Páginas vistas desde Diciembre de 2005

miércoles, 30 de octubre de 2013

Entre las brumas del pensamiento



Ayer Fernando Savater en un artículo en El País reflexionaba sobre la afición española a meter caña, a juzgar moralmente a los demás con las más abruptas descalificaciones que lleva a utilizar un lenguaje tremendista y totalizador en la búsqueda de la demolición de los argumentos o actitudes contrarias a lo que uno piensa. Añadía que en realidad, tener conciencia moral es tener mala conciencia de uno mismo, y, ante ello, una liberación es despotricar contra los demás que encarnan más fácilmente los aspectos criticables o desdeñables.

Me quedo con la afirmación de Savater de que tener conciencia moral es tener mala conciencia de uno mismo. Esto incide en el nivel de autocrítica. Pero ¿quién es autocrítico de sí mismo, de sus actitudes, de sus formas de vida, de sus convicciones?

Llevo más de un año publicando irregularmente, y, a veces he pasado seis meses sin hacerlo. La razón que me resulta más verosímil es que ya no tengo nada que escribir, que no tengo nada que mostrar, que mis verdades se han hecho minúsculas, que no me siento seguro debatiendo, que estimo que mi mundo se ha hecho sospechoso, que no me gusta lo que queda de mí mismo cuando lo observo. Y, en tal caso, ¿qué puedo yo proyectar sobre los demás? ¿Qué puedo decir sobre las conductas ajenas, sobre la política, sobre el compromiso personal, cuando yo soy el más claro caso de entreguismo y debilidad intelectual?

Llevo leyendo más de cuarenta años, leo todos los días la prensa (centrista y conservadora, además de algo de izquierda si así se puede llamar a El País), escucho emisoras de radio, reflexiono todo lo que puedo pero me faltan convicciones fuertes, esas que leo en los participantes en la prensa digital en que todo son denuestos y barbaridades descalificatorias acerca de lo divino y lo humano. Me siento frágil en mi modo de ver el mundo, extraordinariamente escéptico, y no me considero capaz de juzgar nada, ni siquiera la política del gobierno, que no me gusta, eso es cierto, pero no sé qué hay como alternativa que sea honesto y sincero.

Uno de los principios de las leyes de Murphy que más me atraen es el que dice: “todo el mundo miente” Y le responden:. “Da igual, nadie escucha”. Pues eso. ¿Qué tengo que decir yo que esté basado en mi valor personal, en mi compromiso personal? ¿qué críticas sociales puedo hacer yo que estén basadas en mi quehacer propio, en mis convicciones personales? Francamente siento, como decía Savater, mala conciencia de mí mismo. Me gustaría tener más claros mis enemigos, mis fobias, mis aficiones ... lo que veo que en general es bastante común. La mayoría de los que escriben tienen definido su mundo de elecciones políticas y sociales, y condenan con la mayor contundencia y con facilidad todo lo que no es como ellos estiman que debería ser. Incluso en el plano pedagógico hay un conjunto de aseveraciones que parecen claras desde el punto de vista de la izquierda militante. Pero yo detecto una gran irresolución en el plano práctico. ¿Por qué la escuela pública es mejor que la escuela privada o concertada? ¿Por qué en tal caso las clases medias han optado por la escuela concertada abandonando a su suerte a la escuela pública que se debate entre el ser y el no ser? ¿Por qué es mejor o peor seleccionar a los alumnos por su nivel académico y situarlos en guetos de los que difícilmente podrán salir, y si lo hacen es en contra totalmente de nuestros deseos? ¿Por qué algunos entendemos que la aplicación de la escuela 2.0 ha sido uno de los mayores desastres de los últimos años? ¿Por qué desde el plano psicopedagógico se nos pide modos autoritarios con nuestros alumnos llegados desde la primaria a los que están acostumbrados en lugar de los modos más democráticos?

Uno tiende a  pensar que los principios progresistas son eso, utopías irrealizables, y en el mundo real tiende a pesar más la realidad conservadora. Hace un tiempo yo era revolucionario el cien por cien del tiempo.Y mi discurso era claro y contundente. La realidad que estoy viviendo me lleva a considerar que ahora no tengo nada claro, que entre los principios que se dirimen en la escuela fundamentalmente por encima de cualquier otro es el de autoridad, un principio esencialmente conservador.

No es extraño que no me atreva a escribir. Tal vez temo mi mala conciencia, la mala conciencia de haber traicionado principios no escritos de una moral progresista, que ahora se me revela como una moral del buenismo sin compromiso real, sin confrontación con la realidad que nos lleva a derroteros más controvertidos y ajenos a lo que creímos ser.

Tuve una medio novia italiana, extraordinariamente inteligente, que me vino a decir un día que la mayor decepción que tuvo con la izquierda fue el considerar que un grupo debía tener un jefe, un líder, un dirigente y que las teorías del poder compartido, del poder deliberador de un grupo eran meramente absurdas y que solo llevaban al caos.  

Tengo mala conciencia, mala conciencia de no poder encarnar los valores puros de la izquierda, mala conciencia de haberme hecho conservador, mala conciencia de no tener un discurso claro y elocuente que defina con toda rotundidad qué es lo malo y qué es lo correcto, tengo mala conciencia de no encarnar en mí mismo ejemplo alguno de valor moral y sí todo lo contrario.

