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miércoles, 24 de abril de 2013

De la evaluación como acto político



Sé que se han escrito decenas de libros sobre el hecho de evaluar, sobre la evaluación como parte de un proceso pedagógico. Y me doy cuenta de que todo lo que nos enseñan los libros no remedia nuestra confusión real ante el hecho de tener que evaluar a alumnos reales en un tiempo concreto.

Nunca he sido un profesor que suspendiera mucho, a lo sumo un 25 por ciento a final de ciclo o curso. Tal vez menos. En esta actitud hay mucho de resignación ante la realidad. No es lo mismo dar clase en un colegio de la zona alta de Barcelona, con alumnos con alto nivel adquisitivo que se van de viaje de estudios a Boston  y Nueva York y en cuyas vidas naturalmente existen las bibliotecas, los viajes internacionales, el teatro, el cine, la música, los idiomas... y una familia que está delineando cuidadosamente el futuro del hijo para el que ya se está haciendo un hueco en la élite... que dar clases en un instituto de un barrio periférico en que domina la inmigración y los más graves problemas sociales...

Esto es algo de cajón, porque no pretendemos lo mismo con la evaluación, y no hay libro teórico que considere el factor de clase social como formante importante de este proceso.

Los profesores más dignos que conozco, entienden que nuestra función social más relevante en entornos deteriorados es sacar a muchachos del hoyo en que están hundidos, sin viajes a Boston, sin cultura de élite, sin viajes internacionales que no sean lo que provienen de su movilidad geográfica en busca de mejores horizontes.

¿Qué papel juega la evaluación en un contexto difícil? Es complejo crear una teoría al respecto, pero entiendo que la evaluación debe tener en cuenta el trabajo, la voluntad, el tesón, el esmero, la actitud... tanto o más que los resultados objetivos en pruebas de nivel y con los que puede haber una contradicción importante. A veces no, ciertamente. A veces se aúnan el trabajo y los resultados, pero esto en el contexto en que me muevo es muy raro. Tenemos que tener en cuenta muchas variables que terminan favoreciendo al alumno. No podemos ser taxativos en cuanto a la exigencia y terminamos por relativizar los resultados de las pruebas de nivel. Es como si la evaluación jugara un papel de reequilibrio social, y que nuestra misión efectivamente fuera la de reequilibradores de la desigualdad.

Hoy en una reunión se nos pedía coherencia entre nuestras notas y los resultados de las pruebas de Competencias Básicas de las que hablaba el otro día. Si yo fuera a tener en cuenta dichas competencias, estarían suspendidos el noventa por ciento o más; si yo fuera a tener en cuenta la realidad de mis alumnos, el nivel de suspensos sería equivalente a lo que he mencionado, un noventa por ciento que no debería promocionar el curso.

Pero esto no debe ser así. Hemos de introducir criterios correctores y relativizadores, así como moderar expectativas siendo conscientes de dónde estamos y sobre todo por qué estamos allí, para qué estamos allí, cuya respuesta es la que he enunciado arriba: para sacar, para intentar sacar, a muchachos del hoyo social en que están, y nuestra evaluación es en gran manera política y no solo intelectual dado que nosotros damos clase a muchachos seleccionados socialmente, destinados al fracaso, que tienen cartas marcadas, que son como sostenía Toni Solano, “juguetes rotos”.

No sé si nos equivocamos. Estas consideraciones vamos a llamarles benévolas han solido acompañarles desde bien pequeños, y han pasado con escaso esfuerzo, con mínima preparación intelectual, y arrastran un desfase entre la edad y los conocimientos que se les deberían suponer. Tal vez esa consideración favorable ante la desigualdad les haga más frágiles y dependientes, menos preparados para el futuro. No sé. Evaluar es un proceso muy complejo, el más complejo del profesor y debe introducir en él, criterios que ayuden a la promoción y no subrayen el fracaso social de que se parte.

