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domingo, 5 de enero de 2014

Mi vida y los diarios



Empecé a los doce años, tal vez antes. En libretas de tapas duras. Allí consignaba qué era mi vida, qué me pasaba, cuáles eran mis zozobras, mis lecturas. Un verano de mis doce años me leía veinte veces o más La isla misteriosa de Julio Verne. La acababa y la volvía a comenzar. En ese diario fijaba el despertar de mi sexualidad, mis lecturas, las relaciones conflictivas con mi madre, hasta que un día me lo cogió y lo leyó. Violó mi intimidad. No hay dolor mayor en esos años de adolescencia que convertirte en transparente ante los ojos de los demás. Seguí escribiendo diarios pero esta vez en una clave que me inventé cambiando las vocales. Así me atreví a relatar mis turbulencias sexuales, mis fantasías con las chicas, mis lecturas de noveluchas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía, mis conflictos en el colegio. Así a lo largo de mi vida hasta la actualidad me he sentido atraído por fijar mi día a día, a relatar mis viajes en que me paso buenas horas escribiendo sobre qué estoy viviendo. Guardo montones de diarios de las distintas etapas de mi vida. A veces los decoraba con dibujos y con fotografías. Me obligaba a escribir una página al día sobre lo que había sido esencial en esa jornada. He utilizado todo tipo de libretas. No sé si tienen algún interés y no sé qué pasará con ellos el día que muera. Me inquieta en ser transparente algún día para alguien que los pudiera leer. A veces he escrito sin pudor y eso es peligroso. Ahora escribo con más prudencia, como si esos diarios –ahora en formato digital- pudieran ser leídos por alguien, tal vez mis hijas que rastreando mi ordenador pudieran descubrirlos.

Releo mis diarios de los años ochenta y noventa del siglo pasado. Son un prodigio de cuidado caligráfico y de diseño. Cada día en un dietario azul, rojo o verde, consignaba con una total sinceridad qué había hecho en ese día, que había pensado, qué películas había visto, qué libros había leído, las relaciones con mis amigos, mis salidas nocturnas, lo que comía, mis momentos de ebriedad y alucinación, cuáles eran mis pulsiones sexuales. Fueron años apasionantes. Sin embargo, cuando alguna vez releo lo que fue ese tiempo en su intensidad máxima, no me reconozco. Es como si leyera algo sobre alguien desconocido, no me reconozco en su voz, o sí, me reconozco pero lo veo lejano como si yo no fuera yo. Era otro. Y no me reconozco en el orden de las cosas según mis recuerdos. Mi memoria ordena los hechos de otra manera. La comparación con la realidad de lo que fue, encarnada en esos diarios, me sorprende, la historia ficcionalizada y construida de mi vida es diferente a lo que yo escribí cuando estaban pasando las cosas. ¿Qué es real? ¿Qué es más real? ¿Lo que yo, con afán de escribano, transcribí cuando estaba pasando o lo que yo he construido en mi memoria, eso teniendo en cuenta que cuando yo escribía también estaba ficcionalizando por notario que fuera de mi realidad palpitante? Porque entonces cuando redactaba al final de cada día también estaba inventando y construyendo un personaje ficticio. Se enfrentan así dos ficciones y no sé cuál es más real porque yo ya no soy aquel que fui. He perdido muchas cosas en el camino y he incorporado otras. Yo no era padre entonces y escribía con total despreocupación sobre mis circunstancias. Era como si fuera un juego sin consecuencias. Me imaginaba héroe de una vida singular y cada día lo convertía en una aventura, necesitaba dar dimensión épica a los hechos banales de mi devenir para convertirlos en literarios. No en vano me he pasado mi vida leyendo. No sé qué parte de mi vida es real y cuál es inventada. Y la verdad es que no me importa demasiado deslindarlo. Alguien puede llevar una vida apasionante sin salir de su habitación, quiero creerlo. Depende de lo que pase en el interior de su mente. Y mi mente siempre ha tendido a crear relatos novelados de lo que era una realidad, tal vez trivial. No sé qué pensará quien contemple, si es que alguien la contempla, mi vida concreta. Representa la expresión más adocenada de la vida burguesa, esa que Pier Paolo Passolini contemplaba arrojándole ácido clorhídrico. No sé qué pasaría si se presentara un dios en mi vida como plantea Teorema. No sé qué pasaría si mi vida se enfrentara a la dimensión de lo absoluto. Quiero creer que cada uno crea sus universos íntimos y que los va ensanchando, que van creciendo como expresa ese fenómeno del Big Bang. Esto me sorprende en la vida de los demás. Imaginemos que todos vamos creando un personaje ficticio como protagonista de nuestra vida, y que nuestro cosmos interior va creciendo misteriosamente. ¿Quiénes hablamos cuando nos encontramos? ¿Qué dimensión se pone en juego cuando dos personas hablan? ¿Uno puede adentrarse en el misterio que suponen las vidas ajenas o nos quedamos más bien en la superficie más externa? A veces siento que mi yo profundo, si es que existe el yo, no puede manifestarse externamente, como si hubiera quedado subsumido en su interioridad, como si hubiera crecido más hacia dentro que hacia fuera. Me cuesta salir, en mis diarios doy salida a ese magma interno incomunicable, en mis posts también le doy una oportunidad. Siento la vida como un enigma y tiendo a creer que es una sucesión de personajes que se desconocen unos a otros. El niño que fui hasta los seis años, el adolescente problemático que anduvo desorientado, el reencuentro con la literatura a los dieciséis años, mi misticismo y mi tendencia a lo simbólico, mi vocación valleinclanesca para inventar mi vida, mis viajes de los veinte años al oriente y Alaska, mi contacto con el zen y el teatro, el travestismo real e imaginario, la pedagogía salvaje antes que ser profesor se convirtiera en aridez y conformismo, el ansia por transformar la realidad como si la magia existiera, y la literatura siempre presente en mis días, y mi obsesión por transcribir sueños como si fueran de lo más real de mi vida evocando a Fellini.


