por la incapacidad de los españoles de entenderse y por la propia dinámica del bando republicano a enfrentarse unos con otros, siento profundas dudas sobre si seríamos sensatos por una vez para defender la república de forma unánime sin sectarismos. Pero lo dudo.

      Hoy he oído en la radio a un oyente que decía que había estado en Francia en la tumba de Manuel Azaña, ante la que levantó el puño orgullosamente. Y yo me digo: si los que levantaban el puño (anarquistas, comunistas, socialistas revolucionarios) desdeñaban a Azaña por burgués y lo tenían como mera figura decorativa y jugaban todos a hundir la república burguesa para conseguir un estado soviético o un no estado anarquista. La República no tuvo muchos defensores. Todos jugaban a cargársela, la república burguesa me refiero, claro está. ¿Pero cabía otro tipo de república sabiendo lo que sabemos de las repúblicas populares de la órbita soviética? No sé si los que defienden la bandera tricolor hay un conocimiento claro de lo que fue aquel periodo trágico. Lo dudo. Y no sé si seríamos capaces de hacer algo diferente de lo que fue. También lo dudo.

      Un abrazo.

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  7. ¿Qué pasaría si Felipe dijera que no quiere ser rey?
    Seria Elena reina ¡que horror¡

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  8. Muy bueno tu post, Joselu. Tengo poco que añadir. Solo, que este país es muy dado a eso del borrón (he dicho borrón, no borbón) y cuenta nueva. Les encanta a los habitantes de la Península Ibérica cambiar, porque piensan que con el cambio siempre van a salir ganado (a lo mejor es que padecen de un irracional optimismo). Acordémonos de aquella gloriosa consigna del 82 del PSOE "por el cambio" : la gente le dio la mayoría absoluta más absoluta de toda la democracia española. Lo nuevo siempre es mejor que lo viejo. Pero esta razón lógica solo tiene sentido con lo material y no necesariamente con las ideas. Hay ideas milenarias muy, pero que muy buenas... pero son antiguas... Estamos en una sociedad en la que impera el zaping. ¡Cambia! ¡Cambia! ¡Cambia...! Es esa toda la argumentación para un cambio. No hay más.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Me lleva a la desolación la pésima percepción que tenemos de nuestras posibilidades sociales, políticas, culturales. El que más y el que menos considera este país simplemente como el patio de Monipodio o como la España de charanga y pandereta o como los esperpentos de Valle. Tenemos una negativa visión de nosotros mismos como país, como sociedad y nos regodeamos con el pesimismo, la sátira (que no ironía) contra el poder, el sistema. Pero otras veces nos da el otro lado ciclotímico y empezamos a urdir utopías irrealizables (como el movimiento anarquista que tenía dos millones de afiliados en la época de la II República), el 15 M y empezamos a soñar despiertos sobre lo que podríamos ser y no somos porque hay un poder opresor que nos lo impide. No tenemos una visión centrada sobre nosotros mismos. Todos los países han tenido experiencias negativas en su pasado, piénsese en Alemania, piénsese en Italia, piénsese Bélgica, piénsese, Reino Unido, Estados Unidos. Todos han participado en momentos de la historia miserablemente, homicidamente... pero tienen una percepción más ajustada a la realidad y asumen sus errores a veces terribles y culposos, pero no sienten ese autodesprecio y conmiseración hacia su realidad y su historia. Ser español es en buena manera maldecir de ser español. Nunca estamos reconciliados con nuestro pasado ni nuestro presente. Ante el mundo surgió una España en la Transición que asombró al mundo. Pues bien ya nos hemos cargado ese mito de la Transición. En lugar de trabajar por transformarnos, continuar, evolucionar a mejor, hemos de maldecir de aquella traición que fue la Transición, y siempre se habla de una segunda transición como ahora de nuevo. ¿Hacia dónde? Nadie lo sabe. Algunos piensan hacia una república utópica en que todos los pueblos de España serían libres, cultos y generosos, tan diferentes a lo que hemos mostrado que somos... La monarquía es reconocer nuestras limitaciones, la república es aspirar a una nueva refundación de un país, una nueva vez, como bien dices. En fin...

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  9. El sentimiento republicano crece, como crece el sentimiento independentista. Ambos tienen una raíz: la estructura eficaz que nos modernizó a finales del siglo XX ha caído en parálisis. Nada es para siempre: hay que ponerse a la labor de un nuevo pacto. Intuyo que la mayor parte de la población española seguirá prefiriendo una Monarquía parlamentaria, pero hay que hacer una profunda reforma constitucional.

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    1. El problema es que las fuerzas políticas (ni los españoles) serían capaces de hacerla de nuevo. ¿Un estado federal? ¿Un estado confederal? ¿Un nuevo centralismo en una España devastada por diecisiete autonomías ruinosas? ¿Sería España sin Cataluña y el País Vasco? ¿Qué queremos un referéndum sobre la forma del estado? Parece razonable pero, ojo, que no sirva para enfrentar a los españoles. ¿Un referéndum para la independencia de Cataluña y Euskadi? Sería razonable pero peligroso por los demonios que desataría. Somos un país cainita. Y esa reforma constitucional tendría que tener un consenso mayoritario y eso, me temo, que no es posible, o mucho me equivoco. Nacería muerta aunque la apoyaran los dos partidos institucionales (que tampoco se pondrían de acuerdo).

