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viernes, 23 de mayo de 2014

Panendoscopia oral



El otro día tenía una cita en una clínica para realizarme una panendoscopia oral o lo que es lo mismo que te metan un tubo por el esófago hasta el estómago y el duodeno. Es una situación que me atrae. Padecí desde muy joven de úlcera duodenal durante muchos años y recuerdo el dolor intenso que sentía y el humor sombrío que me producía cuando había de entrar en clase con esa aguda molestia. Dicen que hay una patología del enfermo de úlcera, e incluso una literatura basada en ello, igual que existe otra literatura llena de romanticismo sobre los tísicos o los depresivos. El cuerpo es extraño. En él, por el desgaste, se van uniendo diversas patologías que nos van conformando. Algunas pueden ser de origen genético, otras son adquiridas por nuestro modo de vida, por nuestro carácter, por nuestra alimentación, por nuestros hábitos.


Siempre espero con intensidad el momento en que el anestesista me pone la vía en el brazo. Me llamo Luciano me dijo el otro día un hombre negro muy amable que me atendió. Póngase de lado, así. Ahora vendrá el doctor. Fueron unos minutos de espera, mientras mi cuerpo se relajaba y disfrutaba de la situación. La mente se me fue a mis alumnos y en los fuertes dolores que siento cuando entro en clase enfrentándome a la tensión que existe en el aula. En ella lucha la entropía adolescente y el sentido del orden del profesor, el sentido del orden que tranquiliza al profesor, ese anhelado silencio, esa ordenación de las mesas, esa “predisposición a escuchar” de los alumnos que se aprestan a tomar apuntes de lo que explica el profesor. Recordaba mi tensión centrada en el estómago cuando intento explicar u ordenar un debate. No es fácil. Los nervios atacan precisamente ahí. Y siempre hay un Abdel y un Hamza y un Ismael que no pueden estar quietos ni callados. Y cuando acaban estos aparece un Rachid y un Yassin levantándose y girándose para molestar al que tienen delante o detrás, o te das cuenta de que la clase está desconectada de lo que estás explicando que por cierto es terriblemente pesado. Entonces te invade una enorme tristeza y algo próximo al desistimiento cuando eres consciente de que tus preocupaciones o tu mundo está muy alejado del de ellos. Eres su profesor y deberías creer en lo que estás haciendo, pero a veces no es así. El profesor siente contradicciones muy fuertes en su interior, diversas voces que lo atenazan y que amenazan con arrojarle por la borda. ¿Qué siente que es importante para él y para sus alumnos? ¿Qué lo estimula ya en estos momentos? ¿Se puede ser profesor toda una vida sin abrasarse? Una profesora relativamente joven me decía en la intimidad del departamento que el oficio de profesor es demoledor. Que ella no podría resistir mucho más y que tendría que cambiar. Hace poco que ha sacado las oposiciones, y en un mundo tan complejo como el que vivimos es muy difícil abandonar este seguro que nos protege para irse a la intemperie de nuevo. Demoledor es poco creo yo. Es más que demoledor. Nadie fuera de esto puede imaginarse un oficio en el que se pongan tantas ilusiones y expectativas de intentar cambiar el mundo y la realidad pero cada año la roca que hemos elevado de nuevo, vuelve a caer sobre nosotros y hemos de volver a levantarla en vilo sobre nuestros hombros y llevarla arriba, sabiendo que inevitablemente volverá a caer. Es un oficio que se ama demasiado y lo que devuelve es muchas veces amargo y otras veces maravilloso. En todo caso es intenso, demasiado intenso. Llega un momento en que el profesor ya no tiene ganas de cambiar el mundo, no puede generar de nuevo entusiasmo, ese que salía a raudales exportándolo y proyectándolo sobre sus alumnos. Porque si no se desea cambiar el mundo, esto no funciona, esto no tiene sentido. No se puede ser profesor sin un cierto idealismo, sin una cierta fe en lo imposible. Pensaba esto cuando ha llegado el doctor. Me ha dado la mano y me ha dado una pieza para la boca por donde meterán el tubo hasta el duodeno.  Ha llamado al anestesista para inyectarme un fuerte inductor del sueño.  Me ha sugerido que piense algo agradable. He pensado entonces en una playa de Tailandia en la que hace muchos años fui feliz. Era una playa inmensa y desierta. Solo estaba yo, desnudo bajo el sol abrasador del trópico, con mis pies en las aguas transparentes, y mi cuerpo recostado en la arena blanquísima. Sentí entonces lo que era el aquí y el ahora. Como en este momento en que me entra por la vía un líquido que me quema y me sumerge en la inconsciencia... 

