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martes, 28 de junio de 2011

Break time

Mary White

Creo que ha llegado el momento de hacer un receso, un break time que dicen los ingleses, durante unos meses. Llevo publicando ininterrumpidamente desde septiembre de 2009, hace ahora casi dos años. Creo que me airearé y dejaré descansar a los que tenéis la amabilidad de seguirme desde la distancia. A veces le tienta a uno saber cómo sería de nuevo la vida sin esta aventura digital que entrará en octubre en su sexto año consecutivo. El blog se ha convertido en una segunda piel, pero me tienta en ocasiones saber de nuevo cómo es la vida en la intimidad del diario personal, en la lectura reposada de los libros que tengo tan abandonados, en las excursiones a la naturaleza, sin esta esclavitud que supone un blog. Me cansan mi voz,  los temas que abordo, las reiteraciones infinitas llenas de contradicciones, mi falta de sentido del humor tan ajeno al blog, el melodramatismo que impregnan mis reflexiones por otro lado tan convencionales. Me fatiga ir mirando el mundo y tener que extraer una perspectiva concreta, cuando son múltiples las perspectivas posibles; me fatiga seguir sin saber muy bien quién soy y tener que ir dando palos en la niebla de la identidad que se escabulle.

Me canso de ser yo mismo, pero lo que no me cansa es el encuentro que se produce entre algunas torpes propuestas mías y la lucidez que se descubre con alguna frecuencia en vuestros comentarios. Creo que escribo para recibir esas respuestas que me asombran. Creo que hay comentarios en que el que escribe se deja el alma, otros son más socorridos. Eso lo percibimos todos cuando leemos o hacemos los comentarios. Y la extensión no es lo decisivo, sino el hecho de acertar en la diana cordial. Comentar no es fácil porque significa entrar en el mundo del que ha escrito, no para elogiarlo, no para adularlo -eso no me atrae- sino para ir más allá de su propuesta -una vez cabalmente entendida- . Por eso comentar es entender. Y cuando el bloguero nota que alguien le ha entendido, se le enciende el corazón. No sólo le ha entendido sino que ha buscado derivaciones lógicas, en la misma estela de pensamiento, no sospechadas por el que escribió y que amplían su mundo. Esto es lo más valioso de escribir en un blog para mí: no el intercambio de sentimientos, no el intercambio frío de ideas... sino otra cosa que yo definiría como la puesta en contacto de universos distintos, tal vez paralelos.

Pues bien, ahora dejaré unos meses de estiaje sin publicar. Y luego cerca del otoño, ya veremos lo que hacemos. Ahora no tengo ni idea.

Buen verano, amigos. 

miércoles, 22 de junio de 2011

MIedo a la revolución digital


Hay muchos profesores que se sienten inquietos cuando ven una clase con alumnos que tienen cada uno un ordenador portátil. Temen -con razón- que sus alumnos se meterán en páginas ajenas a las oficiales, temen que sus alumnos se pongan a chatear o ver vídeos o a jugar a aplicaciones interactivas mientras se desarrolla la explicación del tema correspondiente. Entonces optan por limitar el uso del portátil a lo que llaman "una herramienta más" y continúan dando la clase como si no se hubiera introducido en el aula la más prodigiosa de las posibilidades tecnológicas.

Otra reacción frecuente, y que tiende a imponerse en los centros, es la de restringir el acceso a los alumnos a multitud de aplicaciones como facebook, messenger, youtube, blogs, wikis, plataformas interactivas... para que se limiten exclusivamente a los libros digitales vendidos por las editoriales y que no puedan navegar por páginas resbaladizas o potencialmente distractoras.

Jordi Adell ha sostenido que "un ordenador sin pedagogía es pura cacharrería", pero la formación de un docente en el área digital es larga y compleja. Muchos profesores sienten miedo al mayor dominio que tienen los alumnos de ese artilugio diminuto. Un docente digital ha de pasarse muchas horas aprendiendo a familiarizarse con los entornos digitales, conocer aplicaciones que van surgiendo continuamente, establecer vínculos en red con colegas de cualquier parte de la geografía del mundo que tengan problemas parecidos y aprendiendo de ellos. Algunos incluso asisten a congresos digitales sobre el uso de los blogs para compartir experiencias.