Tengo mala conciencia de tener conciencia. Me gustaría saber con precisión que es lo correcto y qué es lo incorrecto, pero no lo tengo. No puedo condenar nada cuando el primero que caería sería yo mismo. Envidio a aquellos que con mayor facilidad humana y verbal son capaces de definir sus exactitudes sociales, educativas y políticas.


Yo no soy capaz. Me muevo entre brumas que son esencialmente confusas y contradictorias.

44 comentarios :

  1. Muchas gracias, Joselu, por cincelar con tanta precisión una serie de sentimientos que yo también comparto. Suscribo hasta los silencios de este texto. Yo también me siento muy extraño al no tener convicciones firmes, al vivir permanentemente en la cuerda floja de la incertidumbre que me genera todo lo que me rodea. Y sin embargo, qué felices todos aquellos que ven el bien y el mal tan definido, tan delimitado, nociones que para mí, sin embargo, son tan borrosas. Con tu permiso, comparto la entrada.

    Un saludo admirado.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Iván, una sorpresa encontrarte por aquí. Muchas veces las voces que se oyen son las voces amigas de siempre, y pocas veces se tiene la ocasión de leer una voz distinta, ajena, y que, en este caso, tiene la ocasión de compartir con el autor de este desaguisado de ideas un estado de ánimo confuso. Para mí no hay idea que no muestre su lado opuesto como totalmente verosímil. Esta visión prismática no es útil en política y supone un peligroso vaivén para el hombre de la calle que quisiera tener convicciones fuertes acerca de las cosas. Aunque es cierto más bien que las mayores catástrofes de la historia vinieron por aquellos que tenían convicciones fuertes e inamovibles. Los que dudan raramente pueden llegar a ser peligrosos, y los que son conscientes de la fragilidad de su mundo moral, probablemente, solo probablemente, no serán fanáticos si llega el caso.

      Eliminar
  2. No te va a servir de nada mi comentario, supongo, por que no te van a curar el desasosiego que expresas. Pero aquí, otra desasosegada que podría firmar lo que has escrito. Incertidumbre como dice Iván antes que yo, nos hemos quedado huérfanos de grandes valores absolutos. Y así nos va. Todos mediocremente confusos.
    Un abrazo
    (y a mí, pese a todo, me sigue sirviendo, mucho, lo que escribes)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me temía una recepción airada de este artículo descreído y escéptico a la vez que profundamente conservador, pero advierto admirado y leo con sorpresa vuestros dos primeros comentarios comprensivos con ese estado "mediocremente confuso" en que nos hallamos. Tal vez tomar conciencia de la mediocridad sea ya un primer paso para… para qué. Eso quisiera saber yo.

      Eliminar
  3. Tus brumas me abruman, pero hay un sol que las despejan: el humor. Ácido, corrosivo, desencantado, si quieres, pero humor al cabo. Y si la realidad da motivos de algo son motivos para la risa, y aun hasta para la risotada. ¡Qué bien lo vio Valle, y cómo tuvo que divertirse al escribir "Viva mi dueño"! Sé que es un componente del ADN, una de sus muchas combinaciones, y que no todo el mundo nace con él, pero como somos, básicamente, una especie adaptativa, puede adquirirse y consolidarse. A mí me consta que a ti no te falta y hay pruebas escritas de él. Por otro lado, escribir sobre que no puedes escribir de ciertas carencias es ya una demostración de virtuosismo que a más de uno nos produce sana admiración. La oquedad interior tiene, al fondo, también, una luna de espejo donde se reflejan más realidades de las que percibimos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con un poco de habilidad este artículo escéptico y descreído pudiera transfomarse con humor, humor del que yo carezco no sé por qué razón porque en algún tiempo lo tuve y en buena cantidad. ¿Dónde hay clases para recuperar el pelo perdido (el humor perdido)?

      Eliminar
    2. Ya existen métodos para recuperar el pelo perdido y el humor no lo has perdido, tal vez preferiste reprimirlo. Saludos, Joselu. Un placer volver a leerte.

      Eliminar
    3. Un placer leer también mensajes de lejanas tierras. No sé si lo he reprimido, pero lo cierto es que le cuesta salir. Gracias por tus palabras de aliento.

      Eliminar
  4. La obligatoriedad de la educación hasta los 16 años, en buena proporción del alumnado, parte de un acto que en otras circunstancias se consideraría violento como es la retención de una persona contra su voluntad.
    Para mí los sentimientos que muchos alumnos manifiestan ante este hecho son muy parecidos a los que podían tener muchos jóvenes de 18 años cuando iban al servicio militar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo. No puedo menos que concordar con tu punto de vista. Se nos presenta la obligatoriedad como una conquista democrática, pero en la práctica supone la retención autoritaria de individuos que en otras culturas ya serían adultos o guerreros, sometiéndoles a un bombardeo de asuntos que no les importan un ardite, y nosotros sabemos que es así. Su actitud es fruto de esta imposición benévola del estado que quiere beneficiar a sus miembros más jóvenes encerrándoles detrás de rejas.

