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jueves, 3 de diciembre de 2009

Agua con azúcar

Recuerdo mi niñez vívidamente. Tengo recuerdos desde los dos años, y en mis evocaciones sigo viendo intensamente las calles de aquel barrio del Pilar en Zaragoza en que viví mis primeros años. Fui un niño imaginativo y triste. Ni siquiera mi primera comunión a los seis años fue motivo de felicidad. Yo creo que andaba enamoriscado de una niña que se llamaba Mariví y con ella iba a jugar a su buhardilla a médicos y enfermeras, o a papás y mamás. Recuerdo sus ojos negros y su voz dulce que me resarcía de la grisura y desolación de aquellos años. Nadie que no haya vivido una infancia sombría es capaz de comprender lo que significaban aquellos juegos que duraban horas y horas. También me emocionaban las procesiones de semana santa que pasaban por cerca de mi calle. Centenares de cofrades de las Siete Palabras, vestidos de blanco y verde, hacían tocar sus tambores con un ritmo que todavía no he olvidado. Los pasos me embelesaban. Tengo una extraña relación con lo religioso. De sobras soy un hombre racional que no cree en la trascendencia. Me inclino a pensar que cuando morimos, morimos definitivamente, pero sin embargo, las imágenes del Cristo o de la Virgen al pie de la cruz conseguían conmoverme en aquellos largos desfiles de gran magnetismo. Le daba furtivamente la mano a Mariví y aguantaba durante horas el paso de cofradías, velones, capirotes, tambores, hombres y mujeres descalzos o con cadenas…. Creo que éramos más ingenuos y que nuestra imaginación se exaltaba con imágenes plásticas que ahora no tiene capacidad la realidad virtual y los videojuegos. Al menos yo nunca he entrado en ese mundo, pero forman cosmovisiones totalmente diferentes. Yo sentía el terror del pecado y mi mundo interior se engrandecía o estremecía con las imágenes del final del mundo que las monjas se extasiaban en contarnos con todo detalle. Veía el río y veía el río, sentía tristeza y sentía tristeza. Para paliar esa sensación de desamparo tenía los tebeos, el agua con azúcar, la vida en la calle en libertad, los recortables para chicas que había de esconder porque un chico no debía jugar a esas cosas, y los ojos de Mariví. Un día no fuimos a clase porque se casaba el rey belga Balduino con la española Fabiola. En aquellos años de aislamiento fue una noticia enorme. Nos acostaron juntos. Teníamos cinco años, y jugamos a acariciarnos, a hablarnos en susurros mientras en la tele daban el regio esponsal interminable como inacabables eran nuestros juegos.. Mientras, preparábamos la primera comunión. Yo iría vestido de marinero y Mariví de monjita. ¡Cómo recuerdo aquella piel morena y lo bonita que estaba! Yo odiaba todo lo relativo a la primera comunión. Me parecía oscuro aunque me sabía el catecismo de pe a pa. Pero aquello no dejaba de generarme angustia. Las imágenes sagradas no me consolaban ya sino que me llenaban de aprensión. Era el mes de mayo, el mes de las flores, el mes de María. Yo era un niño muy dócil en la escuela. Las monjas hacían palomitas representando a los niños de la clase y arriba estaba la virgen. Según lo bueno o complaciente que fueras ibas ascendiendo, a través de un altarcillo de encaje, hasta la Inmaculada. Yo llegaba de los primeros. Las monjas lo tomaron como un signo de dios, pues yo llegué al colegio hablando un lenguaje soez y totalmente desquiciado. En año y medio me convertí en un niño modelo. Alguna monja vaticinó que sería obispo. Eso sí, la clase estaba dividida en dos grupos: los niños y las niñas. Yo siempre me iba con las niñas, a ser posible cerca de Mariví, hasta que me hacían volver con los brutos de los chicos que no me gustaban nada.

Cuando comulgué sentí que se me abría un abismo bajo mis pies. Pocas veces he sentido una sensación más abominable. Todo el universo sagrado se me hizo repulsivo. Y no quería recibir el cuerpo y la sangre de aquel ser que me hacía sentir desdichado y culpable. Además empezó a llover con fuerza y cuando recibí la sagrada forma estalló un trueno que me recordó el final del mundo que temia por encima de todas las cosas.

Mariví se cambió de barrio y nunca más volví a verla. Tengo una foto de ella y yo juntos, ella vestidita de monja en su primera comunión y yo con cara de bobo sabiendo que no la volvería a ver, pero yo la recuerdo más hablándome a mi oído, riendo, y diciéndonos cosas que todavía no he olvidado.

Me quedé solo en aquel barrio que nunca me pareció más vacío.

19 comentarios :

  1. Lo he leído con mucho interés. Estar tan cerca del niño que fuimos es una bendición a la que no todo el mundo llega. Un abrazo.