No es posible dar una clase convencional con un ordenador en la mesa del alumno. No es un instrumento más. Es el arranque de una pedagogía. Eso no quiere decir que los muchachos no compatibilicen su destreza digital con habilidades tradicionales como la escritura manual, el uso de libros físicos, realización de resúmenes y esquemas. Es más, son necesarios y no deben olvidarse. De la armonía en la interacción entre lo clásico y lo digital se desprenden el éxito o fracaso de una pedagogía. No hay que arrinconar a la escuela de siempre, ni  hay que olvidar que el objetivo de toda enseñanza es el conocimiento. No se trata de abandonar un modo de hacer que se ha confirmado eficaz. El docente ha de explorar el potencial creativo del ordenador y de la pizarra digital que permiten prodigiosas ventanas al mundo. Los alumnos aprenden de modo diferente y nosotros hemos de enseñar de modo diferente. La tendencia a la distracción es cada vez más intensa. Una clase tradicional, por mi experiencia, es tediosa. Las mentes de nuestros alumnos están conformadas por internet, no funcionan linealmente, funcionan estableciendo conexiones y dando saltos hipertextuales... Es tarea del profesor intentar aprovechar el modo inconstante de funcionar el cerebro buscando métodos que potencien la capacidad de la atención de los alumnos que tiende a la dispersión y al desorden. Algunas veces hemos hablado de las prácticas contemplativas que favorecen dicha atención.

No podemos funcionar como si el futuro no hubiera entrado por puertas y ventanas. Los profesores que enseñamos en la escuela pública y en entornos desfavorecidos, sabemos de la escasa predisposición que encontramos en nuestros alumnos al rendimiento académico. Sin embargo, hay que intentar hacer atractivo el conocimiento. A lo largo de mi vida como profesor he ido observando cambios fundamentales en el modo de ser y de estar de mis alumnos. Han cambiado profundamente, como yo también me he transformado. Hemos de hacer interesante los fundamentos clásicos del conocimiento sabiendo que estamos en tiempos nuevos, y que la tecnología alienta un modo distinto de hacer y de acercarnos al mundo.

En ningún caso deberían restringirse las potencialidades de la red. Un internet "capado" de peligros es un internet muerto. Hay aplicaciones muy atractivas, didácticas e interesantes, que permiten el aprendizaje en red. Pero el profesor ha de conocerlas y los alumnos tener acceso a ellas sin censura. La distracción es inevitable, pero en la enseñanza tradicional también los alumnos desconectaban al margen de nuestros deseos. El desafío es entender internet y conducir a nuestros alumnos al núcleo más denso del conocimiento y a sus aplicaciones más útiles. 

Hemos de ser nuevos argonautas pero en naves galácticas. Entre Escila y Caribdis, entre la tecnología hueca y los métodos periclitados, hemos de conducir la nave por el estrecho paso, inspirados por Tetis, aceptando el presente como radicalmente diferente y a la vez tomando el pensamiento clásico en la más profunda de sus interpretaciones.

lunes, 20 de junio de 2011

19-J en Barcelona



No sé cuántos éramos. En todo caso, muchos, pero no todos los que debían estar ahí. Faltaba la clase media catalana, tal vez asustada por los incidentes del Parlament o quizás confiada todavía en la taumaturgia de CIU, el partido transversal de Catalunya. Había muchos jóvenes. Este es el aspecto más estimulante de este movimiento que va a más. En algunos momentos he sentido escalofríos. Llevaba mucho tiempo esperando esto, y había llegado a pensar que no lo vería. La gente está saliendo a la calle a mostrar su malestar, su desacuerdo con un sistema político que no nos representa. Ya García Trevijano hacia 1979 sostuvo que la democracia española no era democracia. Las listas cerradas serían inadmisibles en países como Reino Unido o Estados Unidos. Estas listas favorecen una oligarquía de los partidos en que el ciudadano no cuenta para nada. Sería igual que los cinco cabezas de lista principales se presentaran, votáramos por ellos y luego eligieran arbitrariamente a quienes estarían en el Parlamento. No tenemos ningún control real sobre nuestros elegidos que están a sueldo de los partidos y no responden ante los votantes.

Además cada vez más somos conscientes de que la política no se decide en las instancias supuestamente elegidas por los ciudadanos. Vivimos en una dictadura del sistema financiero que es el que realmente gobierna el mundo. Todos los  partidos tienen fuertes créditos con la banca, todos los partidos están cogidos por la necesidad que tienen  de financiación para sus costosas campañas, y están en manos de los bancos. ¿Alguien se imagina que un gobernante presente iniciativas para coartar el poder del Banco de Santander, del BBVA o de La Caixa. Sabemos que es imposible. Vivimos en una fachada en que se nos hace creer que somos electores de nuestros destinos, pero es falso.

