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lunes, 12 de octubre de 2009

En el sur de Francia

Este fin de semana del Pilar lo hemos pasado en familia en el sur de Francia. Concretamente el el municipio de Osseja, muy cerca de la frontera. Nos agrada la cortesía francesa, su sentido del humor, el cuidado de sus pueblos, el agua abundante de sus ríos… Hemos ido dos familias con nuestros hijas. Por la noche era el momento de cenar en compañía y de interesantes conversaciones. Quiero compartir una de estas conversaciones que mantuvimos Jorge y yo con un botella de Borgoña del 2003 que estaba delicioso.

La cuestión era si los libros digitales conseguirían imponerse a los soportes tradicionales de papel. Jorge no es nada romántico como parece sugerir su profesión de ingeniero. Según él, actualmente las editoriales lo que hacen es vender papel. El precio de los libros estriba en el número de hojas que tienen. Si se extendiera el formato digital, entraría en crisis esta valoración. Le digo que las editoriales deben temer el momento de extensión de los archivos digitales. ¿Quién impediría que los archivos informáticos se piratearan? Por sofisticados sistemas anticopia que hubiera, siempre habría alguien que lograría sin mayores dificultades desblindar el sistema y distribuirlo. De hecho en EMULE circulan versiones digitales de multitud de libros de actualidad. Conozco a quien posee un libro digital que le ha costado 300 euros y que ha almacenado centenares de obras sin pagar, entre ellas la trilogía de Millenium de Stieg Larsson. ¿Qué pasaría con los derechos de autor en el momento que se extendiera el soporte digital? Sería la misma cuestión que ocurre con la música y las películas. Pocos pagan. Si la opción es tener un producto sin pagar o pagando, la inmensa mayoría de las personas optan por no pagar.

El debate entre Jorge y yo pasa entonces a la cuestión de la piratería, el hecho de que cualquiera pueda descargarse sin pagar una película, un disco (o una discografía) o el conjunto de la obra literaria de un autor. Lo que al principio parece una idea genial, el hecho de que el arte sea de libre acceso, se convierte en una realidad perversa que tiene consecuencias nefastas. ¿Cuántos videoclubes han cerrado por falta de negocio? ¿Cuántas salas de cine han cerrado por falta de público? Le hablo a Jorge de las salas de repertorio, aquellas en que se podían ver programas dobles de cine de películas de no estricta actualidad, pero de gran calidad. Estas salas de repertorio han desaparecido. Ya nadie va al cine si no es a ver a precios abusivos películas de rabiosa actualidad. El cine ha quedado circunscrito a la última novedad en cines formato de multisalas. ¿Acaso esta reorientación del cine y empobrecimiento de la oferta tiene también que ver con la piratería? ¿Acaso los altos precios de las salas cinematográficas tiene también relación con el hecho de la piratería, el saber que todo se termina copiando y descargando?

El pirateo tiene consecuencias negativas para multitud de trabajadores que no son los grandes directores cuya leyenda los pinta enriquecidos y cresos y que son la justificación de muchos para practicar el pirateo. Los directores y los cantantes a los que imaginamos forrados. Me pregunto si la realidad de la copia ilegal no afecta al fundamento de la creación artística. ¿Qué director, actor, músico, escritor seguirán creando con la misma convicción si saben que su obra artística va a ser inmediatamente copiada y distribuida?

Jorge se posiciona en que los creadores suelen cobrar subvenciones, pero esto no lo veo así. Es posible que algunas películas tengan subvención, pero la música y la literatura no suele tener subvención. Jorge añade que pagamos un canon digital que en cierta manera legitima nuestra tarea de piratas. No me convence. Pienso que el hecho de la piratería es negativo para la creación, y que en el caso de los libros digitales puede ser letal para el mundo literario. ¿Quién elegirá pagar si puede tener las obras gratuitamente?