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  2. Y viéndolo tan atinado en el uso del verbo a la par que taciturno, decidió llamarlo en adelante Cofrade de la triste palabra.

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  3. Ay, el primer amor, cuánto marca la cartografía de nuestro corazón.

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  4. La infancia es un territorio idealizado por unos y odiado por otros, quizá incluso olvidado. La mía no sé a qué categoría pertenece. Por un lado tengo un recuerdo durísimo de un hecho muy desagradable ocurrido una tarde a la entrada del colegio, además de la sensación de abandono que me embargaba cuando mis padres salían por la noche y nos dejaban con una vieja criada que escuchaba la radio. Recuerdo con no demasiada claridad mi primera comunión y un día que tuvimos que ir a un estadio vestidos con ese traje para rezar por la vida del Papa Juan XXIII. Los recuerdos más dulces son los del día de Reyes, con cantidad de juguetes esparcidos por el gran recibidor. Yo iba a misa con mi muñeca recién estrenada, como muchos otros niños. Ahora que trabajo con niños noto la diferencia abismal que existe entre aquellos años y éstos, y fue anteayer, como quien dice. Los niños de ahora no parecen felices en general, a pesar de tenerlo todo desde muy temprano. Cuando hacen la comunión ya tienen todos los modelos de la Play y otras videoconsolas, MP3, móvil, cámara digital y de vídeo, televsión en su habitación, DVD, ordenador... ¿Qué les queda por conseguir? Material, nada, pero, como decía Forges en una de sus geniales viñetas, un niño le decía a otro: "¿Tú qué vas a pedir a los Reyes?" "Una tarde con mis papás", respondía. Ésa es la triste realidad, el amargo contenido de muchos comentarios en distintos ámbitos. Quizá algún día lo desarrolle.
    Joselu, no abandones esa etapa en la que descubriste la magia que había tras una niña. Dicen que el adulto es lo que queda del niño, así que tú fuiste un niño enorme, no te quepa duda.
    Un abrazo, colega.

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  5. ¡¡Jo, Joselu, cómo me ha gustado!!

    Y luego dices, que tienes a tu "yo" por ahí, despistado y vacío. ¡¡ Pues de debe ser que te está naciendo otro delicioso "yo" mientras el otro regresa!!

    Y lo de que ibas a llegar a obispo...ja,ja,ja.
    Debías ser, un amor de niño.
    Cuando te estaba leyendo me estabas recordando un poco al mío pequeño. Es muy inteligente, muy nervioso ( en esto no, seguro que tú eres tranquilo) y extremadamente sensible.
    A veces cuando le veo así, como apagado, como quizá estabas tú de pequeño, y le pregunto, a ver que le ronda la cabeza, me suelta así, de esas frases, que se te clavan directas en el corazón y yo nunca se que decirle, sólo le abrazo fuerte.
    A veces nos hemos pasado así un montón de rato y nunca comprenderé como un niño puede sufrir tanto, pero yo siento que es así. la gente sensible como lo eres tú o él, percibe cosas que el resto ni se entera que ocurre y ni por asomo se plantea.
    Esa soledad infinita que sentías cuando se fue Mariví, es la sensación de abandono de alguien con la que hasta entonces te sentía a gusto y a salvo de lo que a fuera no te gustaba.
    Supongo que por eso, no la has olvidado.
    Cuando alguien no se siente del todo bien, no se porqué, pero siempre nos vienen los recuerdos de aquellos momentos en los que si lo estábamos.
    Yo a veces recuerdo olores. Fíjate, es una bobada pero, siempre recuerdo el olor de los macarrones que hacía mi madre cuando volvía del colegio y la sensación, que siempre he tenido al recordar ese olor, como de estar protegida y entre gente que te quiere. Supongo que todo eso era tu Mariví, para ti.

    Me ha encantado.

    Muchos besos.

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  6. Un abrazo.

    Te mando uno hoy, el que te hubiese dado entonces, uno de esos de cuello vuelto.

    Porque nunca se sabe.

    Besos, Joselu.

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  7. Es una maravilla que recuperes con esa profundidad y emoción tus recuerdos infantiles. Me ha gustado mucho el relato. Aunque yo considere que mi infancia no fue mala ni excepcionalmente buena, sino algo vital, o sea, mezcla de ambas cosas, veo muchas cosas parecidas, detalles que me recuerdan esos tiempos. El peso de la religión, por ejemplo, que creo que fue un punto siempre ajeno al natural paganismo infantil, algo que se imponía como una losa sobre las coronillas recién peinadas. También la sensualidad inocente que se practica cuando no se piensa con lógica, sino con libertad natural.

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  8. Que buenísimo !

    Tu por lo menos tuviste a Mariví, si yo te contara.

    En el National Geographic de este mes, por lo menos en la edición americana, hay un artículo sobre unos cazadores-recolectores africanos que te va a gustar.

