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lunes, 30 de mayo de 2011

Pedagogía, solipsismo y anonimato.



Recuerdo vívidamente el momento en que de niño -tal vez dos años- descubrí que el espejo reflejaba mi imagen, que aquel ser que se movía torpemente era yo. Tarde o temprano todos lo hacemos. Es un momento metafísico que también alcanzan algunos primates a los que se coloca frente a un espejo y son capaces de ir a por el lazo que les han puesto en la cabeza y que ven reflejado en el espejo. Borges pensaba que los espejos y el coito eran perversos porque multiplicaban a los seres humanos. A mí la idea del espejo me sigue resultando inquietante. Me enfrento, cuando me miro, a un yo que no soy yo, sólo es mi reflejo inverso, y me va dando cuenta de mis transformaciones vitales según sea la luz que me ilumina. El espejo en la oscuridad no refleja nada, necesita de la luz para construir esa imagen que pienso que soy yo pero que a veces me asusta y me llena de aprensión. Ha habido épocas de mi vida en que no he sido capaz de mirarme al espejo. Me producía un íntimo horror. Desviaba mi mirada de mi reflejo en el que era incapaz de mantener la mirada fija.

Me pregunto si los demás, todos esos personajes con los que me encuentro cada día en el autobús, en el trabajo, en mi casa, en la terapia psicoanalítica, los que se comunican conmigo, sin conocer mi imagen, a través del blog y que persisten en seguirme en un deambular caótico y sin demasiado sentido, son también imágenes de un espejo en que me reflejo. Sé que todo esto me lleva a algo que tengo muy enraizado: el solipsismo, una palabra que me encanta y que aprendí de mis lecturas comprometidas de Lenin. El solipsismo consiste en pensar que todo lo que existe es en función de mi ego, que no tiene entidad propia sino como reflejo de mí mismo. Esta era una imagen que me perseguía cuando niño, cuando mis primeros delirios existenciales en que me hechizaban el reflejo del espejo y el mundo onírico en que me desdoblaba por las noches. Imaginaba, soñaba, en un mundo que sólo existía en la medida que yo lo veía, en que yo lo experimentaba. Cuando yo no estaba, dejaba de existir, quedaba en suspenso. No era. Esta sensación me invadió en Venecia esta primavera. ¿Existía Venecia antes de que yo llegara a ella? El entramado de callejones, la vetustez de sus canales, la antigüedad de sus palacios, el testimonio de viajeros, la historia que se respiraba parecían demostrar que sí existía. Pero ¿si todo hubiera sido porque un día llegaría yo y la vería en aquel momento y todo su pasado hubiera existido para que yo lo conociera en aquel instante? Me pregunto qué quedará del mundo, de la realidad, cuando yo me muera. ¿Seguirá existiendo? ¿O en la medida de que yo ya no exista deja de tener sentido si sigue existiendo o no? Esto me lo pregunto algunas mañanas cuando me como unos huevos fritos con chorizo, y pienso en algunas mujeres que veo cuando camino por la calle. Escribir en un blog en un asunto delicado. Todo lo que uno escribe deja constancia, pero el que esto suscribe piensa que cuando se escribe, no debe pensarse en quién lo puede terminar leyendo. Sería un error. No se puede escribir para nadie en concreto, no se puede escribir temiendo decepcionar a alguien. La escritura como los espejos son extraños. Nos revelan y nos ocultan, nos llevan a lugares no sospechados, igual que sé que este post anómalo de un profesor en la secundaria que piensa a veces en una concepción cósmica de la existencia, tal vez cuántica, llegará tal vez a alguien que lo necesite porque habrá tenido ensoñaciones parecidas. El espejo funcionará. Sólo lo escribo para que llegue a ese destinatario que se ha sentido desnudo en la noche pensando que el mundo sólo existe en función de su conciencia. No es asunto baladí. En mi práctica pedagógica lo tengo muy en cuenta. Siempre hay alguien que recibe el mensaje del espejo y multiplica su imagen en virtud del reflejo que yo le he enviado. Es extraño. Vivir es extraño, pero no lo cambio por no vivir. Es más, cuando deje de existir sentiré antes de despedirme, un aleteo de eternidad pensando que mi imagen seguirá proyectándose  en un fenómeno de refracción como en un túnel, tal como sucede en dos espejos que se reflejan uno a otro. No sé en que dimensión me iré transformando y si mi eco dejará de existir.

Esto pienso algunas mañanas cuando acabo de tener un sueño sensual, tremendamente sensual, y me levanto ufano para hablar de los niveles de realidad a mis alumnos que no acaban de comprender nada, pero siempre hay alguno que tal vez sí comprende. Y algún día me lo hace saber.

Entiendo que esto es lo suficientemente raro y anómalo como para mandarme a escaparrar nabos. Hacedlo. Si alguno de los que leen esto tiene la voluntad de contestarme, hacedlo de forma anónima y sentíos con libertad de decir todo lo que deseéis. Lo he escrito exactamente para eso, para disfrutar de esa libertad y experimentar el efecto espejo, si es que existe.

Dadme caña, no os cortéis. Poneos una máscara anónima, a ver si os descubro. 

jueves, 26 de mayo de 2011

PurposedES # 500 palabras sobre el propósito de la educación


Ignoro cuál es el propósito general de la educación. Mi intervención no va a resolver la cuestión. Sólo sé por qué enseño yo, cómo enseño yo. No sé si esto puede servir a alguien. Lo dudo. Todo lo esencial ha sido dicho ya y mejor. Por si acaso redacto estas quinientas palabras.

Me atrae penetrar en el universo emocional, sentimental y existencial de mis alumnos. No siempre da tiempo o hay ocasión. Lo encuentro en sus trabajos, en sus exámenes, en su forma de estar en el aula, en sus intervenciones en clase, en sus dificultades, en su modo de relacionarse con los demás... A veces se intuye un gran potencial intelectual y/o humano. Otras veces no, o tal vez su momento todavía no ha llegado. Es entonces cuando yo como profesor siento que me debo acercar a él con delicadeza, no invasivamente,  y ofrecerle, sin que se dé casi cuenta, los instrumentos que harán avanzar su mundo, sus inquietudes, sus preguntas, orientar sus miedos e inseguridades, entendiendo que en ese encuentro hay una doble dirección. Algo le ofrezco yo y algo recibo yo. Me interesa su modo de entender la realidad: su humor, su tenacidad, su alegría, su ternura, sus historias, sus recuerdos, su capacidad para entender y empatizar... Me gusta crear condiciones para que las distintas cosmovisiones estén presentes en el aula, que se consideren unas frente a otras como enriquecedoras, como parte de un diálogo importante en que muchos tienen cosas que decir.

