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miércoles, 24 de febrero de 2010

Elogio de la fragilidad

El título de este post no es mío, lo tomo prestado de un escritor que me seduce. Él sí que escribió un artículo que enlazo titulado Elogio de la fragilidad. Se llama, si es que todavía no lo habéis descubierto, Gustavo Martín Garzo (1948), escritor vallisoletano que publica novelas y ensayos que me maravillan por su exquisita sensibilidad y aguda inteligencia, que se mueven entre el territorio encantado de la infancia, el cine, su tierra, la inquietud de la literatura, el ansia de conocimiento…

Yo nunca he tenido una tierra. Por eso cuando sé del arraigo del escritor a la suya, Valladolid, y en concreto a su pueblo Villabrágima (cerca de Medina de Rioseco) del que dice que no ha salido nunca, puesto que todo lo que existe está allí, siento que algo me he perdido. Me hubiera gustado ser de algún sitio que pudiera haber amado. También me hubiera gustado conocer a alguno de mis abuelos y que mi padre me hubiera llevado al fútbol a sentir unos colores. Pero no, mi vida carece de raíces profundas. Apenas logra enraizarse levemente cuando una ráfaga de viento la hace girar en el torbellino y la envía no sé dónde. Quizás por eso me ha atraído ese magnífico título de mi amigo –no le conozco, pero sé que lo es- Martín Garzo. La fragilidad es un estado, quizás el de todos cuando somos niños y estamos aprehendiendo el mundo y necesitamos a alguien que nos dé la mano para caminar y a mirar maravillados las cosas que nos rodean: un pájaro, una piedra, un árbol, un pantano, el fuego, un río… Todo aquello que tiene que ver con el misterio de la realidad. A veces esa mano, que nos sostiene con fuerza y nos reafirma en la tierra, también toma un libro y nos cuenta una historia o nos habla de su niñez. La vida luego nos ha de hacer fuertes. Hemos de aprender a erguirnos en la soledad del bosque y no temer siquiera a la oscuridad de la noche.

Pero la fragilidad es algo que no nos deja por completo. Nos asalta en momentos de zozobra, de profunda tristeza, de enfermedad, de miedo, de añoranza por no haber tenido raíces y sentir nuestro leve poso en la tierra. Me gusta experimentar esa fragilidad, la cercanía de lo femenino, sentirme indefenso pero con los ojos muy abiertos contemplando la belleza del mundo a pesar de todo. Pensar que una noche miraré las estrellas, y otro día iniciaré un viaje con la pasión de todos aquellos que no hemos tenido tierra: siempre viajamos intentando encontrar ese lugar nuestro en el mundo en el que nos gustaría vivir y tal vez morir.

Lo he pensado muchas veces. Mi patria es la literatura. Los libros me llevaron a sostenerme y a vivir en un mundo doloroso. Me sentía frágil, y yo tomaba aquellos objetos que no eran como los demás. Acariciaba su lomo, miraba, deleitándome, su portada y los abría encontrándome historias mágicas repletas de aventuras. También leí, como Martín Garzo, El capitán Tormenta de Emilio Salgari. Nos hubiera gustado, quizás, estar bajo el cielo profundo en torno a un fuego en el bosque y escuchar los relatos contados por la voz de algún griot (un cuentacuentos y músico africano). Inmensa necesidad de historias y de amor.

Y si mi patria es la literatura, dentro de ella, el territorio encantado que siempre imagino es el de la isla. Desearía vivir en una isla -entre el polvo mezclados pétalos y escamas- . Siempre me fascinaron historias de náufragos que llegaban a una isla. Leí en un verano infinito de mi adolescencia docenas de veces La isla misteriosa de Julio Verne. Una isla. Me gustaría morir en una isla -tras haber contemplado el mar cada mañana y al atardecer. Oír su rumor por las noches o asistir sobrecogido a los días de tormenta. Y sentirme frágil, maravillosamente frágil, mirando la luz cambiante, tornasolada, del mar y del cielo o abrazado a mi mujer en noches de incertidumbre. He viajado por el mundo buscando esa isla: desde el Pacífico al Índico, o tal vez en el Atlántico o más cerca, el Mediterráneo. Cada isla pienso en si será mi isla. Creo que la reconoceré cuando la vea. Por eso las recorro, como si acariciara un cuerpo, intentando descubrir sus repliegues más ocultos, sus cuevas cálidas en las que me excita descansar tras una lucha de brazos, pies, bocas y manos abiertas a la pleamar.

No desisto de encontrar mi isla. Estoy en ello. Mientras tanto mi blog, como una nave negra aquea, recorre un mar encantado lleno de historias que tienen corazones detrás. Buscamos todos el conocimiento, la felicidad, la magia del instante en que creamos y conseguimos que llegue a un corazón cercano el impulso que da origen a nuestro relato. Cada uno somos un relato lleno de misterio y estamos marcados por la fragilidad, hermosa fragilidad, que nos hace ser conscientes del cielo, del mar, de las estrellas, de otros parauniversos, de las piedras de colores, de las palabras que nos resumen, que nos definen, que nos evocan… que nos llevan como un río.