Es bueno que también empecemos a reflexionar sobre las estructuras de un mundo hecho a medida de los poderosos.. Somos un país en crisis, pero también debemos considerar que buena parte del mundo se hunde en el subdesarrollo, y en buena medida se debe a  las políticas económicas que benefician a los representantes del poder financiero de los países más poderosos. Los precios de los alimentos básicos cada vez son más caros, los mercados especulan sobre ellos aunque ello lleve a sociedades enteras a la pobreza más extrema y al hambre. Está bien que reivindiquemos la depuración de nuestro sistema político y una regeneración democrática, pero debemos aspirar a más y también ser conscientes del estado del mundo. No mirarnos el ombligo es esencial. Debemos empezar a recuperar la cultura del compartir, del redistribuir, del socializar... Y para ello es esencial el debate. El debate es el alma de esta regeneración democrática.

Impulsemos en las escuelas el ritual del debate. Es posible hablar de todo, y es interesante que en la escuela entren la sociedad, sus conflictos y sus contradicciones. Durante muchos años he visto a la escuela descolgada de los debates esenciales. Ahora tenemos de nuevo deseos de dialogar, de intercambiar. Llevémoslo a la escuela, que nuestros alumnos se sientan protagonistas de esta revolución silenciosa en la que nuestras únicas armas son nuestras manos y nuestras palabras---------------------------------------------------------------------

jueves, 16 de junio de 2011

Asamblea de barrio


Hace muchos años que no asistía a una asamblea vecinal. He ido a la iglesia del barrio donde había centenares de personas esperando la convocatoria de la Asociación de Vecinos. Nuestro barrio ha sido luchador y destacó en los años sesenta por su capacidad de resistencia en las luchas del Baix Llobregat. Esta vez nos congregaba la alarma de que nos van a suprimir el consultorio del barrio que incluye el servicio de medicina general y sobre todo el servicio de pediatría que atiende a 1205 niños. No es el único caso en la zona donde van a cerrar otros consultorios y se optará por la concentración de Servicios en centros que no podrán atender adecuadamente a los miles de pacientes que concurrirán.

Este consultorio fue fruto de la lucha en los años del franquismo y en los de recuperación de la democracia. Hoy nos volvíamos a reunir un conjunto de personas del barrio -la mayoría mayores- que queríamos un presente digno para nuestros vecinos. El representante de la Asociación nos ha contado escuetamente la situación que lleva a que se cierre nuestro centro de salud. No ha exagerado y se ha limitado a contar las conversaciones con responsables políticos, municipales y de sanidad de la Generalitat. La realidad es que vivimos una época de recortes en sanidad, en educación y en servicios sociales y de alguna manera tienen que llegar a los barrios esa disminución del estado de bienestar. El gobierno de CIU ha presupuestado un 6,8 % menos para sanidad y los responsables políticos han de meter la tijera. Un corte será en nuestro barrio. ¿Qué hacer? El ambiente era de excitación en la asamblea. La gente temía una reducción enorme en los servicios sanitarios en un barrio deficiente en equipamientos públicos. Todo lo que tenemos ha sido objeto de luchas vecinales. El representante de la Asociación nos ha dicho que somos herederos de la lucha de nuestros antepasados y somos responsables de lo que dejaremos a nuestros hijos. Un barrio es poca cosa en la mercadotecnia mundial. Pero nosotros nos sentimos protagonistas de nuestra realidad. Somos herederos de una potente tradición. Es normal que nos sintamos no sé si indignados pero al menos sí, alarmados.

La representante de CIU ha dicho que confiáramos en las instancias políticas que se iban a reunir en el ayuntamiento, que se pondrían a trabajar en el asunto. La Asociación del barrio, en cambio,  proponía seguir con las negociaciones -sin romperlas nunca- pero convocar el próximo martes una marcha-concentración de los vecinos que irían a mostrar su desacuerdo ante las autoridades municipales y administrativas. La gente estaba alterada e inquieta. Yo he permanecido callado mientras oía a distintas personas que planteaban ideas sobre la situación.