Se me ocurre un sistema de descargas legales con coste reducido. Por ejemplo si descargamos películas y si estas tienen más de cinco años de antigüedad, pagar un euro, igual con los discos. Si son entre cinco y un año de antigüedad, pagar dos euros, y si son recientes pagar entre tres y cinco euros. Yo soy un amante del cine clásico, y no me parece justo pagarlo a precio de cine de actualidad. Si quiero bajarme la filmografía de Bergman, unas veinte películas por ejemplo, poder hacerlo por veinte euros en forma de pack o bien seleccionando películas.

La botella de Borgoña está bajando peligrosamente y no acabamos de ponernos de acuerdo. ¿Cómo reactivar la costumbre de ir al cine, sobre todo a esas salas que señalaba como de repertorio y que ofrecían una calidad infinitamente mayor que cualquier versión pirateada? El cine está hecho para ser visto en pantalla grande. ¿Es un proceso que ya no tiene solución? Hay multitud de jubilados, gente joven o parados que pueden encontrar en una sala de cine unas tardes de enriquecimiento personal. Serían necesarios unos negocios que ofrecieran unas posibilidades de ganancia razonable y que deberían contar con salas llenas. ¿O el cine en el formato que nació ya está definitivamente desaparecido?

Mucho me temo que el cine, si sigue este proceso imparable de pirateo pierda el gusto por el riesgo y se centre en productos estereotipados, comerciales y dedicados al gusto de consumo masivo e inmediato. Y ¿qué decir de la literatura si esta puede al final ser copiada sin ningún control? ¿Quién controlará la calidad de los textos? ¿Quién se arriesgará a crear? Me tomo mi último sorbo de Borgoña y unto oloroso queso camenbert en el pan . ¿Ha llegado el momento de poner coto a las descargas descontroladas? Sé que entre mis alumnos hay una cultura generalizada de la copia o la descarga alegal. ¿Cómo convencerles de lo contrario?

23 comentarios :

  1. Amigo Joselu,

    Para un servidor, el Emule ha sido uno de los grandes descubrimientos de la humanidad. No podría vivir sin él, aunque sé que poco tiempo nos queda para disfrutarlo.

    Con todos los respetos, al hablar de la piratería estás utilizando los mismos términos y analogías que el Gobierno. No es lo mismo el usuario que accede a un universo casi ilimitado de cine, literatura o música, que la mafia que otorga a ese mismo acto matices comerciales. A pesar de que, desde la prespectiva del que siempre ha vivido de la sopa boba, sean ambos igual de dañinos -éste porque lo suplanta, aquél porque ya no necesita de ningún mediador entre la obra y el espectador-ususario-.

    El problema de Internet no es tal, desde el punto de vista de los usuarios. Sin embargo nos lo quieren vender así porque, para las grandes distribuidoras, discográficas y editoriales sí está siendo un problema. Internet les está demostrando que el precio de la cultura es algo virtual y, en la mayoría de los casos, una cosa que se han inventado ellos solitos.

    Me temo que, esta vez, estoy con tu contertulio. Los videoclubs o las antiguas salas de cine emepzaron a cerrar antes de que existiera Emule. En el caso de los primeros -tratados, en un principio, como la principal causa del cierre de algunas salas-, hay que señalar que fueron -y son- negocios que surgieron debido a una circunstancia muy puntual de la cultura. En cuanto el canal de la misma cambió, comenzaron a verse en dificultades. Pero observa que, con ellos, está ocurriendo algo muy parecido a lo que sucede con las salas de cine. Los que se van al garete son, única y exclusivamente, los negocios familiares, no las grandes cadenas. Con esto nada tiene que ver la piratería, sino la concentración comercial.

    Y por útltimo: durante diez siglos Europa vivió sin la fiugra del autor. No digo que eso haya sido bueno -o malo-, sino que el hecho de dejar en un segundo plano el concepto de autoría no es algo que nos deba sorprender. Lo que, desde mi punto de vista, se inicia ahora -hasta que los gobiernos de turno decidan cortar por lo sano- no es más que el viejo sueño del libre acceso a las más altas formas de civilización. ¿Es esto un inconveniente? Para mí, desde luego que no. Para el David Bisbal de turno -y para todas esas SGAE's que parecen fabricarlos en serie- puede suponer, por supuesto, su sentencia de muerte.

