miércoles, 28 de abril de 2010

Ascensión del Pedraforca



"Lo único constante es el cambio” es la base de la escultura de bambú colgada del techo que se está elevando en forma de bosque en el Metropolitan de Nueva York y que podrá escalarse, atravesarse, descansar… Vi imágenes en la televisión e inmediatamente la instalación de los gemelos Mike y Doug Starn me cautivó y querría experimentarla, recorrerla, ascenderla. A veces el arte contemporáneo tiene intuiciones poderosas aunque no son nuevas puesto que la idea del cambio continuo viene ya de la filosofía atribuida a Heráclito de Éfeso. Nuestra vida es cambio, todo es impermanente, todo es una ilusión, la materia está vacía, el observador transforma lo observado, el arco, el arquero, la flecha y la diana forman una unidad. Lo que estoy escribiendo es un sueño que tal vez llegará a alguien que lo está esperando, como me ha pasado a mí en una etapa de crisis profunda. ¿Qué dirección dar a nuestros pasos? ¿Hacia dónde dirigirnos? ¿Dónde estarán nuestras certezas? ¿Hay acaso certezas?

¿Es posible que dos elementos aparentemente antitéticos sean simultáneamente correctos y verdaderos? ¿Acaso el taoísmo no enseña la complementariedad de los contrarios? Todo se ordena en contradicción. Es un juego. Nuestro juego, pero las apariencias llevan a que nuestra mente se pierda en ese juego de espejismos. Una crisis profunda puede ser la enfermedad que nos sane, tal vez. Sólo hay que ver las cosas de un modo adecuado.

Este fin de semana pasado ascendí el Pedraforca, una montaña singular –y bellísima- de 2500 metros en la comarca catalana del Berguedà, una tierra muy amada por mí pues estuve destinado en un instituto (Guillem de Berguedà) durante tres inolvidables cursos cuando saqué las oposiciones. Ha llovido mucho desde entonces. Y he subido el citado Pedraforca en varias ocasiones. La del sábado 24 fue la sexta vez. Y lo hice con un exalumno de hace ya bastantes años con el que he seguido teniendo una relación entrañable y profunda, Alberto. Recuerdo los apasionados debates que manteníamos en clase de literatura hablando del Cantar de Mío Cid, La Celestina, El Quijote o Macbeth… Tal vez Galdós. La clase era un laboratorio de elaboración de ideas que se compartían entre todos.

Propuse a Alberto la ascensión del Pedraforca y él aceptó encantado, pero no esperaba lo dura que iba a ser en plena primavera cuando la nieve todavía no se ha fundido a partir de los dos mil metros. Yo tenía una clara imagen de lo que nos esperaba pero él no. Cuando vio la montaña en la lejanía recortándose entre las nubes nos dimos cuenta de que el tiempo no iba a ser muy bueno. Era mi sexta vez. La montaña era la misma, pero yo no era el mismo. Ese cambio continuo del que hablaba al principio planea sobre todos nosotros. Somos el cambio. ¿Podría esta vez con la montaña o ésta podría conmigo? La ascensión y el descenso son muy fatigosos y en algunos puntos, peligrosos.

Nunca podemos dar por superada una dificultad, pues aunque la conozcamos nosotros hemos cambiado.

La ascensión con sus recesos para tomar fuerzas o hacer fotos nos costó más de tres horas. Cerca de la cima, en el collado, en medio de nieve abundante, vimos el camino hacia la cumbre cubierta por las nubes. A partir de ahora habría que trepar por entre la nieve y las rocas procurando no despistarse y viendo dónde poníamos los pies. Fue un ascenso emocionante y de risas compartidas. En el vídeo que he colgado se ven imágenes del ascenso y del descenso. El momento de hacer cumbre fue emotivo. ¡Habíamos llegado! Apenas se veía el horizonte entre las nubes. Normalmente se ve todo el Pirineo y se vislumbra Montserrat, pero en ese día de belleza áspera la visibilidad era limitada. Nos hicimos fotos y respiramos hondo pletóricos de felicidad por haber llegado juntos. Compartimos esos momentos inolvidables de compañerismo y belleza de la naturaleza con la conciencia de nuestra fragilidad, del éxtasis del instante que estábamos viviendo en medio de la nieve en lo más alto con el mundo a nuestro alrededor. No éramos montañeros pero ese día habíamos participado de la maravilla de la montaña, y quizás no fuera la última vez.

Dedico a mi amigo Alberto este post –que él no leerá- y le pongo de fondo al vídeo la canción Barriobajero del grupo Los Porretas que me puso en el coche cuando ya llegamos al punto de partida. Una vida de profesor da muchas satisfacciones y no es una de las menores el poder alcanzar una sana y sólida amistad con algunos alumnos que te siguen estimando tras el tiempo pasado y con los cuales se puede ir al teatro, tomar algo o ascender una montaña.

¿Qué relación tiene lo que he contado con el preámbulo del cambio continuo y la concepción cuántica de la existencia? No sé, pero tengo la impresión de que alguien lo entenderá porque lo estará esperando.

domingo, 25 de abril de 2010

Cine clásico para niños

Tengo dos hijas, una de diez años y otra de trece. Me gusta ver cine clásico con ellas. La mayor no está abierta a mis propuestas y tiene sus propias ideas sobre qué ver y qué leer, lo que le lleva abiertamente a la cultura de masas dominante. Nada que objetar. Cada uno tiene su propio camino y un padre no debe buscar que sus hijos sean necesariamente receptores de lo que se cree sinceramente una buena educación estética. El tiempo va construyendo el perfil y el alma de nuestros hijos. Nosotros somos una influencia importante, pero no la única. El conjunto de intereses que tiene cada uno son fruto de su libre elección, y sobre eso no hay nada que decir.

Sin embargo, mi hija pequeña es receptiva y disfrutamos enormemente viendo filmes clásicos desde hace ya varios años. Quiero dejar constancia de que es posible ver películas clásicas a una temprana edad, películas que educan la sensibilidad y la asimilación del sentido estético.

Estas películas las he visto con Lucía y las recomiendo vivamente a los padres de niños de edades semejantes. Tienen intensidad sentimental, a veces niños como protagonistas -un ingrediente esencial- y reflexión sobre la vida. Son hermosas películas llenas de densidad humana y cinematográfica.

- El mago de Oz (1939) de Víctor Fleming.

- Capitanes intrépidos (1937) de Víctor Fleming.

- King Kong (1933) de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack.