Tal vez se genera una pedagogía de la precariedad... cuyo alcance es incierto, tal vez se refuerza la dependencia con estos criterios correctores favorables, tal vez les estamos haciendo creer que el mundo funciona así y viven estos años engañados y esperando tal vez un mundo en consonancia con nuestra pedagogía y nuestra evaluación.

Pero que no se engañe nadie, no. Evaluar es un acto político además de pedagógico. Más de lo primero que de lo segundo. 

26 comentarios :

  1. Evidentemente hay que tener en cuenta el contexto para evaluar y si el objetivo fuera adecuarse a las pruebas externas no tendríamos que poner notas nosotros, sino pasarles el examen, sin considerar actitud, dificultades, proceso y otras variables que nos rompen la cabeza a la hora de poner notas.

    Pero ello no quiere decir rebajar sin más el nivel. Hay que ir exigiendo poco a poco, subir el ritmo de manera que se esfuercen y aprendan incluso los de peores entornos, tener en cuenta lo que les rodea no significa solamente regalarles los aprobados, sino pensar en evaluar cosas que en los entornos de élite no se piensan siquiera. Pero a partir de ahí ser exigentes, justamente como acto político, para tratar de integrarlos en la medida de lo posible y no condenarlos al gueto en el que nacieron, la educación debe ser un camino para salir de allí, al menos para algunos. De hecho si nos conformamos simplemente con ponerles más nota estamos contribuyendo a ese gueto, porque su título vale menos, o nada. El equilibrio entre ambos extremos (las rebajas y considerar lo que ocurre en casa) es lo dfícil.

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    1. Tus reflexiones, unidas a las de otros profesores, dan idea al externo a este mundo de la complejidad del hecho de evaluar.

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  2. Si me pongo en su lugar, teniendo en cuenta con el ambiente que tiene que lidiar, sinceramente ... No sabría que hacer.
    Visto desde una perspectiva lejana entiendo que la evaluación tiene como fin ver hasta que punto un alumno ha asimilado unos conocimientos. No creo -desde ese punto de vista- que si un alumno no ha asimilado unos conocimientos sea aprobado. Creo que no es ético ni para la sociedad, ni para el alumno.
    Compre ndo que eso le puede sacar del hoyo pero para el contribuyente no me parece correcto.
    Pero esto es fácil decirlo si uno no esta " toreando".
    Entindo que la formacion a cualquier nivel pretende eso, formar. Aquí no es así. El objetivo es que el alumno tenga un título, aunque no sepa nada y eso no muy a largo plazo es nefasto para una sociedad y para los que obtienen el título también
    Pero es fácil criticarlo por mi parte. Las personas que como Ud. Se enfrentan dia a dia con estas circunstancias tienen para mi toda mi admiración y lamento que su entrega y dedicación no se pueda compensar con la satisfacción de ver como sus alumnos aprenden en razón directa a su dedicación
    Un entrańabla saludo
    j

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    1. Gracias por su intervención, Unsui, y sí ciertamente no es nada fácil evaluar porque es un proceso en que entran factores radicalmente subjetivos y no objetivos cuyo peso es relativo y circunstancial. La idea de que una evaluación debe medir si se han asimilado unos conocimientos es la clásica y la que rige el sentido común, pero si sigue el debate aquí plantado se dará cuenta de que es infinitamente más complejo que todo eso.

      Le pongo un ejemplo. Unos alumnos de primero de ESO no superan en un 50 o 60 por ciento el nivel mínimo exigido. Deberían suspender y repetir. Eso no es posible en ningún caso por infinitas razones y lo habitual es que pasen todos aunque les hayan quedado siete u ocho materias. Está extendida la consideración de que la repetición no hace mejorar a estos alumnos y sí los enquista en un mundo crecientemente conflictivo cara a los nuevos alumnos que lleguen a primero de ESO. Ergo, pasan de curso, y así sucesivamente. Un cordial saludo.