Me doy cuenta de que la sociedad se está calentando, lo noto a nivel de gente normal, en sus comentarios, en las barras de los bares o en el colmado. El nivel de indignación está subiendo y entre tanto los políticos intentan paliar ese estado de nerviosismo pidiéndonos que nos tranquilicemos y esperemos la acción de las instancias políticas. Sin embargo, se intuye que la realidad política ahora está muy lejos de los ciudadanos. Ayer cuando veía a los parlamentarios catalanes llegando en helicóptero al Parlament sentía por un lado que aquello era una equivocación, pero por otro lado creía que era bueno que los políticos tuvieran un baño de realidad. Iban a aprobar recortes en áreas básicas de la convivencia y se encontraron una resistencia que les ha llevado a sus responsables a desprestigiar al movimiento del 15-M al que de momento se había mirado con condescendencia y simpatía paternalista. Ese malestar de la gente está calando en amplias capas de la población. Siento una sociedad tensa y preocupada ante lo que se ve venir. Mi psicoterapeuta me decía ayer que teníamos que estar preparados ante un futuro muy incierto. En Estados Unidos ha habido pensionistas que han perdido la pensión de jubilación por la crisis económica y a los ochenta años están trabajando en hamburgueserías intentando ganar algo y enfrentándose al futuro con cierto optimismo.

Noto a la juventud más inquieta, noto a los mayores más reivindicativos... pero siento que hay una capa media de la sociedad que espera sencillamente la llegada de tiempos mejores que no llegarán en los próximos años. Los centro comerciales están llenos, los bares de tapas están repletos, pero doy fe que también las iglesias vuelven a llenarse de personas alejadas de cualquier radicalismo y  que se dan cuenta de que van a ser los paganos de la crisis en la que algunos se han enriquecido ferozmente, y a la vez son los que nos gobiernan. Se desconfía de la política y se mira a los políticos con poca simpatía. Hay alguien que ha calificado al asamblearismo como cutre y anticuado, pero en algún sentido pienso que significa la vuelta a la política de la gente común. No me basta votar listas cerradas cada cuatro años. Ahora me doy cuenta de que es importante estar ahí, con el barrio, sin demagogia pero con convicción.

La realidad es que estamos solos, y lo que no hagan los vecinos no lo hará nadie por ellos. No basta ya esperar. Inopinadamente nos hemos vuelto compelidos a la acción. Como si volviéramos a otros tiempos que algunos recordamos.

Preparados para todo significa también tomar partido, mancharnos y salir de nuestra torre de marfil y compartir con los vecinos unos momentos de alarma y preocupación.

Nos mostraron el jamón y ahora nos dicen que no era para nosotros. 

domingo, 12 de junio de 2011

¿Para qué escribo?


Una de las oportunidades más extraordinarias de tener un blog como éste, es que el autor toma una idea, unos hechos o una noticia  e intenta reflexionar sobre ello con mayor o menor fortuna. Expone su punto de vista y recibe unas cuantas respuestas que en muchas ocasiones sugieren otros enfoques distintos de la cuestión tratada. El autor entonces considera las nuevas aportaciones y en cierta medida modifica sus consideraciones. Es por esto que me gustan los comentarios discrepantes, no laudatorios, y que me hacen cambiar mis coordenadas que son ampliadas o matizadas por las nuevas aportaciones.

En el post anterior, Juan Poz, comentarista habitual en esta casa, me interpela sobre los nuevos y relevantes datos que aporta RFT sobre la actuación de Jorge Semprún en el campo nazi de Buchenwald. El comentarista RFT enlaza unas informaciones del blog Una temporada en el infierno de Juan Pedro Quiñonero, que también comenta María, en que se señala que el comunista Semprún formó parte de la organización del lager -cuya gestión administrativa fue delegada por los nazis a los comunistas-. Desde su puesto de intervención, Semprún -comisario político- habría confeccionado listas de hombres destinados a secciones de las que no se volvía vivo.  En dichas listas tuvo la posibilidad de salvar y condenar a seres humanos, y utilizó dicho inmenso poder en salvar a sus correligionarios comunistas y enviar, en cambio, a la muerte a personas anónimas  -o compañeros que no compartían sus ideas-, teniendo en cuenta la considerada superioridad moral y política de los comunistas que deberían salvarse para edificar después un mundo mejor.

Semprún, que utilizó abundantemente en sus libros y en su carrera política su estancia en Buchenwald como víctima que habría vuelto de la muerte, nunca hizo referencia a esta circunstancia. Su compañero  de célula -y amigo íntimo- Robert Antelme haría posteriormente una autocrítica en que saldrían a relucir sus reservas morales sobre la actuación de los comunistas estalinistas en Buchenwald, reservas a las que nunca hizo mención Jorge Semprún y por las que fue expulsado del partido Robert Antelme. 