Creo en una enseñanza dialógica en que el profesor propone problemas motivadores ante los que es necesario pensar. No me interesan las respuestas definitivas. Yo desde luego no las tengo y no las voy a dar. Es como este blog. Lo que más me interesa no es lo que yo escribo, sino lo que vosotros escribís a propósito de lo que yo escribo (con lo que no suelo estar de acuerdo mucho tiempo). Pienso que la clase debe ser en esencia motivadora. Soy profesor de lenguaje y me apasiona dar clase a muchachos con necesidades educativas especiales a los que hay que estimular para que hablen, para que escriban, para que razonen, analicen, descubran su mundo interior y su reacción ante la realidad.

Creo que la escuela tal como la concibo yo tiene un fuerte contenido existencial. Se encuentran distintas interpretaciones de la realidad sin que ninguna sea verdadera o única. En esa escuela de encuentro, debate y  reflexión, me interesa más que nada escuchar, que sepan que les escucho, que me interesa lo que tienen que decir. Yo habré de poner gotitas de dinamita, hábilmente camuflada, para que alguna vez  estalle creativamente. Una dosis de explosivo puede tardar varios años en estallar, o tal vez no lo haga nunca. Lo importante es que esté ahí, y que yo, buscando entender  lo que pasa ante mí, pueda ayudarles a ser dueños de sus vidas ofreciéndoles las herramientas intelectuales y de conocimiento necesarias para que sepan descubrir su conciencia de un modo lúcido, generoso y autónomo. 


Este artículo forma  parte de la campaña de reflexión sobre el propósito de la escuela y la educación coordinado por PurposedES

lunes, 23 de mayo de 2011

Plaza Tahrir



El viernes 20 de mayo visité la acampada de plaza Catalunya a mediodía. No había una gran afluencia de gente  pero sí significativa. El vídeo que inicia este post es una versión personal de lo que allí encontré. Tiene sonido original. Mi impresión fue contradictoria: al lado de impulsos generosos y serios en discusiones abiertas, había charlatanes y chamarileros de feria que se entusiasmaban por tener a veinte  personas que por fin les escuchaban en discursos antisistema. En la concentración –fijaos- abundan las personas de edad avanzada junto a los jóvenes. Plaza Tahrir fue una experiencia única por recibir un importante núcleo ideológico que llegó a las portadas de los principales diarios de todo el mundo. Era la rebelión de la izquierda no integrada frente a la dominación del capital, ese entramado financiero bancario que controla a los gobiernos de todo el mundo y que nos ha llevado a la crisis. Mirado en perspectiva, el que esto suscribe piensa en su enorme dosis de idealismo, en su ingenuidad… frente a una realidad que sí es un peso pesado. El resultado de las elecciones del domingo han sido un baño de realidad frente al pensamiento mágico que nos embargaba. El pensamiento mágico es el que cree que algo es real porque uno lo desee con fuerza… Había razones importantes para estar allí y pensamos que porque teníamos razones el mundo se transformaría a la medida de nuestros deseos. Es la base del llamado pensamiento utópico que piensa que el mundo se puede transformar. Obama lanzó el conocido eslogan We can, que aquí fue transformado en We camp

El mundo y la realidad son profundamente contradictorios y complejos. No bastan nuestros deseos bienintencionados para transformarlos. Detrás de ese idealismo había un amplio deseo de llegar a acuerdos de base que permitieran mantener las acampadas, que fueron consentidas, no como en Siria o Egipto donde ha habido centenares de muertos. Transportamos el universo simbólico de Tahrir a nuestras plazas y nos lo creímos en una amalgama extraordinariamente productiva durante unos días. Aquello, pese a mi impresión negativa, alentó mi pensamiento utópico, pero no fui el único. Muchas personas en este país se sintieron representadas en esa rebelión. Los comentarios de Iñaki Gabilondo en algún caso llevaban a pensar que los partidos tendrían que ser reformulados tras esta revuelta cívica espontánea. Quisimos creer que otro mundo era posible. Pidamos lo imposible nos decíamos. Pero en aquel mínimo común múltiplo de reivindicaciones y manifiestos contra los banqueros y el pérfido sistema capitalista, se orillaban las cuestiones que en realidad nos dividen y enfrentan: la distribución del poder territorial, por ejemplo. Surgió mágicamente un hashtag #spanishrevolution del que se burlaba en La Vanguardia Quim Monzó. Pero era el que estaba presente en la plaza Catalunya de Barcelona como podéis ver. Hoy me he enterado que hay en la red un manifiesto que se titula #catalanrevolution y que reivindica la autodeterminación de los pueblos sometidos, véase Catalunya. Ya el mínimo común múltiplo tiende a fragmentarse igual que en alguna asamblea en Alicante convertida en mitin en que se reivindicaba el valencianismo catalanista y la inmersión en  valenciano.

No hemos hablado y se ha orillado el tema de la inmigración. Todos somos víctimas de un sistema capitalista inicuo, pero no todos recibimos el golpe del mismo modo. Y no está tan claro qué postura tenemos frente a la realidad de la inmigración. En Catalunya en las elecciones han subido opciones próximas a la xenofobia en diversas poblaciones. El pensamiento mágico que nos ha dominado en un éxtasis de idealismo tiende a romperse. ¿Qué queremos? ¿Instalar el anarquismo? ¿El socialismo? ¿El comunismo? ¿Reformar el capitalismo? ¿Introducir factores de racionalidad en el sistema dominante? ¿Cuál es nuestro modelo? Al parecer Islandia que ha encarcelado a algunos banqueros culpables del entramado financiero que ha desencadenado la crisis, pero Islandia tiene menos habitantes que Hospitalet de Llobregat, es una isla y no hay factores exógenos que sean demasiado complejos.