- Películas de Charles Chaplin del cine mudo.

- Películas de Stan Laurel y Oliver Hardy (El gordo y el flaco), en cine mudo o sonoras.

- King Kong (2005) de Peter Jackson.

- Cantando bajo la lluvia (1952) de Stanley Donen y Gene Kelly.

- Matar a un ruiseñor (1962) de Robert Mulligan.

- El pequeño salvaje (1969) de François Truffaut.

- The man of Aran (1934) de Robert J. Flaherty.

- Los pájaros (1963) de Alfred Hitchcock.

- Sonrisas y lágrimas (1965) de Robert Wise.

- Amarcord (1973) de Federico Fellini.

- Ginger y Fred (1986) de Federico Fellini.

- El diario de Ana Frank (1959) de Georges Stevens.

- La noche del cazador (1955) de Charles Laughton.

- Imitación a la vida (1959) de Douglas Sirk

- El ladrón de bicicletas (1948) de Vittorio de Sica.

- Fanny y Alexander (1982) de Ingmar Bergman.

- Una noche en la ópera (1935) de San Wood.

- El gran dictador (1940) de Charles Chaplin.

- Cinema Paradiso (1988) de Giuseppe Tornatore.

- Ana de las tejas verdes (1985) de Kevin Sullivan.

- Días de radio (1987) de Woody Allen.

- La vida es bella (1997) de Roberto Benigni.

- Derzu Uzala (1974) de Akira Kurosawa.

- Mi pie izquierdo (1989) de Jim Sheridan.

- En América (2002) de Jim Sheridan.

- Gorilas en la niebla (1988) de Michael Apted.

- Eduardo Manostijeras (1990) de Tim Burton.

- Los niños del coro (2004) de Cristophe Barratier.

- El viaje de Chihiro (2001) de Hayao Miyazaki.

- El castillo ambulante (2004) de Hayao Miyazaki.

- El espíritu de la colmena (1973) de Víctor Erice.

- El camino (1964) de Ana Mariscal.

- Secretos del corazón (1997) de Montxo Armendáriz.

- Tasio (1984) de Montxo Armendáriz.

- Planta cuarta (2003) de Antonio Mercero.

Son películas bellísimas que hemos de ver con ellos. La televisión es altamente deformante del sentido estético. Sin embargo, existe buen cine, cine extraordinario a nuestro alcance, y que será inolvidable para nuestros hijos. Nunca se olvida una buena película vista con papá o mamá, y serán referencias maravillosas en su historia sentimental. Algunas de ellas son tristes como El ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica o La vida es bella de Roberto Benigni o Capitanes intrépidos de Víctor Fleming, pero ¿quién ha dicho que haya de pintarse la vida de color de rosa? No despreciemos a nuestros hijos. También saben que existe el dolor y la tristeza formando parte de todas las tonalidades de la vida.

Si queréis añadir alguna película a esta lista, será bienvenida e incorporada a nuestra filmoteca.

jueves, 22 de abril de 2010

¿Propiedad intelectual? No gracias.

El gesto inocente de dar a “descargar” con el EMULE, ARES… o cualquier otro programa de intercambio p2p de una película, un disco, un libro ¿es tan inocente? Reconozco que yo he utilizado el EMULE para bajar películas clásicas, prácticamente nunca recientes, películas cuya adquisición es muy difícil o imposible. Así he podido ver la filmografía de Bergman por ejemplo. Sin embargo, cada vez tengo más reparos en utilizar los programas de descargas gratuitos. Siento algo próximo a la vergüenza.

Leía a principios de abril esta noticia en El Periódico de Catalunya. Léanla no tiene desperdicio. El último cine de barrio de la ciudad de Hospitalet de Llobregat (400.000 habitantes) había cerrado por falta de público y tras pérdidas continuadas. Ahora sólo quedan los multicines de centros comerciales. Lo mismo ha pasado en Badalona y en muchas otras ciudades. Del mismo modo, la mitad de los videoclubes han tenido que cerrar. Se calcula asimismo que la piratería digital ha causado la destrucción de 13200 puestos de trabajo y la pérdida de 1700 millones de euros para el mercado minorista.

Se entiende popularmente que la cultura debe ser gratis, no barata sino gratis. Asumimos que una cerveza y unos pinchos se deben pagar, entendemos que una barra de pan hay que pagarla, que una vivienda o un coche tienen un precio que hay que satisfacer, pero cuando pensamos en un disco, una película y, en el futuro, en un libro, entendemos que tenemos el legítimo derecho de “bajárnoslo” gratis, faltaría más, sin querer ser conscientes de las consecuencias demoledoras que tiene ese inocente hecho para la creación y para el mantenimiento de miles de puestos de trabajo.

Conozco piratas conspicuos que no tienen la menor duda sobre la legitimidad de bajarse docenas, centenares, de películas o descargarse discografías completas sin pagar más de que lo que cueste la tarifa de banda ancha.

Importantes compañías como Sony Entertainment reconocen que la venta de DVDs en España ha caído en picado. En cuatro años (2005-2009) el mercado de DVDs ha perdido el 60% de sus ingresos. Ello no despertará las lágrimas de nosotros como piratas, pero sí nos puede hacer pensar que se han perdido el 40% de los puestos de trabajo que generaba el sector que era de 30000 personas.

La industria musical se encuentra en estado de crisis, casi abocada a la desaparición si sigue la situación en los mismos parámetros. Nadie va a pagar por un CD (por barato que sea) si puede “descargárselo” gratis. ¿O somos tontos? Nadie va a lamentarlo desde su casa. ¿Por qué va a pagar? ¡Además que se jodan las grandes discográficas! Ser pirata tiene encanto sobre todo si se hace sin ningún riesgo. No se lleva pata de palo o el ojo tapado pero sí que se entiende que se es una especie de Luis Candelas que roba a los ricos para dárselo a los pobres. El problema es que ese bandolero que somos atentando contra algo tan ridículo como la propiedad intelectual supone que multitud de pequeñas discográficas tengan que cerrar y que cada vez se vea menos estímulo en la creación. Al parecer los artistas deben vivir del aire o hacerlo meramente por placer y su contribución debe ser donada liberalmente a la humanidad.