¿Tendría que haberlo mencionado Semprún? ¿Fue una carga sobre su conciencia su participación en Buchenwald al servicio de los nazis? ¿Edificó su carrera política y personal sobre esta impostura? ¿Las leyes de guerra ayudan a entender dilemas que en otros contextos son inadmisibles? ¿Quién o qué era en realidad Jorge Semprún que ha sido enterrado con todos los honores políticos e intelectuales? ¿Lo que sabemos matiza su consistencia humana o intelectual, igual que el reconocimiento que hizo Gunter Grass de su alistamiento forzoso en las Waffen-SS a los 17 años, revelación que aparece en su libro Pelando la cebolla, cuestionó seriamente su coherencia ideológica? ¿Por qué no se ha dado relevancia a estos datos que sabemos fehacientemente sobre Semprún?

El otro día La Vanguardia (10-06-2011) publicaba una noticia en que se revelaba que una antigua heroína de la resistencia francesa -Atie Ridder-Visser- a sus 96 años ha confesado el crimen que cometió en marzo de 1946 contra Felix Guljé, ingeniero, al que se había considerado colaboracionista de los nazis. Ella disparó contra él en su casa. Posteriormente se supo que Guljé no sólo no era colaboracionista sino que había ayudado a cobijar y salvar a judíos a los que acogió en su casa, así como había protegido a otros perseguidos. Karin -el seudónimo de la que lo mató- no lo sabía, y entendió que merecía la muerte. El crimen nunca se esclareció pero Karin recibió hace veinte años la cruz al mérito de la resistencia en su ayuntamiento. Sin embargo, su conciencia no estaba en paz. Ha sido en el límite de sus días cuando ha confesado su crimen que explicó como lógico a la luz de las informaciones que entonces poseía su comando.

Leí hace unos años un libro magnífico titulado La gorra o el precio de la vida. En él el autor, Roman Frister, judío superviviente de Starachowize, Auschwitz  y Mathausen confesaba, tras una larga vida, que a sus dieciséis años estaba internado en uno de los citados campos de exterminio. Allí había una norma inflexible. Todas las mañanas había que formar con gorra. Al que no llevaba gorra lo mataban allí mismo los nazis. Una noche fue sodomizado por un kapo en los barracones. Esto era castigado con la muerte. Lo peor fue que le arrebataron la gorra. Tenía unas horas antes del amanecer. ¿Sabéis lo que hizo? Él sólo sabía que quería vivir. Por la mañana en la formación él tenía gorra, y cuando oyó el disparo, miró a otro lado. Sin embargo, esto que pasó, y que todos podemos entender, no le abandonó ni un momento en su vida, hasta que, una vez retirado, escribió este libro en que confiesa lo que había sucedido en una obra espléndida en que no se evita la descripción de las maldades nazis pero también se muestra el colaboracionismo de tantos judíos en acciones no menos infames -tal vez como la suya y que necesitó revelar-.

¿Acaso hay un último libro inédito de Jorge Semprún en el que aborda lo que no se atrevió -o no quiso- hacer en vida? ¿Tuvo sobre su conciencia aquello o lo utilizó para ascender, él que fue expulsado del PCE por desviacionista, cuando se sabe que denunció a toda la célula de la rue Saint Benoit a la dirección del partido. Es conocido que Marguerite Duras lo calificó de chivato.

¿Cómo no va a modificarse mi punto de vista tras un post y los posteriores comentarios?

Escribo para entender.

miércoles, 8 de junio de 2011

A propósito de Jorge Semprún


Ha muerto el escritor, político e intelectual Jorge Semprún. Ha muerto en París, su segunda -o primera- patria. Escribió en francés, su lengua literaria y ensayística. No voy a añadir nada nuevo a todo lo que están exponiendo las necrológicas de los distintos medios de comunicación. Fue un hombre ilustre, que se exilió de España, luchó en la resistencia francesa y fue deportado a Buchenwald donde pasó dos años en poder de los nazis. Todo esto lo sabemos. También que regresó del exilio para incorporarse a la lucha del PCE contra la dictadura bajo el seudónimo de Federico Sánchez. Hoy escuchaba a Santiago Carrillo diciendo que el día de la expulsión de Jorge Semprún del Partido Comunista fue un día de los más tristes de su vida. Fue expulsado por disidente.

Me cae bien este hombre. Tengo pendiente la lectura hace muchos años de La escritura o la vida, libro que se amontona en mi torre de desidia lectora. No quiero contribuir a esa hagiografía funeraria que abruma cuando alguien muere. He sentido repulsión hacia las palabras de Santiago Carrillo elogiando su figura, y he tenido que escuchar multitud de testimonios laudatorios. No hubiera tenido el del elevado a los altares, como si fuera un santo,  Manuel Vázquez Montalbán, que lo detestaba. Dios te libre del día de las alabanzas, me decía mi padre.