18 comentarios :

  1. Espero que fuese un rato cortito. Yo también tuve que tragarme la puñetera goma hace ya algunos años y no es nada agradable. Espero que las que usen ahí sean de las modernas y finitas.

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    1. No sé lo que me hicieron porque yo me quedé totalmente dormido durante unos minutos. No sentí ninguna molestia. Me pareció una experiencia muy estimulante.

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  2. Sometido a la misma prueba (acumulo/acaparo: hernia de hiato, gastritis crónica y helicobácter pilori) recuerdo con horror cómo se acercó hasta mí una persona con una goma cuya embocadura me pareció del calibre de una cloaca general. Protesté enérgicamente: "¡Que no estoy dor...! Y no llegué a acabar la frase, antes de caer en esa nada de la anestesia que me parece una de las experiencias más gratificantes que haya tenido nunca. La primera me la administraron a los 23 años, para una tonsilectomía que me liberara de las fiebradas de más de 40º que me producían las ammígdalas. Y desde entonces le pillé el gustirrinín... Yo creo que deberíamos someternos a una anestesia cada cuatro o cinco meses. No reformatea el disco duro cerebral, pero, en mi caso, es la única ocasión en la que se detienen en seco todos los procesos mentales: ¡una maravilla! La nada es la gloria.

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    1. Tengo la misma impresión que tú. Hace veinte años o más, antes del gran descubrimiento de la helicobácter pilori, me las hacían en vivo. Era un minuto muy desagradable pero que no dejaba de suscitarme interés. Desde hace ya años te sedan y entonces no te enteras de nada salvo de ese instante en que pierdes la conciencia en la nada. En algún momento me pregunté o reflexioné sobre la posibilidad de no volver a despertar en esas circunstancias. Ese desvanecimiento es semejante a la muerte, aunque hay efectivamente una resurrección minutos después. Si la muerte fuera así no dejaría de ser fascinante afrontarla con unas imágenes hermosas antes de pasar al otro lado, al vacío, o al comienzo de un túnel, ese que dicen que se ve los que han regresado de alguna percepción aledaña a la muerte. Es una situación profundamente filosófica o en algún sentido mística en esa fusión con la nada precedida de la belleza.

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    2. Joooder... Qué envidia.. a mi me tocó un spray en la garganta y a tragar goma...¡Y qué goma!

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  3. Anda que decir que una endoscopia tiene algún momento placentero, hay que echarle imaginación... A mí me han hecho dos colonoscopias y la prueba en sí no es especialmente molesta (la segunda vez me durmieron del todo) pero la preparación es asquerosa. Lo que sí te digo es que en esos momentos no pensaba en mis alumnos ni en las clases. Ni por un momento se me ocurrió asociar ambas cosas, y eso que dedico al colegio la gran mayoría de mi tiempo, tanto que a veces siento que robo tiempo a mi familia y les desatiendo por centrarme en mis alumnos. Mi hijo lleva más de una semana ingresado por una apendicitis complicada y aun le queda por lo menos hasta el martes, pero sólo he faltado un día de los tres que me corresponden y parte del tiempo que estoy en el hospital lo paso preparando o corrigiendo, menudo planazo...
    Si padeces del estómago es comprensible que sientas dolor al estar en clase, supone un esfuerzo físico y mental que los no docentes no pueden entender. Estás en tensión todo el rato, sin poder bajar la guardia ni un momento. Debes luchar contra el desinterés, los malos modales, la apatía, el gamberrismo, las exigencias para aprobar... Eso sin contar con la presión de lospadres, cada día más tocanarices. En estas circunstancias, con la administración poniendonos cada vez más palos en las ruedas, es muy difícil centrarse y dar clase en condiciones. ¿Cómo no vamos a tener todo tipo de dolencias? Ser maestro exige tener una salud de hierro, física y mental. Yo padezco subidas de tensión en las épocas de más estrés (huelgo decirte estos días) y no puedo evitarlo,sólo intentar controlarla. Se acerca el ansiado final de curso y nos queda lo peor Tiemblo al pensar en todos los papeles que debo rellenar, sin contar con el comecocos de quién aprueba y quién suspende, que no es moco de pavo. Si me ciño a lo que realmente saben debería suspender casi a la mitad, y si quiero salvar a algunos ya puedo ir preparando una repesca facilita para cubrirme las espaldas. Nadie protesta por un aprobado inmerecido, y los damos a patadas De acuerdo, la evaluación es continua, hay que valorar mil cosas y los conocimientos no son lo único a tener en cuenta, pero qué quieres que te diga, todos los años al final me invade la misma sensación de impotencia y de cabreo. ¿Qué demonios he hecho mal? El último examen de análisis sintáctico es penoso, no ya porque no sepan distinguir entre el CD y el Atributo sino porque escriben con una desidia vergonzosa, todo les da igual, ni ellos ni sus padres reaccionan. Bonito futuro les espera...No sé qué grado de responsabilidad me corresponde, pero esto pinta fatal. Quizá debería aprovechar mejor el tiempo, o ser más paciente, o explicar mejor, no sé, pero algo falla. Lo decimos todos y al final tenemos un coro de plañideras sin soluciones viables. Todos los años la misma canción...
    Cuídate, colega. Un fuerte abrazo.

