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martes, 24 de enero de 2012

Probablemente la esperanza...



Probablemente la esperanza sea la virtud que ha de estar más equilibrada con otras en un profesor. Un profesor sin esperanza navega perdido por los mares de la educación. Un profesor ha de saber ver en esos muchachos desganados y que bostezan o que faltan a primeras horas de la mañana un signo de vitalidad que ha de ser sabiamente encauzado. Un profesor no puede -ni debe- aspirar a recibir de sus alumnos una dosis de confirmación de que está en el buen camino. No, el profesor puede no recibir ninguna señal externa por la que sepa que sus expectativas obtendrán un fruto. Puede que sus alumnos sean en buena parte apáticos, puede que estén inmersos en la montaña rusa de la adolescencia, en los equívocos espejos del narcisismo, de la desolación o del sentimentalismo sin objeto. Puede que todo lo que vea induzca estados de desesperanza, puede que él no pueda sentirse héroe o ni siquiera antihéroe... solo un trabajador esforzado que lucha contra la apatía y la desigualdad social, y que obtiene magros resultados...

Da igual. Lo importante es resistir. Continuar. Acechar.

Esperar. 

19 comentarios :

  1. Los que llevamos 30 años en esto , sabemos que nuestro esfuerzo sirve y, en general, es agradecido.
    Lo veo en la alegria y afecto de mis exalumnos de 30 y 40 años.
    No doubt about it, my friend.

    Por cierto el día que vayas a pasar por mi pueblo avísame unos días antes. Estás invitado.

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  2. ... mmm... pues no sé si será cuestión de esperanza. Yo es que vivo convencida de que todos tenemos un biólogo dentro y de que por mucho que quiera esconderse, está ahí ¡XD! Quien dice biólogo, dice geólogo, dice... alguien que quiere saber.

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  3. Como madre y educadora creo firmemente en que es la esperanza en el ser que se ha de desarrollar lo que mejor les hace a nuestros hijos y a nuestros almumnos.

    La esperanza en sus capacidades y el esperar a que lleguen a alcanzar las metas que les imponemos creyendo saber muy bien qué deberían ser capaces de hacer en cada etapa.

    Esto es mucho más fácil de decir que de hacer. La esperanza y el saber esperar no se enseñan en los profesorados ni se compran en forma de píldoras bajo receta médica. Pero son el mejor remedio para la apatía, el desgano, la desolación y el sentimentalismo que mencionas en tu reflexión de hoy, y que además compartimos con nuestros alumnos a menudo.

    Anoche leía a Erich Fromm, y decía que una buena madre es la que da leche y miel, leche en el sentido de alimento, cuidado y protección; y miel en el sentido de dulzura que alegra la vida y hace que sus hijos aprendan a amar la vida porque ella sabe hacerlo.

    Pero Fromm concluye que son pocas la madres que además de dar leche, dan miel.

    Creo que la analogía vale para los educadores. Hay que dar leche en forma de conocimientos, entrenamiento en habilidades y formación en valores; pero también hay que dar miel en confianza por el sí mismo, confianza en el proceso de la vida, y eso, mi querido Joselu, es bien difícil de dar.

    Un beso.

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  4. Es muy difícil Joselu. En general, es muy difícil estar toda una vida haciendo lo mismo, pero lo vuestro me parece el sumum. Animos y gracias !

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  5. El valor de la esperanza se ha sobredimensionado haciéndole perder un poco el sentido auténtico, Joselu.

    Yo siempre creí que la esperanza es un sentimiento reservado para momentos de tremenda dificultad o peligro, para superar los cuales hace falta un poco de magia, de suerte, de ayuda externa de terceros, la aparición de un milagro (si eres un ser religioso) o un esfuerzo sobrehumano, del que uno jamás se hubiera creído capaz y salido del propio interior.

    Hace no demasiado me di cuenta que yo mismo me refugiaba en la esperanza de tener esperanza y que ante cualquier adversidad esta me hacía sentir impotente y anulaba lo más importante que posee un ser humano para avanzar en la vida: la voluntad.

    En los tiempos que corren las personas hemos renunciado a nuestra voluntad y hemos buscado el refugio más seguro: la esperanza exenta de responsabilidad, convirtiéndola en un lastre, un ancla que nos mantiene atados en la autocompasión.
    Antiguamente se llamó a esto fé o temor de Dios, ahora lo llamamos esperanza. Qué ironía.

    Mi respuesta no debe ser tomada como una alusión directa a tu entrada y a tu condición de profesor en un sistema educacional en retroceso y crisis, tampoco como una pesimista llamada a la desesperanza. Sino todo lo contrario; soy por naturaleza melancólico y me encanta sentir como la esperanza crece en mí, pero ya es hora de que la pongamos en el lugar que se merece -no el de la queja, sino junto a los momentos realmente críticos- y recuperemos aquello que realmente nos hace como somos: nuestra Voluntad.