¿Qué futuro le espera a la industria del libro cuando se popularice el soporte digital? ¿Quién va a pagar por algo que puede ser gratis dándole a la dichosa tecla? Quim Monzó decía en una entrevista on line en El País hace unos días:

Me preocupa la desfachatez con la que mucha gente cree que el trabajo de los artistas no merece recompensa. Así se han cargado ya la industria musical y todo el mundo cree tener derecho a bajarse de internet películas y canciones sin pagar ni un duro. Es evidente que en cuanto todos los libros estén digitalizados, eso empezará también a pasar con nosotros. De hecho, ya ha empezado a pasar. El otro día Román Gubern explicaba que había descubierto un libro suyo pirateado y colgado por ahí. Será cuestión de pensárselo mucho antes de volver a publicar un libro.

Pero nada hay que concite más unanimidad entre los internautas que la reivindicación del legítimo derecho a descargarse cualquier cosa. Mis alumnos también sienten un enorme desprecio por la propiedad intelectual. Copian y pegan sin citar las fuentes para realizar sus trabajos. ¿Para qué crear ideas propias si son otros los que lo hacen y las podemos copiar libremente sin ningún cargo de conciencia? Y además ¿qué son las ideas? ¿No son propiedad de todo el mundo? ¿Qué es una idea? Rodríguez Ibarra, el Ínclito, dice que no debería existir la propiedad intelectual porque todos copiamos de todo el mundo y que la historia de la cultura no es más que la cadena de una copia continuada y generalizada. ¿Por qué pagar por las ideas de los demás? ¿Por qué ni siquiera citarlos si las ideas, las canciones, las películas, los libros... son propiedad de todos?

lunes, 19 de abril de 2010

Esto es lo que hay

For the love of God, Damien Hirst, calavera realizada con diamantes y vendida por 74 millones de euros.

Me gusta visitar exposiciones de arte contemporáneo. No soy un experto ni alguien especialmente cualificado para opinar, salvo para plasmar mis impresiones de modo elemental y con unos básicos conocimientos sobre historia del arte y en especial el que viene de la corriente conceptual que se inicia en alguna manera con Marcel Duchamp.

Muchas veces salgo completamente insatisfecho con lo que veo. Bajo la etiqueta de arte conceptual (que puede ser cualquier cosa) se esconde mucha banalidad y ausencia de sentido, salvo que ése sea el último significado que se quiera expresar. ¿Qué es el arte? Es una pregunta que no tiene una respuesta fácil. Cada época se lo ha planteado de una forma distinta. Los pintores que decoraron las cuevas de Altamira (quizás alguna mujer o algún miembro del clan imposibilitado para cazar) desde su concepción no eran artistas. Lo son desde la nuestra, pero en el paleolítico no existía la concepción del arte ni aquello era considerado “artístico”. Los pintores medievales, los constructores de catedrales, los escultores de tallas románicas y góticas no acostumbraban a dejar su nombre como firma de la obras realizadas que estaban realizadas a la gloria de Dios.

La modernidad crea la noción de arte, de artista, de valor… y es la contemporaneidad la que ironiza sobre ello invirtiendo el proceso de valoración de una obra artística. No es el producto acabado lo que tiene valor sino la reflexión que ha dado origen a ello. ¿Puede ser un objeto artístico un urinario (Duchamp), una cagada enlatada (Piero Manzoni), una vaca conservada en formol con los cuernos y las pezuñas de oro (Damián Hirst), vendida esta última recientemente por trece millones de euros en las más exclusivas galerías británicas y norteamericanas? ¿Qué reflexión propone el llamado arte contemporáneo?

Siempre que asisto a una exposición de arte contemporáneo me hago esta misma pregunta e intento reflexionar sobre ello. Responder que es una broma es obvio pero quiero ir más allá; que es la propia ausencia de significado lo que está allí reflejado también es claro; que es una ironía sobre la noción del mismo arte y que pone en cuestión el fundamento efímero de la realidad, de la vida, del tiempo y en último lugar, el verdadero fin de todo que es la muerte, es evidente. ¿Qué reflexión hay en un tiburón conservado en formol vendido por millones de dólares? ¿Cómo puede haber un comprador tan estúpido como para pagarlos salvo que crea que es una inversión firme como el que compra acciones de una gran compañía?

¿Puede el arte proponer significados densos o profundos cuando la historia es crecientemente veloz y todo es efímero sin tener tiempo para ser? ¿Qué elementos nobles debería utilizar el arte para reflejar que todo se nos escapa? ¿La calavera realizada con diamantes como ilustra el post?¿Cómo evidenciar el sentimiento de absurdo que domina todo y en el que el supremo valor es la tarjeta de crédito? ¿Qué queda firme en nuestra concepción del mundo, salvo que todo está cambiando continuamente a velocidad acelerada y que todo depende de su valor de mercado? ¿Cuál es el arte que corresponde a nuestro tiempo? ¿La cabeza de vaca con la lengua fuera de Hirst? ¿La nada, la mierda, el absurdo, la tontería, la insignificancia?

Parece que hemos llegado al límite, al grado cero como sugería Roland Barthes, todo se ha deconstruido ya infinidad de veces, se han pintado lienzos en negro o en blanco, el lenguaje parece inútil (los parlamentos lo evidencian: nadie escucha a nadie), sólo se intuye que el único lenguaje posible es el silencio, pero ¿cómo callar? ¿de qué hablar cuando ya nada parece tener sentido? La cultura no puede ofrecer ya ningún modelo y lo que estamos viviendo es una involución hacia la nada, hacia lo anecdótico, hacia el libro de autoayuda tipo Jorge Bucay o Susanna Tamaro que dejan todo igual y nos plantean que debemos reconciliarnos con nosotros mismos y adaptarnos al tiempo. ¿Pero cómo adaptarnos al tiempo que vivimos si es profundamente perverso? ¿Cómo adaptarse si la sociedad está probablemente enferma o neurotizada? ¿Hay algo más allá del vacío o la tarjeta de crédito o la ciudad dormitorio? ¿Habrá de retornar lo sagrado en alguna manera más allá de las religiones que son profundamente alienadoras? ¿Hay algún camino para el hombre contemporáneo y que el arte pueda reflejar?

En esa tesitura observo el arte de nuestros días. Entre la ausencia de significado y la intuición de lo eterno y de lo sagrado, de ir más allá de nuestro mundo de sombras al que estamos atados y amordazados en la caverna creyendo que es la Realidad ¿Hay algo fuera? ¿Nos dice algo la noche cuando observamos las estrellas si podemos evitar la contaminación lumínica? ¿Hay algo permanente en nuestras observaciones, en nuestros estados de ánimo? ¿Hay algo más allá del fluir incesante? ¿A qué aferrarnos? ¿O cómo no aferrarnos a nada sin caer en el sentimentalismo y la comedia rosa? ¿Cómo ser seres plenos en un mundo que nos exige castrados e impotentes y que nos propone la televisión y el centro comercial como paradigmas del ser? ¿Cómo sobrevivir en un mundo falto de imaginación y atado a la realidad más banal?