El pensamiento utópico o el pensamiento mágico es hermoso. Nos lleva a nutrirnos de nuestros propios sueños. El despertar es amargo. Y ayer y hoy he estado dominado por la tristeza de la realidad electoral. No basta tener razones importantes, y las teníamos, seguimos teniéndolas… Sabemos que el mundo camina hacia el desastre ecológico y medioambiental, sabemos que una minoría financiera dicta las leyes de los estados y gobiernos que no tienen en realidad poder efectivo, sabemos que los mecanismos económicos condenan a la pobreza a multitud de países que no tienen ninguna opción, sabemos que el idealismo del We can de Obama ha tenido que batirse con la realidad del granjero de Arkansas que no quiere una reforma de la seguridad social y con los eslóganes de la Fox así como con los intereses de la Asociación del Rifle. Obama, para intentar ser reelegido, ha tenido que renunciar a su revolución ética y a sus sueños, y ahora lucha solamente por sobrevivir políticamente. Los sueños alimentan a algunos ciudadanos, pero la realidad profunda de la inmensa mayoría de ellos es mucho más concreta y tangible. Está bien cuando nos juntamos y cantamos canciones de John Lennon que hablan de la paz, pero es mucho más difícil o imposible cuando intentamos cambiar el mundo a la medida de nuestros deseos. Y más cuando estas conversaciones descienden a temas más concretos que el deseo de Paz Universal.

domingo, 22 de mayo de 2011

España en marcha



En estos días apasionantes, llenos de política activa en el sentido más gozoso, sigo casi minuto a minuto las noticias de la prensa digital, los diferentes hashtags que agrupan la participación en la campaña de #spanishrevolution, #nolesvotes, #acampadasol… Leo blogs para conocer la posición de mis compañeros de blogroll, leo sobre la participación de intelectuales en el debate de ideas, pasé incluso algunas horas en la concentración de Plaza Catalunya en Barcelona, converso con amigos a través de la red o en persona… Siento que hay una alta intensidad en el flujo de interpretaciones sobre lo que está pasando, mucho más alta que en una campaña habitual donde nadie debate acerca de nada y que se limita a una serie de mensajes estereotipados, de diseño, como esas fotos que sacan a los candidatos a la alcaldía de Barcelona desde el castillo de Montjuich, la Sagrada Familia… Me parece tan inane la campaña oficial que siento que no va conmigo. El verdadero debate, por fin, está en las plazas públicas, en esas Tharir situadas en el corazón de España, en ese hermoso Sol que parece alumbrar esa vida política anodina y mortecina que se ha instalado como paradigma.

Me ha entusiamado Agustín García Calvo en su intervención junto a los concentrados en Madrid en la que se adhiere al movimiento y formula sus conocidos argumentos libertarios. No coincido totalmente con él, pero agradezco que haya hecho lo que se supone que debe hacer un pensador: ir al meollo donde se está cociendo el pensamiento. Me ha defraudado profundamente Fernando Savater, que no ha ido a Sol, y ha reprochado a los manifestantes que pongan cara de enfadados cuando lo que tendrían que hacer ese fundar un partido político defendiendo sus ideas para transformar la sociedad y dejarse de monsergas indignadas. He admirado a Savater pero estimo que su pensamiento se ha esclerotizado, se ha hecho sistémico, definitivamente conservador y falto de audacia intelectual. Una pena para alguien que escribió libros tan hermosos como Nihilismo y acción, Ensayo sobre Cioran, La infancia recuperada… He advertido que Savater ha dejado de entender el mundo en que está viviendo, y que estos días ha estallado en las plazas promoviéndose la discusión compartida sobre la tasa Tobin, el sistema electoral español, el valor de las distintas modalidades de voto, el poder de los poderes financieros sobre la vida política que anula cualquier veleidad de primacía de la ciudadanía sobre su realidad… Estas elecciones municipales se han cargado de densidad narrativa y lo que dicen los candidatos parece ser de la menor relevancia. Me gusta este asalto del ciudadano común, esta emergencia de un sector de la juventud reivindicando su derecho a opinar sobre lo que está pasando en el mundo con una mirada abierta. Sé que es muy difícil articular propuestas muy definidas pero lo que se está debatiendo en las plazas es infinitamente más interesante que lo que se habla en los mitines electorales con eslóganes, banderitas y gestos impostados de victoria…

Lo formidable de esta experiencia pacífica y utópica es que no tiene líderes, no emite manifiestos, es una revuelta sin jerarquías al modo de las redes sociales que han servido para dinamizar extraordinariamente la organización y difusión de imágenes, de ideas, de sentimientos… Los que somos usuarios de Twitter hemos sabido de la potente arma de propagación ideológica que supone. Ayer conocí un vídeo que es el que inicia este post y con mi iPad lo reenvié a docenas de contactos en todo el mundo y algunos se hicieron eco y lo redistribuyeron. Me pregunto si tiene viabilidad una revuelta sin líderes, sin banderas –ha sido hermoso que no hubiera banderas de ningún tipo-, sin imposiciones de nadie, organizando esas plazas en las que se concentra una multitud de gentes de todas las edades, con suma coherencia y respeto hacia todos los asistentes. El otro día en plaza Catalunya pude ver admirado como varias personas pasaban la fregona por el suelo de la plaza que está estos días más limpia que cualquier otra jornada.

Sé que los hay escépticos, que hay quienes ven en esto un simulacro del mayo francés, que se ríen del pensamiento mágico de la izquierda (esto me interesó por lo que tiene de realidad de una forma de sentir el mundo desde la óptica transformadora), sé que hay quienes se burlan de la gente a la que no consideran con conocimientos válidos para debatir temas complejos, sé que hay quienes piensan que esto deriva en populismo antipolítico, sé que hay ácratas extraños que piensan que esto lo ha montado Rubalcaba, sé que hay multitud de cínicos en el PP que ven en esto algo que llevará al abismo al PSOE para propiciar por fin la victoria de la derecha que espera ansiosa para disfrutar de todo el poder…

Pero todo esto me resulta irrelevante cuando veo en El País a una antigua alumna en las fotos de los coordinadores del movimiento Democracia Real Ya en Barcelona. Sé que Klaudia Álvarez, profesora, es un miembro destacado de la revuelta, y sé que en mi último encuentro con ella hace casi un año, recordó las clases y los debates que se organizaban hace casi veinte años y me pidió –exigió- que no me rindiera a lo dado, que siguiera apostando por la utopía, que no me hiciera conformista, que no abrazara el pensamiento de Azorín y sí el de Valle Inclán, el que no me cabe duda de dónde estaría estos días con su larga barba y su poncho mejicano. En alguna medida me siento reconocido en estas revueltas pacíficas y cívicas, y admiro que haya alumnos míos que hayan llevado hasta las últimas consecuencias los debates que tenían lugar en las aulas y que propugnaban un pensamiento dinámico, crítico y utópico, como era el de Savater hacia los años setenta.

Pobres de los que miren con altanería o menosprecio lo que está pasando. Me temo que no entenderán nada del mundo que está naciendo. Y sé que Saramago, Benedetti, Sábato, José María Valverde, Joan Brossa… desde donde estén, mirarán con un gesto divertido lo que está estallando y se unirán a la concentración. 

