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lunes, 30 de agosto de 2010

Da igual

Escucho a Charlie Mariano en la noche. Escribo. Tengo varios temas en mi mente, pero he decidido centrarme en el teatro. Hubo un tiempo que yo fui actor. Un tiempo maravilloso. Pienso que mi vocación –aunque a Serenus Zeitbloom le estremezca esta palabra- es la de que yo debí ser actor. Da igual. No ha sido así. Una pena. Actuaba y veía teatro varias veces a la semana. Creo que para ver algo valioso teatralmente hay que asistir a una veintena de espectáculos que merecen relativamente la pena. Pero cuando estalla la magia del espacio vacío es una experiencia difícil de olvidar. Han pasado años pero me quedan imágenes grabadas en la retina que me acompañarán siempre. No voy a hacer un inventario de obras extraordinarias que vi. El teatro es un fenómeno inexplicable. En una improvisación de una modesta escuela teatral de barrio puede surgir la fuerza, el misterio y ese algo inexplicable que no surge en actuaciones de Centros Dramáticos Nacionales. He sido consciente de ello. No hay nada objetivo que justifique que algo sea inolvidable.

He visto varios espectáculos así. Quiero traer a la memoria mi asistencia en el Poliorama de Barcelona (1983) a un espectáculo mítico dirigido por Tadeusz Kantor titulado La clase muerta. Un mundo simbólico, en blanco y negro, preñado de resonancias extrañas de la infancia del director que estaba presente en escena dirigiendo (evocando a Shakespeare en el teatro dentro del teatro). Asistí durante hora y media a algo difícilmente explicable. Se adentró en mi inconsciente, en el de todos los que asistíamos a la representación. Teatro negro, oscuro. No racional. De cámara negra. No sé si lo recuerdo muy bien. Pero sí sé que cuando acabó, el público se quedo anonadado durante más de un minuto y en silencio. Luego estalló en un aplauso indeciso, no sabiendo qué opinar sobre lo que había visto. Normalmente en el teatro se suele ser muy condescendiente con lo que se ve y se aplaude generosamente cualquier representación con mayor o menor entusiasmo. Pero aquel día, el aplauso fue extraño. Nunca he visto actuación con mayor fuerza simbólica y dramática que aquella. Para resumir podríamos decir que fue como ver en persona a Kafka dirigiendo el Informe para una academia. Da igual. Fueron unos instantes alucinantes, y nuestra reacción fue paradójica. Nunca habíamos visto nada semejante. Era algo radicalmente íntimo, como el lenguaje de algunos genios que nos hablan de su niñez y un mundo abocado a la muerte. El único tema importante. Algo así he sentido viendo el cine de Fellini. La representación, aclaro, fue en polaco. Pero daba igual, exactamente igual. Tengo impreso en mi retina aquello que vi, que no es muy diferente a lo que he visto sorprendentemente en improvisaciones modestas. Me duele haber abandonado el teatro. Como espectador y como actor.

Hoy leía en El País sobre una obra que va a ser representada en Barcelona. Tiene como eje a unos pijos (inspirados en El señor de las moscas de William Golding) que naufragan en una isla desierta. De muchos es conocido la reflexión antirroussoniana que late en la obra. Los seres humanos no son buenos por naturaleza. Aquellos adolescentes (en esta obra de 18-19 años) han de aprender a vivir sin redes sociales, sin el soporte tecnológico que nos sustenta (sin facebook, sin iphones, sin twitter, etc). Los protagonistas son muchachos de colegios privados que han de madurar en esa experiencia límite que recuerda a Perdidos –esa insufrible serie notable por su incoherencia- o a ese programa de la Cuatro que se llamaba Perdidos en una tribu. El tema es fascinante pero me resulta ya demasiado manido. Pienso que no hay lugar ya para la aventura. El mundo se ha hecho demasiado pequeño y la web 2.0 ha acercado todo para bien y para mal. Me gustaría ver esta obra pero no pienso que salga de ella nada especial después de ver los antecedentes televisivos que llevan a que sea un producto comercial sin carga filosófica profunda. El ser humano contemporáneo se ha hecho telegenético, intrascendente, y sus conflictos requerirían de un tratamiento más clásico sin abandonar la contemporaneidad. Lo que hace que algo sea clásico y revolucionario a la vez es difícil de definir. Sólo algunos lo alcanzan, pero me temo que la cultura de masas que nos abruma convierte cualquier conflicto en banal. Sólo queda la resistencia de los antiguos que utilizamos la red como una balsa de salvación intentando sobrevivir y resistir. Evitemos el éxito. Mantengámonos en la medianía, en la discreción, pero sigamos hablando sobre los seres humanos enfrentados a sus desafíos, el menor de los cuales no es envejecer y a la vez crecer observando que el mundo cambia convirtiendo cualquier idea en un producto a la venta. No queremos vender. Nos recluimos en la nada, en la inacción, en una infancia imaginada, sin buscar ningún objetivo. No queremos conquistar ni llegar a nada, pero no podemos callarnos. Es un impulso a que nos lleva el inconsciente o esos acordes que me llegan de Charlie Mariano. Da igual A la mierda.