      Eliminar
  5. Si me atreviera a hacer un chiste malo, Joselu, te diría que presentas todos los síntomas precursores de la santidad…, de una santidad laica, claro. ¿Dudas, descrees, tienes mala conciencia, perdiste unos valores que pensabas inmutables, la izquierda te decepciona y la derecha te repele…? Vaya, pues bienvenido al club. Aquí caben muchos, aunque en realidad sean tan pocos. Tienes, al menos, el valor para decirlo, para saber que se acaba el valor, que la desesperanza se adueña del ser. A eso llamo sentir, razonar, ser humano. Lo demás solo es molicie, indefinición o falsa seguridad de nada.

    Los periodos críticos acometen a quienes no tienen la cabeza solo para sujetar el pelo; por el contrario, los simples, aquellos que se encuentra más cómodos en el anonimato, en la sombra, en el cuartel de la inteligencia donde todo está ordenado, definido y claro, carecen de crisis, de crítica e incluso de dignidad.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Miré los muros de la patria mía
      si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
      de la carrera de la edad cansados,
      por quien caduca ya su valentía.
      Salíme al campo, vi que el sol bebía
      los arroyos del hielo desatados,
      y del monte quejosos los ganados
      que con sombras hurtó su luz al día.
      Entré en mi casa; vi que amancillada
      de anciana habitación era despojos;
      mi báculo, más corvo y menos fuerte;
      vencida de la edad sentí mi espada
      y no hallé cosa en que poner mis ojos
      que no fuese recuerdo de la muerte.

      Eliminar
    2. Este poema comentamos estos días en clase, y ha sido la primera respuesta que se me ha ocurrido ante tu hermoso comentario. Quevedo era un descreído y a la vez era un bufón que se reía de lo más sagrado, sin quitarle un ápice a su poesía metafísica y filosófica.

      Un abrazo, Javier.

      Eliminar
  6. Pensar en la utopía sin renunciar a los pasos intermedios.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin duda, tu comentario responde a un carácter positivo y optimista. Tomo nota de ello, porque en esos pasos intermedios, tan complejos, producto de la cotidianidad y de la realidad más concreta, está el quid del asunto. Las grandes ideas están bien como orientación, pero lo real es lo que encontramos en cada derivada del camino, en cada instante del día a día, en cada dificultad que surge y parecen insolubles.

      Eliminar
  7. Me da lo mismo lo que digas. Te leo con entusiasmo hace años. No festejo tus silencios. La conciencia: quién la quiere, quién la esgrime, quién la valora? Me alegra este leve regreso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tras unos meses de retirada, me he dejado caer por aquí de nuevo y me he encontrado con nuevos y viejos amigos que me han recibido con afecto. No sabes que feliz me hace tu comentario, sobre todo viniendo de alguien como tú, cuyo estilo de escritura valoro y aprecio tanto como sabes.

      Eliminar
  8. La 2.0 ha sido un desastre por la falta de inversión.
    La clase media rehúye la pública por la falta de inversión.
    Los alumnos se separan según su nivel académico por la falta de inversión...
    Y, así, ad infinítum. No invierten en nosotros (y, por nosotros, entiéndase todo aquel que no sea ellos). No interesamos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No estoy tan seguro que la causa se puede deber simplemente a falta de inversión en temas tan distintos. En mi centro los alumnos (una buena parte) disponen de ordenadores personales. Otros no los pueden pagar. Hay pizarras digitales en todas las aulas, pero la realidad es que es un engorro trabajar con libros digitales. Plantean problemas de organización complicados en especial con alumnos de bajo nivel que no tienen materia adaptada a sus necesidades. Por otro lado, muchas veces no llevan las baterías cargadas o han perdido la contraseña o simplemente no tienen ordenador por no poderlo pagar. Una clase en estas condiciones es prácticamente imposible, aparte de su propia impericia en el terreno digital. Eso si no se pierde la red a mitad del invento. Pero no se puede negar que se han hecho inversiones en la colocación de pizarras digitales en todas las aulas. En un momento supuso una novedad y los chicos quedaban sorprendidos por las pizarras digitales, pero hoy día ya no lo son y forman parte del aburrimiento generalizado que supone la enseñanza especialmente para muchachos con problemas de aprendizaje.

      En cuanto a la separación por niveles es un tema harto espinoso. El caso es que se hace. Llegan a primero de la ESO, muchachos que no han alcanzado el nivel de primer ciclo de primaria, que apenas saben leer, con muchachos que tienen el nivel correspondiente al ciclo. Unos son disruptivos, otros son hiperactivos, otros son imposibles de adaptar al contexto escolar. Y hay que clasificarlos de alguna manera para que algunos puedan aprovechar el curso. Este es un problema universal al que no se ha logrado dar una solución satisfactoria. Desde luego no se puede poner un profesor para cada cinco alumnos para adaptarse a sus peculiaridades. Desde luego no tengo solución a esto. Lo cierto es que algunos llegan a cuarto de ESO en cursos D, aprueban por la adaptación curricular con un nivel bajo mínimos, y te los encuentras haciendo bachillerato al año siguiente y es allí donde se dan la gran torta.