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  2. Hola Joselu: Me alegra poder comentar una entrada (respecto a las otras, tan interesantes, sólo me permito aprender de ti y de tus comentaristas, ya que no pertenezco al gremio de enseñantes).

    Este tema lo veo un poco desde la barrera, ya que no consumo productos pirateados.

    Quisiera, a modo de ejemplo, proponer un caso antiguo, ya que el pirateo cultural no es de hoy: la viuda de Miguel Hernández, cuya situación económica era poco solvente, no vio ni un céntimo de todas las ediciones piratas que se hicieron en América de la obra de su marido. Y en este caso, extensible a otros muchos, veo dos aspectos: 1. ¿Quién puede dudar de que es una encomiable labor difundir la obra del poeta de orihuela? 2. ¿Es justo que alguien se lucre con la obra ajena, igual que si fuera propia?
    La cultura no es ajena, ni mucho menos, a la economía. Y en este tema, que tiene muchas caras, no se puede ser ni tuerto ni ciego.

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  3. Desaparecieron las herrerías donde se repaban las herraduras de las caballerías y el oficio de batanero, por ejemplo. El problema, me temo, es para la industria cultural, que ha hecho el agosto. El creador siempre ha vivido en precario, salvo últimamente y en casos excepcionales. El creador no es nadie, nunca ha sido nadie, salvo que se haya podido convertir en un potente medio de negocio para la industria, como si fuera un deportista galáctico. Y, desde luego, nunca el sistema ha garantizado la calidad. El debate antes lo acaparaban la industria, cinematográfica y editorial, y ahora lo hace la informática. El creador es un pretexto o una excusa. Acábese con la propiedad intelectual (yo acabaría con la propiedad, en general) y pongámonos a debatir sobre sistemas de valoración, promoción y retribución de las obras. En cualquier caso, ningún sistema nos librará del Bisbal de turno o nos garantizará que no se pierda en las telarañas de la cultura más de un creador.
    Un abrazo.

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  4. Ese era precisamente el tema de ayer de la columna de javier maría, me han parecido interesantes vuestra reflexión y también la de Andrés Hurtado. Como has estado en Francia no sé si has leido el artículo, lo dejo aquí, por si acaso te interesa o quizás a algún lector.

    http://www.javiermarias.es/main.html


    Saludos

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  5. Es muy simple, Joselu, lo que voy a escribir pero es lo que siento.
    Yo me bajo pelis y libros de Internet siempre que puedo y también música y no me encuentro nada culpable. Si lo regulan, pues bueno, pero si no lo regulan..por que me voy a perder algo que tengo tan a mano y nadie me ha dicho formalmente que no se puede hacer?
    Yo creo que el escritor, si es esa su vocación, nunca dejará de escribir, como tampoco el pintor de pintar.
    Me parece muy bien la idea de pagar algo, por algo que te bajas pero te digo de verdad que yo no oiría tanta música clásica como oigo si no fuera porque me las puedo traer de la Red.
    Que regulen y si no regulan.....
    Un abrazo Lola

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  6. Serenus, prefiero de momento no intervenir y dejar que se expresen los distintos pareceres sobre el hecho de la piratería. No conocía, como has sospechado, el artículo de Javier Marías. Ayer en un pueblecito francés intenté comprar El País, pero a las doce no quedaba nada de prensa española. Y por cierto, el sur de Francia, en concreto la Cerdaña, está plagado de españoles que van a pasar el fin de semana o tienen segundas residencias allí en una región que se reconoce como catalana. Muchos catalanes se encuentran extraordinariamente cómodos en un ambiente catalán a la francesa. Gracias por tu referencia. Ya he leído el artículo y en líneas generales estoy de acuerdo con lo que plantea. Un cordial saludo.