Y me cae bien porque supo liberarse en buena parte de esa cadena que llevamos todos los que nacemos en este país: la españolidad, ya que, sin dejar de ser español, pudo sentirse francés y hacer de esta lengua su instrumento de reflexión y de creación literaria. En Francia ha sido reconocido como uno de los intelectuales más destacados en el análisis de la experiencia concentracionaria y la debelación posterior del totalitarismo. Pertenece a esa pléyade de exiliados españoles que han logrado insertarse en la vida francesa, sintiendo una mezcla de amor y distancia hacia su madrastra España. Pienso en el novelista Michel del Castillo que tendría igualmente una relación conflictiva con lo que representa lo español. No deja de sentirlo como herencia tal vez inevitable, pero respira hondamente liberado en territorio de la lengua y la cultura francesas.

No hay historia ni política más estéril que la española. Siempre estamos dando vueltas a los mismos mitos, a los mismos refritos, a las mismas batallas que giran inevitablemente en torno a las naciones. Ser español es hundirse en un  légamo proceloso de sentimientos contradictorios que ignoran lo fundamental de la historia de España, su propensión a la crueldad, a la envidia, o su profunda tragedia sin resolver y que no lleva visos de ser resuelta. Cuando escucho a los prohombres del Partido Popular perorando, siento la sacudida desagradable de un sueño del que creí estar ya liberado. Cuando escucho a las voces nacionalistas de Cataluña siento de nuevo el conflicto irresoluto entre una España descompuesta, fracasada, incapaz de aunarnos en un proyecto común y las voces que reproducen la misma historia y las mismas contiendas de siempre. En la acampada de Barcelona en Plaza Cataluña hubo un incidente poco conocido: el monumento dedicado a Francesc Macià fue encartelado por algunos acampados con referencias a Durruti, el líder anarquista que tuvo más influencia en Cataluña durante la guerra civil. La historia volvía y hubo un movimiento de indignación por el agravio cometido contra la figura sagrada de Macià. Aquello desencadenó una agria polémica. Al final, la acampada en Barcelona logró aprobar la reivindicación del irrenunciable derecho de autodeterminación por parte de la asamblea. Aquel punto había sido el eje de multitud de discusiones y vertebró una disidencia contra la línea internacionalista que había prevalecido y que tenía como objetivo el capital financiero y la banca sin distinción de naciones.  

Me agota España, me agota Cataluña, me agota Euskadi, me agota la peregrinación del Rocío que está siendo realizada estos días. Entiendo que el que pueda -para su fortuna- liberarse y respirar en otra lengua, en otra historia, en otros mitos, tiene mi simpatía. España es una madrastra. Cataluña es una hija digna de España. Quiere ser su reverso pero sólo es su corolario lógico y reproduce la misma corrupción -a lo fino-, su mismo clientelismo, su misma (aunque contradictoria) colección de mitomanía falsificadora.  

Cuando me enteré de la muerte de Jorge Semprún y revisé su historia y su distancia (o ironía)  con el hecho de ser español, me sentí reconocido en su trayectoria que nunca podré iniciar. Ya es tarde. Pero si pudiera, huiría de este país, de todas sus contiendas, de sus tapas de chorizo y de sus patatas bravas, de la barretina, de sus dictadores que no lo son según la Academia de la Historia, de su sentido de lo rancio que amenaza nuevamente con anegarnos a todos durante años y años... Huiría de este país de diecisiete parlamentos frecuentemente dominados por caciques, de los rosarios, de las plazas de toros, de la virgen del Rocío y de la Macarena, de la escudella, de su magnífica literatura realista incapaz del acceso a lo fantástico...

Bravo por Semprún. Logró lo que tal vez fuera mi sueño. Huir de esta patria en permanente conflicto, distanciarse, tomar lejanía para tal vez apreciar con algún rigor lo que tiene de bueno. Aquí, sumergidos en este nido de víboras y en este campo poco propenso al quiebro amable y al razonamiento, uno siente deseos de respirar, olvidarse de que se es español.

Pero escribiendo esto y escribiendo así, no dejo de confirmar que lo soy. Estamos imposibilitados para la ironía, para la distancia y nos sumergimos de cabeza en las cosas, a lo bruto, como el macho cabrío embiste, incapaces de relativizar y anegados en pasiones tan extremas como estériles.

Una desdicha como otra cualquiera. 

lunes, 6 de junio de 2011

Puertas que se abren y puertas que se cierran.