      Y la escuela concertada y la pública. No debería haber esta diferencia. Ciertamente el que quiera educación privada para sus hijos es perfectamente legítimo, pero que se la pague íntegramente. Creo que sería lo que correspondería. Pero es cierto que la clase media escoge en buena parte la escuela concertada porque permite en líneas generales una selección del alumnado y una mayor eficacia educativa. No tienen que luchar en líneas generales con una desigualdad social brutal como hacemos nosotros.

      En mi centro se ofrece clases de estudio asistido a los alumnos con problemas que valen diez euros todo el curso y la mayoría dicen que no pueden pagarlo.

      La falta de inversión es una parte del problema, es cierto, pero no es todo.

      Eliminar
  9. No entiendo ahora tu interés por clasificarte en una categoría moral o ideológica, como si definirse uno mismo dentro de una tipología fuese un requisito para pensar u opinar de lo que ocurre en el mundo. Somos profes de literatura y sabemos que conceptos como Barroco, conceptismo, vanguardia, etc. son simples etiquetas que orientan en el estudio de obras o autores, pero siempre quedan estrechas para encajar en ellas un modo de entender el arte o la vida. Podemos vernos como una matriz de caracteres en los que predominará la ilusión por un mundo más justo y mejor, o tal vez el deseo de que todo quede como está -si nos va bien en ello-; podremos censurar comportamientos que nos parezcan injustos, aunque sepamos que tal vez en ocasiones nosotros lo hemos sido; estamos en nuestro derecho de disentir y de hacerlo manifiesto, porque no es verdad que todo sea cuestión del punto de vista, pues hay maldades que no admiten gradación. Entiendo a Savater le parezca mal que cierta crítica sea superficial o populista, pero defender el silencio o la pasividad es un error que no deberíamos cometer. Incluso si nuestra palabra nada a contracorriente de lo que se esperaría de nosotros.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi artículo recogía impresiones sobre mi estado de ánimo sobre la moral progresista, el mundo de ideas progresista sobre el que el autor siente un profundo escepticismo, muy a su pesar. De esta disintonía surgía la mala conciencia. Yo entiendo que es un debate personal íntimo, y que yo he exteriorizado dando lugar a diferentes enfoques o consideraciones a cada cual más interesante. Tal vez, sea eso la esencia del debate: arrojar una piedra al agua y dejar que surjan las ondas reflexivas y concéntricas en torno a la matriz inicial. Y es cierto no respondemos a etiquetas, no somos objetos que estén en un cajón en que podamos ser clasificados e interpretados. No deberíamos serlo. Por eso, el autor del artículo cuestionaba a los que definen con toda claridad su mundo de fobias y filias sin dar lugar al escepticismo, a la descreencia. Este era el móvil del pequeño texto que he escrito. Una lamentación sobre la descreencia personal y la pérdida de las referencias llamadas progresistas, y, por otro lado, una cierta ironía (ojalá) sobre aquellos que lo tienen todo meridianamente claro en su mundo de perspectivas y valores moralmente taxativos.

      En todo caso, me admira la pluralidad de interpretaciones a que da lugar un texto que si tiene algún valor es la plasmación de un instante de autenticidad y reconocimieneto del propio fracaso a la hora de definir una moral y ejemplificarla.

      Ello no impide, Toni, que no se pueda hablar, claro. Pero me gustó la idea savateriana sobre que la conciencia moral debe basarse precisamente en la mala conciencia, Y podemos tener tan mala conciencia sobre tantas cosas…

      Hoy mismo leía una noticia de que han descubierto a setenta y tantos africanos muertos en el desierto de Argelia. la mayoría mujeres y niños. Han muerto por hambre y sed. He visto la noticias, atroz, y he mirado hacia otra noticia en una brizna de segundo, pero me había golpeado. ¿Y qué? Luego he vuelto a ella para no evitarla. En los comentarios también atroces el dilema era si dejábamos pasar a los treinta millones de subsaharianos que querrían venir a nuestro mundo. ¿Y qué responde el alma cándida progresista a esto? Se queda mudo, tira pelotas fuera o echa la culpa a alguien, claro. Es muy cómodo echar la culpa a los suprapoderes.

      Eliminar
  10. Escribir es confrontar los propios temores, me parece a mí, y tal vez cuando se nos van agotando los temores superficiales nos asusta seguir más allá y exponernos demasiado. ¿O tal vez hable de mí mismo al decirlo? Pero en lo que pienso en relación a esta nota es que me identifico también con la sensación de no tener ideas que defender con mucha vehemencia si uno se va haciendo más escéptico a las posturas fijas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Entiendo también tu escepticismo en el cruce de tu origen latinoamericano y enraizado en la sociedad norteamericana, en tantos sentidos tan conservadora. Debe ser difícil también enardecerse con posturas fijas y radicales como las que provienen de ciertos sectores de la izquierda latinoamericana o por otra parte en tu propio país, el llamado Tea Party. Eres uno de los que más podía entender mi reflexión sobre la incertidumbre a que nos lleva el pensamiento que mira la realidad del mundo.