viernes, 27 de agosto de 2010

Invitación a la sabiduría

Ha muerto Raimon Panikkar. Hace un tiempo le cité en un post. Me hubiera gustado conocerle en persona. El otro día hablaba en contra de los libros de autoayuda porque me parecen superficiales y tópicos. Sin embargo, me gusta leer a Panikkar, a Krishnamurti, a Dogen, a Taizen Deshimaru... Soy un ignorante al que le tienta escuchar a los sabios. Pero sabio no es cualquiera. De hecho es un concepto que parece olvidado. ¿A quién le interesa la sabiduría? No tengo palabras para explicarlo. Mi blog es un torpe intento de reflexionar sobre la vida. Ayer murió Raimon Panikkar y no lo he sentido. Su vida ha sido plena. ¿Y qué es morir? Un instante. Tan importante como el anterior, como éste en que estoy escribiendo. Me gusta concebir la vida como una aventura. En ello estamos. Os dejo enlazado un vídeo en que podéis escuchar a este filósofo-teólogo, maestro del diálogo entre culturas y religiones. No dejéis de investigar su pensamiento.

lunes, 23 de agosto de 2010

El Danubio

Romeo Mancini

Detesto los libros calificados como de autoayuda que, en modo de manual sencillo, nos enseñan a arreglar nuestra vida o a solucionar sus zonas erróneas y que promueven ideas clave como aprovechar y disfrutar el presente, a asumir el pasado como irreversible, a apreciar las pequeñas cosas, a tener más en cuenta nuestras posibilidades que nuestros lastres, a forjar el optimismo como una fuerza creativa frente al pasivo pesimismo, a desarrollar el pensamiento positivo y darnos cuenta de que cada día que amanece es un filón de potencialidad si somos capaces de dejar atrás nuestra carga negativa. También enseñan a aprovechar las crisis como momentos de oportunidad, a conocer nuestros sentimientos y expresarlos de una forma asertiva, a aprender a negociar teniendo en cuenta que siempre habremos de ceder en algo para conseguir otra cosa que nos interese, a aprovechar nuestros conflictos como expresión de algo nuevo, etc, etc.

He resumido en pocas líneas el núcleo de la mayoría de esos libros que llenan anaqueles de las librerías y que se han convertido en un filón para algunos autores de éxito como aquel libro espeluznante titulado La buena suerte de Álex Rovira o aquel best seller empresarial, que nos enseña a saber cómo adaptarnos a los cambios, que es ¿Quién se ha llevado mi queso? de Spencer Johnson. Muchos de estos títulos son utilizados en escuelas de negocios y son una oferta habitual en los aeropuertos para ejecutivos en tránsito a punto de entablar negociaciones comerciales. Esta flexibilidad que nos propone este género de libros que ayudan a vivir mejor, y que son clasificados en la sección de ciencias humanas, desarrollan y exponen la esencia misma del capitalismo en la fase de desarrollo tecnológico actual que sume a muchas personas en crisis de adaptación y trastornos de la personalidad. Sus fuentes vulgarizan en general las corrientes de pensamiento oriental como el tao y el budismo en su vertiente zen que es la que mejor ha sabido expresar el concepto de mujo (insustancialidad, impermanencia, transitoriedad) adaptado a las sucesivas fases del capitalismo.

El ser humano carece de esencia y de noumeno y esto le acongoja cuando presiente la impermanencia de sí mismo y de todo que le rodea. El cambio forma parte esencial de nuestra vida. Frente a esto sentimos angustia porque nos exponemos a una realidad intrascendente y a la única verdad constatable: que vamos a morir. ¿Qué sentido tiene el vivir? El existencialismo del siglo XX intentó darle una salida a este conflicto esencial mediante la idea del compromiso y la aceptación del pacto humano con la nada. En mi ciclo de vida como hombre del siglo pasado y emigrado en el presente, he constatado que el pensamiento existencial ha caducado en buena parte. Era un núcleo denso y complejo que iluminó a buena parte de la literatura, el teatro, el cine y la filosofía de varias décadas hundiendo sus raíces en Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche... En el siglo XXI todo es más evanescente y crecientemente acelerado. Ya no nos interesa ni nos atraen los conflictos existenciales a los que ya nos hemos acostumbrado e intuimos que no tienen salida de ningún tipo. La muerte está ahí, y lo mejor es no pensar en ella. Entretanto hemos de aprender a vivir en un mundo que no permite dejar apenas ningún poso. Somos viajeros de circunstancias que tal vez se angustian por su levedad. El capitalismo nos necesita fungibles, dispuestos al cambio permanente, sin demasiadas rémoras del pasado, sin raíces que nos anclen en visiones periclitadas... La angustia o la incertidumbre son estados que se pueden enfrentar con libros prácticos de autoayuda -que nos permitan cambiar sin aferrarnos a factores innecesarios e improductivos-, y, en todo caso, la ingestión de antidepresivos ha aumentado exponencialmente para poder soportar la aceleración de un modo de vida que nos exige siempre jóvenes y adaptables. Y a ser posible con una sonrisa como una tajada de sandía. Es el tiempo del pensamiento débil frente a la solidez de otros sistemas filosóficos más arriesgados. La filosofía oriental en su faceta más seria ofrece un análisis de este fenómeno del cambio como elemento central de la vida, pero desconfío de su banalización en recetas del vivir cotidiano en los citados libros.