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  9. ¡Qué intenso y complejo es el mundo en la infancia, con sus dramas y sus tragedias incluidos! Cometemos el error de quitarle importancia, como si de un submundo de juguete se tratara. Yo también tengo muchísimos recuerdos, a veces de olores, imágenes que se quedan como instantáneas fijas, frases que ondean en la memoria, penas que no fueron menos hondas que las que les siguieron ...
    Creo que es un buen ejercicio, el del recuerdo. A tí, como de costumbre, te sale de maravilla contárnoslo a los demás. Celebro que te apetezca.
    Un saludo cariñoso.
    Ah, muy apropiado el cambio de imagen que has puesto en el encabezamiento.

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  10. Ésta es de las entradas que más me hayan gustado, no sólo en este blog. Es un verdadero don que recuerdes esto y sepas contarlo de este modo. Gracias por compartirlo.

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  11. Preciosa historia. Has conseguido dibujar una sonrisa tierna en mi cara.

    Pero me ha llamado la atención que dices que eras un niño triste aún teniendo esa historia de AMOR con Marivi.

    Creo que en todas las etapas de tu vida has tenido unas interesantes vivencias con sus alegrías y sus tristezas. Y ahora andas buscando nuevas experiencias, nuevos retos,...

    Hasta pronto

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  12. "Cuando comulgué sentí que se me abría un abismo bajo mis pies. Pocas veces he sentido una sensación más abominable. Todo el universo sagrado se me hizo repulsivo. Y no quería recibir el cuerpo y la sangre de aquel ser que me hacía sentir desdichado y culpable. Además empezó a llover con fuerza y cuando recibí la sagrada forma estalló un trueno que me recordó el final del mundo que temia por encima de todas las cosas."

    Oye, si sigues así en 4 días más de vacío ya puedes empezar con tus 100 años de soledad ... en Zaragoza.

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  13. ¿Y si resulta que Mariví te sigue desde hace tiempo y sabe que nunca legaste a obispo sino que eres un buen profesor en la secundaria?
    Me ha gustado. Yo hoy escribí sobre si debemos escribir cuestiones personales o profesionales y sobre las casualidades filosóficas de la vida.
    Me gustó tu comentario sobre MHernández.
    Un abrazo desde el Sur que ya sabes que también existe ;)
    @gorkafm

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  14. Me ha gustado mucho tu evocación infantil, especialmente el agua con azúcar y tu Mariví... También me ha parecido brillante cómo explicas el vacío que te produce la religión... Es lógico, ese vacío lo llenas de sobra con educación, con blogs, con literatura, con música, con cine, con pintura, con África, con amigos...

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  15. Una evocación de la infancia que me ha llegado. Muy bueno narrador.
    Abrazos.

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  16. Es un relato precioso el que haces de tu infancia, Joselu. Yo nunca llegué a sentir esa emoción que narras ante las imágenes religiosas, de hecho ni siquiera llegué a hacer la comunión, aunque mis padres me dieron la opción de hacerla si yo quería y todas mis amigas la hicieron. Creo que apuntaba maneras ateas desde que era una enana, jaja.

    Años después, estudiando arte, sí he llegado a sentir en parte la belleza de algunas imágenes religiosas, su fuerza emotiva, su capacidad de transmitir la sensación de sufrimiento mejor que cualquier palabra.

    Espero que poco a poco te vayas recuperando de tu bajón emocional. Todos los hemos tenido. Me alegro de que, a pesar de lo que comentabaas en tu anterior entrada, la inspiración te sigue llegando con la misma fuerza que siempre.

    Un abrazo

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  17. Me ha encantado tu relato. Digno de unas Memorias. La infancia marca para siempre nuestras vidas. Y cuando somos niños no lo sabemos. Si yo ahora fuese niño, haría tantas cosas para después soñarlas...
    Muy bueno el post, pero muy bueno.

    Un abrazo.

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  18. Bueno, a lo mejor me vuelvo a equivocar, pero yo deduzco que tu inspiración en estos momentos de tu vida es mas emocional que antes, tu bonito post lo expresa así.Es mucho más subjetivo que lo que has escrito antes.
    Creo que es muy sano acordarte de tu vida y no olvidar ni lo bueno ni lo malo.
    Lo he leido muy a gusto y te he conocido, creo, un poquitín más. Un abrazo Lola

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  19. Tu evocación me ha recordado estos versos de José Asunción Silva.

    Infancia, valle ameno,/
    de calma y de frescura bendecida /
    donde es süave el rayo /
    del sol que abrasa el resto de la vida./
    ¡Cómo es de santa tu inocencia pura,/
    cómo tus breves dichas transitorias,/
    cómo es de dulce en horas de amargura /
    dirigir al pasado la mirada /
    y evocar tus memorias!

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