¿Cómo caminar, cómo ser, cómo sentir más allá de lo que los pragmáticos -que tanto detestaba Julio Cortázar- defienden como supremo principio: “Esto es lo que hay”?

(Dedicado a Frikosal, quien me enseña a mirar el cielo y las estrellas).

viernes, 16 de abril de 2010

El caso Egunkaria



Cuando escribo este post, estoy escuchando Piedra y camino del cantautor vasco Mikel Laboa. Pienso entretanto en aquel alejado 2003 en que surgió el caso Egunkaria, el único diario que se editaba íntegramente en euskera. Fue en febrero de 2003, cuando el juez Juan del Olmo cerró el diario alegando que era un instrumento de ETA y que servía a sus fines e ideología. En aquel febrero el cierre coincidió con el asesinato del socialista Joseba Pagazaurtundua, ex jefe de la policía municipal de Andoain (Guipúzcoa) por parte de la banda armada. Fue abatido por cuatro disparos en el bar Daytona.

El caso Egunkaria se relacionó con la lucha contra ETA, pero la reciente sentencia de la Audiencia Nacional absuelve a todos los imputados y desmonta totalmente los argumentos esgrimidos por el juez Juan del Olmo que cerró el diario, bloqueó sus cuentas y detuvo a nueve de sus directivos, acusados de colaboración con ETA. Hay que señalar que el juez Garzón rechazó dos años antes la acción judicial en base a unos documentos que a su juicio no demostraban la implicación de Egunkaria en la estrategia de la banda terrorista.

En 2006, una vez había abandonado la Audiencia Nacional el fiscal Jefe Eduardo Fungairiño, el fiscal Miguel Ángel Carballo solicitó el archivo del caso por no haberse acreditado la acusación vertida contra el diario clausurado ni sus directivos. Pero el caso siguió adelante en un calvario judicial que todavía no ha terminado promovido por la Asociación de Víctimas del Terrorismo y Dignidad y Justicia contra el diario.

La sentencia de la Audiencia Nacional no ha tenido la repercusión mediática que tuvo el cierre de Egunkaria. Quiero desde este blog modesto difundirla porque creo que es de justicia que se sepa que a veces los medios utilizados contra el terrorismo son arbitrarios, infundados y absolutamente inconstitucionales. No todo lo que se expresa en euskera está relacionado con ETA. Esto es lo que sostiene el auto del juez Javier Gómez Bermúdez que arremete contra el juez Juan del Olmo por no haberse acreditado en ningún caso que el diario fuera un instrumento para la comisión de delitos, ni su línea editorial o informativa respondía a la ideología de ETA, extremo que no fue en absoluto investigado cuando se procedió a su cierre. ¿De qué le servía a ETA un diario que no defendía su línea política, ni justificaba el terrorismo en ningún caso, ni servía de financiación o blanqueo del dinero de la banda?

Martxelo Otamendi, director de Egunkaria, fue desprestigiado profesionalmente, acusado por los medios de etarra y su periódico, de instrumento terrorista. La opinión pública española creyó sin lugar a dudas la acusación del Juan del Olmo que la llevó a cabo sin pruebas. Es destacable que el juez Garzón no la consideró pertinente y se negó a secundarla. ¿Cabría, ante la inconsistencia y la manipulación del asunto que afecta centralmente a la libertad de expresión por parte del juez Juan del Olmo, acusarle de prevaricación? Me gustaría que opinaran los expertos en derecho si alguno llega a este blog.

Hay un momento, que quiero recoger en el vídeo enlazado, cuando el cantante vasco Fermín Muguruza recogió un premio en Madrid en abril de 2003 y fue silbado por parte de los asistentes al hacer mención al cierre del periódico Egunkaria y la detención de sus directivos a los que dedicó el premio, en especial a Martxelo Otamendi. Estas imágenes muy breves pueden servirnos de motivo de reflexión porque, ante aquellas acusaciones que dimos por veraces, no indagamos más ni hubo una información contrastada que nos llevara a dudar de la versión judicial que implicaba que la utilización del euskera significaba mecánicamente la identificación con una banda terrorista.

Recuerdo que en mi instituto un compañero, muy identificado con el nacionalismo vasco y catalán por medios pacíficos, tenía una pegatina en su despacho sobre el caso Egunkaria. Yo no le presté atención ni me llevó a dudar de la consistencia de las acusaciones que di por ciertas. Quiero disculparme. Probablemente yo no tenía la culpa de aquella mendaz y torticera acción judicial, pero acepté la versión oficial sin cuestionarme que a veces lo que parece cierto no lo es tanto.

Disculparme y procurar a partir de ahora conocer más y apreciar en lo que vale la cultura vasca que debe ser considerada también como una riqueza maravillosa de este país tan complejo y poliédrico.

Sin embargo, el proceso contra Egunkaria todavía no ha concluido, pues cabe recurso ante el Tribunal Supremo por parte de la AVT y Dy J y todavía no se ha celebrado el segundo juicio por el asunto económico que fue desglosado de la acusación principal.

En la columna de la derecha hay una pista musical de una hermosa canción vasca que cantan Oskorri y Mikel Laboa, Aita semeak. Os animo a escucharla. Fue una canción muy estimada en mi juventud cuando llegué a pensar que la riqueza de culturas diversas hacía más denso y extraordinario este país de cuyo nombre me he olvidado, pero que tengo en mi corazón. Espero que el terrorismo algún día sea una cosa del pasado y toda esta riqueza sirva para sentirnos a gusto y orgullosos de participar de un país extraordinario, así lo siento yo.

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Dejo aquí el enlace a un artículo de JOAN MARI TORREALDAI, presidente del Consejo de Administración del diario Egunkaria. También es académico de la Lengua Vasca. Me lo ha dejado Sorel en su comentario y ciertamente merece la pena su lectura a los que quieran saber más.

Declaraciones de Martxelo Otamendi a ETB.