Se necesitan manuales prácticos, fáciles de leer y que nos inyecten flexibilidad y buen humor para poder llevarnos nuestra porción de queso y esquivar el sufrimiento.

Entretanto leo lentamente un libro magnífico titulado El Danubio de Claudio Magris. Cada párrafo me supone momentos de intensa reflexión sobre el sentido de la historia, del ser humano, la cultura y la vida... que no me da respuestas ni píldoras inspiradas en el pensamiento positivo. Me cuesta avanzar porque me detengo continuamente y subrayo con placer e interés. El autor no pretende arreglarme la vida ni hacerme más feliz, pero sí que me invita a acompañarlo en un viaje literario y existencial. Es un discurso profundo que responde a una concepción de la vida a través de un viaje poético y filosófico por el curso del Danubio. No son fórmulas para disipar o solucionar nuestras crisis sino la expresión de un pensamiento orgánico y denso que seguro que no serviría para ejecutivos exitosos en la sala de espera de aeropuertos ni para mancebos en la crisis de los cuarenta o para hombres y mujeres que necesitan una solución que les lleve al optimismo. Es la opción del conocimiento frente a la sonrisa enlatada que a algunos no nos interesa. Prefiero arriesgarme a ser infeliz ahondando en mí mismo y pensando que mi vida no está concluida ni cerrada. Es lo que según Claudio Magris divide a las personas: esa necesidad de estar siempre en movimiento en una curva que no está clausurada. Y añado yo, siguiendo al recuerdo que tengo de Joan Brossa, una curva en espiral no concéntrica.

jueves, 19 de agosto de 2010

Un mundo perdido


Un mundo exuberante, hermoso y de inigualable belleza es el que constituye la sierra de Caurel entre las provincias de Lugo y Orense. La vista se deleita en montañas de un color característico, llenas de vegetación autóctona: castaños, robles, hayas, encinas, tejos, fresnos, avellanos, alisos, abedules... Pueblecitos colgados de la montaña con característicos tejados de pizarra en medio de la masa boscosa. No voy a situarla en el mapa. Allá cada cual con sus habilidades investigadoras. He pasado allí dos días. Volvía tras un paréntesis de siete años en que recorrí apresuradamente la extraordinaria devesa de Rogueira, uno de los hábitats naturales más rico en biodiversidad de Europa, aunque no el único en la sierra. El río Lor vertebra la comarca más sorprendente y atípica que uno pudiera imaginar, porque es como si allí se hubiera detenido el tiempo en todos los sentidos: en su belleza intocada por la civilización y el progreso, en su estilo de vida único y humano, en su integridad natural... Casi se podría decir que es un milagro que algo así se haya podido conservar. No entiendo cómo la avalancha uniformadora turística o de desarrollo avasallador ha permitido que siga existiendo este mundo aparte entre Piedrafita del Cebreiro, Quiroga y Samos.

He pasado dos días alojado en una casa de turismo rural espléndidamente restaurada donde he sido tratado con calor y reconfortante hospitalidad, que ha dado lugar a varias conversaciones con Suso, el gestor de la casa, sobre la sierra, su realidad, su futuro y perspectivas. En este mundo hay tiempo para pararse a mantener una charla pausada y densa. Me he enterado de noticias relevantes en el universo poético de la sierra de Caurel, recreado, como dije hace unos días, por el poeta Uxío Novoneyra en libros como Os eidos cuyo espíritu sigue planeando entre los más inquietos de estos puebliños de piedra y pizarra.

¿Tiene futuro esta sierra? Me lo he preguntado con insistencia durante estos días. La economía de la comarca se nutre de la ganadería tradicional, el turismo rural entre los más innovadores, alguna pizarrera y también alguna cantera que son rechazadas en algunas pintadas que he podido ver. Pero el turismo asimismo es visto con recelo, aunque sea una fuente de ingresos respetuosa con el medio ambiente en el modo en que hasta ahora está planteado. La población es muy escasa, está envejecida y distribuida en más de cincuenta núcleos de población. Hay muy pocos niños y muchos ancianos. Es difícil para un joven no tener que emigrar como lo han hecho tantos y tantos. Las carreteras son estrechas y poco transitadas por lo que es un placer circular sin prisa entre estos valles y montañas de maravillosa hermosura. Pero sin futuro está sierra esta destinada a quedar despoblada en pocos años. Hace falta una mentalidad contemporánea para preservarla. Son valiosas la visiones tradicional o la resistente que pugnan por dejar que todo siga como está -detenido en el tiempo- pero eso no garantiza que pueda sobrevivir. Hay una mentalidad muy conservadora que obstaculiza toda innovación que pudiera ser hecha por gente joven y con ideas avanzadas. Hay proyectos empresariales interesantes que buscan -integrando un punto de vista conservacionista- promocionar el turismo de calidad (amante de la naturaleza, senderista...) pero se encuentran con planteamientos reacios a cualquier cambio. Y es que todo es tan hermoso como está... Sus difíciles comunicaciones tienen un encanto, su falta de habilitación para el turismo en muchos sentidos lo hace doblemente atractivo. En un anacronismo increíble que están aprovechando algunos intelectuales y destacados profesionales para comprar una casita y rehabilitarla en un entorno único.