21 comentarios :

  1. En los libros encuentro todo aquello que necesitaba Robinson Crusoe. Tampoco tengo patria, ni grande, ni chica; añoro el pueblo de mi infancia por los recuerdos del tiempo perdido, no por su geografía física o humana. Y la fragilidad la vivo a diario, en cientos de miradas que se cruzan, en preguntas sin respuesta, en gestos apenas amagados... todo ello como sustrato y sustento de las horas. Sin embargo, creo que la fragilidad tiene un inconveniente insalvable: Incita al abuso del poderoso, y así nos va...

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  2. ¡Qué hermosa entrada, Joselú! Qué cargada está de sentimientos que comparto: la condición itinerante, la fragilidad, el no sentirse uno de ninguna parte, el gusto por la literatura. Me gusta también la melancolía que tu prosa destila en estas líneas. Compartimos, además, la admiración por la obra de Martín Garzo. En fin, no son, como ves, pocas cosas.
    Un abrazo, Javier.

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  3. Ultimamente suelo visitar algunos de vuestros blogs de profes, quizá por derivación profesional,aunque a veces me siento un poco intrusa. Sólo decir que me ha gustado tu elogio de la fragilidad tan inusual en estos tiempos,además pienso que para elogiarla se necesita haber tenido e incluso seguir teniendo mucha fuerza. Coincido en el gusto por Martín Garzo, lo conocí en un curso que hice y es un encanto de persona. Curiosamente tuve que interrumpirlo por mi primera sustitución como profe en la isla de Formentera siempre recuerdo ambas cosas muy gratamente.

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  4. Rainer Maria Rilke dijo que "la verdadera patria del hombre es la infancia." Y Cioran argumentó: "No se habita un país, se habita una lengua. Una patria es eso y nada más." En medio de esas dos frases está tu fragilidad.

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  5. Qué post tan bonito, Joselu... qué bonito, de veras que sí...

    :)

    No sé, para mí esas raíces de las que tú hablas, son como... mira, como una isla en medio del océano. Justo. Una isla que no es isla y lo es a un tiempo :) Un poco... pues eso mismo que tú has dicho. El lugar donde no me preocupa ser frágil, porque me siento segura, porque tengo menos miedo, y a veces, nada.

    Pero a quien me has recordado al leerte, es a mi mejor amigo. Una barbaridad además. Él tampoco tiene raíces. Algo que le ha generado (y sigue) muchos problemas consigo mismo y con los demás, la mayor parte de ellos de hecho, aunque muchas veces fuese (y sea) sin darse cuenta siquiera. Yo siempre le digo que las raíces que no tiene, estarán allá donde él las eche, que es otra opción. Está claro que las que debieron estar y no, no van a aparecer sin más. Tampoco sin menos. Simplemente, no van a aparecer. Además en su caso, no sé si es que no quiere, o simplemente no sabe cómo. Camina en una especie de limbo entre dos culturas y en ninguna de ellas en realidad. Después de doce años todavía no sé que pensar al respecto a veces, fíjate. Y lo pensé mucho esto por él, no te creas, porque ya te digo, está en una situación parecida a la que describes en tu caso, pero pienso que tú eres más fuerte, o lo pareces al menos. Quizás sea eso, que encontraste tus raíces en alguna parte. En los libros. O que tu isla te la construíste tú, con ellos. A fin de cuentas, sea como fuere, te dio para entrar en casa y ver a tu mujer y a tus nenas, y eso es un hogar, y un hogar son raíces. Quien sabe... tal vez la diferencia es que la tuya, no te vino dada, sino que te la has construído. Y no, no es lo mismo, pero es.

    Muchos besos.

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  6. Muchos nos hemos refugiado en esos libros de aventuras de niños. Y hemos soñado con islas de arenas cálidas. Algún soñador como Stevenson y Gaugin, vivieron y murieron en un paraíso de esos.
    Yo siento tener raíces y pertenecer a un lugar. Pero ello, no excluye que desde niña los libros también fueran mis aliados,mi isla particular,la cabaña de mis sueños.Dónde siempre volvía.Dicen que la patria de uno es la infancia o en tu caso, dónde te llevan tus zapatos.Estemos dónde estemos, todos buscamos. A través de libros, viajes, personas...eso nos hace crecer. Y ser un poquito más felices. Un abrazo.

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  7. Bien, genial, por tus referencias hacia Gustavo Martín Garzo que me encanta encontrarle por las calles de Valladolid.
    Un saludo.

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  8. Feliz Día Joselu,

    ¡Qué bonito relato!