Entrevista a Martxelo Otamendi en Gara.

martes, 13 de abril de 2010

Catorce de abril


Hace algunos años, cuando existía el COU, un luminoso catorce de abril empecé la clase proponiéndo a los alumnos un curioso experimento. Haríamos como si creyéramos que ese día volvía a proclamarse la República. Yo desplegaría la bandera tricolor que llevaba preparada y todos nos pondríamos en pie para escuchar el himno republicano recuperando el momento mágico de aquel día de primavera de 1931. Todo era una ficción, claro estaba, pero intentaríamos vivir aquellos instantes como si fueran verdad.

Después de la clase, un grupo de unos catorce o quince, entre los que estaba David Muñoz de Estopa, salimos a dar una vuelta por el barrio trabajador de Sant Ildefons de Cornellá. Llevabamos desplegada la bandera republicana y sonando un radiocassette con el himno republicano. Observaríamos cómo reaccionaba la gente.

Propongo a los lectores que cliquen en el icono en la columna de la derecha en el que hay enlazada la versión que Miguel Fleta hizo del himno de Riego.

El experimento fue interesante. Nos dirigimos sobre todo a grupos de personas mayores que pudieran haber vivido de alguna manera el periodo republicano y que el himno y la bandera les sugiriera alguna emoción. En seguida vimos que algunos sonreían y otros nos miraban con cara de pocos amigos. Alguno incluso nos espetó que no sabíamos lo que estábamos haciendo despertando a los demonios de un tiempo terrible, o algo así.

Entramos en supermercados y allí las amas de casa no parecían entender nuestra alegría ni qué música o bandera eran aquellas, los niños de un colegio se quedaron pasmados mirándonos pero no sabían qué sentido tenía aquello. Dimos una vuelta por el barrio y sus plazas y luego volvimos al instituto Verdaguer donde recorrimos también los pasillos entre miradas cómplices o risas que se producían sugiriendo que estábamos un poco locos (o mucho).

Hoy, catorce de abril, hace 79 años que fue proclamada la II República, un régimen plenamente constitucional -pero desastroso políticamente- que fue aplastado por una rebelión armada cinco años después y tras una larga guerra de tres años fue arrojado al olvido o a la ignominia y sus defensores fueron juzgados, muchos fusilados, otros padecieron años de prisión o terribles represalias; más de doscientos mil hubieron de exiliarse y empezar otra vida.

Muchas veces me he preguntado si querría un nuevo advenimiento de un régimen republicano, me he preguntado si merecería la pena convocar un referéndum sobre la forma de estado; de iniciar, en el caso de ganar la opción republicana, un periodo constituyente para dotar al estado de una nueva constitución, nuevas elecciones, nuevos partidos, nueva ley electoral, nuevos estatutos de autonomía, referendums de posible independencia de las distintas regiones españolas, una nueva articulación del estado… Me lo he preguntado y no sé contestar. No me gusta la España actual. No me gusta su clase política, no me gusta su ley electoral mafiosa, no me gustan los caciques que han ido creciendo en las autonomías, no me gusta la derecha antipatriótica de siempre, no me gusta la izquierda entregada y falta de imaginación, no me gusta la falta de sentimientos compartidos entre todos los españoles, no me gusta la monarquía como forma de estado ni los planes de sucesión, no me gusta la pobrísima intelectualidad española actual tan distinta de la brillantez de las generaciones republicanas que precedieron a aquel catorce de abril. No me gusta la falta de fe que tenemos en nuestro futuro y en nuestra propia realidad, no me gusta que los españoles se dividan en entidades regionales que se enfrentan unas o a otras queriendo blindar competencias.

No sé si esta época, en perspectiva, será considerada como brillante y luminosa. Yo la siento mediocre, gris, patatera, anodina, resignada, mezquina, conformista, intelectualmente pobre… Pero quizás sea una visión muy negativa la mía. El tremendo y maravilloso tiempo de la transición, con todas sus luces y sus sombras, se me aparece como dotado de una especial fuerza, la fuerza que podría haber llevado a un régimen republicano pero fue imposible. Hubo que pactar entre otras cosas, sin que nadie nos preguntara nada, la forma de estado que el dictador había designado. Todo hubo que hacerlo para tener la fiesta en paz y no enfrentarse al ejército, albacea del franquismo.

No sé, sin embargo, si merecería la pena clamar de nuevo por la república. Creo que no. Pienso que los españoles tenemos pocas cosas que compartir. Si uno lee los comentarios en la prensa digital, se queda asqueado por la mala baba y el veneno que respiran muchos de derecha o de izquierda recreando un guerracivilismo atroz que causa conmoción. Parece increíble que siga vivo el mismo rescoldo que llevó a aquel enfrentamiento brutal. Quizás esta monarquía federalista sea el mayor invento de síntesis que hemos sido capaces de tejer los españoles para plasmar nuestra convivencia. Y quizás su mayor mérito es que no acaba de gustar a nadie.

Pero sí sé que el himno y la bandera republicanos son los únicos que tienen un lugar en mi corazón. No tiene mucha importancia este desahogo, pero al menos he soltado lastre y he soñado con otro tiempo con otros colores y otra música.

viernes, 9 de abril de 2010

Baltasar Garzón

Soy de la misma generación que Baltasar Garzón y crecimos viviendo el mismo ritmo de la historia española: una infancia en el franquismo bajo el silencio ominoso de una sociedad paralizada en la que falangistas nos formaban en los colegios hablándonos de la unidad de destino en lo universal y del glorioso Movimiento Nacional que había llevado a cabo la Sagrada Cruzada contra el comunismo y el separatismo. Asistimos al progresivo despertar de la sociedad española cuando llegamos a la universidad y allí participamos como espectadores o como actores de la resistencia contra la dictadura. El movimiento obrero continuó su lucha más abiertamente y el estudiantil se forjó en mil y una batallas en años convulsos y llenos de esperanzas e ilusiones. La vida del dictador caducaba y su sistema empezó a tambalearse. La izquierda liderada desde la clandestinidad por el PCE defendía la reconciliación nacional dejando atrás el espíritu de revancha contra el pasado. Santiago Carrillo en la senda del Eurocomunismo reconocía el valor de las libertades democráticas y aceptaba sus planteamientos de mayorías electorales, elecciones… Se aspiraba a un gran pacto nacional entre el PCE y fuerzas democristianas al estilo de lo propuesto en Italia con el nombre de Compromiso histórico. El pacto era olvidar el pasado para construir el presente en un país en que el ejército era franquista y extremadamente poderoso. En aquel momento –yo lo viví- no se exigía la depuración de responsabilidades ni el juicio a los torturadores al menos entre la izquierda moderada entre la que incluyo al PCE. Incluso partidos de extrema izquierda como el MCE y el PTE aceptaron el marco democrático.