      Eliminar
  11. Yo quiero seguir creyendo que al menos la idea de una izquierda real, la que se preocupa por combatir todas las desigualdades sociales y evolucionar según sus propios errores, sigue existiendo. Supongo que lo que nos pasa es que cuando la política llamada de izquierdas apenas se diferencia de la llamada derecha, todos perdemos la fe, hasta los ateos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me ha hecho gracia eso de que perdemos la fe hasta los ateos. Fina ironía. En todo caso pienso que la distancia entre derecha e izquierda en un contexto capitalista internacional es mínima y lo vemos por la praxis de los partidos respectivos. El PSOE nos ha dejado un mal sabor de boca y ha perdido sus opciones de ser un recambio de gobierno en las próximas elecciones. Ya no esperamos nada de él. Pero en el panorama tampoco veo nada ilusionante. De ahí también el escepticismo. Gracias por hacerte presente.

      Eliminar
  12. Vivir en la duda constante, supone para mí mejorar la manera de formular las mismas preguntas.

    No sé Joselu, ¿quién quiere callejones sin salida? Las respuestas se me antojan eso, bocacalles perdidas que solo por la rigidez de sus formas parecen firmes y verdaderas. Quizá un poco de Panta Rei, y que todo fluya.

    Regreso con una entrada cortita a tu blog, pero con un fuerte abrazo de: "¡Cuánto tiempo!".

    ResponderEliminar
  13. Y por cierto:

    " Aprende a dudar, hijo, y acabarás dudando de tu propia duda. De este modo premia Dios al escéptico y confunde al creyente. "

    En "Juan de Mairena", de Antonio Machado. Un poco de escepticismo socarrón y funambulesco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, José Antonio, por tus palabras. Cuando uno escribe un artículo en que se abre las venas, siempre termina por lamentarlo y desearía no haberlo escrito. Es este el caso. Lo he releído y me he dicho al cabo de dos días ¿por qué escribiste esto? Y no tengo respuesta, salvo decir que fue lo que me salió. Cada cuestión la veo de manera poliédrica. No puedo dejar de ver simultáneamente varias perspectivas. No sería buen político. Ello me lleva a ser sumamente escéptico en cuanto a mi capacidad de acceder a la verdad, aunque solo sea de modo utilitario. Sin duda he expresado algo que muchos sentimos pero no verbalizamos: cómo nos hacemos escépticos y conservadores, y cuando leemos una noticia como la de los africanos muertos en el desierto de Níger, nos preguntamos ¿qué habría que hacer? Y no tengo respuesta. No la tengo.

      Eliminar
    2. Quizá mejor así Joselu, algunos días de tantas perspectivas necesitamos descargar un poco. Parece que nos cargaramos el peso de pensarlas todas. Ante las respuestas a algunos planteamientos como el de Níger, ¿qué decir? Activismo a nuestro nivel, supongo que es la clave. Tú tienes un puesto de mucho peso en la sociedad, eres profesor. Quizá tus alumnos aprendan, para el día de mañana, que ser un ciudadano viene significando que la ciudadanía se comparte, y no solo somos ciudadanos para recibir o protegernos individualmente. Quizá tus alumnos solucionen cuestiones que hoy nos parecen difíciles de solventar. Otro texto de Mairena:

      "La política, señores —sigue hablando Mairena—, es una actividad importantísima… Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala, que hacen trepadores o cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra voso­tros. Sólo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo: de literatura, de filosofía, de religión. Porque de otro modo contribuiréis a degradar actividades tan excelentes, por lo me­nos, como la política, y a enturbiar la política de tal suerte que ya no podamos nunca entendernos.

      Y a quien os eche en cara vuestros pocos años bien podéis respon­derle que la política no ha de ser, necesariamente, cosa de viejos. Hay movimientos políticos que tienen su punto de arranque en una jus­tificada rebelión de menores contra la inepcia de los sedicentes pa­dres de la patria. Esta política, vista desde el barullo juvenil, puede parecer demasiado revolucionaría, siendo, en el fondo, perfectamente conservadora. Hasta las madres —¿hay algo más conservador que una madre?— pudieran aconsejarla con estas o parecidas palabras: “Toma el volante, niño, porque estoy viendo que tu papá nos va a es­trellar a todos ‑de una vez‑ en la cuneta del camino”.

      Perdona por el tocho, un abrazo Joselu y buen lunes!