    He estado desde el pricipio hasta el final, entre los dulces aromas delicados de tu sensibilidad. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Lo defines muy bien en el último párrafo de tu relato. La fragilidad nos brinda la oportunidad de sentir más allá de lo que vemos. La fragilidad nos expone a momentos de dolor y sufrimiento también, pero a mí me compesa.
    Siento que nacemos con ella, la fragilidad nos puede hacer diferentes a los demás. Siento que las personas vulnerables, muy creativas, el artista, el poeta...tienden a nacer con la esencia de la fragilidad. De ahí, que haya creaciones maravillosas en cualquier espacio de arte, sea literatura, pintura, danza...
    Todos los días percibo mi fragilidad, debo cubrirla y protegerla con mimo.

    Un abrazo muy sereno para ti,
    Naia

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  9. Emotiva remembranza de lo que no tuviste, de lo que nunca tuvimos. Destreza con la pluma y un hueco en el corazón... pueden ser suficientes para afrontar el rapto de la razón. Enhorabuena.

    Un abrazo

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  10. ¡¡Jo, JOSELU, qué bonito te ha quedado esto!!

    ¡¡Mmmm!! me ha encantado de verdad.

    Yo sí que me considero de un lugar, siempre he estado enamorada de él y creo que por muy lejos que viva, siempre lo echaré de menos y es mi querido Bierzo. A veces pienso, que quiero tanto a esa tierra, porque mi padre la adoraba y yo adoraba a mi padre. Es curioso como a veces, se heredan los amores.
    A pesar de ello y curiosamente, mi otra debilidad y mi otra "tierra", es el mar. También yo, me quedo montón de veces medio hipnotizada mirándolo, me da igual si es en calma o con tormenta, igual que el cielo y montón de tonterías, tras las que sin darme cuenta, se me va la cabeza...Bueno, en realidad yo me abstraigo y me pierdo con casi todo. Como ya sabes, tengo una mente muy calenturienta y no necesito nada, o casi nada, para montarme mis películas mentales y perderme en ellas. ;-)

    Siempre he disfrutado muchísimo, con las cosas pequeñas, esas en las que casi nadie se fija y que sin embargo guardan universos llenos de misterio. Incluso yendo a mil por hora casi todo el tiempo, siempre me quedo colgada de todo ese mundo frágil del que hablas y quizá por eso, también mi debilidad son los débiles. Siempre he tenido la sensación que casi todos lo que se arrastran por la vida, son gente muy sensible a la que el mundo se los ha comido sin piedad. Porque este mundo ni perdona a los débiles, ni la fragilidad en general.

    Creo que los románticos del XVIII fueron los últimos adoradores de lo frágil, bueno, no sé, a lo mejor me equivoco. Pero da igual, será que soy una antigua jaja, como tú, que lo sepas. ;-)

    No conozco a tu amigo, pero en cuanto tenga un momentito, estáte segura que le echaré un ojo...
    Tendremos que mantenernos cerca los adoradores de lo frágil, para hacernos fuertes...


    Gracias por este texto, Joselu,
    ojalá encuentres tu isla.

    Muchos besos y feliz tarde.

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  11. Que bonita entrada Joselu y esta tarde que me pillas más sensible de la cuenta, sienta bien que se elogie la fragilidad, no todo el mundo tiene el valor de hacerlo. Entiendo y comparto todo lo que dices, yo, como tú, tampoco tengo raíces y eso a veces puede pesar mucho. Un abrazo.

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  12. Comparto el amor por las islas: desde que llegó a mis manos -era yo muy pequeña - Robinson. (Justo ahora se me amontonan los trabajos de mis alumnos sobre esta novela que terminamos de leer)Tampoco tengo ningún sentido de pertenecer a ningún lado, pero no por desarraigo, sino por ser, como tantos, como todos en realidad,fruto de las mezclas, de las idas y venidas de los que me precedieron. Desde luego, los libros son la mejor patria que se me podría ocurrir nunca jamás. Siento no poder decir de Martín Garzo: está a la espera de ser leído, pero estuvo en mi centro de hace un tiempo y mis compañeras dan fe de su exquisitez y amabilidad. Claro que somos frágiles, pero también fuertes, al menos, para saber que, a veces, podemos rompernos.

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  13. Pues yo, de hecho, he vivido en dos islas: una era de verdad, rodeada de mar por todas partes menos por arriba, y otra era una casi isla, una pequeña península en el norte de África. Las islas reales no son como las poéticas, es fácil de comprobar, basta con irse a vivir a una, lo que no les resta, como a cualquier lugar de la tierra, su poesía, si se pone atención suficiente. Al final, todos tenemos una isla donde vivir, en el sentido figurado y poético, y cada vez más.
    No he leído a este escritor. Madre mía, es que no se puede con todo lo que hay.