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    2. Es efectivamente complejo y supongo que para Uds. que lo viven desde dentro aún más.
      Pero visto desde fuera,que siempre es más fácil, el sistema educativo entonces es nefasto.
      Me surgen preguntas como ¿ si las materias que se dan no son mínimamente absorbidas por los alumnos, para que se dan? ¿La incultura manifiesta que con la que salen del sistema educativo los alumnos y que favorece el sistema,no será una lacra para su futuro?
      Da la sensación de que los alumnos son como las papillas de contraste en las radiografías: entran, pasan por el tubo digestivo y se excretan.
      Me parece triste, inútil y caro. Me imaginos que además para Uds. debe ser además deprimente.
      Un abrazo
      j

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    3. Sin duda es complejo y en muchos sentidos deprimente el hecho de saber y ser conscientes de que el noventa por ciento de la información que damos es perdida y no tiene aprovechamiento alguno… El sistema educativo los digiere y excreta a la sociedad como si apenas hubieran pasado por él. Es cierto. Por eso, de las mayores virtudes del profesor son el sentido de la realidad y, por supuesto, la paciencia y la capacidad de afrontar la adversidad sin hundirse. Un abrazo.

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  3. Otro dislate más de nuestro actual sistema educativo... La simple palabra "evaluar" tienen varios significados, y no todos los maestros entendemos lo mismo al utilizarla. No nos ponemos de acuerdo en qué y cómo evaluar: a mí me preocupa la ortografía, otro sólo mira los resultados de los controles, otros se fijan en el comportamiento... Dentro de nada tenemos que aprobar unos criterios de evaluación basados en tantos por ciento, al estilo de los utilizados en el IES y en muchos colegios: 60% controles, 15% deberes, 15% trabajos, 10% actitud... o algo así. O sea, que tendremos que pasarnos horas calculadora en mano para hallar la dichosa nota. Y todo para justificarnos delante de los padres por si a alguno se le ocurre cuestionar la nota de su nene. Los inspectores nos machacan con eso, sólo quieren papeles y más papeles, proyectos de mejora, programaciones... Qué manía, por dios... Siempre prestan oído a los padres en caso de queja (a mí me lo van a contar...)y dicen que si lo tenemos por escrito en la PGA y demás no hay nada que temer, pero no es cierto, si alguien tiene ganas de buscarnos las vueltas lo acaba consiguiendo. Pocos entienden qué pretendemos al poner suficiente o notable. La mayoría esgrimen argumentos de lo más peregrino y tratan de justificar lo injustificable. No quieren entender que aprobar sin esfuerzo es un engaño considerable, un fraude que tarde o temprano pasa factura, y gorda. Anda que no he dado yo "aprobados terapéuticos", auténticos regalos a chavales que no lo merecían pero que lo necesitaban, o lo necesitaba yo para no tener problemas, todo hay que decirlo. Unos lo aprovecharon y otros lo tiraron por la borda, pero mi intención era buena. Una colega dice muchas veces "ya le suspenderá la vida", y así es. Cuando el batacazo es de órdago se dan cuenta del engaño, pero ya no es asunto mío. Y, como te decía el otro día, hoy es imposible evaluar objetivamente: si eres riguroso, te llueven las críticas; si abres mucho la mano, te acusan de bajar los niveles. ¿En qué quedamos? Deberíamos poder hacer lo que hacen con las pruebas de inglés: si les exigen presentarse al nivel 4 pero no están preparados les apuntan al 2, aprueban, y a otra cosa, mariposa. ¿Resultado? 100% de aprobados, toma del frasco, Carrasco. Éxito completo del programa bilingüe. ¿A quién le importa la verdad? A nadie. Unos pocos seguimos empeñados en evaluar lo más objetivamente posible, pero cada vez estamos más solos. Todo ha cambiado sin que nadie nos haya preparado para ello. No se puede hacer repetir a la mitad de una clase, así que nos buscamos mil y un resortes para cumplir con las estadísticas políticamente correctas. Y suma y sigue, porque esto no tiene arreglo. El único consuelo que tenemos es que nuestro máximo interés es beneficiar a los alumnos, aunque no todos lo entiendan. Y es tan cansado intentar dialogar con cenutrios ignorantes y prepotentes...
    Un fuerte abrazo, colega.