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  7. La batalla está perdida -en un plazo de tiempo más corto que largo- para el actual sistema de explotación cultural y de sus principales beneficiarios. Y lo está porque la mayoría de la gente ha apostado por una nueva forma de consumir la producción cultural, y vamos a ver en esta lista de comentarios como sólo una minoría va a defender que continúe el actual sistema con todas sus características. Eso da idea de que la situación debe cambiar hacia un sistema más racional de precios y de ganancias, donde desaparecerán muchos intermediarios y también puestos de trabajo, pero aparecerán otras formas que crearán otras ocupaciones nuevas -esa rueda es parte del sistema económico actual-.
    Joselú, como buen introductor de debates, has tocado muchos palos de una misma baraja y eso hace que sea complejo entrar en el comentario. En general nadie es pirata si disfruta de una obra y no se lucra de ella, tan sólo lo es porque lo dicen unas estructuras comerciales de intermediarios interesadas en ello y que son los que se lucran verdaderamente del hecho cultural y creativo. Otra cuestión es que se quiera sacar provecho y se actúe como negocio paralelo.
    Está claro que debe de surgir una nueva relación entre el precio y el comprador donde estén minimizados los aspectos especulativos tanto de los productores (no entiendo por qué artistas y creadores tienen que nadar en la abundancia) como de los intermediarios con el consumidor de esos productos.
    En el caso de los libros cada vez se producirá menos papel por opciones más económicas y ecológicas. Y los formatos electrónicos serán fácilmente ‘copiables’. ¿Los autores? Pues se tendrán que buscar la vida si quieren vivir de ello: conferencias (que las cobran a buen precio), firma de libros, premios literarios, subvenciones, colaboraciones en medios de comunicación, obras en Internet previo pago, o una cátedra universitaria.
    El cine ya busca nuevos formatos de espectáculo como las tres dimensiones. Al apoyarse tanto en elementos tecnológicos buscarán caminos nuevos. También pueden hacer películas de bajo coste, igual sanean sus cuentas.
    En la misma encrucijada están los periódicos enfrentados a toda la revolución la web 2.0 y que merecen capítulo aparte.
    La música ha sido la abanderada en ver resquebrajarse su sistema. Lo es por ser la más popular y porque los responsables de su industria han sido unos déspotas que se han enriquecido a costa del gran público pagano (¿alguien recuerda el precio abusivo de los primeros cedés?) y de los propios artistas (recuerdo que Rosendo decía que en una liquidación de un trimestre él era quien terminaba pagando a la SGAE). Aquí muchos grupos han comenzado a vivir de los conciertos y a promocionarse, directamente, en Internet.
    Sólo en la producción cultural se cobran derechos de autor por largo tiempo. En la mayoría de los casos en nuestra economía de mercado lo que existe es un intercambio de bienes por dinero.
    La batalla está perdida porque además habrá un cambio cada vez más radical de los artistas y creadores, ya que muchos de ellos entenderán y expondrán su obra como gratuita. Los ‘blogs’ sin ir más lejos son un ejemplo.

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  8. He visto lo escrito por Javier Marías y miente como un bellaco. Digo lo de bellaco por mentir, bien sea por desconocimiento o por maldad. ¿De dónde saca este señor que España es el segundo país que más se piratea en el mundo? Es más que probable que de una mentira fabricada por el sistema productivo donde él vive tan bien. Marías no hace nada más que defenderse de lo que considera una amenaza para su bolsillo.

