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jueves, 1 de julio de 2010

El general della Rovere

Me atraen los sistemas de pensamiento, los edificios ideológicos que se sustentan en razonamientos lógicos y coherentes con una cosmovisión elaborada, me fascina el crecimiento orgánico de un modo de pensar. Es la historia de la filosofía y el pensamiento en la que pensadores destacados –a veces genios- han desarrollado una estructura de ideas sólidamente establecida.

Me atraen más los pensadores pesimistas que los optimistas, aunque estos no dejan de suscitar mi atención, sobre todo cuando tras una visión luminosa del mundo bien hecho evolucionan hasta pensar que no estaba tan bien hecho. Ese momento de cambio me hechiza. Creo que de los sistemas de pensamiento me interesa más cuando entran en crisis, cuando se convierten en otra cosa, poniendo en cuestión todo lo que eran convicciones firmes. Llega un momento que la exactitud me cansa, me cansa que alguien tenga tan claro todo como para no ponerle comillas a sus convicciones. Suelo leer a Fernando Savater. Lo conocí en persona y lo he admirado desde que leí La infancia recuperada, pero he observado que ha llegado a fatigarme. Me lo sé demasiado, me gustaría que entrara en crisis y que sus argumentos se contradijeran con los anteriores.

Del mismo modo, los que poseen patrias a las que ser fieles no despiertan mi curiosidad, más bien mi hastío, reconociendo, no obstante, sus razones. Me gustaría que algún día se encontraran sin esperanza basada en un trapo o unos colores que les ayudan tanto a resolver la desazón existencial.

Los que poseen sistemas ideológicos firmes suelen hablar con seguridad, con dignidad, con suficiencia, con conciencia de moralidad. Saben dónde está el bien y exactamente dónde está el mal. Me da igual si son a favor de algo o en contra de algo. Lo noto en sus palabras, en su modo de hablar engolado y solemne. Da igual que la realidad sea diferente a lo que ellos juzgan. Ya vendrá la historia –la necesidad histórica- a poner las cosas en su lado moral, limpio, auténtico, puro…

Me interesan las crisis, me gustan las personas en crisis, en eterno proceso de aprender sabiendo que nada es absolutamente firme. No sé si será porque no puedo presumir de pureza racial, ni ideológica, ni nacional… Me siento profundamente impuro y me atrae la impureza, la presencia de la sombra entre las luces. Nunca diré con mucha convicción viva algo, ni me declararé fan de nadie, ni siquiera de mí mismo, de mí menos que de nadie… pero pienso que está bien, no deja de ser un modo de entender las cosas que no se toma demasiado en serio a sí mismo. Son temibles los que se toman demasiado en serio a sí mismos, los que creen en algo con absoluta convicción. No sé en un momento extremo quién me tendería una mano, quién me hundiría hacia el fondo o quién se hundiría conmigo para salvarme, y yo no sé a ciencia cierta qué haría yo. Parto de esa radical falta de convicción en casi cualquier cosa, salvo mi familia, y algunas cosas que sí tengo claras y que se resumen en dos principios que enunció Borges: sé justo y sé feliz. No tengo claro mucho más. Ni falta que hace. ¿Las banderas? ¿Los himnos? ¿Los sistemas filosóficos? ¿Los libros de autoayuda? ¿Las convicciones inconmovibles? Bah. Cuando veo a alguien seguro de sí mismo, me hace gracia, observo su mirada clara, su postura, su posicionamiento moral, sus gestos seguros… Es aleccionador. Supongo que por eso me atrae Dostoievski y todos aquellos escritores que han hecho de la fragilidad humana el eje de su literatura salvando a todos, porque todos tienen de alguna forma sus razones. No hay una Razón, sino infinitas razones, que el observador escéptico mira con ternura y con cierta sonrisa divertida, tampoco irónica y menos sarcástica o burlona. Cada uno vive como puede, adquiere certezas si eso le ayuda a vivir, despliega banderas si eso le proporciona consuelo existencial… pero a mí quien me atrae es el mangante y chorizo que da cuerpo a la película El general della Rovere (1959) dirigida por Roberto Rossellini. Un cabrón que se convierte en héroe y muere con dignidad después de ponerse en la piel del general que la policía nazi le había hecho suplantar para delatar a sus colaboradores en la cárcel.