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    1. Tu intervención, Yolanda, es representativa del estado de opinión y de ánimo de muchos, muchísimos, profesores, incluido yo. Muchas veces nos interrogamos sobre el porqué nos llegan tantos chavales de las escuelas de primaria que no alcanzan un nivel de ciclo medio o incluso de ciclo inicial… y en tus reflexiones está la respuesta. Estáis tan prisioneros del sistema como los profesores de secundaria. Es evidente que no se puede hace suspender a toda una clase ni al sesenta por ciento aunque sea cierto que no tienen el nivel mínimo. ¿Entonces? Ya sabemos, hay que justificar ante la comunidad educativa y ante nosotros mismos algún mecanismo que ayude a hacer comprensible lo que no tiene sentido. Esto se extiende a la secundaria, cada vez más al bachillerato que no es más que una extensión de la secundaria, y a la universidad donde se intentan dar clases casi de secundaria para los futuros licenciados y nuevos profesionales. Dicen que ahora se dan las generaciones mejor preparadas, pero dudo que esto sea cierto. O lo que yo observo son espejismos y nada de lo que yo veo cada día es cierto. Y sí, Yolanda, la principal cualidad del profesor es la prudencia, y la capacidad de hacer real lo que es radicalmente contradictorio y absurdo.

      Un abrazo.

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  4. Llegó tarde al debate de las competencias básicas, pero en la evaluación que hacen los inspectores apenas preguntan por las "condiciones de vida básicas" de los alumnos, sino que se mueven por los "indicadores" como si hablásemos de alumnos en serie, sin distinciones. En las estadísticas es imposible que aparezca la desviación que supone tener una "mala hornada" de alumnos; y los demoscópicos son ciegos para realidades que en nuestra trabajo diario son determinantes, como la incapacidad de expresión de chiquillos a los que se les está hablando todo el día en catalán sin que dominen ni siquiera los rudimentos del idioma, ni los del castellano, salvo los inmigrantes iberoamericanos, o como su indolencia, su apatía, su desinterés total por el mundo del pensamiento, del estudio, del esfuerzo. A más de una inspectora la metía yo en una de mis clases para que me enseñara esos métodos prodigiosos con los que sacaría rendimiento de todos y cada uno de esos alumnos cuya semblanza académica acabo de dibujar; estoy dispuesto a asistir, tomar notas y después aplicar las famosas recetas mágicas que, sin embargo, nadie parece dispuesto a ofrecértelas. Totalmente de acuerdo, Joselu, nuestras evaluaciones son políticas, y han de serlo. No se trata ya del viejo "ya los suspenderá la vida" de antaño, sino de la posibilidad de hacer un ciclo de formación profesional que les permita tener un oficio. Y bien sabrán quienes nos lean que toda Cataluña está llena de juntas de evaluación cuyos aprobados disfrazan el auténtico fracaso escolar, que debe de rondar el 50%, si no más. Hay una manera muy sencilla de demostrarlo. Encárgueseles a unos profesores que hagan una prueba final sobre la programación establecida por la Generalitat para cada curso y materia , y que pasen el examen de forma externa a los centros donde se haga la prueba. Más sencillo. Tomemos como ejemplo ese disparate de la Literatura de 1º d Bachillerato: toda la Literatura, desde Berceo hasta Javier Marías. Hágase el examen y pásese, dejando de lado las circunstancias de cada centro, si han dado o no toda la materia, cómo son y de dónde vienen los alumnos, etc. ¿A que no es difícil imaginar los rsultados?
    Un aprobado ha de garantizar la posesión de unos conocimientos y de unas habilidades intelectuales. De otro modo, la política se mete por medio y se dedica a poner parches, pero no a transformar la realidad.

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    1. Se dice, Juan Poz, que el nivel de fracaso de la ESO es de un treinta por ciento referido a alumnos que no promocionan. Esa es una estimación enormemente positiva porque la realidad real sería que sin los criterios políticos correctivos de los que hablamos el índice de fracaso sería del sesenta por ciento o más. Este treinta por ciento que aprueba sin merecerlo es bien bien por criterios abiertamente políticos. A veces me interrogo por los resultados de Finlandia y los comparo con los de España y me vienen sospechas de que tal vez genéticamente nuestra población sea insatisfactoria intelectualmente o que se ha pergeñado un sistema demoledoramente propiciador de la mediocridad que se ha extendido y permeado toda la sociedad y especialmente el mundo educativo.