En las callejuelas de Paderne, el puebliño en que he estado, se combina el paso lento de las vacas, las ovejas, las paredes de piedra, las puertas de madera increíblemente no cambiadas por aluminio, con el diseño vanguardista del interior de algunas casas rurales aprovechando los soportes y materiales tradicionales. El conjunto es auténtico y no ofrece un aspecto de escaparate o postal como algunos pueblos de España.

El siglo XX ha sido destructor de todo el medio ambiente y del paisaje natural. Sólo algunos sitios han sobrevivido al devastador impulso turístico uniformador. La sierra de Caurel es uno. Sería necesario armonizar todo lo que sabemos sobre desarrollo sostenible y conservación de la naturaleza para conseguir la viabilidad de lugares como éste. Si alguien quiere saber más, puede dirigirse a mí por correo electrónico y le diré dónde alojarse y comer en la sierra. Todo tiene sus secretos. Aún conservo en mi retina la imagen de estos bosques prodigiosos en hábitat autóctono riquísimo.

Un paisaje profundamente literario y extraordinariamente auténtico en el que algunos se consideran como Viriato resistiendo frente a todo desde la pureza de lo todavía incontaminado. ¿Qué hacer?

lunes, 16 de agosto de 2010

Lonxe

Lorenzo Varela

Uno de los poetas que quiero traer aquí porque me parece excelente -tanto en gallego como en castellano, las dos lenguas de Galicia, mal que les pese a los intolerantes fundamentalistas- es Lorenzo Varela (1916-1978). Fue un eterno emigrante trasterrado y exiliado tras la guerra. Nació en un barco, el Navarre, frente a las costas de Cuba adonde emigraron sus padres. Pasó unos años allí hasta que, debido a la crisis económica en la isla, se trasladaron a Argentina donde estudió la primaria. Hacia 1930 volvió a Galicia para estudiar Bachillerato en pleno periodo republicano. Allí entró en contacto con miembros del Partido Galeguista y conoció a Castelao. Del galleguismo evolucionó al troskismo y se acercó al Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). En 1935, acabado el bachillerato, se trasladó a Madrid para estudiar Letras. Empieza a colaborar en periódicos como crítico literario y a participar en la vida cultural de aquel Madrid tan extraordinariamente rico. El estallido de la guerra civil le lleva a alistarse -y a afiliarse al Partido Comunista- y pronto alcanzó el grado de comandante de una brigada de la undécima división. Escribió para míticas revistas republicanas como La hora de España y El mono azul, así como participó en 1937 en el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas junto a Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Ernest Hemingway, César Vallejo, Louis Aragon, André Malraux...

La derrota le llevó al exilio en el sur de Francia donde estuvo en un campo de concentración, hasta que pudo embarcarse en el Sinaia con destino a Mexico. Llegó a Veracruz. Allí retomó su actividad literaria -colaborando intensamente con Octavio Paz en la revista Taller- pero conflictos con otros exiliados -que volvían a reproducir las diferencias de la guerra civil- lo llevaron a viajar de nuevo a Argentina en 1941 donde aún residía su padre. Allí publicó un libro excelente en castellano, poco conocido, titulado Torres de amor (1942), su primer libro en gallego Catro poemas para catro gravados (1942), y posteriormente un poemario espléndido, Lonxe (1954) del que extraigo uno de sus poemas para que lo conozcáís. Lonxe significa “lejos” y su título ya idea de su contenido que hace referencia a la guerra civil tomando como protagonistas a los héroes de la guerrilla surgidos del pueblo y su lucha por la libertad y la justicia. Quiso viajar a los Estados Unidos pero no pudo por su adscripción comunista. Se trasladó a Montevideo (Uruguay) durante el periodo más álgido del peronismo (1947-1952). Tras su retorno y el fin del régimen de Perón, colaboró como crítico literario con los principales periódicos argentinos como Clarín, El Mundo, La Razón, De Arte y La Nación. Tuvo una relación tormentosa con Estela Canto, antiguo amor de Jorge Luis Borges. En Argentina mantuvo una estrecha relación con otros exiliados gallegos como Luis Seoane, Rafael Dieste, Antonio Baltar, Arturo Cuadrado... que le ayudaron a mantener el vínculo con su tierra.

La dictadura argentina de los años setenta y la represión que desencadenó, unidas a la muerte del dictador Franco, le llevaron a volver a España en 1976 donde era un perfecto desconocido -todavía lo sigue siendo- a pesar de haber sido un significativo miembro de la generación de la desgraciada generación de 1936, su calidad, su capacidad de análisis literario y su magnífico hacer poético. Murió, casi de tristeza, poco después de la vuelta a España en 1978.