* Vídeo de Agustín García Calvo en la #acampadazamora

jueves, 19 de mayo de 2011

#spanishrevolution


Yo me pregunto si los hombres saben reconocer cuando la historia pasa a su lado, si los europeos de 1914 se dieron cuenta de que la muerte del archiduque austriaco en un atentado en Sarajevo iba a cambiar el destino de Europa. Me temo que no. La historia es extraña. A veces parece que se remansa y que no pasa nada, hasta que un día  estalla en función de fuerzas telúricas del subsuelo. 

Hemos vivido en las últimas dos décadas años bobos. Lo he constatado en mi relación con mis alumnos. Se nos dice que la democracia es importantísima pero aburrida. Así ha sido. Tras los años burbujeantes de la transición vino la década prodigiosa de los años ochenta, pero los noventa avanzados produjeron una sociedad boba, que se acentuó con la llegada del nuevo milenio. La estulticia general no es percibida por la generalidad de la población. Vive a gusto en ella, piensa que es la normalidad sobre todo si se puede consumir alegremente y la economía parece discurrir entre pequeñas crisis pasajeras que no impiden el tren de vida desenfadado. Sin embargo, en madrigueras subterráneas, debajo del bienestar y la imbecilidad generalizada, el mundo sigue transformándose y tienden a aflorar las tensiones que amenazan la estabilidad de un modo de vida. Para el que haya estado al corriente de la prensa en los últimos veinte años no hace falta que le dé datos concretos. Esto es para los que han vivido intensamente el tiempo que les ha tocado vivir. No podía ser que nosotros viviéramos tan bien y el mundo que nos rodeaba se cayera a pedazos en la miseria. Pero nosotros vivíamos en los mundos de Yupi y nuestros estudiantes pedían más cerveza y menos policía, y los profesores se adecuaban al modelo dominante renunciando a sus ideales. Esto era imprescindible: renunciar a los ideales. Los ideales son dañinos, son una trampa, son un simulacro, sólo llevan a catástrofes sociales. Pero sin ideales nos morimos de asco en la caverna. Así he visto durante quince años morirse de asco a mis alumnos, sin ansiar nada, sin esperar nada salvo saberse colocar, tener coche y tener fines de semana de juerga placentera. Yo suspiraba para mis adentros que aquello no era posible. Un día lo charlé con el poeta Joan Brossa antes de morir. Él auguró que esos años bobos, de imbecilidad pura, llegarían a su fin. Hemos vivido en ellos sin inquietarnos. La inquietud existencial ya parecía haber pasado con la muerte de los existencialistas del pasado. Y el sentido de nuestro mundo parecía revelarse en forma de tarjeta rectangular VISA o MASTERCARD. Guardamos y archivamos los ideales en un cajón del pasado, escondimos las utopías y nuestros deseos de cambiar el mundo. ¿Para qué cambiar el mundo si en él nos va tan bien? Mejor no moverse.

Pero, amigos, todo ha cambiado, y las fuerzas ocultas han emergido en una secuencia sorprendente. La crisis es un estado más profundo del que hubiéramos llegado a pensar. Es el estado espiritual de nuestro ser tras décadas de impotencia y frustración aunque sobradamente colmado de todo lo material. Pero la poesía y la utopía en estos días vuelve a emerger en la Puerta del Sol de Madrid con una fuerza inusitada. ¿Un nuevo Tahrir? Los jóvenes se reúnen con los viejos y quieren darle una patada al sistema depredador. Se juntan José Luis Sampedro y Stephane Hessel con los veinteañeros sin futuro. Y la combinación es letal. El mundo no podrá volver a ser el mismo. Es como si hubiéramos despertado. No se trata sólo de conseguir volver de nuevo al consumismo. No, hace falta toda una revisión de nuestra forma de estar en el mundo y entender a las fuerzas del capital que se articulan en los anónimos mercados. La guerra es económica y espiritual porque implica valores éticos profundos. En el mundo somos siete mil millones. No puede ser que una minoría especuladora y financiera maneje los destinos de miles de millones jugando con el precio de los alimentos básicos, echando a la calle a los desahuciados del sistema. Alguien ingenuo llama antisistema a los que se manifiestan en Madrid y otras ciudades españolas, pero es que no podemos ser de otra manera. Toda época ha tenido su revolución. Tal vez ha llegado el tiempo de la nuestra. Que los jóvenes se reúnan en Tahrir, perdón en la Puerta del Sol, a discutir en asambleas sobre el presente o el futuro puede ser visto como un vulgar remedo del mayo del 68, pero la mayoría que participan allí no tienen la más mínima relación con lo que fue aquello. Yo tampoco. Pero viejas consignas vuelven a ser coreadas. Sólo los tontos como Vicente Verdú y Quim Monzó piensan que esto es una tontería. Los más intuitivos se dan cuenta de que algo está pasando, que era imposible que no pasara, y que para bien y para mal, ha llegado la hora. Las cosas no volverán a ser como antes. No sé qué respuesta dará el sistema político pero lo tendrá mal si esta #spanishrevolution logra sobrepasar fronteras y se convierte en una #europeanrevolution. Tal vez la historia esté llamando a nuestra puerta y sigamos ensimismados en nuestra manzana o en el espejo de los sueños.

Lo que es necesario tarde o temprano se hace realidad. Y puede que con una potencia inimaginable.

Salud. Aquí tenéis un vídeo en que aparece José Luis Sampedro. Da gusto oírle. 

http://youtu.be/LOmh3jcV28g

martes, 17 de mayo de 2011

Más dura será la caída


¿Puede ser el sexo un impulso tan fuerte que obnubile la inteligencia y que lleve a un hombre brillante a convertirse en un violador tirando su carrera humana y política por la borda? ¿Puede un hombre convertirse en una máquina de follar en virtud de una fuerza tan intensa que no se puede reprimir? ¿Puede un hombre de una trayectoria política extraordinaria, que ocupa el más alto cargo de la economía mundial y que es un virtual candidato a la presidencia de la República francesa, ser tan necio como para abalanzarse, en una escena patética, sobre una camarera africana con intención de poseerla sexualmente en un país extremadamente severo en estos asuntos?