Me atraen los hombres sin atributos; los que tienen seguridades absolutas me producen miedo, desconfianza y un profundo aburrimiento, aunque los respete y me diga que la naturaleza humana es así. Pero me quedo con los oscuros, los tristes, los ingenuos, los descreídos, los que adquieren la fe tras un proceso de oscuridad, los que pasan a la oscuridad tras poseer una fe.

Y también en los que creen en que puede haber un mundo mejor como el barbero que enseñó a Victorio Emanuel Bertone a saber que se podía esperar en el hombre y el coraje y el valor necesario para serlo en consecuencia.

21 comentarios :

  1. Los grandes ideales y los grandes amores son cosas de adolescentes, no en el sentido físico, sino en el mental. Uno puede creer con pasión y absoluta certeza en algo solamente cuando ha vivido poco y ha viajado menos.

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  2. Justo y feliz. Casi nada. Un difícil equilibrio lleno de mil contradicciones, porque ni la una ni la otra son.

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  3. Bien dicho, me gusta como lo planteas.
    Yo creo que esos ideales y esa supuesta coherencia con un sistema de pensamiento son como la sal o la pimienta, con las que no hay que excederse. Sin embargo, la ausencia total tampoco es buena, ni mucho menos.
    Creo recordar que esto encaja con lo que comentabas del pensamiento de Camús, es así ?
    Y puestos a decir, también me dan un poco de rabia los que tienen muy buena opinión de si mismos.

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  4. Pecas - nadie es perfecto - de contemplarte el ombligo en demasía... Te encanta la adulación. Pero que conste que me caes muy bien. Leo tu blog, al margen de que deje o no huella.

    Jordi Prats

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  5. Joselu entonces te intereso yo! Tengo mas crisis que dedos de la mano! Y soy tan humilde que reconozco que lo que creo hoy, manana lo podria dejar tirado en algun rincon... sin embargo, mis amigos dicen que soy una persona muy pura -eso no me consta- asi que no puedo llenar los requisitos en cuanto a la impureza...

    Mira, yo creo que barreras son un pretexto para evitar vivir el cambio. Cada vez que edificamos una pared, es porque en alguna medida hay miedo... es bueno reconocer el miedo, y hacer las paces con el para derribar esas paredes que nos impiden desarrollar nuestro potencial.

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  6. Anónimo, ja, ja, ja, puedes tener razón. Me encanta que me des caña, en cuanto a mirarme el ombligo no sé exactamente. Me gusta que lo que expreso dé lugar a distintas interpretaciones, contradictorias, que cada uno lo coja por el lado que más le interese; me gusta, no obstante la disensión, la crítica, y te aseguro que esto me motiva más que los halagos, como es tu caso, Jordi. Pero admito que parte de razón tienes aunque el ombliguimo es un defecto de muchos blogueros que sacamos en estos textos nuestro yo oculto o narcisista. Acepto tu observación. Un cordial saludo.

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  7. Silvia Porras, claro que me interesas, y existe -más que nada- la poética de la impureza. Un ser en crisis, contradictorio, narcisista incluso puede al final, tal vez, salvarse existencialmente. Espero. Y en cuanto a las barreras motivadas por el miedo, pienso que son un acicate para dar nuevos pasos salvándolas no teniendo miedo al miedo. Pero ¿cómo hacerlo? Quizás haciendo las paces con él. Lo pensaré.

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  8. Frikosal, ¿has leído a Saint-Exupery, el famoso autor de El principito? Si algún día tienes ocasión, lee Vuelo nocturno a alguno de sus libros en que expresa su visión existencial a partir de su experiencia como aviador. Es de lo mejor que he leído. No comento lo que has escrito puesto que estoy esencialmente de acuerdo. Saludos.

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  9. Joselu (permíteme que te llame así aunque no me has dado permiso), me gusta mucho como escribes y la actitud con la que abordas los temas de tu blog.
    Si tienes plena convicción en algo, por ejemplo en tu familia, y extrapolas esa convicción a una sociedad, puede ser que al final de la ecuación hallemos himnos y banderas. Para muchos sí, para otros no.
    Hace poco releí algo de Fromm. Eso de que la pulsión más acuciante de las personas es pertenecer a algo, no sentirse aisladas. Incluso los que disfrutamos de la soledad estamos anclados por la cultura, en una isla desierta estaríamos con... Clarín, Tolstoi,...
    Saludos muy afectuosos.