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  10. Quería copiar aquí una parte del artículo que se puede encontrar en Hemeroflexia, el blog de Andrés Trapiello. Él se considera republicano pero dice esto:

    "Apenas unos minutos después de la abdicación del Rey, Artur Mas sugirió que esta podría obedecer a otras razones, cómo no, derivadas del proceso secesionista, y por su parte IU y Podemos, aliados del secesionismo, con idéntica rapidez gimnástica formaron su propia Marcha Verde hacia la II República (***), haciendo bueno aquello de "a río revuelto", etc.

    Sí, no es una errata: II República. Quienes más nos hablan de futuro y de III República precisamente ahora, son aquellos que salen a defenderla con banderas del pasado, o sea, de la II, aquella que decapitó una sublevación militar-fascista con la inestimable colaboración de movimientos revolucionarios en absoluto democráticos, gran bucle. Pasar por alto, ningunear o negar que durante la monarquía juancarlista se cumplieron, y a menudo con creces, todas y cada una de las aspiraciones sociales, políticas y económicas sustanciales de la II República nos alejará aún más de la III. Y mientras no haya garantías de que la III mejore en España la estabilidad política que hemos alcanzado con tantos esfuerzos y las libertades y aspiraciones de todos (no sólo las de minorías republicanas o nacionalistas), habrá que recordar a San Ignacio: "En tiempos de tribulación, no hacer mudanza". Derecho a decidir no hacer mudanza, o las mudanzas que piden algunos, tan legítimo y democrático como todos los derechos a decidir del mundo. Y las otras mudanzas o reformas que pide el conjunto de la sociedad, a su paso, sin olvidar que los pactos son la esencia de la democracia y las urnas, no sólo la calle o las asambleas, donde se legitiman.

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    1. Cuando era estudiante en la universidad me pregunté por qué había fracasado la Segunda República. Leí docenas de libros sobre ello e incluso conseguí alguna matrícula de honor en Historia. En aquel entonces mi visión de la República era romántica, pero no he olvidado nunca la lectura a mis diecinueve años de un libro de memorias de Salvador de Madariaga, ministro de Educación con el gobierno de la CEDA, en el bienio negro. Era un hombre demócrata y tolerante. Sus reflexiones me hicieron pensar. Los extremismos hundieron la esperanza de la República
      en un contexto internacional especialmente difícil (crisis del 29, ascenso de los fascismos en Europa, III Internacional). España se desgarró en ese cóctel mortífero y carecía de la cultura del pacto, de la moderación. Hubo muy buenos deseos eso sí, se quiso cambiar España en pocos años pero eso llevaba al choque con las fuerzas conservadoras (terratenientes, Iglesia, Ejército, clases medias). No creo que para nadie sea un buen ejemplo aquella república. Yo tengo una bandera republicana tricolor pero el color de la bandera de la primera república no era tricolor. Unamuno creyó al final de su vida que ese cambio de color fue el mayor error de dicha república pues convirtió a la otra bandera en un símbolo nacional de la otra España. Por lo visto no hemos aprendido nada de nuestra amarga experiencia de guerras civiles y posterior dictadura. Hay muchos que anacrónicamente se declaran rojos o republicanos. Y levantan el puño, un gesto tan ominoso como el brazo levantado fascista.

      España camina a su desintegración pero eso puede desencadenar todos los demonios a los que somos atávicamente adictos. Nos gusta alguna guerra civil de vez en cuando, odiarnos unos a otros, volver a los fantasmas del pasado que tan buenos resultados dieron...

      No sé cuál es la fórmula para salir de este impasse. No lo sé. Pero sí sé que una Tercera República que volviera a la Segunda sería un desastre descomunal. Ya lo fue en su tiempo y volvería a serlo. Y eso significaría que no se ha aprendido del pasado. Santiago Carrillo apoyó la monarquía, pero sus correligionarios del PCE actual se declaran republicanos, pero cuando escucho a Cayo Lara me da miedo. ¿No es consciente de todo lo que ha pasado en nuestra historia?

      Claro que hay que sacar a los muertos de las cunetas como deber nacional sin espíritu de revancha y eso debería promoverlo el mismo PP para buscar caminos de concordia.

      Cuando más me siento de este país, más anhelo haber nacido en otro menos cainita y especialista en caer siempre en los mismos errores, los mismos.

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    2. That's it!, vulgo ¡Amén de los amenes! Me gustaría creer que somos mayoría, los españoles que pensamos así. O que, al menos, somos una masa crítica que hará inapreciables los desprendimientos de los extremos y su cainita tendencia al desquite, la venganza y el totalitarismo del ordeno y mando por la gracia de dios o de Marx, tanto monta, porque las dos llevan, el "montarlo", en su adn: adversarios de naturaleza...

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  11. Aunque yo no soy tan extremado en el modo de verlo te doy bastante la razon

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  12. Me asusto con comentarios que leo. Mientras España esté dividida por el odio mejor será quedarnos con un árbitro que no este escorado ni a un lado ni al otro.
    Pensar en la segunda república y lo que vino después me pone la carne de gallina.

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    1. Te contesto con más detalle en mi próximo post en que reflexiono sobre lo que planteas. Un abrazo.

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