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  6. ¿Que esperas qué? No te oí, Joselu. La frase no debería ser "no pierdas la esperanza", sino "no pierdas la vida". Cuando uno se dedica a esta preciosa pero hoy intrascendente profesión debe tener claro dos cosas, al menos: que su esfuerzo no va a ser apreciado por nadie (incluso él mismo lo menospreciará al cabo y se despreciará), y que a nadie le importa una mierda que lo haga bien, regular o mal, puede que hasta sea preferible hacerlo muy mal.

    Ya que la enseñanza, en abstracto, es inaprehensible, lo son también sus supuestas manifestaciones terrenas. Más nos valdría -a los docentes- darnos a la bebida y a las apariciones marianas antes que pretender inculcar lo que, al parecer, más falta en el mundo: sentido común. Aprender matemáticas, lengua, geografía, incluso música, está muy bien para la tropa, la gran masa amorfa que integramos eso que es el pueblo, pero sólo lo justo, ni una letra o número más, para que el progreso se mantenga en su justa medida, que ya se encargarán otros de realizar el verdadero aprendizaje de todo conocimiento.

    Salvo que des clases en alguno de esos selectos y elitistas centros donde se admite a los alumnos por el caché y no al peso, abandona toda esperanza, pero mantente alerta para que tu vida no se pierda por los desagües del sistema, siempre abiertos...

    Un abrazo.

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  7. Tengo la sensación de que los esperados frutos no los podemos saborear a corto plazo, quizá nunca los lleguemos a saborear, pero el fruto está ahí, de eso estoy seguro. El problema comienza cuando el alumno no pone de su parte, pero claro, ¿puede llamarse de "alumno" a quien no tiene una mínima disposición hacia el aprendizaje? Gracias por la reflexión.

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  8. Demasiado pesimismo. ¿De verdad no os saludan vuestros exalumnos con alegría cuando se encuentran con vosotros?
    Para mí es más que suficiente.
    Dejamos huella, huella positiva y ayudamos a la gran mayoría de nuestros alumnos. Aunque no lo parezca.
    ¿Pero cómo podéis dudarlo?
    Venga, animaos por favor.
    No nos queda más satisfacción en nuestra profesión que la alegría de verlos ya adultos sabiendo que una parte importante de su tiempo la compartieron recibiendo lo mejor de nosotros.
    Si , dentro de nuestras posibilidades, practicamos nuestro oficio con amor y entrega, luchando contra todos los inconvenientes que nos crean las instituciones, algunos padres, algunos alumnos, algunos equipos directivos, todo merece la pena.
    La semana pasada recibí un gran desprecio por parte del equipo directivo, algo impropio de la escuela pública y que yo había conocido anteriormente en la privada. Fue una decisión terriblemente injusta que prefiero no explicar. Inmediatamente recibí el apoyo de mis compañeros e inmediatamente también los estudiantes mayores intuyendo que algo me pasaba me comentaron: ¿Estás bien profe?.

    Creo que sembré amor, trabajo y trabajo riguroso en ellos. Quien siembra recoge.
    Los conocimientos son importantes pero el afecto lo es mucho más. Y yo palpo ese afecto en la mayoría de mis alumnos incluso con los que sido más duro.

    Me ha salido casi un sermón parroquial, a mí que soy ateo.

    No trabajamos por dinero, ni por reconocimiento social. Trabajamos por serles útiles a ellos/as, por vocación, por respeto a la docencia y por qué no, también por amor.

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  9. Tu post Joselu, me ha parecido como un sutil pensamiento, como una esperanza de esperanza. En todo momento estoy contigo. Un besito.

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  10. Un profesor pesimista, desesperanzado y que además no tiene fe en la labor que está llevando a cabo, lo más digno que puede hacer...es dedicarse a otra menester.

    No concibo el ejercicio de la labor docente sin confianza en lo que se lleva entre manos.

    Los alumnos suelen detectar a unos y a otros y actúan en consecuencia. Fijo.

    Un abrazo, Joselu

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  11. A menudo nos involucramos tanto y de una forma tan desproporcionada respecto a la respuesta inmediata que obtenemos que tenemos que hacer un acto de fe cada mañana para seguir creyendo en la utilidad de tantos desvelos. Y probablemente necesitemos tomar distancia, realizar nuestra tarea como siempre de forma impecable, pero diferenciando nuestro trabajo y nuestra vida. No es fácil, pero resulta imprescindible para nuestro equilibrio emocional. Pero entiendo perfectamente, por compartido, ese sentimiento que expresas, porque necesitamos también ilusionarnos en este hermoso proyecto que es la educación y a veces nos faltan argumentos por todos los lados.
    Pensemos entre tanto que somos sembradores de estrellas, aunque ahora no podamos verlas.
    Un abrazo.

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  12. Creo JOSELU,

    que en esta ocasión como no podía ser de otra forma estoy de acuerdo con OSSELIN.

    Sabes muy bien cómo pienso, creo que se trata de sembrar, lo mejor y más posible, olvidándote de la cosecha, puede que tú no la veas, pero yo creo que todo queda ahí.

    Al final, a uno no le queda más que plantar, regar y cuidar la semilla, que haya o no buena cosecha depende de la meteorología y como sobre ella no tenemos( tenéis) poder, mejor preocuparte de lo que esté en tu mano... lo demás, intentar que no nos importe, ni afecte, demasiado.