Su vida estuvo marcada por la tragedia y la fatalidad. Ernesto Sábato, el escritor argentino, lo vio como un barco desarbolado y a la deriva fruto de ese profundo desarraigo y la permanente añoranza de un mundo perdido, lo que no impidió que viera también el mundo con una honda esperanza. Fue un excelente poeta y un hombre generoso e íntegro, que merece ser recordado como persona y como creador.

Xesus Lorenzo Varela fue homenajeado en el Día das letras galegas de 2005.

Dejo aquí un enlace a uno de sus poemas de Lonxe (O galo), que he seleccionado. Y también recojo unas palabras explícitas y clarificadoras de Lorenzo Varela, según mi entender, sobre la relación entre lo gallego y lo español. No tienen desperdicio. Me sirven de contrapunto a esa sectaria e intolerante declaración de Manuel María que me hizo conocer María.

Concluye aquí este pequeño ciclo de semblanzas de cuatro poetas gallegos que me han servido para profundizar en ese rico mundo de la lírica de la saudade que inició Rosalía de Castro, el origen de todo. Sé que no hay muchos lectores en estas fechas, pero para mí ha sido una buena y apasionante experiencia. Espero que alguien también haya disfrutado de ello.

jueves, 12 de agosto de 2010

Muiñeiro de brétemas

La biblioteca de Foz (Lugo) se llama Manuel María (Manuel María Fernández Teixeiro) y tiene en la escalera una imagen de este poeta fallecido en 2004. He espigado entre los fondos de la biblioteca y he encontrado una edición de sus obras completas en dos tomos y un ejemplar de su primer libro de poemas, Muiñeiro de brétemas (Molinero de nieblas) (1950), firmado por el autor nacido en la Tierra Cha (Lugo) en 1929. Este libro tuvo el privilegio de ser el primero de poesía publicado en gallego después de la guerra civil. Conoció en Lugo, adonde fue a estudiar el bachillerato, a Uxío Novoneyra, Anxel Fole, Luis Pimentel y otros que lo introdujeron en el mundo del galleguismo donde se situó durante toda su vida, terminando por ser reconocido por algunos como el poeta nacional de Galicia. Su obra es muy extensa y abarca más de cincuenta libros de poesía, más algunas piezas teatrales, ensayo, artículos periodísticos...Es uno de los poetas más musicados,

Sus primeros títulos Muiñeiro de brétemas (1950), Elexías á miña vida pequeniña (1951), Morrendo a cada intre (1952)-Molinero de nieblas, Elegías a mi pequeña vida, Muriendo a cada instante- están impregnados de un sentimiento existencial que revela la desorientación vital, la angustia, el desasosiego y las contradicciones del joven poeta chairego en una búsqueda desesperada de luz. Estos libros pertenecerían a la Escola da tebra (escuela de la tiniebla) o a la Filosofía de la saudade en la más característica tradición de la lírica gallega. Manuel María tomó la palabra muy tempranamente con un objetivo claro: luchar por su tierra, por su gente, por su lengua, por su mundo cultural, en definitiva por su Patria, Galiza, en unos años oscuros en que otro gallego siniestro reprimía cruelmente a los españoles cualquier rescoldo de libertad y los sentimientos que tenían a Galicia como eje de proyecto nacional independiente.

Yo no soy gallego y soy escéptico sobre los sentimientos nacionalistas de cualquier tipo por muy dignos que puedan ser. Por otro lado, estos no añaden una brizna de riqueza lírica a los poemas que son compuestos con tales nobles y legítimas emociones. Alguien ha calificado a Manuel María como el Walt Whitman gallego (C. Gómez Torres, Manuel María: os traballos e os días, 2001). Pretendió, tras su inicio existencial, hablar en nombre de su gente, de su pueblo, de su estado de pobreza y postración (labriegos, mariñeiros, obreros, emigrantes que tuvieron que dejar la Patria en busca de otra fortuna...). No es difícil reconocer una explícita intención social, propia de las tendencias de los años cincuenta, que le llevó a militar políticamente en la clandestinidad y en los años de recuperación de las libertades en movimientos nacionalistas radicales para los que se convirtió en un modelo de entrega, fe y compromiso nacional.

Estos días he leído poemas y poemas suyos, no todos obviamente. He intentado hacer un recorrido por su obra pero la impresión que tengo es que no llega a emocionarme ni a cautivarme poéticamente. Lo veo demasiado explicativo y explícito, dice demasiado, subraya lo obvio, carga de palabras definidoras de los sentimientos lo que escribe, no deja el poema latiendo misteriosamente para que sea el lector el que recoja las vibraciones y las recomponga en su espíritu. Entiendo sus sentimientos y me parecen valiosos pero no me gusta que me lo expliquen todo. Su poesía no logra alzar el vuelo, se queda en un primer nivel en busca de la emoción lírica. Pienso que él sospechó siempre que no tenía el hálito poético necesario. No era Walt Whitman, pero lo intentó. Pienso incluso que fue excesivamente prolífico, escribió en cantidad lo que no logró en hondura y calidad. Intuyó que no era un buen poeta, pero le gustó identificarse con la imagen de un poeta al servicio del pueblo, de su Patria. Hay demasiada poesía de circunstancias. Depuró poco.