A prácticamente nadie relevante políticamente en la España de 1975, el año de la muerte del dictador, se le ocurría pedir la apertura de fosas de fusilados por el franquismo en su feroz represión durante y después del guerra. Teníamos demasiado miedo al ejército para remover el pasado y la alegría de ir conquistando la libertad dejó en un último plano la revisión de la historia. ¿Fue un error? No sé, pero España dejó esta tarea pendiente de cerrar las heridas y de enjuiciamiento moral del franquismo. De hecho la transición aceptó la figura del rey impuesto por Franco. Todo por la democracia. Se consideró internacionalmente un milagro portentoso la transición española que fue hecha de forma pacífica.

Sin embargo, el pasado sangrante algún día tendría que volver. Asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica pidieron amparo a Garzón para exhumar las fosas de la guerra civil. La ley de Amnistía de 1977 parecía un borrón absoluto y cuenta nueva para no enjuiciar el pasado. Pero fue en buena forma el precio que hubo que pagarse para que no hubiera un golpe militar que sin embargo estuvo a punto de triunfar el 23 de febrero de 1981. Yo fui consciente del miedo de aquellos años entre toda la sociedad y en especial en los institutos y colegios donde ejercía. Había mucho miedo. La transición fue un éxito pero exigió el olvido y los asesinados siguieron en sus fosas, hasta que Baltasar Garzón dio amparo a las asociaciones de víctimas y pidió abrir una causa general al franquismo. ¿Violó la ley de Amnistía? ¿Prevaricó? ¿O los crímenes contra la humanidad nunca deben prescribir? Los descendientes de los pelotones de ejecución falangistas se personaron en una demanda contra Garzón y el juez del Supremo Luciano Varela tomando la demanda por el lado más extremo pudo al fin vengarse de su detestado juez estrella al que le tenía ganas. En estos momentos el juez Garzón ha sido procesado y se pide su inhabilitación por veinte años por un delito gravísimo de prevaricación.

El mundo jurídico internacional y la prensa más destacada ven la maniobra política para cargarse a Garzón, un juez que enjuició a las dictaduras chilenas y argentina, que acorraló a los GAL, que ha desarmado a ETA de su soporte político y, sobre todo, recientemente ha destapado la demoledora corrupción generalizada en el Partido Popular. Demasiados enemigos y muy poderosos en especial entre la derecha y la judicatura que lo odian.

El despropósito es de tal magnitud que la sociedad española se ha polarizado y ha saltado en defensa de Baltasar Garzón. El franquismo judicial y la politización de la justicia han quedado en evidencia. El sistema político caracterizado por una ley electoral nefasta frustra el surgimiento de nuevas alternativas. Pero tengo la impresión de que esto va a traer cola. De momento la rabia y la indignación de la España progresista son mayúsculas. La derecha enfangada en la corrupción calla y espera la cabeza de Garzón. Pero esto pueda dar muchas vueltas…

Mi pregunta es ¿será Garzón el presidente de la Tercera República Española?



24Horas:entrevista a Carlos Jiménez Villarejo.

miércoles, 7 de abril de 2010

Orgullo perico



Reconozco que no soy futbolero entendido ni tengo unos colores que me entusiasmen, pero me gusta estar cerca de amigos que sí los tengan para que me transmitan sus emociones y poder compartir con ellos una buena merienda, una botella de vino y unas conversaciones ricas en complicidad. Siempre he lamentado mi nula capacidad para el fúbol cuando era niño y mi falta de afición por unos colores que hubiera heredado o que me hubieran reclamado.

Albert Camus, que fue un gran aficionado al fútbol como jugador (portero) y como espectador, dijo en un artículo lo siguiente: después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol. Esta frase me ha hecho pensar mucho y me ha permitido desterrar algunos tópicos sobre este deporte al que acostumbraba a mirar con cierta displicencia.

Edgar Morin califica este deporte de "poesía colectiva"; a Françoise Sagan le recordaba a antiguos amores, pues en pocos sitios como en un estadio se puede querer u odiar tanto a alguien; Camus también decía que "no hay un lugar de mayor felicidad que un estadio de fútbol lleno."

Sin embargo, pocas veces he estado en un campo de fútbol. La última fue viendo un partido del Espanyol de Barcelona contra el Deportivo de La Coruña. Fue el 14 de febrero de este año, y el lugar, el nuevo estadio del Espanyol situado en Cornellá-El Prat. Acompañaba a tres pericos -Iván, Marcial y Edu- que son socios y entusiastas de su equipo. Hacía mucho frío, pero el ambiente era festivo. Yo me dediqué a hacer fotografías y a dejarme contagiar de las emociones del estadio. Mi cuñado, perico por excelencia desde que era muy niño, suele acompañarme en largas caminatas por la montaña, y el tema estrella es la filosofía perica, el orgullo de ser perico en una Catalunya y una Barcelona donde lo normal es ser del Barça. La inmensa mayoría siente los colores del Barça como propios, pero de repente en cada clase en la escuela o en el instituto surge una anomalía porque hay algún muchacho que es perico y lo es con verdadera convicción y devoción, sabiendo que su destino, a diferencia del Barça, es el sufrimiento, el estar siempre al borde del descenso, el salvarse en el último minuto, gozar por el hecho de mantener la categoría. Los de Barça, según Iván, son una especie de secta prepotente que está en todas partes y que miran con claro desprecio a los seguidores del Espanyol. Con desprecio o con suficiencia: “pobres” –dicen-. ¿Cómo se puede ser perico cuando se puede ser del Barça? La moral del Espanyol es la de la resistencia frente a la adversidad.Tienen la piel curtida y están siempre con su equipo, llueva, truene o granice. En cambio los barcelonistas se muestran pletóricos en la victoria pero no saben digerir las derrotas, se desmoronan, las achacan a factores externos, a conspiraciones o a injusticias. Están obsesionados en ser más que un club, en ser la esencia y única representación de Catalunya y no conocen la humildad ni el sufrimiento por la supervivencia. En seguida que las cosas van mal se desentienden de su equipo al que sólo quieren como vencedor eterno.

Estas son conversaciones con Iván que me resultan gustosas por la épica que demuestran. Les hice un reportaje fotográfico que he colgado arriba en un vídeo de Youtube. El fondo musical es el himno del Espanyol. Sus rostros lo dicen todo: la camaradería, la emoción de estar en el nuevo estadio, el orgullo perico, la tensión contenida durante el encuentro, el estallido de la alegría cuando el equipo marcó en dos ocasiones, el alborozo de la situación, la compenetración con el equipo, los sentimientos compartidos, el orgullo de la hija también simpatizante de los pericos… Me pareció hermoso. No sé qué os parecerá el vídeo.

