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lunes, 30 de agosto de 2010

Da igual

Escucho a Charlie Mariano en la noche. Escribo. Tengo varios temas en mi mente, pero he decidido centrarme en el teatro. Hubo un tiempo que yo fui actor. Un tiempo maravilloso. Pienso que mi vocación –aunque a Serenus Zeitbloom le estremezca esta palabra- es la de que yo debí ser actor. Da igual. No ha sido así. Una pena. Actuaba y veía teatro varias veces a la semana. Creo que para ver algo valioso teatralmente hay que asistir a una veintena de espectáculos que merecen relativamente la pena. Pero cuando estalla la magia del espacio vacío es una experiencia difícil de olvidar. Han pasado años pero me quedan imágenes grabadas en la retina que me acompañarán siempre. No voy a hacer un inventario de obras extraordinarias que vi. El teatro es un fenómeno inexplicable. En una improvisación de una modesta escuela teatral de barrio puede surgir la fuerza, el misterio y ese algo inexplicable que no surge en actuaciones de Centros Dramáticos Nacionales. He sido consciente de ello. No hay nada objetivo que justifique que algo sea inolvidable.

He visto varios espectáculos así. Quiero traer a la memoria mi asistencia en el Poliorama de Barcelona (1983) a un espectáculo mítico dirigido por Tadeusz Kantor titulado La clase muerta. Un mundo simbólico, en blanco y negro, preñado de resonancias extrañas de la infancia del director que estaba presente en escena dirigiendo (evocando a Shakespeare en el teatro dentro del teatro). Asistí durante hora y media a algo difícilmente explicable. Se adentró en mi inconsciente, en el de todos los que asistíamos a la representación. Teatro negro, oscuro. No racional. De cámara negra. No sé si lo recuerdo muy bien. Pero sí sé que cuando acabó, el público se quedo anonadado durante más de un minuto y en silencio. Luego estalló en un aplauso indeciso, no sabiendo qué opinar sobre lo que había visto. Normalmente en el teatro se suele ser muy condescendiente con lo que se ve y se aplaude generosamente cualquier representación con mayor o menor entusiasmo. Pero aquel día, el aplauso fue extraño. Nunca he visto actuación con mayor fuerza simbólica y dramática que aquella. Para resumir podríamos decir que fue como ver en persona a Kafka dirigiendo el Informe para una academia. Da igual. Fueron unos instantes alucinantes, y nuestra reacción fue paradójica. Nunca habíamos visto nada semejante. Era algo radicalmente íntimo, como el lenguaje de algunos genios que nos hablan de su niñez y un mundo abocado a la muerte. El único tema importante. Algo así he sentido viendo el cine de Fellini. La representación, aclaro, fue en polaco. Pero daba igual, exactamente igual. Tengo impreso en mi retina aquello que vi, que no es muy diferente a lo que he visto sorprendentemente en improvisaciones modestas. Me duele haber abandonado el teatro. Como espectador y como actor.

Hoy leía en El País sobre una obra que va a ser representada en Barcelona. Tiene como eje a unos pijos (inspirados en El señor de las moscas de William Golding) que naufragan en una isla desierta. De muchos es conocido la reflexión antirroussoniana que late en la obra. Los seres humanos no son buenos por naturaleza. Aquellos adolescentes (en esta obra de 18-19 años) han de aprender a vivir sin redes sociales, sin el soporte tecnológico que nos sustenta (sin facebook, sin iphones, sin twitter, etc). Los protagonistas son muchachos de colegios privados que han de madurar en esa experiencia límite que recuerda a Perdidos –esa insufrible serie notable por su incoherencia- o a ese programa de la Cuatro que se llamaba Perdidos en una tribu. El tema es fascinante pero me resulta ya demasiado manido. Pienso que no hay lugar ya para la aventura. El mundo se ha hecho demasiado pequeño y la web 2.0 ha acercado todo para bien y para mal. Me gustaría ver esta obra pero no pienso que salga de ella nada especial después de ver los antecedentes televisivos que llevan a que sea un producto comercial sin carga filosófica profunda. El ser humano contemporáneo se ha hecho telegenético, intrascendente, y sus conflictos requerirían de un tratamiento más clásico sin abandonar la contemporaneidad. Lo que hace que algo sea clásico y revolucionario a la vez es difícil de definir. Sólo algunos lo alcanzan, pero me temo que la cultura de masas que nos abruma convierte cualquier conflicto en banal. Sólo queda la resistencia de los antiguos que utilizamos la red como una balsa de salvación intentando sobrevivir y resistir. Evitemos el éxito. Mantengámonos en la medianía, en la discreción, pero sigamos hablando sobre los seres humanos enfrentados a sus desafíos, el menor de los cuales no es envejecer y a la vez crecer observando que el mundo cambia convirtiendo cualquier idea en un producto a la venta. No queremos vender. Nos recluimos en la nada, en la inacción, en una infancia imaginada, sin buscar ningún objetivo. No queremos conquistar ni llegar a nada, pero no podemos callarnos. Es un impulso a que nos lleva el inconsciente o esos acordes que me llegan de Charlie Mariano. Da igual A la mierda.