Todo esto va configurando mis diarios en una sucesión cambiante día a día. A veces no soy capaz de reconocerme en el que fui hace un mes. No me atrae la realidad de personas que se rinden al tiempo, que se someten, que se hacen unidimensionales, que no se reinventan, que no ahondan en su universo interior; me gusta contemplar en cambio la magnitud de la  magia de personas totalmente normales que hacen de su vida algo hermoso y que se arriesgan. Soy muy consciente de esa dimensión extraña que hace a los seres humanos, no conozco a los perros, únicos, y, desde esa atalaya, contemplo y narro mi propia vida inventándola, convirtiéndola en ficción, sabiendo que todo es un juego en el que lo importante es no rendirse y no resignarse, aunque haya veces en que uno piensa que está cayendo en la grisura. Pero ¿cómo comprender la grisura, el alcohol, la mediocridad, si no es experimentándolos? ¿Cómo llegar a ser sin haberse atrevido a ser un hombre vulgar que un día despierta y lanza su flecha al cielo sabiendo que no va a caer, que una flecha que se lanza busca su objetivo que no está en otro lado sino en el propio dolor de existir y en la dicha de haber nacido sin saber a ciencia cierta si uno es real o es pura sombra, pura ficción creada por un extraño geniecillo que se entretiene jugando?

25 comentarios :

  1. Para mí, los diarios fueron flor de una primavera, esa primavera en la que todo está por descubrir, en la que hay tantas primeras veces para todo... Guardo como tú algunas de esas libretas y, si te sirve de consuelo, tampoco yo me reconozco ya en ellas: exaltado, pasional en lo más tópico, angustiado y reprimido, pletórico... Admiro que hayas podido seguir escribiendo durante tanto tiempo, pues ello te permite documentar tu crecimiento personal. Por mi parte, he intentado volver a escribir diarios de manera ocasional, pero a la tercera palabra me siento falso y fingidor. Tal vez, como apuntas, necesite experiencias que me hagan revivir de nuevo todas aquellas primeras veces de mi juventud.