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  5. Uf!! Menudo lío. ¿Qué quieres que te diga? Yo a lo más que llego es a pelearme con mi crío que está en plena adolescencia con la modorra en plenitud, como la primavera y sin estar en un ambiente como el que describes está como diría, ausente. Entiendo tu postura y la comparto. Y entiendo que son Carne de Cañón. Aquí tenemos ahora la prueba palpable de lo que hablas con la tontuna de la ESO de los 1000€ que no han aprobado ni el 10%. Tal vez les hemos fallado en mostrarles la realidad, no sé, pero ellos son ya lo suficientemente mayores como para comprender, si no hoy, si mañana, que la sociedad es la que es y que si quieres algo lo tienes que pelear, que el sueño del dorado se desplomó como un castillo de naipes y que hasta para barrer las calles o para descargar un camión te exigen unos conocimientos imprescindibles. Bueno, últimamente sólo exigen que se acepte un salario de miseria. No sé Joselu, tal vez si les explicases esto mismo en clase comprenderían y se esforzarían más. El explicarles que lo que tu haces también es o sobre todo es un acto político y no sólo académico les abriría los ojos. No sé esta sociedad a logrado que todo sea confuso. Y a río revuelto...

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    1. Todo eso y más se les explica en clase, pero en una etapa de eclosión de hormonas apenas queda espacio para las neuronas.

      Por otro lado, por la EPA sabemos que el índice de paro de los jóvenes es del 57% lo que nos da idea de la terrorífica realidad a que se enfrentan nuestros alumnos. Y una de las consideraciones evidentes es que el nivel de estudios no garantiza una mayor facilidad de colocación. De todos es sabido que muchos han de censurar sus curriculums, retirando estudios o títulos, para obtener puestos de trabajo elementales.

      Yo tengo que decirles que estudien, que así se labran un futuro, pero lo cierto es que no es así.

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  6. Yo solo suspendo a aquellos que se toman el pelo a sí mismos. No sé si evaluar es un acto politico: sí sé que es un acto ciudadano antes que profesional. Y no tiene por qué condicionar una calificación.

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  7. Políticamente se quiere carne de cañón, borregos, gente MTV. Yo que soy trabajador de la pública, por ideales y por convicción he llevado a mi hijo a hacer la ESO a un Instituto público. Lamentablemente despúes de aguantarlo pacientmente durante 1º y 2º de ESO en el insti me he visto obligado a llevarlo a un centro privado. La axfisia de la Generalitat a sus centros, la política de substituciones, el café para todos han podido al final conmigo y ahí va mi hijo el próximo curso en un colegio de curas y mi hija que la sigo llevando a una pública que funciona muy bien en primaria ni siquiera pisará el instituto.
    ES muy triste para mí, pero es así. Ellos lo quieren así (los fachas) y como tienen el poder lo están consiguiendo: hundir la enseñanza pública secundaria allí donde puedan.

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    1. A la educación pública le ha tocado bailar con la más fea como popularmente se dice. Tiene que atender a los segmentos más frágiles de la sociedad, aquellos que no pueden elegir un colegio donde se seleccione al alumnado por circunstancias sociales. Las sucesivas reformas educativas desde la LOGSE han llevado a este callejón sin salida a la educación pública, eso unido a la política de subvenciones de la privada concertada que aprobó nuestro ínclito Felipe González para no vérselas con la Iglesia. El resultado es el que vemos: quien puede elige unas circunstancias educativas favorables para sus hijos sea por nivel pedagógico, entorno social, o motivación. No debería existir la enseñanza concertada. Fue un crimen educativo perpetrado por la izquierda. El que quiera un centro privado, genial, que lo pague íntegramente. No censuro en absoluto tu elección y la entiendo… pero me gustaría saber que pasaría si en este país como en Finlandia fuera un 90 o 95 % de la población escolar a la escuela pública, incluidos los hijos de nuestros políticos. Tal vez entonces la tratarian mejor. Ahora está hundida y a todo lo que llevaba se han unido los recorrtes en educación que afectan a las plantillas, a las sustituciones, etc. Lamentable.