15 comentarios :

  1. Joselu,
    vuelvo a tu blog como a un viejo refugio (ya lo siento así).

    Yo trato de actuar... y de ver teatro, pero pocas veces lo consigo. Almería está bastante apartado de ningún circuito y la edad no ayuda mucho...


    No puedo decir nada sobre la declaración de humanidad que has hecho en las últimas líneas, siento que sería como mercantilizarla. Prefiero ni venderla ni comprarla.
    Ya sabes, da igual. A la mierda.

    Un abrazo gigantesco, amigo.

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  2. El teatro es el día y es la noche y son los días y son las noches, el blog es el teatro, y la salida al trabajo y el salud a los compañeros. Eso también es teatro. Teatro es Charlie Mariano soplando su saxo, con el pelo blanco al viento, ya viejito. Teatro es el ventilador que me tutela esta noche tórrida cordobesa. Las pocas ganas que tengo de escribir son teatro, pero me ha gustado mucho leer, y me ha salido la palabra, que es otro teatro.

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  3. Te deseo que, cuando puedas, si puedes, vuelvas a ser actor, podrías así combatir la banalidad cuerpo a cuerpo.

    Un cálido saludo y... a la mierda la intrascendencia!

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  4. La última obra de teatro que me impactó un montón fue Omena-G 2036, me encantó la verdad. Hace poco vi una peli de Fellini, 8 y medio. No logré captarla hasta el final y me estaba aburriendo, sinceramente, pero finalmente me termino picando. Por llamarlo de alguna forma jeje.

    Yo también ansio el tiempo entre bambalinas y eso, estuve en un proyecto del departamento de literatura que consistia en hacer teatro, fue una experiencia increible. En algún momento haré una entrada y contaré mi poquita experiencia.

    Un abrazo Joselu

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  5. Buenas noches Joselu, he de decir que me está costando seguir el ritmo al que publicas. Ya que sé que es más o menos a la misma frecuencia que siempre. Sin embargo a mi me cuesta mucho más leer últimamente, no sé si será el verano y cierto acomodamiento pero es un quiero y no puedo. Aun así siempre encuentro el momento adecuado para dedicar un rato a leerte. :D
    El viernes una amiga actuaba en una obra de teatro en Girona, dentro del Festival de Teatro Amateur de Girona. Era una sala pequeñita, actores y actrices de mi edad, todo muy modesto. Pero salí con la sensación de que tenía que ir más al teatro, tiene algo especial. Veremos que hay en la nueva temporada del TNC y semejantes. Aunque cuando encuentro una obra que me interesa llego tarde y me quedo con la entrada en la mano...

    Un abrazo Joselu. Que vaya bien el final del verano.

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  6. ¿La vida es puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro?

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  7. PD: Si quieres investigar algo que damos en la carrera de periodismo, busca: ERVIN GOFFMAN. Creo que te puede gustar.

    La pregunta: ¿Y si el teatro fuera más real que nuestro día a día?

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  8. Diríase que el olvido del punto ha creado por sí mismo un significado quizás no deseado: "Da igual A la mierda" como "da igual fantástico", que reflejaría la serenidad desapasionada de tu substrato zen. La ausencia del punto, por lo tanto, le quita la famosa "acritud" a la expresión intempestiva y predica -en el sentido lingüístico, claro está- la suprema indiferencia de quien va de su corazón a sus asuntos y sabe qué inmensa recompensa hay en el expresarse libremente y en ser leído de igual manera. Coincido en la nostalgia por el "milagro" teatral.

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  9. La vida es teatro, no hay duda. Incluso las redes sociales han acentuado más esa dimensión del individuo en una mascarada colectiva: ¿Qué son si no los avatares y los distintos perfiles que usamos en la red? Hablas de teatro y no mencionas a Calderón, que supo anticiparse a los problemas de existencia que siguen aquejándonos; 'el gran teatro/mercado del mundo', cruzado con 'la vida es sueño' se convierten en nuestra existencia actual. No obstante, me quedo con una de tus frases: "Sólo queda la resistencia de los antiguos que utilizamos la red como una balsa de salvación intentando sobrevivir y resistir". Ahí vamos, navegando aunque sea a la deriva.

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  10. Me atrae el teatro. No sé, me ha gustado desde siempre. Cierto es que últimamente tampoco es que haya visto demasiadas obras que valgan la pena. Me gustó mucho ésta. Por suerte en mi pueblo hay un auditorio y si te haces socio las entradas son asequibles (=puedo pagarlas).
    Y bueno, lo último que he visto ha sido esto otro, que no era una obra de teatro al uso, aunque mucho de teatral sí tenía, y me gustó un montón, la verdad. Sobre todo por la ambientación. Chulísima.
    Pero sí, supongo que hay que ver muchas para que alguna te impacte o te emocione realmente. Yo, como de actriz tengo poco y si lo tuviese sería pésima, la verdad es que tampoco es que tenga mucho criterio, o un buen criterio mejor dicho. Pero creo que esta que mencionas de la isla... no iría a verla. Así a priori no me atrae, sinceramente.