La respuesta a todas estas preguntas son conocidas. Sí, es posible. Y ha sucedido. Uno de los hombres más poderosos del mundo ha caído en la humillación más extrema por su carácter rijoso e incontrolable. No sé qué me inquieta más, si la mezcla extraña entre inteligencia y estupidez o el poder incontrolable del deseo. No quiero entrar en argumentos moralistas o políticamente correctos. Sé que lo que hizo no está bien, pero no quiero juzgar a este hombre cuya carrera ha terminado y es posible que sus huesos terminen por varios años en la cárcel. Ha cometido algo peor que un error sin retorno. Ha perdido todo empezando por la dignidad. Su rostro ha pasado de la soberbia a la más extrema desolación en una fracción de segundos. Me interesa esto. Ver a Dominique Strauss-Kahn esposado entre varios policías ante el juez y recluido en una de las peores cárceles de Nueva York es altamente significativo acerca de los azares humanos. Nunca este hombre ha sido más humano que lo es ahora. Muestra cómo la vida nos arrumba en milésimas de segundo de la cumbre a la sima más profunda. Ha perdido todo.

Otros mandatarios poderosos también tuvieron sus adicciones al sexo. Recuérdese a JFK, a Mao Tse Tung, a Sukarno… y recientemente a Bill Clinton o a Berlusconi. Son elementos de una larga tradición que proviene de la antigüedad. El poder genera tal vez una sensación de potencia infinita. Muchos de los reyes, papas y emperadores, que son hitos en la historia europea y mundial, tienen detrás una larga tradición de abusos sexuales en unos tiempos en que esto no pasaba de las alcobas regias. Nadie se hubiera atrevido a censurarlo. Formaba parte de las prerrogativas del poder poseer a doncellas vírgenes o a mujeres casadas.

¿Qué hay en la mente de un hombre? Hay un clásico dibujo de cariz freudiano en que se ve que lo único que hay en la mente de un hombre es sexo, sexo, y sexo. En mis clases de bachillerato acabamos de leer una obra de Enrique Jardiel Poncela, hombre complicado y contradictorio que definía su concepción del mundo en SEXO+SEXO+SEXO. Mis alumnos apenas repararon en esto y yo no le di mayor relevancia pero la tiene. No sé si el EROS es lo que nos mantiene en pie en la vida oponiéndose al impulso de muerte. Otras veces he hablado de esto y no tengo una respuesta concluyente. La mente de un hombre se ha convertido en el territorio más desconocido en los tiempos modernos. Se le reprocha su obsesión sexual y a la vez se constata que va progresando un creciente desinterés por el sexo en muchas parejas en que el hombre va apagando su deseo. El territorio femenino ha crecido y se ha extendido en profundidad y complejidad (o al menos ha salido a la luz más allá de tabúes). El hombre se hunde en un impulso fallido. Es necesario su deseo pero hasta cierto punto. Una mujer puede excitarlo y en el momento de máxima tensión decirle que no y rechazarlo. Esto lo respaldarían las legislaciones más extendidas en el mundo especialmente en los países nórdicos y en Norteamérica. Es conocida la demanda de extradición del fundador de Wikileaks, Julian Assange,  a Suecia por un presunto delito de querer realizar unas relaciones sexuales sin condón lo que allí es delito si la mujer en algún momento se opone. Es razonable. La identidad del hombre es conflictiva y frágil y está expuesta a que si se deja llevar por los impulsos, que en otro orden se le exigen y estimulan, acabe en drama total.

¿Qué había en la mente de Dominique Strauss-Kahn? ¿En esa mente brillante y poderosa? Alguien en un twitter ha afirmado que tal vez quiso hacer con la gente lo que el FMI hace con los países, pero en este caso el testimonio de una humilde mujer africana, camarera, lo ha llevado a la ruina. Se lo tiene merecido por cretino. ¿O es un enfermo que padece un impulso incontrolable de sexualidad como cualquier violador que se hacina en una prisión como parece que va a pasarle a él? Da igual. Su poder se ha esfumado, y no ha sido ningún rival político quien lo ha hundido. Ha sido él mismo quien se ha llevado al desastre más completo. No merece demasiada compasión. En el fondo hay una cierta satisfacción que surge de nuestro inconsciente de ver caer a uno de los hombres más poderosos del mundo y no por no pagar impuestos, sino por no saber o no poderse controlar sexualmente. Ya casi el mundo lo ha olvidado. En pocos días desaparecerá de las noticias. Sic transit gloria mundi.
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Seguimos las acciones de la sociedad, y en especial los jóvenes en sus acampadas en distintos lugares de España. La impresión es que la clase política no sabe qué decir y que empezara a tener miedo. No dejéis de oír este audio de una emisora de radio. Habla Cristina que calla a los tertulianos que despotricaban de las acampadas en la Puerta del Sol. 


http://www.xpress.es/radiocable/cristina-rne.mp3

domingo, 15 de mayo de 2011

Un dilema no existencial



Me ha seducido este vídeo. He visto auténtico al protagonista que va diciendo verdades como puños en estos días en que las imágenes edulcoradas de los políticos quieren convencernos de nuevo para que les demos el voto. Paco va por el metro con toda su humanidad estableciendo comunicación con la gente, porque les dice lo que ellos sienten acerca de los políticos y esa casta de banqueros y financieros sin escrúpulos. No sé si ya es hora de decir que ya está bien en estos momentos en que organismos financieros internacionales reconocen que hay una generación -la de los jóvenes de 18-30 años- que está condenada aplicando las medidas del gobierno, y otras mucho más duras que vendrán en cuanto gobiernen los de la gaviota en una ola imparable de privatizaciones.

¿Es hora de salir o seguimos quedándonos en el sofá viendo como cae la tijera? ¿Despertará la sociedad? ¿Despertaremos?------------------------------------------

miércoles, 11 de mayo de 2011

Nuevas fronteras

Henning Mankell
Cuando empezaba mi carrera docente, estuve contratado en un colegio privado en Barcelona. Mi jornada era agotadora. Tenía siete COUs de Lengua castellana y dos cursos de tercero de BUP de literatura. Uno de los COUs era especialmente complicado. Entre sus alumnos había varios superdotados, una capa intermedia de alumnos superinteligentes, otros inteligentes y un grupo reducido de alumnos normales. Entrar en aquel curso, yo que me sé no demasiado inteligente, era un desafío tremendo. Y a veces lo pasé muy mal. Uno es consciente de los límites de su inteligencia que no necesariamente compensa con su saber o preparación de clases. Me viene a la memoria esta experiencia lejana porque en estos tiempos estoy dando clase a un curso diametralmente opuesto. Sus componentes son muchachos de circunstancias muy alejadas. Hijos de inmigrantes llegados en patera, muchachos que lo están pasando mal en la crisis, muchachos limitados por diversas circunstancias sociales o humanas… pero en los que late un profundo deseo de saber a pesar de sus limitaciones. Con ellos he realizado el vídeo que habéis visto en el anterior post. Estoy orgulloso de ellos y ellos están orgullosos de sí mismos. Su imagen se ha difundido por  el mundo. No siento que esté en un nivel inferior respecto a aquel curso de alumnos sobredotados. Casi al contrario.