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  8. Yo concuerdo contigo aunque sí tengo alumnos de familias adineradas que hacen viajes a Boston o a Europa.

    La evaluación, en definitiva y por más que teoricemos horas enteras sobre ella, es un juicio de valor. Se ha tratado de mil formas de objetivizarla, pero evaluar es un acto necesariamente subjetivo: es menester medir el esfuerzo, lo que trae el alumno cuando llega al curso y lo que se lleva de él, lo que pone de sí y lo que no da de sí, y eso sólo lo puede hacer el profesor, el ser humano que sigue todo el proceso. Y si pretenden otra cosa que pongan máquinas a enseñar y a evaluar, como en la ficción de Asimov.

    Y ni hablar de las consecuencias de este juicio para tus alumnos, ya que desaprobarlos significa dejarlos en el hoyo, como bien dices, no así en el caso de los míos, que ya tienen como herencia un buen porvenir, estudien o no, y a quienes, si no sacan la nota que sus padres esperan, a lo sumo se les privará de jugar computadora, se les hará esperar por el iPad o el iPhone de última generación que quieren aunque ya tengan uno un poco menos sofisticado, que no les hace café, como suelo decirles irónicamente para rogarles que apaguen tremendos aparatos en clase, o no se les permitirá ir a alguna fiesta ostentosa de las tantas que tienen, tomar las llaves del autazo de papá o hacer algún otro viaje que tienen en vista.

    Cuando yo desapruebo alumnos, sé positivamente que no les hace mella. Con pagar el refuerzo que se les da en febrero para el examen recuperatorio y la matrícula para el año siguiente, ya tienen asegurada su continuidad en el instituto, porque lamentablemente la educación privada es un comercio altamente rentable para quienes lo manejan, no así para nosotros,los profes, que somos mano de obra barata en este paradigma, y se prioriza su rentabilidad antes que la calidad educativa impartida. Es bochornoso, pero es así, desgraciadamente.

    Sí que evaluar es un acto político y los políticos que tenemos como ministros de educación bien lo saben: por eso tantas reformas educativas y controles evaluativos sobre docentes y alumnos.

    Se te pide coherencia. Pues a mí me parece que estás siendo muy coherente, no facilista. Estás verdaderamente educando a seres, contemplando todo el panorama frente a tí y en el cual debes involucrarte humanamente, no interfiriendo en el devenir de sus vidas con una calificación o un concepto que les puede abrir o cerrar puertas que les permitan o les impidan cierta movilidad social, si es que algo como eso existe aún hoy.

    Un beso.

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    1. ¿"Desaprobarlos"! ¡Pero esto es auténtico lenguaje orwelliano! ¿Cómo se puede desaprobar a alguien que SUSPENDE, que no llega al aprobado? Desaprobar es quitarle a alguien el aprobado, y nada más. ¡Dios nos pille confesados! ¿Quién escribirá "La corte de los milagros" de nuestro sistema educativo...?

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    2. Perdón, aquí en Argentina decimos así, "aprobado" o "desaprobado". Seremos Orwellianos entonces, Juan.

      Para nosotros un alumno "suspendido" es un alumno castigado que no asiste a clase por varios días por haber cometido una falta disciplinaria grave, aunque para ellos suele ser una fiesta quedar "suspendidos".

      En la tierra de Orwell es igual que aquí: "Pass" o "Failed". Una "suspension" en inglés es una medida disciplinaria igual que en mi tierra.

      De todos modos, volví para aclarar un punto ya que no quisiera que se malinterprete sobre mi visión de mis alumnos.