      Eliminar
  14. No tener certezas, no ver con claridad no inhabilita a una persona para opinar y para aportar a los demás. Lo bonito de la vida es la diversidad, tiene que haber gente que lo tenga todo muy claro, otros solo a medias, otros nada. Eso es bueno.
    Sin embargo, reconozco que no tener asideros, moverse entre brumas no debe ser fácil. Yo, no sé si para bien, tengo lo esencial muy claro y me agarro a ello con muchas ganas, sobre todo en estos tiempos de zozobra e incertidumbre. Desde pequeño mi padre me transmitió grandes dosis de escepticismo y desconfianza hacia los individuos pero no hacia las ideas. Las personas podían traicionar y pervertir los grandes ideales pero no por ello dejaban de ser grandes. Siempre me decía que lo importante es que uno no los traicionara, lo que hicieran los demás era su problema. Yo soy muy de izquierda, siempre lo he sido y, salvo hecatombe, lo seré. Creo que la izquierda ha caído en la degeneración y la inmoralidad en la que siempre estuvo instalada una derecha egoísta e inhumana pero aún así es difícil que alcance su descarado desprecio por los humildes y se mofe de la justicia social como lo hacen los sectores conservadores.
    Para el hijo de un jornalero que vivió muchos años al borde de la esclavitud, tener memoria, principios y certezas es una obligación y una necesidad.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin duda todos heredamos algo de nuestros padres. En tu caso has heredado una posición moral y política que te sirve como asidero en este tiempo complejo y confuso. En mi caso, esta formación fue en otro sentido muy diferente. No sé si lamentarlo, pero es lo que tuve a mi alcance. Las palabras de mi padre siguen resonando en mí a pesar de llevar más de veinte años muerto, y supongo que de eso uno no se libera fácilmente. Fue mi formación política contra la que tuve que luchar cuando pude, pero en otros sentidos, he de reconocer que en muchos sentidos he heredado para bien y para mal su visión del mundo, como tú.

      Eliminar
  15. Ya sabes que soy profesor de primaria de la pública. De izquierdas de toda la vida y este año he tomado una decisión para mí muy dificil: He tenido que cambiar ami hijo de la pública a la privada. Ha sido muy doloroso para mí. Aguanté primero de ESO, aguanté segundo, pero visto el desastre tuve que cambiarlo a la concertada donde va perfectamente bien , ha recuperado todos los hábitos perdidos y se ha vuelto a centrar y a obtener los resultados que obtenía en primaria (en un buen colegio publico).
    La pública hoy en día es una lotería va desde institutos modélicos que les dan cincuenta mil vueltas a cualquier secundaria concertada hasta lo que me encontré yo: equipo directivo que no ve la realidad de su alumnado, profesores muy, muy, funcionarios: profesores totalmente quemados, ceniza pura; substitutos jovencillos y con una falta de profesionalidad galopante, falta de orden, disciplina arbitraria desde dejar pasar faltas graves hasta castigar gravemente pro una tontería. Dejadez profesional. Nula acción tutorial de grupo e individual. Quiero eso decir que l secundaria pública es mala. Ni mucho menos. Quiero decir que es una lotería. Y en pueblos como el mío que sólo tiene un instituto y un concertado , no hay elección. Y me siento triste de tener compañeros como los de ese instituto y me sabe mal que la consellera ayude a que haya cada vez institutos públicos o SES así de fdesastrosos como los hay excepcionales donde los equipos directivos son eficientes y vocacionales. de hecho creo que tu mismo has llevado a tus hijas a la concertada si no recuerdo mal.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Osselin, entiendo tu decisión que no deja de ser muestra de libertad. Cada padre tiene sus motivos para llevar a sus hijos al colegio que considera pertinente a tenor de la legislación que tenemos en España. Felipe González en alguna ocasión ha reconocido que se equivocaron los socialistas al aprobar los conciertos con la enseñanza privada. Esta ha servido de válvula de escape para la clase media ante las deficiencias y problemas de la pública que lucha con la desigualdad social. En algunos casos también, como dices, es pura ineficiencia y mala praxis pedagogica y organizativa. En todo caso, me alegra verte por aquí. No sé si seguiré publicando. La buena recepción de este artículo me anima a hacerlo tras varios meses de haber desaparecido del blog.

      Eliminar
  16. Sobre eso de ser de derechas y de izquierdas como sistema, cada día soy más escéptico, si quieres mira este texto y me dices si no es cierto:


    Todos los trabajadores, ante la angustiosa situación presente, han de preguntarse a qué se debe el que, a pesar de los constantes cambios de Gobierno, a pesar de haber gobernado las izquierdas, a pesar de los Gobiernos de centro y de derecha, el paro aumente sin cesar, la carestía de vida se haga cada vez más agobiadora y la pugna entre las clases sea cada día más áspera. Fácil es comprobar la existencia de estos problemas y aun su agravación. Con Gobiernos en que figuraban ministros socialistas, todas las calamidades que abruman a la masa obrera no sólo no tuvieron solución, sino que se agudizaron. Con Gobiernos de derecha, toda la política se orienta en contra de los productores; empeoran las condiciones de trabajo, se reducen los jornales, aumentan las jornadas, se los persigue, etc. ¿Qué significa esta coincidencia en el fondo de los partidos políticos, sean de derechas o sean de izquierdas? Significa que el régimen de partidos es incapaz de organizar un sistema económico que ponga a cubierto a la masa popular de estas angustias; que tanto unos partidos como otros están al servicio del sistema capitalista.

    El autor no es necesario.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El problema es que no existe alternativa al sistema de partidos, salvo el partido único del comunismo o el populismo o el fascismo. Y realmente uno se estremece que todo el poder esté en una sola mano. No sé si existe otra posibilidad. Al menos no ha sido descubierta todavía. Hay países que viven muy bien como Suiza, que tienen un sistema de referéndums que les permite votar sobre los asuntos que competen a la ciudadanía. Aquí ya sabemo qué pasa con los referéndums. Es totalmente cierto que derecha e izquierda están al servicio del sistema capitalista, de las leyes del mercado y los flujos financieros. Pero ¿dónde está la solución? Yo no la tengo por supuesto, pero soy consciente de lo que planteas.