Un planteamiento del debate que se puede iniciar es sobre la importancia de los valores que genera el deporte (la competitividad, la deportividad, el compañerismo...) y en especial el fútbol a partir de vuestra experiencia, la frase de Camus, el vídeo colgado o la moral de resistencia del Espanyol de Barcelona, un club que reclama también para él la catalanidad aunque muchos se la nieguen.

domingo, 4 de abril de 2010

Domingo de Resurrección

De las múltiples misas a que tuve ocasión de asistir durante bastantes años acompañando a mi padre, no pude sino extraer una sensación de tedio sombrío en ceremonias solemnes e inacabables en que todo el mundo parecía estar deseando que concluyeran. Creo que en aquel Pilar de mi niñez o en la catedral de la Seo no descubrí nunca un estallido de gozo, de alegría, de risa… Todo era serio y el cura salmodiaba con un tono que me resultaba empalagoso y monótono o nos arengaba diciéndonos que todos éramos pecadores. Todo lo relativo a la misa me parecía fúnebre…

Sin embargo, hace algunos años, hacia 1991, Maria Caterina Jacobelli, teóloga italiana, doctorada en teología moral por la Universidad Pontificia Lateranense, publicó un libro revelador: El risus Paschalis y el fundamento teológico del placer sexual (Planeta).

El risus paschalis era la presencia durante la celebración de la Eucaristía de la Pascua de Resurrección por parte del oficiante, que muchas veces estaba medio borracho, de gestos obscenos simulando la realización del acto sexual o de la masturbación, anunciar a Cristo con imágenes eróticas, imitar gritos de animales, poner los hábitos de sacerdote a un aldeano y conducirle al altar, fingir parir o ser idiota, arrastrarse por el suelo haciendo muecas y visajes, contar chascarrillos procaces… Todo lo cual provocaba las carcajadas de los fieles que estarían en consonancia en su espíritu con el motivo glorioso de celebración que era la resurrección de Cristo. Toda esta celebración llegaba tras los solemnes días de la Semana Santa y de la árida Cuaresma y tenían por objeto alegrar al pueblo de Dios que disfrutaba con la licencia de la libertad en toda su plenitud. Las crónicas cuentan que también las monjas en sus conventos en la Natividad y en la Pascua celebraban a puerta cerrada estos ritos de naturaleza sexual.

Esta fue una costumbre que arraigó en la Edad Media en Centroeuropa, especialmente en Baviera de donde tenemos abundantes testimonios y que se extendió por toda Europa durante varios siglos ante las censuras de las jerarquías eclesiásticas que desde San Agustín vieron lo sexual como bajo y degradado, que conducía en sus múltiples formas al pecado. Esto nos lleva a considerar que la mentalidad medieval no veía en el sexo nada extraño o condenable, y que su sexualidad era más libre y gozosa de lo que pudiéramos imaginar. Múltiples capiteles o canecillos románicos muestran posturas abiertamente sexuales y en alguna manera conectan con las escenas del Kamasutra hindú que ve en el sexo la glorificación de la vida y de la alegría, y una especie de conexión profunda con lo místico.

Algunas interpretaciones relacionan estas representaciones del Ritus Paschalis con celebraciones paganas en torno a los ritos agrarios de la Primavera y que entroncan con los cultos mistéricos dedicados a la diosa Deméter en los que las sacerdotisas bebían bebidas embriagadoras, paseaban con falos, hacían todo tipo de obscenidades y después participaban en orgías sagradas.

Pero la Iglesia oficial entretanto disputaba sobre si Cristo rió o no rió. En los Evangelios no vemos en ningún momento reír a Jesús. Se consideró que la risa era señal de imperfección, de algo inacabado, y como Dios es perfecto, en consecuencia, no ríe. Esta mentalidad se terminó imponiendo especialmente tras la Contrarreforma de Trento y fueron limitándose las expresiones de la Risus Paschalis que llevaba al pueblo de Dios a llorar de risa en el templo por las alusiones sexuales.

Otra concepción consideraría que lo divino también ríe y que no sólo llora. La risa, en consecuencia, es también sagrada y sublime. Pero no fue esta opción la que dominó a partir del mundo moderno en que se terminó concibiendo lo sublime emparentado con lo siniestro, y que sólo el pathos de la tragedia y de la muerte nos abren a ello.

El símbolo del cristianismo es la Cruz, un instrumento de tortura y de ejecución. Es como si una religión tuviera como símbolo la silla eléctrica o la horca, y, sin embargo, un blog, que aborda el mismo tema que yo, me ha hecho reflexionar que el primitivo símbolo del cristianismo era un pez que representaba el alimento espiritual. ¿Habría sido otra la historia del cristianismo si su imagen hubiera sido otra menos siniestra que llevó a una percepción de la vida como valle de lágrimas, como camino de sufrimiento? ¿Por qué el cristianismo hace tanto hincapié en el dolor y el pecado? ¿Por qué condena con tanto rigor el sexo, al que considera como un camino a la condenación, mientras otras religiones lo conectan con lo sagrado?

La religiosidad popular más cercana a lo pagano y a los ritos de fertilidad de la primavera desarrolló una cultura contraoficial festiva y procaz en opinión de Mijail Bajtin. En cambio otra consideración piensa que fueron los mismos poderosos –eclesiásticos y civiles- los que alentaron válvulas de escape burlescas para poder dominar a las clases populares (Jacques Heers).