Significativamente tiene sus obras completas publicadas en dos volúmenes, pero tras su muerte, relativamente reciente, no percibo un eco de su obra. En internet apenas hay referencias, estudios o reflexiones sobre su poesía. Es prácticamente imposible encontrar poemas suyos. No pienso que sea un poeta esencial, pero sí que expresó un sentimiento, una manera de percibir la realidad de su tierra de un modo histórico-temporal que reivindicó una esencialidad en la identidad de Galiza. Comprendo sus fundamentos y los respeto pero no es un buen poeta por más que haya sido reclamado como modelo de bardo nacional.

Dejo unos poemas suyos. Es curioso que se le siga recordando por su primer libro de poemas Muiñeiro de brétemas o que acaben de reeditarse sus Elexías á miña vida pequeniña. Éste poeta existencial, contradictorio, confuso, angustiado, de sus primeros años es el único que logra alcanzarme de alguna manera.

Son home. E sei que non teño salvación.

Todo está pecho ao meu redor.

Perdín a inocencia dos meniños.

E berro como un tolo.

E cúspolle ás estrelas.

Malia a miña suficiencia

leo libros e libros que non matan

o desacougo interior que vai en min.

Son unha noite moura entre dúas noites.

Nacemento e morte determinan a vida.

Pregúntome a min mesmo porque son.

Non teño resposta para as preguntas

que se erguen imperiosas no meu fondo.

Non atopo algo de luz

coa que poida alumar a miña tebra.

E ando sempre loitando sen acougo

anque sei que perdín a miña guerra.


Camiños de luz e sombra (1959)


Soy hombre. Y sé que no tengo salvación.

Todo está cerrado a mi alrededor.

Perdí la inocencia de los niños

Y grito como un loco.

Y le escupo a las estrellas.

A pesar de mi suficiencia,

leo libros y libros que no extinguen

el desasosiego interior que va en mí.

Soy una noche oscura entre dos noches.

Nacimiento y muerte determinan la vida.

Me pregunto a mí mismo por qué soy.

No tengo respuesta para las preguntas

que se yerguen imperiosas en mi fondo.

No encuentro algo de luz

con la que puede alumbrar mi tiniebla.

Y ando siempre luchando sin sosiego

aunque sé que perdí mi guerra.

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Eu son para min

toda-as interrogacións,

todal-as estatuas,

todol-os misterios,

e todal-as cumes xeadas de evanxeos.

Os ollos contémprame

Na impura prata dunha soma

Moendo ó vello sembrante

Que borra ó indecible desta morte

Chea de agonías e de bágoas”.

Muiñeiro de brétemas, 1950.


Yo soy para mí

Todas las interrogaciones,

Todas las estatuas,

Todos los misterios

Y todos las cumbres heladas del evangelio.

Tus ojos me contemplan

En la impura plata de una sombra

Que muele el viejo semblante

Que borra lo indecible de esta muerte

Llena de agonías y de lágrimas.

lunes, 9 de agosto de 2010

Os eidos

Uxío Novoneyra

En agosto de 2002 hice un viaje con mi amigo Josep -profesor de lengua catalana- por el interior de Galicia. Nuestras conversaciones eran fundamentalmente literarias en aquel recorrido a pie por la entraña de Galicia. Yo llevaba en mi mente la obra de un poeta gallego recientemente fallecido, Uxío Novoneyra (1930-1999), y que había nacido en la sierra de Courel (Parada de Moreda) en el extremo sureste de la provincia de Lugo. Allí pasó su infancia y mocedad hasta que se trasladó a Lugo a hacer el bachillerato. La sierra de Courel es uno de los paisajes más hermosos de Galicia. En ella hay densos bosques entre los que se encuentra la devesa de Rogueira, la fraga más extraordinaria y bella de Galicia. Se llega a ella desde Folgoso de Courel y Moreda. Quisimos visitar el paisaje natal del poeta que hizo del Courel un mundo literario como Juan Benet lo hizo de Región o Faulkner de Yoknapatawpha o García Márquez de Macondo. En la devesa de Rogueira, bosque autóctono de una riqueza y variedad enorme en que se combinan robles, castaños, abedules, encinas y alcornoques, existe la magia y el silencio en un caminar que nos lleva hasta un paraje fantástico que es la fonte do Cervo. Allí, en aquel mundo, tejió Uxío Novoneyra sus imágenes poéticas expresadas en un gallego lleno de palabras de su niñez, que no aparecen en el diccionario normativo, y que se expresan con austeridad y calidez.