      Eliminar
  17. Joselu, qué reflexión tan intensa nos ofreces... Plantea más preguntas que soluciones, estamos instalados en la duda constante porque nada nos parece ya firme y asentado. ¿De qué podemos estar seguros? ¿En qué creemos realmente? ¿Qué es ser de izquierdas o de derechas? Toda la oferta política actual parece un gazpacho infumable sin ideas, ni buenas ni malas, simplemente no existen, todos parecen vendidos al mejor postor, al poder económico. Las reacciones a los sucesos más graves (espionaje americano, corrupción, la muerte de esos subsaharianos...)son tibias e insustanciales, no sé si por miedo, por prudencia o por vergüenza. Si dijera que ya no quedan ideales, ¿qué entenderían los demás? ¿Qué entiendo yo? ¿Qué defiendo? Da igual lo que piense: llegado el momento de votar, nadie me satisface. ¿Voto en blanco? ¿No voto? ¿Cómo hacer llegar a esos políticos ineptos mi rechazo, mi protesta? No escuchan, no ven, van a lo suyo: tú más que yo, pues anda que tú, las arcas estaban vacías, hay que trabajar más y ganar menos, hay que sacrificarse... bla, bla, bla... No hay mensajes, no hay contenido en sus discursos. Me canso de pensar porque me deprimo y no sirve de nada. No puedo huir de la realidad, me rodea, me persigue. ¿Tengo mala conciencia de mí misma? Es posible. Ni siquiera estoy segura de hacer lo correcto con mis alumnos. Siempre he defendido la enseñanza pública, como la sanidad, a sabiendas de que tiene muchísimos fallos, pero los ejemplos que conozco de la concertada o de la privada no me convencen en absoluto. Falla el sistema, fallan las personas. En un mundo utópico todo se haría como está mandado sin que mandara nadie, como canta Serrat, pero es eso, una utopía, y lo que vivimos es una realidad plagada de recibos que hay que pagar, hipotecas, comida, gasolina, calefacción... todo gravado además con un IVA abusivo cada día peor gestionado, como el resto de los impuestos. Con este panorama, ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos pensar? ¿Hay sitio y tiempo para la reflexión, para la conciencia? No, y es lo que más necesitamos, pero no nosotros, los que dirigen el cotarro, que no somos ni tú ni yo. ¿Dónde están las mentes lúcidas? Hoy es Noche de Difuntos, y el primer difunto es la inteligencia, el sentido común, la honradez... No hay salida, no a corto plazo, desde luego.
    Un fuerte abrazo, colega.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pertecemos a un mundo y a un sistema económico capitalista. No sé si es bueno o es malo. El capitalismo ha traído prosperidad a una buena parte del mundo. El comunismo no fue un buen sistema. Hemos de reconocerlo. En los países en los que se implantó imperó el totalitarismo y la falta de libertad. Aquí parece que tenemos libertad, aunque estamos totalmente controlados. Y el sistema capitalista está queriendo adelgazar y nosotros somos la grasa sobrante. Lo público es la grasa sobrante como decía el otro día Juan José Millás. Lo que está pasando se nos escapa a ti y a mí, que somos pálidos monigotes en la estructura del sistema. Pero en nuestro mundo, por injusto que sea, todavía hay alguna perspectiva de no morir de hambre, hay todavía unos resquicios de protección social, aunque cada vez menos. Sin embargo los inmigrantes que dejan la vida en el intento de llegar hasta aquí no tienen nada, solo su vida. Los miramos con compasión culpable, porque a la vez que los compadecemos sabemos que no deben llegar hasta aquí, que no queremos que lleguen hasta aquí, que nuestro mundo no puede acoger a todo el continente africano que se hunde en la desesperación. Tenemos una boca grande y una boca pequeña. Con la boca grande decimos grandes cosas pero con la boca pequeña decimos otras. Nuestro mundo es injusto y frágil especialmente en lo público, pero ofrece alguna protección todavía. No, no hay salida y nuestras contradicciones son palpables y candentes. El sistema logístico del capitalismo tiene unos vectores y nosotros somos solo meras piezas minúsculas en medio de su funcionamiento, pero piezas al fin y al cabo. Los valores progresistas están en crisis en esta debacle moral que nos aqueja. Querríamos ser buenos y justos y sentir satisfacción delante de nuestra conciencia pero yo no logro que sea así.


      Un fuerte abrazo, colega. Gracias por hacerte presente.

      Eliminar
  18. Seré breve Joselu: Tras tu post sólo se me ocurre decirte aquello que como un aforismo solía decirme mi padre cuando me veía en mi juventud ser demasiado agresivo en mis convicciones: "Solo el necio afirma; el sabio, duda"

    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, MIguel, por tu presencia. Tuviste un buen padre que te enseñó profundamente y llenó tu alma de buenas y sabias vibraciones que te sirven en estos momentos de incertidumbre y te ayudan a ser feliz con lo poco.