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  9. La cultura (libros, música, pintura, teatro...) debe ser asequible, pero no gratis. Los creadores deben poder vivir de su talento, como el panadero vive de las barras que fabrica, a ver quién hace algo porque sí, sin recompensa alguna. El problema es que todo se ha ido de las manos, por la avaricia de unos y la inutilidad de otros. Es inmoral el precio de una entrada de cine, o de las palomitas, o de un libro (yo compro cuanto leo), y no digamos de un disco o DVD, pero la culpa no es de los creadores, sino de los tiburones que manejan esas empresas, normalmente multinacionales insaciables. Internet ha abaratado enormemente cantidad de productos, así que para muchos es un edén, menudo chollo, tener el último estreno gratis total (eso sí, con una calidad ínfima, normalmente). Yo no lo utilizo para ningún tipo de descarga, aunque puedo entender a quien lo hace. Si se pudiera disponer de una cantidad ilimitada de productos a un precio razonable creo que la gente lo haría, pero es una utopía, lo sé. ¿Cómo se controlaría? ¿Vigilando cada ordenador? Lo que no se puede mantener es la situación actual, con la SGAE haciendo de lobo y los usuarios de inocentes corderos. Ni una cosa ni otra. Que bajen el precio de las entradas de cine para facilitar que la gente vuelva a llenar las salas, y lo mismo con todo lo demás. La cultura hay que pagarla, como todo, pero eso no quiere decir que determinados artistas sean millonarios sin más y encima se mosqueen porque se piratean sus discos. Una tarde de cine familiar sale por un pico, y no digamos el teatro. ¿Hay que renunciar a todo ello sólo porque es caro? Los responsables deberían buscar soluciones para satisfacer las necesidades de todos, creadores y usuarios, pero mucho me temo que habiendo tanta pasta de por medio no hay acuerdo posible. Seguirá el pirateo, el aumento del precio de cualquier soporte que sirva para copiar, los impuestos directos e indirectos seguirán subiendo... Buf, no veo salida, de verdad.
    Y estoy de acuerdo con Marías: si seguimos así, se acabará la creatividad porque los autores no pueden vivir del aire. Y si sólo dependen de las subvenciones, aviados estamos.
    Ah, y no me veo leyendo un libro de cientos de páginas en una pantalla, por muchas ventajas que ofrezca. Me gusta el tacto del papel, su olor, su calidez. Creo que el libro como tal nunca desparecerá, pero seguramente estoy equivocada, visto lo deprisa que va el mundo.
    Tienes la facultad de proponer siempre temas interesantes, eres un as. Un abrazo, colega.

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  10. Solamente sobre lo del libro digital. Yo lo he tenido en la mano y es más práctico de lo que a primera vista parece. Permitiría (o permitirá, o podría permitir) acceder a textos agotados en pocos segundos, puede ser un instrumento que disminuya los costes de edición y permita acceder al mercado a autores minoritarios. Podría coexistir largo tiempo con el libro impreso. Pero también podría suponer la muerte de muchas editoriales y librerías si el pirateo generalizado se impone. La solución (en mi opinión) pasa por poner un precio adecuado, bastante inferior al de las obras impresas. Y hacer que los editores se pongan las pilas para no terminar todos ellos dependiendo de Amazon.

    Pero un ilustre editor de Barcelona, preguntado en un programa de televisión dijo que el libro electrónico era para los yonquis de la tecnología. Así estamos.

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  11. Suscribo absolutamente el comentario de Yolanda, con la salvedad de que en mi caso hace tiempo que la mayoría de los libros que leo no los compro, proceden de la biblioteca (que se nutre de mis impuestos y de los de los demás). A mí me sale casi más barato el teatro que el cine (he descubierto los abonos)y, quizá si el precio de las entradas de los cines no fuera un robo a mano armada, yo seguro que iría tres veces más: es lo que tiene ser pobre.

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  12. Se me olvidaba decir que el libro digital me parece un gran invento: seguro que cuando se abaraten se venderán muy bien. Sin embargo, no creo que desplacen necesariamente al papel, cada uno tendrá su función. Yo al parque seguiría bajando el libro tradicional, pero de vacaciones sería un alivio liberar a la maleta del peso de los libros y llevarme media biblioteca. ¡Qué placer!

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  13. Me ha sido imposible no recordar la obra de McLuhan y su Galaxia Gutemberg donde ya se vaticinaba la muerte del libro a manos del mundo virtual. A pesar de ello, creo que la muerte de la cultura, incluyendo todas las artes que se nos puedan ocurrir, creo que es excesivamente pesimista (o quizá peco de idealista, quién sabe). Estoy especialmente de acuerdo con Andrés y comparto la culpabilidad (encubierta) de Lola. Si no fuera gracias a internet a día de hoy no podría disfrutar tan fácilmente del cine de Preminguer, Wells o Bergman.