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    1. Yo no guardo mis diarios adolescentes, lo que es un alivio porque me vería en lo que era realmente en aquel momento y posiblemente no me agradara. Ante la lectura de diarios de otro tiempo hay una actitud ambivalente: fascinación por lo que era otro momento vital y a la vez repulsión porque me doy cuenta de que no me gustaría volver a pasar por ahí, como si la vida fuera un aullido interminable y cada época o momento tuvieran su propio sentido, fuera del cual son irrepetibles y misteriosos.

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  2. http://espacobarralibre.blogspot.com.es/2014/01/ojala-nunca-siempre.html

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  3. No sé qué es más real. La memoria es la que escribe.

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    1. La memoria del instante presente que selecciona lo que parece más relevante y olvida otras perspectivas. Y no hay que olvidar que lo que se recuerda es una posición en el mundo, un modo de contemplar las cosas y los hechos.

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  4. Los emperadores del Próximo Oriente Antiguo (y muchos mandatarios más a lo largo de la Historia) difundían relatos en los que exaltaban su persona y sus supuestas proezas, para evitar ser barridos por el tiempo, para permanecer en la memoria colectiva, inmortales. Yo llevo escribiendo un diario desde hace varios años pero estoy aun en plena juventud, y tras leer tu post he comprendido por qué lo hago. Quienes escribimos un diario nos convertimos un poco en esos emperadores del Próximo Oriente, pero a la escala máspersonal , la del mundo íntimo. En el periplo hacia la madurez atravesamos distintos "yoes" y queremos atesorarlos para seguir aprendiendo de cada uno de ellos, hacerlos inmortales ante los influenciados recuerdos que de estos momentos tendremos en la madurez. Para ello tenemos que hacerles épicos, en cierto modo, y no hay nada de malo en ello: la vida de cada individuo es una aventura única, al fin y al cabo, parezca o no interesante para la opinión ajena. He de decirte que hace poco que descubrí tu blog y es un gusto leerte porque me siento muchas veces muy identificado con tus opiniones. Un saludo.

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    1. Gracias, José Antonio, por tu visita y tus palabras de aliento, y de complicidad en la actividad diarista ante la que siento una profunda atracción como si se pudiera apresar el tiempo y dejar constancia de él en el instante vivido. Me gusta lo que dices, que la vida de cada uno es una aventura única. Así lo siento yo y la contemplo como si fuera un personaje de una novela épica, lo que nadie que la considerara tendría esa impresión desde fuera. Me atrae literaturizarme, convertir en ficción mis días. Eso me convierte en artista y protagonista. Voy a seguir tu enlace para conocerte por el otro lado. Me encantará seguirte y debatir contigo si nuestros puntos de vista son próximos y si no lo son, también. Un saludo.

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  5. ,!Como cambiamos con el paso de los años! Lo que me parecía importante ahora me da ganas no sí de reír o de llorar. Y hablando de la memoria, pienso que es muy selectiva y que la distorsionamos con nuestros autoengaños.

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    1. El autoengaño es parte del juego, aunque en nuestro fuero iterno creo que tenemos una visión más ajustada de la realidad que ha sido, y tal vez la realidad más profunda nunca aparecerá en el diario, por el ejercicio de selección que llevamos a cabo a la hora de mostrarnos.

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  6. Nunca escribí un diario, supongo que nunca he sido demasiado reflexivo con lo que hago. Intuyo que son muchas las personas que escriben un diario con la intima esperanza de que sea encontrado dentro de 500 años y cuente, con su visión, la realidad de finales del XX y principios del XXI.
    Estos testimonios históricos y personales, nos fueron vetados durante siglos, así la Historia siempre era escrita por altos personajes con inquietud literaria o con asalariados a sueldo, la gente común nos dejo pocos testimonios escritos, ya que en muchos casos no sabían escribir. Esto dará a la Historia una nueva visión, la de infinidad de gente común contando cosas, se conocerán las modas más banales con todo lujo de detalles y se vera en que estamos haciendo el tonto y en lo que no, con la distancia adecuada. Dejamos un mundo en que todo tiene números, sabemos las dimensiones de todo, cuantos somos, donde y con que medios vivimos.
    Los diarios pueden dar un toque humano a esa Historia, esas inquietudes primarias y naturales que apenas han evolucionado, amor, odio, envidia, piedad y algunas otras más... si es que a alguien le interesa, que esa es otra.
    Creo que me he ido por los famosos "Cerros de Ubeda", pero aquí lo dejo..