¿Cuál es la nueva frontera educativa? El cerebro humano está mutando. Yo no soy el mismo que era hace diez años. Mi imaginación y mi modo de estar en el mundo se han modificado profundamente. Para bien y para mal. Mi capacidad de concentración se ha diversificado. No soy capaz de leer textos largos o complejos. Lejos quedan mis lecturas entusiastas, a las que no renuncio, de Guerra y paz, de Ana Karenina, de Los hermanos Karamazov, de Moby Dick, de Sobre héroes y tumbas, de La montaña mágica, de Los novios de Manzoni… Todas estas lecturas forman parte de mi entraña íntima junto a miles de otros libros que me han conformado. Pero mi cerebro es distinto. Internet lo ha hecho modificarse. Mi atención es diferente y mis problemas existenciales son distintos a los que me planteaba hace veinticinco años. Me ha costado mucho entrar en esta nueva dimensión. Los que han seguido la evolución del blog (unos pocos) han podido ser consciente de mis contradicciones.

Mi cerebro ha mutado, y, en lógica consecuencia, el de mis alumnos también. Yo tengo una mayor perspectiva, pero no dejo de asombrarme de dicha transformación. Lo que entendemos por conocimiento no es exactamente lo mismo y pienso cuando digo esto que me meto en un territorio complicado e incierto. Sigo apreciando a Thomas Man, a Cervantes, a Goethe, a Valle Inclán… pero me doy cuenta de que me muevo en un universo distinto en que las cosas no valen del mismo modo ni aquellos hombres nos hablan igual.  Ha cambiado nuestra forma de percibir el presente… que se ha hecho absorbente. Hubo un tiempo en que el pasado era la clave de nuestro mundo. Hoy no. Lo que opinaba Platón no es relevante necesariamente, el mundo de Petrarca es lejano… La inmediatez devora todo. Uno siente miedo de sumergirse en este nuevo paradigma en que no se sabe cuáles son las claves. No obstante pienso que una de ellas, si no la principal, es que es un momento extraordinariamente moral. Me inquieta emplear un término como “moral”, pero es imprescindible. El presente frenético en que nos movemos necesita de anclajes morales, de discernimiento entre lo que está bien y lo que está mal, de empatía, de solidaridad, de reconocimiento de los sentimientos ajenos…

Vivimos en una atmósfera diferente cuyos niveles de realidad nos desconciertan.  Henning Mankell ha afirmado que Europa pasa hoy por hoy por Lampedusa adonde llegan miles y miles de huidos de la Libia de Gadafi. Muchos mueren en el mar. Y otros no llegan a un mundo que los acoja. La tierra es, por otra parte, un mar de campos de refugiados. El ciudadano del siglo XXI ha de enfrentarse a un mundo y a un cerebro notoriamente distinto, ello  supone un desafío intelectual, moral y humano. Hemos de incorporar el cerebro -que está adaptándose-  de nuestros adolescentes a este proceso dinámico y abierto, en que hemos de mostrarles el camino a ser no dogmáticos, generosos y solidarios. No hay un nosotros cerrado, ni un ellos distinto a nosotros. Quizás algunos nos llamen ingenuos, pero es el riesgo que corremos, sumergidos en una realidad mucho más permeable y diversa que el ciudadano común que vive en la inopia y se siente amenazado por un mundo que se le derrumba. Y es cierto: se derrumba sobre todas nuestra certezas. Más vale que nos demos cuenta y empecemos a debatir sobre todo lo que creemos saber. Pero es más bien de lo que ignoramos. No hay certezas. El héroe contemporáneo, lo anunció Robert Musil, es un hombre sin atributos, pero debería estar imbuido de conciencia moral para discernir, o atreverse a pensarlo al menos, lo que está bien y lo que está mal, lo que es justo y lo que es injusto en un planeta cuyas reglas tienen como norma el atropello y el privilegio de unos sobre los otros. En esto está la clave de nuestro mundo. Esta es nuestra nueva frontera educativa: acercarnos a esos muchachos y hacerles partícipes de la complejidad del mundo con una mirada libre de estereotipos, crítica y analítica, aprovechando el cambio de cilindrada de nuestro cerebro, que hemos de intentar entender, viviendo nuestro tiempo en toda su dimensión y dificultad.  

domingo, 8 de mayo de 2011

Las palabras hieren más que los palos y las piedras.



Hace un par de meses una muchacha americana, Alye Polack, estudiante de trece años, publicó, sin saberlo sus padres, un vídeo de 2.58 minutos en Youtube. Sin decir una palabra y mostrando únicamente unos carteles escritos por ella, mostró al mundo el acoso al que estaba siendo sometida en la escuela. El título del vídeo era “Las palabras hieren más que los palos y las piedras”. Cada día tenía que oírse crueles insultos que pretendían herirla en lo más hondo de su ser. Me abstengo de reproducirlos. El que quiera ver el vídeo de Alye, dejo aquí el enlace al mismo.

Este vídeo se difundió inmediatamente por internet y recibió centenares de miles de visitas y miles de mensajes en los que se expresaban apoyo a Alye por el infierno vivido en su colegio. Alguien ha definido este mensaje de la muchacha americana como un ejemplo de “sentido y sensibilidad” que ha hecho que muchos otros escolares le hayan contestado de igual modo, también con sensibilidad e inteligencia.

En nuestro blog de aula Vamos a meternos en la boca del lobo publicamos el vídeo, lo vimos en clase y abrimos un debate posterior. Los alumnos de segundo de ESO se mostraron todos sensibilizados con la situación de Alye a la que –sugerí- podíamos darle una respuesta del curso. La mayor parte decidieron participar en un vídeo que grabaríamos y publicaríamos en Youtube contestando con nuestras palabras a la situación de Alye. Si las palabras pueden herir, también pueden acariciar, dar afecto, apoyo y solidaridad. El idioma no sería un obstáculo. Nosotros habíamos podido entender sus mensajes en inglés y podríamos enviarle los nuestros en castellano. Si ella quería, podría también entenderlos teniendo en cuenta que nuestros gestos y actitudes serían igualmente expresivas de nuestro apoyo.