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  10. Camilo, bienvenido al blog, y sí, claro que puedes llamarme Joselu. Este nombre fue fruto del azar pero se ha incorporado a mí de un modo que me resulta apasionante.

    El libro de Fromm sin duda es El arte de amar, y sí entiendo que el ser humano no quiere estar solo, que desea pertenecer a algo más grande que él. De ahí los clubes de fútbol, las selecciones nacionales, las religiones, las patrias, las banderas, las sociedades de todo tipo... Y el amor, que es la mayor experiencia que existe, siempre que uno deje parte de su ego fuera. Y, por supuesto que pienso que mi patria es la literatura. Creo que es un privilegio poder leer las páginas de tantos autores como los que citas. Es un diálogo en la sombra con la inteligencia, con la sensibilidad... Muchas gracias por tus afectuosas y generosas palabras. Saludos.

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  11. No podemos ser felices
    cuando empiezan a dolernos los huesos
    Cuando en el amor necesitamos recordar
    Cuando miramos demasiado al calendario
    Cuando nuestra sombra en la pared
    se empieza a volver horonda
    Y sé que nunca voy a estar en paz conmigo
    Y no es la muerte lo que me preocupa
    Es ese triste eco que te acompaña que no puedes vencer
    Es este absurdo universo que no me entra en la cabeza
    Y que me hace no saber a dónde mirar
    Saludos

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  12. Tampoco hay que dejarse confundir por la seguridad y aplomo con que defienden las mayorías sus ideales, pues no suele ser producto de la reflexión, sino de la ignorancia y el proselitismo más o menos ciego e interesado. Ante esas masas polarizadas en el blanco o el negro, en la derecha o la izquierda, en el ateísmo o la devoción, el hombre escéptico que retratas en ti mismo es casi la única opción lógica para quienes analizan y miden el mundo que les rodea. Ese relativismo precisamente no te lleva a la contradicción sino que te salva de ella.
    Un saludo.
    P.D. Últimamente llego a tus posts tan tarde que encuentro todo escrito y me resulta ingrato repetir lo obvio. Acepta mis disculpas, por favor.

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  13. Bueno Joselu: yo me veo entre los que no saben nada de nada pero me siento muy fan de mí mísma. Creo que me quiero demasiado. No es que me tome demasiado en serio, a veces me rio yo solita de las cosas que digo y hago a mi edad. Creo que lo que verdaderamente me gusta es... sorprender.
    Así y todo y como llevo leyéndote durante muchos meses yo discrepo contigo en una cosita. Creo que estás abierto a todo pero tienes convicciones fuertes y es difícil que cambies de opinión. También creo que si que te tomas en serio a ti mismo por lo menos diez meses al año.
    Espero haber entendido el sentido de tu escrito. Creo que hablas de la gente radical con la que te has encontrado sin pensarlo. Te doy la razón, esa gente no vale la pena. Besos Lola

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  14. !Ay de los conversos! que son los peores.
    Esto de la fe se lleva poco con los nacionalismos. Por cierto hablando de trapos, acabo de llegar de Madrid, donde , y os juro que no es un cálculo exagerado, habrán unas diez banderas españolas por metro cuadrado (excepto en Chueca, por lo que vi) Es omnipresente, está en todos los bares y la mayoría de establecimientos.
    Madrid me ha encantado, por cierto.

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  15. He querido ver en tu posteo,mi querido Joselu una serie de coincidencias muy personales.Primero;la magnífica película El general de la Rovere.Me hace pensar que el cine de hoy los personajes son parcos y van a la faena.El personaje de de Sica es rico muy rico.Fuera de la historia que le ha tocado vivir podemos ver pequeños detalles y obsesiones que enriquecen al personaje,a la persona,como por ejemplo,su afición al azúcar.En esta película sí sabemos lo que es un hombre.Quien ya no lo tenía muy claro fue el gran Robert Musil con su monumental El hombre sin atributos,es decir,el hombre contemporáneo.Al principio de la novela vemos a un motorista serio muy serio sobre su moto a gran velocidad y con aspecto de niño.El niño todavía no resuelto.Y aquí me has llevado a Fernando Savater y su infancia recuperada,es decir,la auténtica y verdadera.Estoy de acuerdo contigo respecto a lo que dices de él.Yo también me canso,pero no puedo evitar leerle cada vez que veo un nuevo libro publicado.
    Un fuerte abrazo,amigo.