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    1. Sí, un diario es la epopeya de un hombre común en la odisea del tiempo presente, que inevitablemente se convierte en pasado inmediato, lejano o remoto. Es como una cápsula del tiempo, que tal vez alguna vez sea abierta, o no, porque, como dices, a veces puede ser la trivialidad la que domine en esa supuesta épica que uno cree vivir. En todo caso, a mí me gustaría leer algún diario ajeno si lo encontrara en alguna circunstacia azarosa. Bienvenida tus reflexiones desde los cerros de Úbeda o lo que sea. Un cordial saludo.

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  7. Tienes razón. Releyéndose uno se sorprende: ¿quién es este que escribe? Pero siempre están las constantes. No hay linealidad, nada nos ha traído aquí más que el azar, pero hay tantas cosas reconocibles en nuestro pasado de nosotros mismos...

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    1. Reconocibles sí. En aquel niño que vivía hasta los seis años y empezó a leer en aquel tiempo, hay algo de lo que ahora soy, y también en aquel adolescente de voz lejana. Y en el hombre de treinta años que vivió por primera vez la adolescencia tiempo después de lo que le correspondía. No deja de ser una actividad cargada de misterio que a mí me atrae.

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  8. Es curioso, Joselu, yo también pasé por el trance de ver al descubierto mi intimidad cuando mi hermano me quitó mi diario para enseñárselo a un amigo suyo que por aquel entonces me gustaba mucho. Fue una puñalada trapera que hoy apenas reviste importancia pero que entonces me hizo maldita la gracia. Es lo que tiene el paso del tiempo, relativiza los sucesos y las vivencias. No somos aquellos chavales que escribían con descarnada sinceridad su descubrimiento del mundo, pero queda algo de todo ello en lo que somos ahora. No pocos escritores han publicado sus diarios, correspondencia o memorias, pero dudo bastante de su total transparencia. Decía Mingote, más o menos: "Su vida es un libro abierto pero ella se ha ocupado de arrancar algunas páginas".
    Creo que el diario cumple la función de confidente, necesitamos desahogarnos y lo hacemos hablando con nosotros mismos. Escribir a mano supone reflexión y cuidado. Además, la letra cambia con el paso del tiempo. Me temo que hoy pocos adolescentes escriben un diario, sus costumbres son muy diferentes a las nuestras. Teclean en el móvil mensajes casi monosilábicos pero raramente cuentan extensamente sus emociones.
    No me atrevo a releer ahora mis diarios de antaño. Temo sentir vergüenza, incredulidad, estupor... ¿Era así yo entonces? Pues sí, claro. ¿Cómo soy ahora? Quién sabe... En cualquier caso, el diario me sigue pareciendo un ejercicio necesario de autoconocimiento, supone pensar y elegir las palabras, actividades en lamentable decadencia.
    Un fuerte abrazo, colega.

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    1. Me temo que entre los adolescentes de hoy en día, la escritura de un diario no es práctica frecuentada, y es una pena. Veamos el famoso diario de Ana Frank, una de las epopeyas en su trivialidad más publicadas de la historia. En dicho diario se observa una increíble madurez y capacidad autorreflexiva en una niña de doce a catorce años. Creo que es un ejercicio interesantísimo y que es una pena que ya no sea experimentado. Un muchacho que escribe un diario (o un adulto) tiene la oportunidad de contemplar su vida, reflexionar sobre ella para conocerse mejor.

      Un abrazo.