    Soy de esa generación que creció con DVD en casa y se ha formado cinematográficamente a costa de los videoclubs y los cines de barrio con 2 salas. Pero superada esa etapa y enterradas ambas formas de vida (con 15 años eran una parte fundamental de mi ocio) ¿qué me queda para acceder a todo eso que tengo con un sólo click? Siempre que puedo consumo cine y música a la tradicional, pero es innegable que la mayoría de veces, me dejo arrastrar, gustosa, por la comodidad y gratuidad de mi hogar.

    No creo, aun así, que sea decoroso o moralmente aceptable para con el creador este tipo de consumo, pero quizá la difusión del arte no siempre puede ser como nos gustaría. Quizá en el siglo XIX tampoco era plato de buen gusto para los escritores tener que escribir sus novelas en folletines, pero era la única manera de llegar a los lectores de forma directa y masiva. No pretendo hacer una comparación porque sé que no lo son, pero quizá sí es cierto que la libre circulación del arte, su democratización, en definitiva, tiene un coste. Como todo, la piratería puede destruir, pero también puede edificar, todo depende del uso que se haga de ella. Por eso, creo que tu “tarifa plana” para las descargas, no es, en absoluto, una mala solución.

    Por último, en cuanto al libro digital, no sé si tendrá o no éxito, tengo muy poco de visionaria, lo que sí sé es que personalmente, el placer de tener entre mis manos las páginas de un libro, ese olor tan peculiar de los libros, antiguos o nuevos, el color de sus páginas, la textura, no podrán ser sustituidas. Las nuevas tecnologías pueden acabar con muchas cosas (aunque los autores ya los mató Barthes), pero hay otras que son eternas.


    "Los libros tienen los mismos enemigos que el hombre. El fuego, la humedad, los animales, el tiempo y su propio contenido"

    Paul Valéry

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  14. ¿Quién controlará la calidad de los textos? ¿Quién se arriesgará a crear? Pues supongo que Quevedo seguirá controlando su calidad, porque de hecho no publicó un solo poema en vida, salvo las traducciones de Epicteto y de Focílides, que eran materia grave. Lope y Calderón seguirán con el teatro, Cervantes seguirá tan pobre como siempre, Fray Luis de Granada y Fray Luis de León en su monasterio, Larra y Azorín venderán sus artículos a los periódicos. Góngora y Bécquer y Rosalía no perderán demasiado dinero, Juan Ramón seguirá malviviendo con las pequeñas rentas de su esposa y el dinero de alguna conferencia... los escritores seguirán como siempre; ninguno será rico, ni escribirá para serlo, como nunca se ha escrito nada que valga la pena por dinero. Tú mismo, Joselu, que en esta página demuestras cada día que eres escritor seguirás dando clase y sin poder comprarte un yate Fortuna, afortunadamente para nosotros tus lectores. Las buenas obras correrán de mano en mano y las malas ya no saldrán por la tele ni tendrán páginas pagadas en las revistas. En cuanto a los músicos, ya nunca volverán a ser meros sirvientes como Mozart ni a dar clases de piano, como Beethoven; esa guerra la ganaron hace tiempo. Tampoco podrán ser superestrellas, por encima de los verdaderos y opacos héroes, sino gente normal, perteneciente a una cultura que afortunadamente para ellos y para nosotros que los disfrutamos permite que existan clases ociosas, a efectos de producción, gracias a su opulencia, por otra parte injusta para para las dos terceras partes de los seres humanos.
    Un abrazo.

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  15. Sólo decir que los creadores, los artistas talentosos, tienen todo el derecho del mundo a cobrar por sus obras. No me parece nada, pero nada, bien, todo el manejo que supone el pirateo. Aquí hay un trasbase pecuniario nada claro, y a mí me gustan las cosas claras. Por otra parte, el cine, debido precisamente a esto, está reducido a películas de la más rabiosa actualidad, sean de la calidad que sean. Las otras, las numerosísimas películas excelentes que el cine ha dado, están recluídas a menesteres de pirateo. Flaco favor se le hace al cine. Yo recuerdo aquellas sesiones en el cine de películas más o menos modernas, o antiguas, y me encantaba. Ahora el cine es otra cosa. Y no quiero ni pensar lo que ocurriría si se extendiera lo del libro electrónico...