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  14. Es el post con más sensibilidad que he leido nunca.
    Hay que elogiar la fragilidad, sí Joselu, todos somos frágiles pero no cabe duda que esa emoción es mucho más dificil expresarla cuando eres hombre. Tu tienes mucha "Ánima" en tu subconsciente y eso te honra. Tienes la suerte de tenerla aunque eso lleve consigo sufrir más. Un abrazo Lola

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  15. GRACIAS POR LA INVITACIÓN

    POR LA PARTE QUE ME TOCA A MI NADA MAS DECIR QUE DEJÉ DE CREER EN TIERRA PATRIA O EN ESO QUE LLENABA MI ALMA DE ESA COSA MAGICA QUE SENTIMOS TODOS CUANDO PISAMOS TIERRAS QUE FUERÓN TESTIGO DE NUESTRA INFANCIA. DEJE DE CREER EN TODO ESO CUANDO LAS GENTES QUE ME RODEAN DEJARÓN CAER DE SUS CORAZONES EL AMOR A LA PROPIA, Y ME TRATARON DE FORASTERO, OLVIDANDO TODOS LOS PRINCIPIOS QUE REGIAN SER UN BUEN CIUDADANO .ALLÍ Y AQUI, AQUI Y ALLÍ, ASÍ QUE HOY EN DIA BUSCO ESE AMOR EN EL UNICO SITIO QUE ME PERTENCE Y EN EL QUE CREO SENTIRME EN CASA, MI FAMILIA LOS MIOS, HE APRENDIDO A NO TOMAR UN CARIÑO ESPECIAL A UN SITIO SI NO A LO QUE PASA EN ESE SITIO, AL MOMENTO...
    PUEDE QUE ESTO NO TENGA SENTIDO, PERO SI NACES EN UN SITIO TE CRIAS TUS PADRES SON DE OTRO, TUS HERMANOS NACEN EN OTRO Y POR "X" O POR "Y" TIENES QUE VIAJAR CONSTANTEMENTE POR CUESTIONES LAVORALES ACABAS PERDIENDO ESA "IDENTIDAD" A LA QUE MUCHOS SE AFERRAN POR DEFENDER ( y que respeto totalmente)
    UN SALUDO ESPECIAL A JOSELÚ
    UN LOCO SIN IDENTIDAD

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  16. La ventana de la infancia de mi mujer daba a una dehesa.Yo no entendía que al pasar Salamanca y mirarla por el rabillo del ojo le cambiara tanto la cara :era su bosque claro, sin espesura, el reino de su mirada lenta, lejana, perdida entre charcas, encinas ordenadas por la belleza y animales que pacían como si la vida fuera eterna.
    No me costó mucho comprenderlo:el paisaje, la gente, el clima, la belleza de una soledad como arropada.
    Es una grandeza estar anclado en un sitio viviendo en otro sin tristeza.Yo si tuve alguna raíz la perdí vagabundeando.Pero me basta con arrimarme a ella o ir más a menudo a esa tierra para que uno empiece a notar que las raíces pueden crecer ajenas a la tierra de su infancia.
    Saludos

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  17. Cada uno somos un relato o más. A veces, ponemos punto final y no cerramos un capítulo, sino que iniciamos una historia completamente diferente. En ese proceso de construcción vital, tienes razón, el recuerdo es una mirada que nos hace vulnerables y la perspectiva del futuro nos convierte en arquitectos de nuestro destino frágil e imprevisible.

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  18. Soy una isla, soy de una isla. Nací y, probablemente, moriré en ella.
    A la deriva en el Atlántico y, sin embargo, fuertemente anclada a afectos y otras tierras... aquellas a las que, por cualquier razón, me ha tocado visitar.
    Soy isleña y frágil. Justamente pensaba en esto último cuando tecleé las palabras mágicas que me hicieron llegar a este blog.


    Entré despacio, como cuando me adentro en el mar, con cierto reparo; como cuando piso arena: expectante. Sentí como lianas tus palabras. Lloré, no sé si por la belleza de tu entrada...

    Pienso que lo sabré mejor cuando me vuelva a sumergir. Pero quería decirte, por si luego no me atreva, por si tuviera tentación de marchar sin hacer ruido, que hoy, este domingo de abril en que necesitaba saber de la fragilidad, te leí, y me llegaste.

    Algo, de alguna manera, hoy cambió en una isla.

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  19. Gracias, Adormidera, no sé si me leerás, pero quiero compartir contigo unos instantes de emoción y de eternidad. Gracias por tus bellas palabras. Es hermoso pensar que puede existir una comunicación así, entre islas.

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  20. Hay muchas cosas que nunca he puesto en duda. La posibilidad de comunicación es una de ellas... aunque, a veces, los islotes sueñen ser continentes y no tengan tiempo para escucharse o leerse.
    Gracias a ti.

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