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  9. Siempre he creído que los diarios eran cosa de adolescentes. De personas que notaban que la vida se les venía de golpe sobre ellos y no tenían más opción que lanzar un S.O.S a la humanidad. Yo también escribí algunas hojas que luego rompí. Las rompí cuando mi vida fue más real que lo que yo creía vivir. Pero, Joselu, un diario, llevar un diario es síntoma de algo profundo, algo que quiere gritar al mundo que necesita ser escuchado en silencio, sin levantar la voz. Algo contradictorio en definitiva. Pero algo que leído años después nos retrotrae a un pedazo de nuestra vida que no tenemos porqué avergonzarnos.
    Me gustan los diarios. Cualquier día empiezo uno...

    Un abrazo.

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    1. A mí me fascina escribir diarios. Es como una construcción literaria en que cabe todo, desde la trivialidad del día a día a las reflexiones sobre el vivir, noticias, frases oídas en la calle, conversaciones, meditaciones literarias, resumen de películas vistas, momentos bajos, momentos de euforia, remordimientos, dudas, sentimientos altos y mezquinos. Todo un revolutum en que no importa el orden. Al fin y al cabo nadie los va a leer excepto el autor. Es su vida y para otros, si no es un hombre famoso, carece de interés.

      Hay famosos diaristas en escritores de otros tiempos. No es una actividad solo propia de la adolescencia, que, por otra parte ahora, no tiene ninguna vocación diarista.

      Un abrazo.

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  10. Nadie me sugirió jamás que la escritura de un Diario pudiera ser una parte esencial de la construcción del propio yo, o de los propios yoes. Instintivamente, sin embargo, quiero creer que la escritura continua de lo que piadosamente podríamos llamar poesía y que en realidad no era sino expansión emocional y racional pura y dura, hizo las veces de un diario, aunque tuviera pretensiones literarias. Parte de mis primeras prosas iniciales también cumplieron esa función, porque, escribiera de lo que escribiera, siempre tenía la lupa apoyada en el propio lomo. Como género, sin embargo, nunca he seguido ninguno. Me he derramado en otras actividades, pero no en los diarios. Y lo lamento. Guardo, sí, lo que llamo Diario Aireado en el que entro, de años en año o de quinquenio en quinquenio, pero desde mi entrada en la blogosfera, ya ni eso. Tampoco es un género que me apasione, aunque hay algunos que se leen con curiosidad. Hice un trabajo académico larguísimo comparando dos dietarios, el de Gimferrer y el de Vila-Matas, pero tampoco me sirvió para convencerme de su necesidad. Soy, lamentablemente un caso perdido. ¡Lo que daría, sin embargo, Joselu, por leer todos los tuyos!

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    1. Me ha resultado increíble que Manuel Azaña en plena guerra civil y siendo él Presidente de la República pudiera llevar un diario detallado con lo que supone de dedicación y aislamiento para poder centrarse en la reflexión de los avatares diarios. Muchos escritores lo han cultivado, a la par que una extensa correspondencia. Tal vez sea un género que los tiempos modernos han hecho caer en desuso por la velocidad con que vivimos. A mí me resulta un género sumamente interesante suponiendo que el que escriba realmente se muestre como es interiormente, pero es cierto que la prudencia aconseja no ser totalmente sincero porque ese diario tal vez algún día pudiera ser leído por alguien. Yo me encuentro con esa censura que uno se pone ante lo que escribe. Ha habido épocas en que he escrito con completa desinhibición y otras en que he medido mis confidencias. De hecho en el acto de escribir siempre se tienen que tomar decisiones al respecto. Puede ser un arma cargada que puede llegar a ser peligrosa. Imaginemos un diario de Antonio Machado que rompiera con la imagen que nos hemos hecho de él, de santo laico al servicio de la república. Sería demoledor. Tal vez sea prudente no escribirlo.