    Un saludo.

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  16. Máximo no existe murió el 3 de septiembre de 2009 a las 20:00
    http://adiosalos302punto0.blogspot.com

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  17. Creo que las descargas son inevitables y, además, son una forma de socialización de la cultura.
    Otro tema es el de la calidad de la creación. No creo que vayan parejos, Joselu.
    El artista lo es en la medida que tiene algo que decir, que transmitir, que expresar. Creo que se está ofreciendo argumentos a los mediocres para que creen productos de consumo gratuito.
    No creo que el problema sea si las descargas deben prohibirse o regularse (con cánones o impuestos). El problema es mucho más profundo: ¿Cómo educar a una sociedad que tiene acceso a muchos productos de dudosa calidad (subcultura)? ¿Cómo enseñar a desbrozar el grano de la paja?

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  18. Te leo desde hace tiempo con interés y nunca me había animado a comentar, pero hoy me has tocado la fibra sensible: estoy de acuerdo contigo, y no lo estoy. Creo que cualquier creador merece cobrar por su trabajo, igual que cualquier otra persona cobra por el suyo. Soy consciente de que en la elaboración de una película intervienen muchos profesionales, no sólo el director, que no sólo merecen, sino que necesitan, cobrar por su trabajo. Y estoy de acuerdo con que el cine, la música y la literatura son bienes, y que los consumidores de esos bienes deben pagar por ellos.

    Y sin embargo uso el emule (o similares). ¿Por qué? Porque estoy dispuesta a pagarles parte de la hipoteca del piso, pero no el yate. Los precios del cine me parecen abusivos, e ir al cine más de una vez al mes me descuadra el presupuesto. Y aún así voy, cuando creo que una película merece la pena, pero si tengo dudas... lo siento, pero no voy a hacer malabares para llegar a fin de mes por una película que probablemente sea un bodrio.

    En el caso de la música, que también es cada vez más inasequible, creo que el emule es la mayor bendición que pueda imaginarse. Porque, aunque no dudo que habrá muchos que no hay vuelto ha comprarse un disco desde que se extendió, a muchos otros nos permite descubrir cosas nuevas, probar antes de comprar... Ya no sé cuántas veces me habré descargado el disco del grupo X, y cuando lo he escuchado he corrido a comprármelo porque me ha encantado. Y cuántas otras me he bajado ese disco que me pensaba comprar y no lo he hecho porque no me ha gustado en absoluto.

    En cuanto al tema de los libros electrónicos... las navidades pasadas me regalaron un cacharro de esos, y pensé que qué poco me conocían, regalarme eso en vez de libros de verdad, que es lo que a mi me gusta...Di las gracias con la sonrisa forzada, pensando en si lo podría devolver y con el dinero comprarme libros de verdad. Hoy me sorprendo a mi misma adorándolo y mimándolo. Es todo un invento, y de los buenos. Nunca dejaré de leer libros en papel, porque me encantan, pero irte de vacaciones y cargar con un aparatito que apenas pesa, en vez de con 7 u 8 libros que pesan como un muerto y que no sabes dónde meter es un lujo. Tener todos lo libros que quieras a mano (no sé cuantos entrarán, pero yo no he parado de meter y esto aún no se ha llenado) también. Y aunque ciertamente las novedades son caras, los clásicos son baratos, bastante más baratos que en formato tradicional, y no tienes que dar mil vueltas para encontrarlos (bueno, a veces sí, pero son vueltas virtuales que cansan menos), y puedes comparlos en versión original, en vez de traducidos, sin tener que encargarlos y esperar y, muchas veces, pagarlos más caros. Me ha conquistado, aunque eso sí, por las noches a la cama lo que me llevo es un libro "de verdad", y cuando doy con un libro de esos que me llegan, lo apunto en mi lista de libros "por comprar", igual que hago cuando saco de la biblioteca un libro que me fascina.