He escrito un comentario en el blog de un buen amigo. Lo transcribo y espero que me dé motivo para una reflexión con algún sentido.

Yo leí La montaña mágica en un par o tres semanas por la noche, absorbido totalmente. Su lectura, la intensidad de la misma, me recordó la pasión con que leía a Julio Verne a mis doce años. Uno tiene que verse en la tesitura de Hans Castorp, allí en las montañas, en la inacción, en la práctica contemplativa, dejándose atravesar por esas reflexiones o esos diálogos densos y dramáticos. Yo lo leí en uno de mis primeros tratamientos para la depresión y fue un momento total. Luego lo he querido volver a leer y no es lo mismo. Creo que los libros tienen momentos inequívocos para leerlos. Se acierta o no se acierta. No temas dejarlo si no te llama. Es grandioso pero nada es imprescindible. Para mí fue un momento cenital en mi vida, pero pienso que fue puro azar maravilloso. Los libros tienen que responder a preguntas que nos hacemos, y si no lo hacen, son insoportables.

He escrito esto que plantea que el encuentro entre un lector y un libro es puro azar o tal vez necesidad, pero en todo caso es un encuentro fortuito. Recuerdo hace unos años la lectura de ese texto de Thomas Mann en una situación bien nueva para mí por lo que he contado. Me acostaba temprano y me llevaba gozoso a la cama esa novela que por alguna extraña razón me cautivó. Leía un par de horas a veces subrayando el texto o anotándolo. No se me hizo pesado ni prolijo. Me identificaba extrañamente con las reflexiones y sensaciones del protagonista, y me imaginaba recostado en una chaise longue al atardecer frente a las gigantescas moles de los Alpes en un estado febril. Esa inacción, ese no poder hacer nada y dedicarme únicamente a explorar mi mundo interior y el que me rodeaba, me parecía fascinante, sobre todo si iba acompañado de febrícula, un estado que, aunque parezca raro, me atrae. Creo que me absorbía esa morbosidad de la narración, esa presencia de la enfermedad que ahonda la mirada y hace a los hombres más profundos.

Fue un encuentro singular entre la novela y yo. He leído otras obras de Thomas Mann pero ninguna me ha creado un estado de expectación e identificación como aquel, quizás porque yo me reconocía en un estado enfermizo y me negaba también a la acción. Incluso posteriormente he intentado releerla, pero tras unas cuantas páginas de lectura, he visto que aquella obra se me había cerrado, ya no podía penetrar en ella. Sólo una vez había tenido acceso a su núcleo. Esto me lleva a pensar que toda recomendación literaria es incierta. Nunca sabemos si lo que a nosotros nos ha servido, lo hará a otros. Así en una mañana de primavera encontré una obra de teatro a mis dieciocho años. No conocía de nada al autor. La cogí de la biblioteca y me puse a leerla. Aquella obra era nada más y nada menos que Esperando a Godot de Samuel Beckett. Es una de las mañanas más luminosas de mi vida, sumergido en aquellas andanzas de esos personajes que no sé por qué se identificaban totalmente con mi sentimiento de la vida. Quizás yo también, como Vladimiro y Estragón, estaba esperando a Godot. Es una suposición. Recuerdo maravillado aquellas tres horas de lectura intensa, apasionada como una tarde de amor con cigarrillos y cerveza. He vuelto a esa obra en varias ocasiones, pero no me ha dicho nada especial. No entiendo qué encontré en ella aquella mañana. Así me ha pasado con numerosas obras literarias. Hubo un tiempo en que leí Rayuela de Cortázar y me imaginaba deambulando en Paris buscando a la Maga o asistiendo a aquel burdo concierto de Berthe Trepat. Era una concepción de la existencia la que estaba impregnando aquellas páginas que eran mías y volvía a ellas continuamente. He intentado releer Rayuela hace unos años y me ha parecido un peñazo. No me dice nada. Son ejemplos de lo que quiero decir y esas posteriores lecturas no me quitan un ápice de la pasión que siento por ellas. Para mí la lectura primera, iniciática, es la fundamental.  Luego ha pasado el tiempo. He cambiado yo y se han mutado el ambiente y la atmósfera en que vivimos.

Cada vez siento más pesar como profesor que lleva a sus alumnos a leer determinados libros. Lo considero una intromisión. Sospecho que la literatura ha dejado de ser actual, que responde a otro tiempo en que lo inmediato no era el modelo dominante. Pero este es nuestro tiempo. Y el tiempo de mis alumnos que, como yo, se ven rechazados por los textos escritos, porque ya no contestan a preguntas esenciales. Ahora los debates están en otros lados. La literatura se ha convertido en buena parte en opaca. Ha dejado de responder a cuestiones primordiales a los hombres de este tiempo.