      No me gusta esa concepción maniqueísta según la cual todos la que la tienen dura son buenos y todos lo que la tienen más fácil son malos. Es decir, que los pobres y marginados son todos buenos y los adinerados que viajan por el mundo son todos abominables.

      Tengo alumnos que provienen de familias de dinero, son personas encantadoras a quienes quiero profundamente y aprovechan todas y cada una de las oportunidades educativas que se les brindan y además las valoran y las agradecen. A quienes no lo hacen, tengo como misión intentar mostrarles lo afortunados que son, lo que les sucede a tantos otros y a ellos no e incentivarlos para que le saquen el jugo a lo que se les da al máximo.

      De no aclarar este punto, parecería que mi labor docente no está alimentada por una verdadera vocación de enseñar y que subyace un cierto resentimiento de clase, que no es el caso. Pero puede hacerse esta lectura cuando una generaliza.

      Además de enseñar inglés y todo lo que viene culturalmente del aprendizaje de una lengua extranjera, como el privilegio y el placer de leer a Orwell sin traductor de por medio como haré este año con uno de mis grupos, intento mostrarles a quienes no las valoran, lo mucho que valen todas las posibilidades educativas que tienen a su alcance.

      Gracias y un saludo.

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    3. Fernanda, gracias por tus comentarios e intervenciones, y disculpa por la tardanza en contestar que tiene que ver con mi actividad académica. Sin duda, los dos somos profesores pero estamos en circunstancias radicalmente diferentes. Yo estoy con la base de la sociedad en un barrio de inmigración con muchachos de calle, sin hábitos, sin posibilidad o voluntad de comprarse libros de lectura o de texto, sin bibliotecas, sin viajes de estudios… y tú estás con el otro lado de la realidad que implica a muchachos que tienen todo, que pueden viajar, que pueden comprar los libros y que tienen unas posibilidades sociales que los míos no sospechan. En algún sentido, me siento frustrado por los límites de mi actuación, pero me doy cuenta de que el otro lado de la realidad no es necesariamente deseable. Imagino el menosprecio con que deben de mirar esos cachorros de la burguesía bonaerense a los docentes que deben de ser poco menos que sus asalariados, y soy consciente de las presiones que debe de haber cara a los aprobados teniendo en cuenta de quién es quién en la escuela.
      He trabajado en algún colegio privado hace mucho tiempo y me di cuenta de que importaba y mucho la realidad social de mis alumnos. No tiene que ser tampoco fácil tu cometido. Nivel social no va unido a inquietudes intelectuales, humanas o sociales en una sociedad que ha abandonado valores fundamentales sustituyéndolos por los más mediáticos. Tanto en Argentina como en España. Tienes por delante una difícil misión, Fer, nada sencilla. Estamos en segmentos humanos y sociales antitéticos. Un abrazo.

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  9. Perdón de nuevo: este lo tengo que eliminar debido a que hay información que se me exige sea "Strictly Confidential" y ya saben: "Big Brother is watching you"... and me too.

    Siempre es un placer participar en este espacio.

    Buen fin de semana para todos.

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  10. Yo, lo confieso, lo paso mal cada trimestre cuando tengo que evaluar a mis alumnos y alumnas. Y es que yo considero que una evaluación es algo integral, algo que, al ser integral, tiene que tener en cuenta, a parte de los conocimientos específicos de la materia, también la calidad de la persona que estoy evaluando. Y, claro, miro los exámenes, y las libretas, y los deberes, y los trabajos... y luego, como decía, miro también su personalidad (cúmulo de circunstancias, desde las genéticas, hasta las sociales y familiares) y lo que dicha personalidad es capaz de alcanzar por lo que a los niveles mínimos se refiere. Y claro, también está la actitud ante la asignatura y ante mí, el profesor. Y de todo ello tengo que sacar un dígito que ilustrará el rendimiento del alumno. Esto es muy difícil. Pero, yo, fíjate, Joselu, tengo la costumbre de ver las cosas con optimismo, y por eso, apruebo a más del setenta u ochenta por ciento normalmente. Y es que me cuesta mucho no ver las cosas positivas de mis alumnos.

    Un abrazo.