    En cuestión de educación, la cosecha sólo debe importarle al alumno y a sus padres. Nosotros sí que somos responsables de que nuestros hijos den cosecha, si no es a corto o medio plazo, a largo plazo. De ti y de tus compañeros, los alumnos sólo dependen un tiempo, cuida ese tiempo que te toque y lo demás... lo que sea, será.

    Venga...¡¡ anímate, por favor!! tú y todos.

    Imagínate que fueras buscador de oro, confórmate con encontrar polvo de oro, a veces... A lo mejor con el tiempo, ese polvo forma una pepita gigante...que te saluda un día por la calle :-)


    Un beso grande y feliz día, JOSELU.

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  13. Joselu, voy a ceder la palabra a un escritor inglés:

    Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.

    Samuel Johnson (1709-1784)

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  14. Yo no puedo evitar ser optimista. Yo pienso que nuestra labor siempre germina. Y los frutos son la mejor prueba de ello. He tenido (y tengo) experiencias a diario de ello, de que el contacto que hay o hubo nunca se pierde, y esto me hace ser y sentirme fuerte y feliz.

    Un abrazo.

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  15. Tengo un joven amigo que fue alumno mío. No fue, además, de los mejores, el clásico sobresaliente, sino un joven sensible y amante del cine, industria en la que lucha por abrirse camino como director, aunque haya de sobrevivir trabajando en la publicidad. Suelo mantener una distancia con mis alumnos a través del tratamiento de usted, sin que ello impida la cercanía afectuosa. De lo que estoy seguro es de que las recompensas que más me complacen son las de orden emocional, bastante más que las académicas. No quiero que me agradezcan lo que les enseñé, sino el respeto y el cariño sinceros con que lo hice. LO que también tengo muy claro es que mi empeño profesional en modo alguno depende de la respuesta que obtenga, ni la presente ni la futura, por parte de mis alumnos. Por otro lado, cómo acabamos instalándonos nosotros en su memoria es algo que se nos escapa. Coincidí un día con un exalumnos en el gimnasio, mientras corríamos en cintas contiguas. Intercambiamos recuerdos y todas esas cosas de las que se habla cuando uno tiene tales encuentros y en el curso del mismo, me dijo: "¿Sabe por qué le recuerdo constantemente?" "¿...?" "Por la insistencia suya en que leyéramos el periódico cada día, como información y como formación. Y ahora la verdad es que si no he leído el periódico durante el día, noto que me falta algo. Y me acuerdo de Vd." Yo ya casi no me acordaba de él, por supuesto.

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  16. Esperanza y paciencia, que van muy unidas en esta profesión. La recompensa inmediata es lo que haces en el día a día, a mí me vale. Los alumnos tienen mil formas de expresar su aprecio a pesar de la distancia que pueda haber entre nosotros. Muchas veces insisto en creer muchas cosas para que ellos se las crean aunque yo, en el fondo, no les dé ningún crédito.

    Me podré plantear mil cosas de las que dices, hay dias negados y cuando no tengo otra cosa de donde tirar me agarro a que me pagan por ello.

    Besos.

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  17. ¡Cuánta razón! Si no fuese por la esperanza, el lejano atisbo de un futuro que compense las desazones del presente, no habría ilusión en nuestro trabajo, no tendría sentido nada de lo que nos mantiene vivos. Esperemos, esperemos...

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  18. Cuando pierda todas las partidas,
    Cuando duerma con la soledad,
    Cuando se me cierren las salidas,
    Y la noche no me deje en paz.
    Cuando sienta miedo del silencio,
    Cuando cueste mantenerse en pie,
    Cuando se revelen los recuerdos,
    Y me pongan contra la pared�
    Resistiré erguido frente a todo,
    Me volveré de hierro para endurecer la piel,
    Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte,
    Soy como el junco que se dobla
    Pero siempre sigue en pie�
    Resistiré para seguir viviendo,
    Soportare los golpes
    Y jamás me rendiré,
    Y aunque los sueños se me rompan en pedazos�
    Resistiré, resistiré�

    Cuando el mundo pierda toda magia,
    Cuando mi enemigo sea yo,
    Cuando me apuñale la nostalgia,
    Y no reconozca ni mi voz.
    Cuando me amenace la locura,
    Cuando en mi moneda salga cruz,
    Cuando el diablo pase la factura,
    O si alguna vez me faltas tú�
    Resistiré erguido frente a todo,
    Me volveré de hierro para endurecer la piel,
    Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte,
    Soy como el junco que se dobla
    Pero siempre sigue en pie�
    Resistiré para seguir viviendo,
    Soportare los golpes
    Y jamás me rendiré,
    Y aunque los sueños se me rompan en pedazos�
    Resistiré, resistirééé�

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  19. No sé si otro lo habrá dicho en los comentarios, pero en contrapunto a lo que dices me pregunto: ¿y cómo o desde qué postura abordan los estudiantes las clases y al profesor para que sean provechosas para ellos? ¿habrá también un cinismo necesario, autoprotectivo, en el estudiantado? ¿necesitan ellos la esperanza?

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