      Un abrazo, también fuerte.

      Eliminar
  19. Sólo te dejo un poema que en algo me asiste en entender esas brumas del pensamiento que no me son ajenas y un link a un artículo que se publicó en el periódico argentino La Nación y que, debido a la censura que ha golpeado a mi blog, no deseo compartir desde allí, porque también experimento un severo agotamiento moral viviendo aquí:

    The Veteran by Dorothy Parker

    When I was young and bold and strong,
    Oh, right was right, and wrong was wrong!
    My plume on high, my flag unfurled,
    I rode away to right the world.
    “Come out, you dogs, and fight!” said I,
    And wept there was but once to die.

    But I am old; and good and bad
    Are woven in a crazy plaid.

    Mi modesta e imperfecta traducción:

    Cuando era joven y valiente y fuerte,
    ¡Ay! ¡Lo que estaba bien estaba bien,
    y lo que estaba mal estaba mal!
    Mi pluma en alto, mi bandera desplegada,
    Partí a enderezar al mundo.
    "Salid, perros, luchad!", dije,
    Y lloré por sólo poder morir una vez.

    Pero estoy viejo; y el bien y el mal
    Se entretejen en un loco entramado.

    Artículo de Marcos Aguinis: Un creciente agotamiento moral

    Un abrazo.

    Fer

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El comentario que hay debajo es también para ti. He leído el artículo que reseñas de Marcos Aguinis y me ha abierto perspectivas sobre tu país desde dentro del mismo, y no desde la distancia como lo suelo observar. Un abrazo.

      Eliminar
  20. Un lúcido poema, que además de agudo es hermoso. Admiro a los intelectuales que se mantienen en ese pensamiento de juventud, pese a ser mayores. Me refiero a José Saramago, a Mario Benedetti, a José Luis Sampedro, a Stephan Hessel.... Sin duda la edad te va haciendo relativizar todo y se llega a un escepticismo demoledor. Quizás la potencia de ese escepticismo va en consonacnia con la de los años jóvenes enque se creyó en tantas cosas... que luego se vieron irrealizables e imposibles. Vivimos un mundo en que las utopias parecen haber muerto. Yo no las veo en mis alumnos de dieciséis o diecisiete años. Quieren un mundo práctico, que les sirva para tener una familia tal vez, y tener trabajo. Hoy día esta es la mayor de las utopías: tener trabajo. Raras son las luchas que vayan más allá. Quizás son jóvenes todavía y tienen que despertar. Hay algunos que lo hacen. Entretanto, los que fuimos hace tiempo banderas desplegadas y tuvimos ansias de revolución, nos quedamos arrinconados sintiéndonos cada vez más conservadores, incapaces de creer ya en las utopías, ni en mundos mejores. Esto me duele, Mari Paz. El mundo y la vida se han hecho concretos y cada vez menos poéticos. O tal vez sea yo. Seguramente sea yo.

    Un hermoso poema. Gracias.

    ResponderEliminar
  21. Te diría bienvenido a la decepción pero eso supondría que yo he llegado antes a ella y por lo tanto al ser más veterano tendría alguna ventaja sobre ti.
    No es cierto, no hay ventajas en comprobar que no te llega el traje que te venden en el supermercado de las ideologías. Que te queda corto en las mangas o que te queda bajo de cuello. No hay placer en saber que apenas hay sastres que te puedan hacer un traje a medida y que eso te obliga a estar en lucha permanente entre las ideas adquiridas y tus sensaciones interiores. Porque en el fondo todos queremos ser parte de un grupo que nos acepte y con el que podamos comulgar pero un día te das cuenta que a lo mejor solo eres un pobre lobo estepario, como el de Hermann Hesse y no soportas los aullidos de ninguna camada.
    Es dura la soledad pero tras observarte en el espejo y ver que no eres un bicho puedes pasar a la fase de la elevación solitaria, de solo ante el peligro y de llanero solitario. Y en realidad todos sabemos que nuestros héroes queridos siempre están solos.
    No existe esa moral progresista de la que tanto cuesta desprenderse. En realidad se trata de un burdo catecismo de verdades incuestionables, no mejor que el célebre del padre Ripalda, que uno puede dejara atrás sin peligro, a poco que se lo proponga.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es de ahora esta sensación, Dr. Krapp, es el fruto de una evolución largamente madurada, pero es la primera vez que manifiesto públicamente mi desconcierto. Uno se enfrenta continuamente a disyuntivas de ideas o circunstancias ante las que se puede mostrar indiferente, como tal vez hacen muchos, o se para a reflexionarlas y entonces surge la disintonía con las verdades reveladas. No son un tema o dos, son muchos en los que me siento lejos de lo que se supone que debería ser una postura progresista. Y me hallo sin referentes válidos. No sé si eso es ser un lobo estepario o simplemente hacerse conservador, sin gustarle a uno los conservadores. Es hallarse al otro lado y no saber por qué. pero uno advierte que es lo que sale de uno. Es duro observar que uno evoluciona en dirección contraria a lo que han sido los años de formación intelectual. Todo ello me sume en el desconsuelo y la zozobra.

      Eliminar

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...