    ... y mientras, cada uno que siga actuando en su papel, en la blogocosa o fuera de ella, pero no en uno prestado si no se es actor, porque desde luego, el resultado pienso, es nefasto. Al menos a mí, no me gusta. O lo eres muy bueno, o sé tú mismo porque lo contrario, no convence. A mí, no.

    Besos, Joselu.

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  11. Oh, y otra que me dejó impresionada fue Imperium, de la Fura. Una pasada. No sé si la llevarán ya, supongo que no, porque de esto hace un par de años o tres.
    En este caso, recuerdo que fue en un recinto deportivo. Nos metieron a todos en la pista, con los actores. Mi cuñada salió realmente impresionada para mal. A mí me encantó. Hasta pasé miedo y todo, porque realmente te hacían partícipe de la obra. Una cosa... buff... esa si pudieses verla, te la recomendaba. La pena es que no sé si esté ya en danza, ya te digo. Buenísima.
    (y una peli para ver con tu chica si no la visteis ya: Los mundos de Coraline).

    Ais, paro que cuando me embalo... uff...

    Ahora sí, besetes.

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  12. V. he sido un seguido conspicuo de la Fura desde sus inicios. Llevaba a mis alumnos a ver sus montajes en el mercata de las flors de Barcelona y quedaban absolutamente fascinados. He visto cosas mediocres de la Fura. Es difícil mantener el espíritu inicial. Ni los Beatles hubieran resistido tanto tiempo. Las cosas comienzan, crecen y mueren. Mis alumnos de hace quince años imitaban a la Fura en sus montajes. Hubo una generación furera. Ah, el teatro. Vi Los mundos de Coraline en 3D y me gustó mucho. Ese trasvase entre mundos, entre uno real y bondadoso y el otro perverso es sugerente. En eso estamos la mayoría. Besos.

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  13. Para mí, lo esencial de una tragedia es el sexto acto:
    el resucitar de los muertos en la batalla del escenario,
    el retocar pelucas y vestuario,
    el arrancar el puñal del pecho,
    el quitar la soga del cuello,
    el unirse en fila a los vivos
    de cara al público.

    Saludos individuales y colectivos:
    la mano blanca en el corazón herido,
    la reverencia de la suicida,
    la inclinación de la cabeza cortada.

    Pero lo en verdad solemne es la bajada del telón
    y lo que se sigue viendo por una estrecha rendija:
    aquí una mano que se precipita hacia una flor,
    allá, otra mano recoge la espada caída.
    Y sólo entonces una tercera mano, la invisible,
    cumple con su cometido:

    Me agarra por el cuello.


    Wislawa Szymborska. Impresiones teatrales

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  14. Yo nunca he hecho teatro, pero me hubiera gustado ser actor. Advierto en este mundo el mundo de lo posible, de lo infinito, por eso pienso que el actor es un ser humano múltiple, que vive más de una vida, y eso para mí merece todo el respeto del mundo.

    Un abrazo y feiz inicio de curso.

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  15. A mi me gusta el teatro, pero tengo muy pocas oportunidades de verlo, la verdad.

    Curiosamente, lo que llega a mi ciudad, es casi siempre teatro experimental, nada conocido, pero todo muy rompedor y entregado al máximo. Aunque mi criterio en este tema no vale nada, ya digo que he visto más bien poco. Como en todo, sea lo que sea si te llega y te hace sentir algo, sean sensaciones agradables o desagradables, me vale.

    Para mi el teatro, como toda representación frente al público en el que te tienes que convertir en otro y además convencer, me parece de las cosas más difíciles del mundo. Unos sobreactuan, otros no llegan y sólo unos pocos consiguen ser creíbles.

    Me admira que tú, siendo más bien introvertido o eso me ha parecido entenderte, te sientas cómodo actuando, pero si es así ¿por qué no lo retomas? segurísimo que en Barcelona existen mil formas de contactar con grupos independientes o aficionados al teatro y así, ese ¡¡a la mierda del final!!...
    lo convertirías en ¡¡mucha mierda!!:-)

    Yo, por el contrario, sería una malísima actriz, no soy nada deshinibida en según que cosas, me corto con facilidad y casi siempre me sale mi forma de ser aunque no quiera, así que eso de vaciarse y meterse en el personaje, como que muy difícil, me temo.

    Y desde luego, yo no necesito el éxito para nada, sólo necesito que me dejen ser yo misma y darme el placer de decir, lo que me apetezca, cuando quiero, ese es el lujo de la blogsofera y su magia.

    Me gusta mucho Charlie Mariano y conste que le descubrí no hace demasiado.

    Te dejo una obra que me encanta en homenaje a un guitarrista gitano francés que tocaba jazz, un revolucionario de la guitarra con su particular estilo...Django Reinhardt.

    ESPERO QUE TE GUSTE, ESTO

    Muchos besos JOSELU y...
    ¡¡nada de a la mierda!! jajaja mejor...

    ¡¡a dormir, pronto!! :-)

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