      En cuanto a mis diarios no creo que sean interesantes. No creo que sean depósito de grandes descubrimientos ni grandes revelaciones, pero sí, ciertamente, me fascinaría encontrarme algún día un diario en una libreta de alguien anónimo que lo hubiera perdido. Podría reconstruir e imaginar su vida. Sería un ejercicio apasionante si era un ser complejo y alambicado como el que esto suscribe.

      No obstante los blogs también son una forma de diario personal. El mío lleva casi nueve años y en él se observan etapas, épocas, momentos, caídas, esperanzas, depresiones, historia, conflictos políticos, la crisis, grandes tragedias naturales…

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  11. Es curioso, tengo decenas de diarios empezados con una sola página. No he sido capaz de ir más allá. Quizás ahora todo lo que escribimos lo hacemos ante los demás. ¿Impunidad o descaro?

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    1. Me sorprende ver en facebook la a veces total desinhibición con que se muestra la vida personal con el consiguiente desnudamiento que supone. Hay a veces que me produce malestar. Recuerdo una mujer que perdió a su compañero sentimental en circunstancias luctuosas y vivió su duelo ante facebook así como sus conflictos con la mujer oficial y su familia. No me gusta. Hay cuestiones íntimas que no se deberían mostrar públicamente buscando el apoyo y adhesión de docenas de personas que dicen que están contigo y te dicen frases consoladoras. Yo soy muy cauto mostrando mi vida. A veces me desnudo totalmente pero para reflexionar existencialmente sobre ello, no para buscar adhesiones. Este ejercicio me desagrada. Pero sí, es cierto, que se vive mostrándose ante los demás con impudor.

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  12. La identidad, la maldita identidad es un desconsuelo permanente. Creada con cemento de mala calidad al mínimo temporal se desmorona y nos aturde. Nunca he escrito diarios, respeto a los que os habéis pasado media vida haciéndolos pero les doy la misma validez que a una obra de ficción o si acaso como una de las caras reales de una figura multiforme que en su sobredimensión anula la importancia de las otras.
    ¿Fuimos lo que fuimos, lo que creíamos que éramos, lo que creemos ahora que fuimos entonces, lo que nos gustaría creer que fuimos? Es demasiado vertiginoso, demasiado latoso y a muchos nos falta la presencia de ánimo suficiente como para mantener la hegemonía de una parte sobre las demás. Más vale el atrevimiento de pensar que la identidad individual no existe, que es una pura entelequia geográfica, una especie de Ecuador virtual para darle cierto sentido a todas esas partes vociferantes que luchan a codazos por su primacía en nuestro "multiverso" personal.

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    1. Tienes razón en todo. Los diarios forman parte de la literatura de ficción. Es cierto, pero no me negarás que algunos tienen su interés cuando nos enfrentamos a aquellos redactados por personajes singulares, pienso en Neruda, pienso en Pessoa, pienso en Cesare Pavese, en Rilke, etc. Esa escritura para la intimidad nos revela pulsiones profundas, incertidumbres, pasiones y sentimientos que tal vez la vida pública no ha dejado mostrar. En España no han estado muy extendidos pero en otras culturas la escritura autobiográfica, siendo totalmente ficción o casi, ha sido un género popular. De hecho la literatura ¿qué es? sino indagación en el yo real, el latente, el profundo, el desconocido, el que pugna por salir, el que nunca será. Si los diarios son literatura (mala o buena), la literatura también es autobiográfica en buena parte de los casos. Y no deja de ser un ejercicio fascinante oír la voz de alguien cuando nadie le escucha. ¿No es formidable el Diario de Ana Frank? ¿Hubiera sido mejor que no lo escribiera?

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  13. Llego tarde, pero esta no deja de ser una excelente reflexión, y creo que no eres el único que al mirarse sinceramente no llege a esta conclusión: "No sé qué parte de mi vida es real y cuál es inventada." Llevo libretas de apuntes también, aunque no les puedo llamar diarios porque han pasado meses a veces entre un apunte y otro, pero creo que ese ejercicio me ha ayudado a conocerme mejor y a destilar las ideas.

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  14. Mirar esto es increible http://EarnPerRef.com/?invcod=151399

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