Su poesía puede sobrecoger por la profunda tristeza que revela. Este es quizás el motivo por el que lo he elegido para hacer su semblanza. Me atrae su melancolía cuando mira un mundo finito y hermoso. Se podría decir que su expresividad es tenebrista; con muy pocas palabras es capaz de pintar con economía de medios el Courel de la infancia (sus campos, sus montes, sus fuentes, sus bosques...), un universo poético de tonos pobres y oscuros. Yo que no tengo tierra me fascina el arraigo a la suya, su profunda vinculación panteísta con la naturaleza y con las palabras de los labriegos.

En 1955 publicó Os eidos (microtopónimos, los sitios de la tierra que pueden identificarse por un nombre) en una etapa en que pasó nueve años en su Courel aquejado de una grave pleuresía que le llevó a las puertas de la muerte. Con esta obra se inicia el ciclo coureliano en que logra transfigurar lo local para convertirlo en metafísico y universal. Destaca el amor a las pequeñas cosas y la luz que ilumina el paisaje de su infancia. Su obra continúa en 1974 con la segunda parte de Os eidos 2 (Serra aberta, Follas de cantigas, Diario de enfermo, e incluye su célebre Letanía de Galicia), un libro de poética contemplativa, Elexias del Courel (1966) y Poemas caligráficos... Media docena de títulos han convertido a este poeta gallego de izquierda y profundamente galleguista en una referencia necesaria en la poesía gallega y española. Este año 2010 el Día das letras galegas lo han tenido como centro, y también 50 años después, ha sido publicada por primera vez en edición bilingüe -traducida por su viuda Elva Rei- la edición de Os eidos y Libro do Courel.

Su poesía es telúrica y sentimos al leerla el amor a las cosas en su inevitable finitud.

Traemos dos poemas representativos que ofrecemos en una traducción abierta a sugerencias de los lectores:


Serra aberta

Terras outas e soias!

Serras longas mouras!

Eu son esta coor de soedá

Ancares soñados co lonxe!

Penas de Marco de Meio Mundo en ringuileira do

Candedo ás Moás!

Alto da Lucenza Formigueiros Montouto Pía-Páxaro

Tesos cumes do Courel! Pobos probes

Ardidos de tristura mouros de queimados!

Lor ruxindo polo val pecho!

Ucedo e ucedo!

Fontiñas outas

penedos

carrozos escuros

fragas agros soutos e devesas! Labregos e pastoras

que soio vistes

istes tesos e máis estes vales!

Aturula a curuxa e canta o cuco

Medindo o tempo quedo que se para na cor e tornándose

Contra un ven cravarse no sitio onde máis se sinte!

Serra aberta (Os eidos 2)


Traducción abierta

Tierras altas y solas!

Largas sierras negras!

Yo soy este color de soledad

Ancares soñados a lo lejos

Peñas de Marco de Meio Mundo en hilera desde

Candedo hasta Moás

Alto de Lucenza Formigueiros Montouto Pía Páxaro

Montes erguidos del Courel! Pueblos pobres

ardidos de tristura negros de quemados!

Lor bramando por el valle cerrado!

Brezal y brezal*

Fuentes altas

peñascos

torrentes oscuros

fragas campos sotos y devesas! Labriegos y pastoras

que solo visteis

estas cumbres y estos valles!

Ulula la lechuza y canta el cuco

Midiendo el tiempo quieto que se detiene en el corazón y volviéndose

contra uno viene a clavarse en el sitio donde más se siente!


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Donde che ven a tua tristura

-coor dos teus ollos e son do teu xeito-?

Cas maos máis lenes

recóllela d'iles, déixala no aire e fuxes.

Máis, antes que pase o intre,

volve cair en ti

que xiras, xiras, sin poder sair do circo que te pecha


(Elexías do Courel)


¿Dónde te viene tu tristeza

-color de tus ojos y son de tu gesto-?

Con las manos más leves

la recoges de ellos, la dejas en el aire y huyes.

Pero, antes que pase el instante,

vuelve a caer en ti,

que giras, giras, sin poder salir del círculo que te cierra.

viernes, 6 de agosto de 2010

Longa noite da pedra


Estoy pasando unas semanas en Galicia, concretamente en una aldea que se llama Santo Tomé perteneciente a Vilanova de Lourenzá, cerca de Mondoñedo, Ribadeo y Foz, un pueblo junto al mar. Quiero aprovechar estos días por aquí, y a la vez que preparo comentarios para mis alumnos de bachillerato, voy a publicar cada dos o tres días un poema, elegido sin mucho criterio, de algún autor gallego del que haré una somera semblanza. Sin duda hay muchísimas personas que lo pueden hacer con mayor fundamento. Publicaré también un intento de traducción al castellano que pido sea revisada por los conocedores del gallego que lleguen aquí.