Si pudiera me negaría a promover la lectura. Lo hago por imperativo legal. Hubo un tiempo en que la literatura y yo éramos amantes. Cuando hablaba de libros, mis ojos brillaban de excitación y entendía que mis alumnos recibirían esa pasión que sentía, como así solía ser. Durante muchos años me consideré profesor de literatura porque creía en ella, porque respondía a preguntas -a veces no formuladas-, a inquietudes íntimas, a estados de anticipación, a noches de insomnio... Esto ya no es así. Siento a la literatura como una antigua amante que me dio lo mejor, que me abrió universos inmensos, pero una amante lejana.

Ahora sólo pienso en términos de imágenes. Entiendo el rechazo o las enormes dificultades que sienten mis alumnos adolescentes en acercarse a leer Cinco horas con Mario de Miguel Delibes, porque a mí me pasa lo mismo. No me interesan los conflictos matrimoniales de los años sesenta entre Carmen y Mario. Y si a mí no me interesa, ¿qué será a ellos? He dejado de creer que la literatura puede cambiar el mundo, y que los libros sean algo imprescindible.

Sé que no debería escribir esto, sé que alguien puede sentirse defraudado pero Profesor en la Secundaria es un proyecto vivo, abierto, contradictorio, que revela la interioridad de un profesor  que reflexiona y ofrece lo que siente en un momento dado. ¡Cómo me gustaría escribir en otro sentido! Es como si los libros se me hubieran cerrado, como si la puerta aquella maravillosa que se me abría con cierta frecuencia, se hubiera cerrado para siempre. ¡Cómo recuerdo la desazón de mi padre ante su hijo siempre con un libro en la mano! Me decía que la literatura era anacrónica, pero yo me sumergía  apasionadamente en aquel anacronismo.

Terrible. 

jueves, 2 de junio de 2011

Taller de lengua oral: el aula digital



Soy profesor de lengua castellana de un grupo de segundo de ESO con especiales dificultades en el aprendizaje por su escaso dominio de la lengua (inmigrantes que llevan poco tiempo en España), escasa predisposición escolar, déficit intelectual... Con ellos me he planteado hacer un curso motivador en que lo fundamental no fuera memorizar conceptos gramaticales sino poner en activo la competencia lingüística, sea oral o escrita. He promovido la cultura visual por medio de cortos que luego eran debatidos por las cuestiones que planteaban. A final de curso abrí varias sesiones de reflexión sobre el tema genérico Objetivos de la educación y un análisis de su realidad escolar contemplada desde su punto de vista. Así se crearon grupos de debate que discutían una serie de propuestas sobre su consideración y valoración del hecho educativo. Tuvieron especial resonancia las cuestiones relativas a la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de oportunidades entre pobres y ricos, el fomento del pensamiento crítico, la escuela como espacio de felicidad, la necesidad del esfuerzo y sacrificio, la incorporación de la tecnología a las aulas, etc.

El vídeo que encabeza el post es una selección realizada sobre los temas debatidos entre los elegidos portavoces de los grupos de discusión. Le he puesto por título El aula digital y tiene por eje la presencia de los ordenadores portátiles en el aula que este año se ha iniciado en 1º y 2º de ESO en Cataluña en algunos centros. La experiencia tiene aspectos positivos pero también los tiene negativos como estos muchachos se esfuerzan en explicar. Para varios la lengua es un instrumento muy difícil aunque sean nativos, y no lo es menos para los que intervienen proviniendo de culturas como la magrebí, la portuguesa u otras procedencias latinoamericanas. Sin embargo, se establece un debate muy vivo-dentro de sus dificultades- que cualquiera que quiera acercarse a la realidad de las aulas no dejará de ver con gran interés. Estos son nuestros muchachos. Esta es la realidad que late dentro de las aulas y que este profesor en la secundaria siente con orgullo personal a pesar de que varias de las intervenciones pueden cuestionar la metodología de la asignatura. Mis objetivos esenciales eran el desarrollo de la expresión oral y escrita, la reflexión sobre temas de actualidad a pesar de que implicaran gran complejidad, y la promoción del pensamiento abierto y crítico. Es posible que ignoren qué es una metonimia, pero le han dado muchas vueltas a las cosas, y han intentado expresarlo. No os perdáis el vídeo. Sólo es una larga secuencia de lo discutido en el taller de oralidad. 

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