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    1. La evaluación es un acto radicalmente subjetivo, como bien haces advertir con las consideraciones que introduces en ella. En todo caso, la estimación positiva es algo que es común a todos los profesores que impartimos la ESO. No podríamos ser de otra manera, salvo que quisiéramos vernos en problemas con la inspección. De ahí, aparte del temperamento optimista, el elevado nivel de aprobados que contrastan evidentemente con las pruebas de evaluación externa que no toman en consideración todo esa cúmulo de circunstancias personales y subjetivas, así como nuestro propio instintos de conservación. Un abrazo.

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  11. Cuando escribes un texto ¿no valoras su redacción?, ¿no valoras mi redacción (aunque sea inconscientemente) y estimas mi cultura relativa según escribo? (a mi y al resto que no conoces directamente).
    Todos valoramos los trabajos y las acciones, la enseñanza también debe valorarse. ¿Cuantos suspensos son necesarios o imprescindibles? ¿Si no suspendemos a nadie lo hacemos mejor?
    Quizas es que hay que cambiar toda la sociedad y eso luchando contra los aparatos del estado, es una labor ingente; aunque puede que necesaria...

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    1. No llego a tanto como plantearme luchar contra los aparatos del estado. Entrar en un aula es de hecho supone enfrentarse a la adversidad y la precariedad, y el profesor busca ser una pequeña luz en la niebla del desarraigo y la ignorancia.

      De todas maneras, no te puedes imaginar la pobreza expresiva de estos chavales. Manejan a lo sumo doscientas palabras en el mejor de los casos. Y el profesor ha de intentar mejorar esto, no sabiendo muchas veces cómo.

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  12. Evaluar es, como indica la palabra, considerar el valor de un alumno, pues se evalúa con nombre y apellidos. Por tanto, deberíamos evaluar el eje completo que rodea a ese nombre que evaluamos, es decir, convertir en valor numérico no solo el trabajo o los conocimientos de un alumno, sino todas las circunstancias que confluyen en él. Creo que esto es importante, porque al menos en la enseñanza obligatoria y presencial evaluamos a estudiantes a quienes estamos obligados a conocer (sus historiales son de acceso obligado y deberían ser tenidos en cuenta) y eso nos diferencia de la educación a distancia o de los exámenes de selectividad, por poner dos ejemplos. Me molesta mucho cuando oigo esos supuestos criterios de objetividad acerca del "trato igualitario" y de "pedir lo mismo a todos". No se puede evaluar así; como mucho puedes 'calificar' un trabajo o 'medir' unos conocimientos, pero no estás evaluando. Con esto, nos van a vender de nuevo la borrica, porque hasta ahora teníamos la oportunidad -y la obligación-, como dices tú, de medir a un alumno según sus capacidades y su esfuerzo ligados a unas circunstancias pesonales concretas, por encima de exigencias académicas intrínsecas, salvo el condicionante de la selectividad (a la que la mayoría de nuestros alumnos de ESO no llegarán jamás). Sin embargo, la introducción de las reválidas, obligará al docente a obviar esa evaluación personal y a centrarse en los ítems que se marquen como referencia. Volveremos una vez más a señalar con un dedo al pelotón de los torpes, esos alumnos que no tienen a una familia detrás que los apoye, que no cuentan con la confianza de nadie, que tienen por contexto una realidad que ninguno de nosotros quisiésemos ni siquiera conocer.

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    1. Ignoro cómo se implementará esta legislación que establece las citadas reválidas pero mucho me temo que, sin medidas correctoras o relativizadoras de sus resultados, la realidad que mostrarán será demoledora sobre todo en determinados sectores sociales, como los que estamos tú y yo. Tenemos una muestra en las llamadas Competencias Básicas de corrección externa que se aplican en Cataluña. Sin duda, se certificarán, como dices, centros que se hundirán en el fracaso, áreas urbanas condenadas a la pobreza académica a las que solo acudirán quienes no tengan otra opción. Los alumnos serán señalados pero también los profesores a los que se culpará de dicha debacle social y educativa.

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