Me hubiera gustado participar de alguna de aquellas ceremonias donde tenía lugar la Risus Paschalis, o las celebraciones dionisiacas de los carnavales grotescos medievales, o las fiestas de los locos que tenían lugar durante el ciclo de la Natividad. La iglesia que vino y que sigue existiendo a nivel oficial continúa considerando el sexo y toda su libre expresión como profundamente sospechoso y no como un goce sagrado de la vida. No me extraña que en medio de semejante concepción se disparen las alarmas entre los religiosos que en parte significativa han participado de todo aquello que condenaban. Y es que durante mucho tiempo las doncellas habían de protegerse de los enormes falos que se escondían erectos bajo las sayas monacales.

jueves, 1 de abril de 2010

Jesús de Nazaret

Este nombre no deja de plantearme muchos enigmas. ¿Quién era Jesús de Nazaret? Parece que está demostrada su existencia por diversos testimonios. Era judío de la tribu de David. No se sabe nada prácticamente de su biografía, salvo su nacimiento en circunstancias prodigiosas, hasta el inicio de su vida pública en torno a los treinta años. Se puede haber especulado mucho pero no hay nada confirmado. ¿Qué llevó a aquel hombre a iniciar una vida en que reivindicaba nada más y nada menos que era el hijo de Dios, el Mesías esperado por el pueblo de Israel? ¿Qué hubo en su mensaje que llevó a generar una corriente religiosa que iba a revolucionar el mundo desbordando el judaísmo? Su mensaje estaba centrado en que los que lo conocieran, habían de saber que estaban hablando con el hijo de Dios, con el mismo Dios. Un psiquiatra hubiera diagnosticado delirios de grandeza. Creerse hijo de Dios es apuntar muy alto. Pero debió proyectar una personalidad extraordinaria para que sus discípulos guardaran durante casi un siglo sus palabras y elaboraran los evangelios que recogen su vida social y sus orígenes humildes marcados por hechos extraordinarios y milagrosos desde antes de su nacimiento.

No me cabe duda de que Jesús era un hombre común que se creyó por alguna circunstancia inexplicada hijo de Dios. Las leyendas son más poderosas que la realidad . Su personalidad generó un mito potentísimo que, cuidadosamente reelaborado por Pablo de Tarso, fue el origen de una religión con millones y millones de seguidores. Hablaba por medio de parábolas y se dirigía a la muchedumbre creciente que lo reconocía como maestro ante el disgusto de los escribas y fariseos. Una vez predicó un sermón de la Montaña que da consistencia a su religión: Bienaventurados sean los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre, los misericordiosos, los limpios de corazón, los pacíficos, los que padecen persecución por causa de la justicia… Un conjunto de hermosas ideas sobre el amor y el perdón a los enemigos que se combinaban con sus hechos prodigiosos que deslumbraban a sus seguidores: caminar sobre las aguas, convertir el agua en vino, multiplicar los panes y los peces, la transfiguración del monte Tabor, resucitar a su amigo Lázaro... Un hecho relevante es que se mezclara con los pecadores o los publicanos hacia los que sentía una profunda inclinación. Una de sus más fieles seguidoras era una prostituta llamada María Magdalena y sobre la que se ha especulado que fuera su amante. Sería algo apasionante. Igual que su origen es también extraño: nacido de una madre virgen, María, que había sido fecundada por el Espíritu Santo sin intervención de varón.

Una historia extraña, realmente increíble y que choca con nuestra mentalidad racionalista, pero que no deja de tener capacidad de sugestión. Sobre todo por su pulsión de sacrificio: el hecho de intuir Jesús que iba a ser sacrificado inexorablemente, cumpliendo la voluntad del Padre, para perdonar los pecados de los hombres. Porque Jesús creía que era tan hombre como Dios y se había encarnado como una especie de avatar para salvar a los hombres de su pecado original. Su pasión y su muerte es eficazmente poética. Da igual que sea absolutamente inverosímil. Su mayor mérito es que es literaria y recrea un viaje iniciático o de autoconocimiento. Todo en Jesús es de una cuidadosa elaboración literaria. Su voluntad de sacrificio, su ceremonia antes de morir en que dio a sus apóstoles en la última cena la posibilidad de comer su cuerpo y su sangre en forma de pan y de vino, la presencia del traidor, la oración en el huerto, su agonía, su angustia ante la muerte siguiendo los designios del Padre.

¡Cuánta literatura! ¡Qué historia tan fascinante, tan fascinante como increíble! Y parece que fue crucificado entre dos ladrones para cumplir las profecías y un soldado le desgarró el costado, otro le dio vinagre y hiel cuando estaba clavado en la cruz, y su madre estaba abajo viendo el sacrificio de su hijo y el velo del templo se desgarró cuando murió, un momento en que la tierra se cubrió de tinieblas…

Pero lo más sorprendente es que, como había anunciado, al tercer día resucitó, venció a la muerte y varios testigos en el camino de Emaús lo reconocieron. Tomás, un discípulo incrédulo, incluso metió sus dedos en sus heridas. La resurrección es el eje de esta historia de transformación espiritual. Nadie había vuelto de la muerte. No hay nada que dé mayor dimensión a su divinidad que el hecho de resucitar.

¡Genial! Una historia magnífica, excepto en un punto: que es pura invención, que es fruto de la imaginación humana y que Jesús de Nazaret fue un hombre extraordinario marcado por los delirios pero estos fueron tan poderosos que dieron origen y extendieron una religión, que siguieron más de mil millones de personas, que se enfrentó al imperio romano al que terminó derrotando ideológica y políticamente y se convirtió en la religión oficial de dicho imperio. La poderosísima institución creada vertebrará Europa durante largos siglos. Ello sirvió para erigir una casta de monjes, sacerdotes, obispos y un Sumo Sacerdote central que presuntamente seguían su palabra, pero Jesús, el Cristo, ya estaba definitivamente ascendido al cielo y ya no volvió a hacer acto de aparición dejando a su grey definitivamente sola y abandonada hasta que vuelva de nuevo al final de los tiempos (la Parusía) Luego llegaron los concilios, las persecuciones, los dogmas, las herejías, la Inquisición, los autos de fe... en nombre de una religión que tenía su origen el el amor.

Hay multitud de explicaciones sobre el origen del mundo, del mal, de la muerte… Pero reconozco que el cristianismo ha tenido la virtud de originar en su seno el racionalismo, la laicidad y el pensamiento crítico que, aplicado sobre su leyenda, la hacen definitivamente inaceptable. Su historia sigue ejerciendo un poder de seducción sorprendente: su muerte en plenitud le hace asumir la imagen de mártir, de hermoso joven rebelde que es ajusticiado por sus ideas dentro de un plan extraño. Todo esto ha sido llevado con plasticidad a la pintura, a la música, a la literatura, a óperas rock, al folk, al surrealismo, a infinidad de procesiones que estos días se llevan a cabo en el mundo y muy especialmente en España.

La literatura es capaz de cambiar el mundo y la historia. Nada hay más poderoso que un buen relato y da igual que sea definitivamente inverosímil. Su capacidad de sugestión puede ser potentísima. Y la historia de Jesús de Nazaret cuenta con un protagonista singular y unos relatores formidables que tejieron un guión fantástico e inigualable.

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