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    1. Cuando te duele el estómago, todos los nervios se centran ahí y es sumamente perturbador darte cuenta de que tienes que luchar y poner toda tu tensión en el mantenimiento del orden en la clase. Es una sensación ominosa. Tal vez no fue así como sucedió en la endoscopio. No sé si estaba pensando en mis alumnos, pero lo cierto es que siempre están como telón de fondo de mis circunvoluciones cerebrales. Ahora es domingo por la mañana y estoy corrigiendo. Tengo para todo el día: corregir, evaluar sus aportaciones, preparar las clases de la semana. El fin de semana no es tiempo de descanso en ese sentido, es un suma y sigue que no cesa nunca. En cuanto a la realidad de las aulas y todo lo que lo rodea, bien lo explicitas en tu comentario, así es. Espero que pronto me pongan el tratamiento para aliviar la úlcera de duodeno y la gastritis crónica que padezco, y que me sean leves las clases.

      Un fuerte abrazo, Yolanda.,

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  4. Bueno, Joselu, ya tenemos otra cosa en común. Yo tengo una hernia de hiato que ha hecho que fuera sometido a dos endoscopias. Pero a mí no me anestesiaron. Simplemente me aplicaron un spray que adormecía un poco las partes altas del aparato digestivo y que paliaban un tanto las arcadas que me producía la intrusión del tuvo por la boca. Fueron tres minutos larguísimos. Solo tres minutos. Una encantadora enfermera me animaba. Cerré los ojos y mi mundo se fue hacia paraísos irreales. Los nervios enturbiaban mis pensamientos. Pero no te lo creerás. Allí estaba junto al médico, a mi lado, el fantasma poeta...

    Un fuerte abrazo y mucho, pero mucho ánimo.

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    1. He oído de la experiencia del spray, pero, no tengo dudas de que prefiero la sedación completa. Son pocos minutos, pero te ahorra esa sensación física de ser invadido y las arcadas que te induce el tubo gástrico. No sé qué decide una opción u otra. Tal vez sea económico. Hubo incluso un tiempo que me hicieron tres gastroscopias a lo vivo sin ningún tipo de sedación. Aquello era muy estresante. La medicina avanza, afortunadamente.

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  5. Justamente, el año pasado, me practicaron una endoscopía por una hernia de hiato, igual que a Miguel. Me adormecieron por unos minutos, y ese viaje anestésico fue una sensación maravillosa. También creo que los nervios atacan al estómago en mi caso. Todo sucedió luego de un desagradable episodio con un curso difícil, así es que entiendo bien el origen de tu mal.

    Un fuerte abrazo.

    Fer

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    1. Prácticamente todos los que habéis escrito sois docentes y podéis entender la tensió que se vive a veces en un aula. Hay días dulces pero los hay también malhadados, y en ellos el profesor, si tiene alguna dolencia, se siente doblemente mal. Hoy, por eso, ha sido un buen día. He sonreído incluso en clase, lo que no es habitual. Y no es porque me lo proponga, no, es que tengo una predisposición intensa al dramatismo y eso no es bueno para el estómago.