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  16. Yo también huyo de aquellos que lo tienen tan claro, que no dudan de nada, que son poseedores de la verdad ¡Qué miedo me dan! esos son capaces de cualquier cosa. En cambio me arrimo a los dubitativos, a los que buscan la verdad. Aquí hay un filón casi infinito de mutuas transmisiones de saberes y sentimientos. De vida, en fin.

    Un abrazo.

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  17. Joselu, me ha caído en gracia que quieras que Savater sufra un poquito, que pase por alguna crisis para ver su transformación. Pero es cierto: las convicciones férreas suelen ser escapatorias en un mundo de incertidumbres, sobre todo en lo que viene a lo religioso e incognoscible. Pero aún así creo que todos tenemos nuestras convicciones --como en tu caso, la familia-- porque necesitamos operar desde alguna base psicológica, aún cuando sepamos que todo es frágil y que muchos significados que se asumen son de naturaleza temporaria.

    Cambiando de tema, veo que tienes a Exupéry al margen de tu página: es otro interés común. Leí todos los libros de él que pude encontrar en los últimos años de la adolescencia. Todo empezó con El principito, pero también me parecieron excelentes su narraciones de vuelo.

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  18. María, se aproxima la desconexión del verano. No sé si escribiré un post más o lo dejaré estar.

    A medida de que uno se hace mayor se adentra más en el escepticismo, un sano escepticismo que considera que la realidad es demasiado amplia y compleja para pensar que podamos cambiarla esencialmente. El ser humano es como es, para bien y para mal. Tiene sus limitaciones y sabemos que el mundo es ansí. Ello no obstante no debe impedirnos actuar en un mundo al que tenemos acceso y que podemos modificar y enriquecer, aunque sólo sea mínimamente. Toda mejora del mundo es una maravilla. Aquel lema de "Actúa localmente, piensa globalmente" me parece que es espléndido para definir nuestra actitud, escéptica sí, pero también consciente de que es posible cambiar un poquito la realidad que nos es accesible. Creo que estamos totalmente de acuerdo. No obstante, las convicciones políticas demasiado vehementes me inquietan. Aquí en Cataluña estamos a punto de pasar unas horcas caudinas con la manifestación del Estatut del próximo diez de julio, la víspera de mi cumpleaños. Será la expresión de los que hubieran dicho exactamente lo mismo con Estatut, sin Estatut, con Estatut no modificado o Estatut modificado. Les temo, pero también temo a los que exhiben verdades en el extremo contrario. Que gane la Roja mañana a Alemania. Será la victoria de la mayoría de los que creemos en este país sin suficiencia pero con esperanza. Besos.

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  19. Vaya, Joselu, qué profundo estás con estos calores... Tampoco yo estoy a gusto con personas autosuficientes, de convicciones inamovibles, lo que les lleva a la intransigencia y a la intolerancia. Me gusta más la gente que duda, que se plantea nuevos retos, que sopesa distintos aspectos de un asunto aunque eso suponga no tomar un partido claro. Nada es totalmente blanco o negro, todo tiene matices, lo difícil es aceptar la diversidad. Nos enseñaron que había héroes clarísimos y bellacos malísimos, pero con los años te das cuenta de lo delgada que es la línea que los separa a veces. Resulta muy fácil aceptar la opinión de tal o cual medio sin elaborar la propia sobre cualquier asunto: el Estatut, el aborto o el tabaco, por ejemplo, por citar tres ejemplos de actualidad. Dar por válida la visión de otro nos evita pensar, decidir, diferenciarnos: es más cómodo estar dentro de la manada que fuera de ella, pero también tiene su precio. Sigamos pensando, pues, es un estupendo ejercicio de autoafirmación, aunque no lleguemos a ninguna conclusión.
    Si ya te tomas vacaciones, te deseo que descanses y cojas fuerzas. Disfruta y sé feliz.
    Un fuerte abrazo, colega.

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  20. Te me estás convirtiendo en un Sabater.
    Espero tus contradicciones en breve...
    Lo que escribes el pura y buena Filosofía, creo que eres un convencido de lo pesimista, del mundo descacharrado, de la imposibilidad de encontrar algún día una razón para la felicidad PLENA, me temo que esa es tu bandera. Aunque afortunadamente no la enarbolas con pasión.
    Un abrazo:
    GRK

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