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  19. Para empezar, el soporte importa y mucho. Indudablemente, un buen libro de papel es algo muy tangible y directo, con tacto, olor y hasta sabor. Pero no todos los libros se disfrutan, porque también los hay de trabajo y de uso, de consulta, por ejemplo. No veo inconveniente a la extensión de los libros digitales, si se siguen publicando también algunos en papel, ciertos libros y ciertos temas, casi para el placer personal de tener un libro en las manos. Un amigo mío tenía un libro digital para leer en la cama sin molestar a nadie con la luz encendida, porque veía iluminada la pantalla. Es una utilidad, digo yo.
    Respecto a la piratería, yo estoy más por defenderla que por atacarla. No es el escritor o el músico quien más se enriquece, sino las grandes empresas que los manejan. El directo da muchos dineros para los artistas, por ejemplo, pero grabar cuesta menos y la multinacional gana más con ello. Los teatros están en auge, porque nadie puede copiar una función y su gracia está precisamente en el aquí y ahora.
    Por otra parte, sin piratería las grandes multinacionales se reservan el derecho de regular nuestra cultura, de modo que vemos, escuchamos y leemos lo que ellas quieren. Yo suelo comprar películas, pero ¿qué hago con esas que a ellos ya no les interesan sacar al mercado? Para mí es importante poder ver ciertas películas y oír cierta música que están fuera del mercado. Es un ejemplo. Que abaraten los precios y que abran páginas de pago para descargas. Y que los de la SGAE se vayan de piratas al Caribe, que ellos sí que son unos bucaneros de cuidado.

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  20. Siempre he sido más de Sabina que de Ramoncín, o sea, que "si me dan a elegir entre todas las vidas, yo escojo la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo; el viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera". Lo siento, y sin ningún tipo de reparos...

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  21. El arte y la música existen desde la Prehistoria, la literatura desde que comenzara la Historia. La industria musical y editorial desde hace bastante menos. No podemos autoculparnos, si existe un resquicio por el que podamos adquirir algo gratis, lo haremos sin duda alguna, será lo único gratis frente a hipotécas, luz, agua, alimentos, despidos...

    La industria cultural ha de adaptarse a nuevos patrones de consumo, y no es el consumidor el que ha de pasar por las normas de una industria manida.

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  22. Hola Joselu: el tema de la piratería es un terreno pantanoso, y dejando a un lado el problema de la autoría (que no creo que esté cuestionado con este sistema), creo que son las grandes empresas las principales afectadas, nunca el creador o el artista, que siempre ha existido, con o sin apoyo económico detrás.
    En cuanto al libro electrónico, te diré que mi cuñado, informático de pro y nada aficionado a la lectura, se compró este verano un juguetito de esos para leer libros electrónicos. Su frase: "ahora sí voy a leer". El capricho le duró lo que tardó en salir el último móvil. El libro electrónico nunca va a fomentar la lectura, por más que nos lo quieran vender así. La única ventaja que le veo es de cara a la investigación: mucho más fácil será acudir a las fuentes. Nada más (y nada menos). Pero es que yo siempre he sido una romántica de las bibliotecas, qué se le va a hacer. Abrazos.
    p.d. Comparto tu amor por el sur de Francia.

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  23. ¡Cómo te han dado, querido Joselu, por tu entrada desde Francia!. Además, me provoca una gran envidia que viajes con la facilidad que se supone. Mi mundo es otro y un maestro debe pensar mucho para visitar a sus parientes al sur de Chile o atravezar la cordillera. Pero esta es la tierra que amamos y en la que soñamos.
    Como ya se ha comentado harto del tema que tú pusiste sobre la mesa, ¿no sería posible que maestros, artistas, escritores y poetas, pensadores, filósofos y toda la gente con ideas y un ideario abierto, franco, honesto, humanizador, pudiésemos ir ocupando los flancos de internet?. Ya ha habido un comienzo. Sólo hace falta tener esa ingenua voluntad de creer que nuestro esfuerzo puede provocar cambios importantes. Abrazos.

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