Words are worse than sticks and stones era el título de su vídeo y también del nuestro. En esta actividad hemos promovido el debate y la reflexión sobre el acoso escolar, sobre el daño que pueden hacer las palabras y la agresión verbal directa y virtual. Algunos de ellos reconocieron también que habían sido testigos de insultos parecidos. El siguiente aspecto a considerar era escribir nuestros mensajes de solidaridad y grabar el vídeo poniéndole una música adecuada. Este es el resultado de las dos sesiones que hicimos. Podía haber quedado mejor, pero es nuestro primer intento de elaborar un vídeo entre todos. Han colaborado todos los alumnos, pero algunos no quisieron aparecer en Youtube y no están presentes en la grabación. Después de la publicación del vídeo hemos recibido mensajes desde Estados Unidos haciéndose eco del nuestro vídeo creado en Cornellà de Llobregat y que ha cruzado el océano para hacer llegar a Alye nuestras palabras de aliento. Ojalá hayan llegado hasta ella. Con ellas va la convicción de estos muchachos de no querer convertirse en matones ni agresores de nadie. Sabemos que las palabras hacen daño y hemos de ser extremadamente cuidadosos con ellas.

Aprovecho para presentaros la alegría de mis alumnos de segundo de ESO, los protagonistas de Vamos a meternos en la boca del lobo. No están todos pero es una buena representación. Para mí es un lujo ser profesor de estos muchachos. Aparece también mi compañera Silvia con la que trabajo en equipo con estos muchachos de adaptación curricular. El año que viene con los recortes que están anunciados, esta docencia compartida dejará de ser posible así como –probablemente- los desdoblamientos y las atenciones individualizadas.

En todo caso, dejamos constancia de nuestra ilusión y solidaridad activa. 

jueves, 5 de mayo de 2011

La ética dependiente


Un día fui padre de dos niñas que ya son púberes, y entonces, cuando eran bebés o pequeñas, iba al parque con frecuencia con ellas donde establecía relación con otros padres. Acostumbraba a charlar con ellos y a observar los códigos de conducta que se establecían en los juegos. Los padres solían proyectar buenos hábitos en sus hijos para que aprendieran a compartir, para que jugaran con otros niños sin pelearse, para que fueran iguales niños y niñas, nativos e inmigrantes… Fue una etapa entrañable en que me di cuenta de que todos los padres querían mostrar a sus hijos un mundo generoso y en el que se compartía y en el que no imperaba la ley del más fuerte. En la escuela se continúan estos buenos hábitos en el proceso llamado educación que pretende armonizar al individuo con la sociedad de modo que ese proceso formativo se proyecte en la organización social. Es la idea fundamental del movimiento que piensa que la educación formal e informal pueden cambiar la sociedad. Así, en las escuelas e institutos pretendemos enseñar a cooperar, a dialogar, a compartir, a negociar, a razonar, a aumentar la autoestima, a respetar las normas cediendo parte de nuestra individualidad en aras del bien común al que están orientadas todas las leyes. Pretendemos formar ciudadanos en un contexto democrático sin discriminaciones de ningún tipo (sexuales, raciales, nacionales, económicas…). Enseñamos que hay que cumplir las leyes y que estas se fundamentan en los derechos humanos que proyectan sobre todo una idea de igualitarismo de todos los ciudadanos que son sujetos de derechos y de obligaciones.

Entre estos derechos está como fundamental el que reconoce que todo individuo tiene derecho a ser considerado inocente hasta que se demuestre lo contrario. Es la presunción de inocencia. También admitimos que nadie debe ser sometido a tratos vejatorios y proscribimos la tortura en cualquier forma. Y, por fin, en la mayor parte de los países democráticos se establece que el derecho a la vida es un bien fundamental y que no debe castigarse un delito, por grave que sea, con la pena de muerte y en todo caso que la defensa jurídica es un derecho fundamental cuando uno es acusado de un acto que puede merecer castigo.

Esta es el entramado ideológico en que nos movemos. Sin embargo, observamos que el mundo es atroz y que estos hermosos principios son eso, hermosos, y nuestros hijos van intuyendo que superponemos un mundo idílico mediante nuestras palabras que no tiene nada que ver con la realidad. El pez grande se come al chico, no somos todos iguales, nadie escucha a nadie en la lucha política, y admitir los errores sólo supone el desprestigio. Estos días hemos tenido además que poner nuestros principios a prueba en el tema de Bin Laden, un individuo que ha promovido centenares de atentados en todo el mundo. Ha estado escondido diez años hasta que parece ser que ha sido descubierto y allí, desarmado, se le ha liquidado con un tiro en la cabeza sin intentar someterlo a juicio. Se ha dicho que no era una situación normal sino un auténtico estado de guerra en el que rigen otras reglas distintas. Y la comunidad política mundial ha suspirado con alivio al ver a Bin Laden muerto. Nuestros adolescentes han participado del júbilo general y se han regocijado ante nuestro desconcierto, nuestro silencio o nuestro oportuno cambio de tema.

 ¿Dónde están nuestros principios, esos que enseñamos a los niños en los parques infantiles o en la escuela? La realidad es que los principios son relativos y se someten al auténtico quid de la cuestión que es que “depende”. Todo “depende” del cristal con que se mire, de los criterios aplicados, de las palabras utilizadas para interpretar las situaciones. Todos somos iguales, es cierto, pero unos son más iguales que otros. ¿Es bueno o malo matar a alguien indefenso? ¿Puede admitirse la tortura? ¿Pueden negarse derechos fundamentales por razones de raza, religión o clase social? La respuesta es compleja pero se resume en: depende de si nos beneficia o no, depende de si favorece nuestra seguridad o la pone en peligro, depende de las consecuencias que se abran a partir de los hechos enjuiciados. Y estos juicios han de hacerse rápidamente, en cuestión de segundos, esos microinstantes que tuvo que emplear el premio Nobel de la Paz, Barack Obama, entre elegir si arrasar con bombas de novecientos kilos  el supuesto refugio del terrorista o mandar un comando con intención de liquidar sin lugar a dudas a Bin Laden invadiendo un país extranjero. El proceso judicial que se hubiera abierto si los SEALS hubieran respetado la vida humana hubiera sido harto complicado y no habría país en el mundo que pudiera juzgar a Bin Laden sin riesgos terribles, ni legislación apropiada. Además en el juicio, el encausado podría hablar demasiado y liarlo todo revelando todo lo que sabe sobre sus enjuiciadores a los que sirvió en otro tiempo. Además era un criminal confeso y Obama sabía que si lo liquidaba subiría como la espuma en las encuestas en Estados Unidos, e incluso se olvidarían de llamarlo protosimio o chimpancé los neocon y la Fox o de cuestionar si era musulmán o era realmente americano. Y asimismo ¿por qué reconocer derechos a alguien que ha despreciado brutalmente la vida humana y además ha herido el orgullo americano como nadie en la historia? Y, en todo caso, ¿no fue Bin Laden quien dijo que si un musulmán moría en la batalla se encarnaba en el paraíso servido por hermosas doncellas vírgenes? Fíjense en la paradoja. Al matarlo, se le ha hecho un favor inmenso y ahora está disfrutando como un canalla, follando todo el día.