El poema seleccionado hoy pertenece al espléndido poemario Longa noite da pedra del poeta Celso Emilio Ferreiro (1912, Celanova-1979, Vigo). Se consideró sucesor del poeta Curros Enríquez, también nacido en Celanova (Orense) del que publicó una interesante biografía. Formó parte en su juventud de movimientos galleguistas que reivindicaban la lengua y literatura gallegas (Federación de Mocedades Galeguistas fundada por él en 1934). Es uno de los principales poetas modernos que se inició en el postmodernismo y los movimientos de vanguardia gallegos (Cartafol de poesía). Fue reclutado por el bando nacional en la guerra civil y, tras ella, llevó una vida apartada y apagada. Tradujo a Rilke al gallego. Publicó su primer libro en 1954 O sono asulagado (El sueño sumergido). En él muestra su rebeldía poética ante el ruralismo y al sentimentalismo lacrimógeno. Su poesía gira hacia los problemas del ser humano en unas circunstancias concretas, sus angustia y su lucha por sobrevivir. Se está iniciando su deriva hacia una concepción social de la poesía que culminará en su mejor libro que es el que hemos citado arriba, Longa noite da pedra (1962) que se convirtió en el libro de poesía gallega más leído de la posguerra. Sin embargo, Celso Emilio Ferreiro rechazó la calificación de social para reconocerse más bien como beligerante. Mantuvo estrechas relaciones con otros poetas de su tiempo, en especial catalanes como Carles Riba o Salvador Espriu. Este libro es una serie de textos de denuncia, de reivindicación, de resistencia cívica contra la larga dictadura franquista en unos registros cuidadosos, profundamente poéticos e impregnados del lenguaje cotidiano. Recojo uno de sus poemas titulado Libremente, en el que resalta el significado denso y luminoso de la libertad frente a la sombra que acecha obstinada.

LIBREMENTE

Nós queríamos libremente
comer o pan de cada día. Libremente
mordelo, masticalo, dixerilo sin medo,
libremente falando, cantando nas orelas
dos ríos que camiñan pra o mar libre.
Libremente, libremente,
nós queríamos somente
ser libremente homes, ser estrelas,
ser faíscas da grande fogueira do mundo,
ser formigas, paxaros, miniños,
nesta arca de Noé na que bogamos.
Nós queríamos libremente surrir,
falarlle a Dios no vento que pasa
-no longo vento das chairas e dos bosques-
sin temor, sin negruras, sin cadeas,
sin pecado, libremente, libremente,
coma o aire do mencer e das escumas.
Coma o vento.
Mais iste noso amor difícil rompeuse
-vidro de soño fráxil-
nun rochedo de berros
e agora non somos máis que sombras.


Libremente

Nosotros queríamos libremente
comer el pan de cada día. Libremente
morderlo, masticarlo, digerirlo sin miedo,
libremente hablando, cantando en las orillas
de los ríos que caminan hacia el mar libre.
Libremente, libremente,
nosotros queríamos solamente
ser libremente hombres, ser estrellas,
ser chispas de la gran hoguera del mundo,
ser hormigas, pájaros, niños
en esta arca de Noé en que bogamos.
Nosotros queríamos libremente sonreír,
hablarle a dios en el viento que pasa
-en el largo viento de las explanadas y de los bosques-
sin temor, sin negruras, sin cadenas,
sin pecado, libremente, libremente,
como el aire del amanecer y de las espumas.
Como el viento.
Mas se rompió nuestro amor difícil
-vidrio de sueño frágil-
en un roquedo de gritos
y ahora no somos más que sombras.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Ser hombre

Cristo de Carrizo

Oración de uno que no cree en la cripta románica

de la iglesia parroquial de Santa María de Aínsa.


Si el hombre pudiera entender lo que vive,

si pudiera hacer suya la belleza

de un atardecer o una flor,

si pudiera vivir sin contradicciones

que le llevan a desgarrarse,

si sus decisiones estuvieran siempre

ligadas a una causa justa

o al menos razonable,

si sus equivocaciones o errores

fueran menos definitivos,

si en la mirada de esos ojos

que le observan desde el vacío

no hubiera un reproche hondo y doloroso,

si, en definitiva, ser hombre

fuera menos difícil,

menos un cielo de fragmentos

y un profundo desatino en el caminar

en la penumbra…

Si ser hombre supusiera alzar las manos

y recoger los dones del cielo

o fuera, simplemente, dejarse llevar por aguas limpias y turbulentas

o por cascadas o sifones de un barranco en agosto,

o tal vez iniciar un diálogo incierto

con lo que no quieres descubrir.

Si ser hombre fuera un misterio menos profundo,

quizás el desafío fuera menor,

el secreto del unicornio menos enigmático,

y los viajes a las islas o los paseos bajo el mar

serían menos audaces.

Porque ser hombre es equivocarse,

no entender, ser injusto, ser desleal,

ser inseguro, ser indigno…

Todo va en el mismo contrato

y cuando pretendemos ser mejores,

encubrimos nuestra parte inexplorada,

la cohibimos, la engalanamos

de guirnaldas y serpentinas multicolores

para no reconocer que además de santos

somos unos espléndidos hijos de puta,

todo sea dicho con la mayor de las consideraciones

hacia todos los que se sienten piadosos,

apacibles, solidarios, benévolos o superiores a otros.

Ser hombre…

(Escribe los versos que a tu juicio continuarían esta especie de letanía descreída).

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