      Gracias, Fer. Un abrazo.

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  6. Te ha salido un post muy al estilo de Millás, y me da la impresión de que esa panendoscopia tiene más de alegoría que de realidad. No sé qué encontrarían en mi tubo digestivo si metiesen una sonda, porque llevo ya tragadas muchas cosas, no todas digeribles. Es posible que encontrasen algo de bilis y de malas uvas, pero también hallarían, como en tu caso, el trago dulceamargo del aula, los sinsabores y alegrías de un oficio que no siempre alimenta el espíritu. Me quedo con esa lectura simbólica de tu post, sabiendo que quizá solo querías decir lo otro, lo literal, lo digerido.

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    1. Me complace tu interpretación literaria del post. Me complace por tu sutileza lectora pero a la vez me lleva a preguntarme cómo no advertiste en un post reciente LA FIESTA DE LA ROSA Y EL LIBRO que tenía una textura totalmente literaria. En tu comentario lo tomabas como totalmente literal. No en vano ambos hemos leído a Max Aub y sabemos bastante de la autoficción, esos relatos en que una parte es real y otra totalmente inventada. Me gusta utilizar mi supuesta autobiografía como base de mis escritos. A partir de ella imagino y elucubro en meandros de sucesos inventados, sucesos, sentimientos, juegos de imágenes. No respondí en aquel post a nadie porque esperaba que alguien se diera cuenta de que era un juego literario, una propuesta literaria, y no una expresión de una literalidad. No se dio cuenta nadie para mi desolación, pero me sorprendió en ti que eres un lector muy avezado. Nunca hay que creerme del todo. Juego a ser muy veraz y realista, pero meto morcillas en el juego dramático del blog. Suelo exagerar, llevar a extremos la realidad, busco crear un personaje, Joselu, que se mueve en un rompecabezas existencial. Y que tiene vocación clownesca aun a pesar de su dramatismo intenso.

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  7. Como casi siempre me ha gustado tu manera de relatar una cosa tan desagradable como es una panendoscopia. Entiendo muy bien tu hartazgo y también entiendo muy bien que te duermas con tu playa de tailandia en tu pensamiento último.
    Me han hecho tres o cuatro sedaciones en los últimos años y no conozco sensación más agradable de dormir que esa. Cuando estoy en ese estado me gustaría que durara mucho mucho más tiempo de lo que lo hace. Es un estado de cuasi felicidad como debe de ser el final de una agonía.... Es posible que no vivas en esos momentos pero a cambio no sufres por nada ni por nadie. Sí, Joselu, me gusta mucho esa sensación.

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    1. Coincido contigo. Cuando tienen que hacerme una sedación, voy animado y contento. No pienso en los resultados de las pruebas sino en ese momento de desconexión en que todo se esfuma en la nada. Es un instante en el que atraviesas el umbral y te vas a las inmensas praderas del no-ser. Increíble.

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  8. Primero que nada, deseo que estés bien y que no tengas que pasar por estos exámenes con demasiada frecuencia. Aparte de eso, como narrador me has ayudado a entender muy bien la angustia de un maestro. Me parece que no es muy diferente de cualquier persona que tiene esperanza de cambiar el mundo aunque sea en poco. Pero no desistas... El efecto que tienes en otros no siempre será visible ni obvio, pero no por eso deja de ser importante.

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    1. Lo que más me ha seducido de tu comentario es tu apelación a mi figura de narrador, y que, como tal, es capaz de transmitir la angustia de un personaje cuando ya se da cuenta de que no ya no aspira a cambiar el mundo. Es un momento que tiene una intensa amargura personal, y entonces viene la anestesia a fundirle unos instante con la nada precedida de una imagen de playas de Tailandia. Creo que es un pequeño cuento. El desistimiento es ciclotímico. Tal vez a un tiempo en que se esperaba lo imposible le sucede un tiempo de desolación. Hubo un poeta español, Luis Cernuda, que tituló un libro de poemas como La desolación de la quimera. No sé si será eso.

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    2. Ah Cernuda. No he leído toda su obra pero lo que he leído de él lo he leído con intensidad, y te paso una vieja nota que trata de ello. Creo que si lo que te apasiona es enseñar no dejarás de enseñar cuando escribes.

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