Pienso que deberíamos hablar más los padres y los profesores del eje de toda ética real y que es ese “depende”. Todo depende. Los valores son buenos dependiendo si nos favorecen o no. Se aplican o se ponen en suspenso dependiendo de si... Pero parece ser que estas consideraciones ya están asentadas tempranamente en nuestros adolescentes por ósmosis cultural que entran en contradicción inquietante con lo que decimos en el parque o en las clases de ética. Esto es lo que significa hacerse adulto. Como Obama.

lunes, 2 de mayo de 2011

Osama Bin Laden


Osama Bin Laden ha sido abatido. Todos los periódicos y noticiarios del mundo lo ponen en primerísima portada. En pocas horas ha sido tiroteado por un comando americano y su cuerpo arrojado al mar. Todo ha sido sorprendente, y la prisa por hacer desaparecer su cuerpo no hace sino multiplicar la extrañeza por la trayectoria de este hombre que ha sido identificado con el mal absoluto. Ignoro casi todo de su biografía, pero sí que parece confirmado que estuvo a sueldo de la CIA en la guerra contra la URSS en la época de la invasión soviética de Afghanistán. En aquel tiempo la Casa Blanca apoyaba a los muhaydin (luchadores islámicos) contra su enemigo comunista que encarnaba entonces el imperio del Mal. Pero la historia no es lineal y el aliado de un tiempo se convirtió en el mayor enemigo de los tiempos modernos alzándose contra América y el sionismo y propagando la yihad total con los métodos más salvajes con atentados masivos contra Occidente y los estados títeres colaboracionistas. 

El atentado contra las Torres Gemelas en 2001 fue la causa de la invasión de Afganistán y el régimen de los talibanes, así como el de la posterior invasión de Irak. Osama Bin Laden se erigió en el ideólogo y planificador de aquel brutal atentado contra el orgullo americano. Alguien dijo que con aquel atentado habíamos entrado en el siglo XXI dada la situación apocalíptica que se generó en un  país que es esencialmente telegénico. Lo que sucede en USA se convierte inmediatamente en noticia mundial, y aquello fue esencialmente definidor de una estética que habíamos visto numerosas veces en películas americanas. Lo más original de aquella situación brutal del 11S fue su carácter cinematográfico que tuvo un éxito de destrucción que fue mucho más allá de lo que Bin Laden había imaginado.  No todas las tragedias –y aquella lo fue- tienen el mismo seguimiento mediático. El 11-S pareció ser obra de un realizador cinematográfico genial, y en el vértice de toda la producción aparecía el que se convirtió en símbolo del Mal, el hombre cuya vida ayer fue abatida. Un círculo se ha cerrado, y ha estado a la altura de la ocasión. Un acto suyo, o inducido por él, supuso un horror que hemos visto repetido centenares de veces. La tragedia del Congo es infinitamente más terrible, pero no es cinematográfica. Sólo Ruanda en 1994 alcanzó el carácter de acontecimiento global, cuando ya todo era irreversible. Ha habido alguna película memorable sobre aquel genocidio como Rwanda, pero no generará la estela de producciones literarias o cinematográficas que tuvieron a Bin Laden como origen creativo. Su rostro, reproducido hasta la saciedad, encarna la perversidad, el mal incognoscible e inabarcable y en cierto modo se asemeja en su poder como imagen al de Hitler. Se ha sugerido que sería uno de los iconos malditos del siglo XXI.

Hoy los americanos celebraban eufóricos su muerte y no se recataban en su entusiasmo. Unos alumnos de segundo de ESO me preguntaban hoy con insistencia si yo me alegraba de que lo hubieran matado. ¿Qué podía decirles? No sentía alegría. Era algo más complejo, no lo he tomado como un asunto personal. Me he dado cuenta de que no lo odiaba y  que no me alegraba de su muerte. ¿Cómo voy alegrarme de la muerte de nadie por abyecto que sea? Me resultaría impúdico hacer aflorar mis sentimientos hallando satisfacción en la muerte. He pensado sobre ello y me ha llevado a la idea de encadenamiento de causalidades.

América fomentó y financió el surgimiento del mecanismo del horror que luego le golpearía en su corazón. Un acto terrorista apocalíptico derribó a las Torres Gemelas, desencadenó dos guerras que todavía no han acabado y ha producido la muerte de centenares de miles de vidas de civiles inocentes, así como de más de tres mil soldados americanos. Ahora parece cumplirse la justicia poética y el malvado ha recibido su merecido y hasta su cadáver ya es pasto de los peces. ¿Acabará ahí la espiral de causalidades? ¿O hay ya seres humanos que serán las próximas víctimas y que ya caminan con la señal de la venganza por su muerte en la frente?

La historia humana es cíclica  y enigmática. Nada alcanza a sugerir qué pasará en los próximos años, ni si esta muerte ha sido el final de un ciclo o el comienzo de otro. Hay veces que la muerte violenta erige símbolos que son más difíciles de combatir que los personajes reales.

Algunos de mis alumnos discutían con otros porque no creían que Osama Bin Laden hubiera matado a nadie, mientras que otros parecían regodearse con su muerte. Este post se mueve en el terreno del ciudadano que no se ha documentado. No he querido leer la abundante información que se ha publicado sobre el yemení que ha  pasado a formar parte de nuestro mundo onírico y de pesadilla. No he querido profundizar sino expresar mi desconcierto ante un mundo cuyas claves se me escapan. Me doy cuenta de que como ciudadano soy insignificante, soy un dígito en las estadísticas globales del escepticismo, soy un cero absoluto en el devenir histórico. Carezco de relevancia, no soy símbolo de nada, pero no dejo de admirarme como ser humano por la potencia de otro ser humano cuya vida ayer se ha acabado (si nos han dicho la verdad) y que se ha convertido en un mito y una leyenda. Seguro que hay otras formas de pasar a la historia, pero hay que reconocer que, salvada la condena que merece sin paliativos, encarna una página epopéyica y desafiante que dejará huella en el tiempo que ha sido y en el que vendrá. Ojalá me equivoque. 

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