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sábado, 30 de agosto de 2008

El regreso


Estos últimos días de agosto me siento como cuando don Quijote estuvo velando sus armas antes de ser investido caballero en la venta que él creía castillo. Me siento ansioso por regresar a mi profesión, la de enseñante, que ha vertebrado mi blog desde hace tres años. El regreso es el tema de la más espléndida aventura jamás contada en La Odisea en la que Ulises vuelve a su casa en Ítaca, arrostrando mil y un peligros. Es una historia que nunca me canso de releer. Y ahora me retorna cuando faltan muy pocas fechas para reencontrarme con mis nuevos alumnos.

La enseñanza es el reino de lo extraño, como la literatura. Me gusta dotar a este blog de una cierta dosis de extrañeza y de cierta oscuridad porque cada vez que inicio un curso es como enfrentarme a lo desconocido; es como iniciar una aventura fascinante y nueva.

Y me gusta contarlo desde dentro, desde la conciencia perpleja de un profesor que intenta explicar su desafío a todo tipo de lectores: a profesores sin duda, a los que atesoro entre mis amigos más directos; pero también deseo que mis reflexiones lleguen a personas ajenas al mundo de la enseñanza. Me siento especialmente estimulado en saber que los pensamientos de este profesor emotivo y secundario pueden ser leídos por lectores de las más variadas edades y condiciones profesionales alejadas de lo estríctamente académico...

Hasta allí, donde estéis, amigos, deseo que mi experiencia particular participe en alguna manera de lo universal, y que mis palabras se llenen de densidad para explicar una historia que es nueva cada año y que implica necesariamente esperanza. Si a ello se pudiera añadir un hálito poético, Profesor en la Secundaria, hincharía sus velas y su nave saldría al mar azul lleno de misterios y gigantes de un solo ojo o insólitas doncellas que me esperarían en su isla lejana.

lunes, 25 de agosto de 2008

Adolescencia dolorosa

www.flickr.com/photos/71753457@N00/2292315767

Una de los relatos más conmovedores que leí el curso pasado entre los presentados al ejercicio de narrativa fue el de una alumna llamada María titulado “Adolescencia dolorosa”. A lo largo de veinticinco páginas, María relataba con emoción y dolor la experiencia de vivir la vida y en especial su adolescencia en estos momentos aquejada de una terrible enfermedad diagnosticada como “osteogénesis imperfecta”, la popularmente conocida como la enfermedad de los huesos de cristal.

María va en silla de ruedas. Su cuerpo está desproporcionado respecto a sus pequeñas piernas, mínimamente desarrolladas respecto a sus musculosos brazos acostumbrados a impulsar su silla. María en su relato reflexiona acerca de su historia personal vertebrada por las veinticinco operaciones que ha tenido que sufrir en sus piernas, tan frágiles como el más delicado de los cristales. Cada vez que ha de entrar en el quirófano, no menos por frecuente, es una situación que la aflige y la atemoriza. Una de las operaciones se debió a los ejercicios a que la sometió una fisioterapeuta que, sin querer, le fracturó una de sus piernas. Por ello, desde entonces, siente pánico hacia la rehabilitación y hacia los fisioterapeutas.

En su relato detallaba sus recuerdos desde niñez, su historia familiar, haciendo un vívido retrato de sus relaciones familiares en las que destacaba la madre siempre positiva y animosa a pesar de vivir en circunstancias económicas muy delicadas y tener a otros hijos aquejados de esta enfermedad de origen genético; relataba también su experiencia escolar, sus miedos, sus relaciones de amistad, sus fracasos (el año pasado suspendió cuarto de la ESO y hubo de repetir por decisión de la Junta de Evaluación que estimó que un año de maduración sería positivo para ella); sus angustias en ese momento tan frágil como la adolescencia en que se viven unos cambios físicos y emocionales en los que se ansía con fuerza a la otra persona con la que compartir amistad y afectividad. María es consciente de sus circunstancias y en su pequeña novela analizó con extraordinaria minuciosidad psicológica su yo adolescente, inserto como su título expresaba, en una etapa dolorosa. Sin embargo, María, una excelente lectora –Fue la única que en segundo de la ESO se leyó El diario de Ana Frank- con magnífico aprovechamiento, de su complicada experiencia ha extraído oro. Quiere ayudar a los demás, quiere ayudar a aquellos que pueden vivir una historia como la suya. Quiere cursar bachillerato y estudiar Psicología. No quiere que sus circunstancias la limiten en sus aspiraciones a pesar de saber que cada vez que ella necesita trasladarse le es preciso que alguien la acompañe y disponer en muchas ocasiones de transporte adaptado para su movilidad. Esta fue la razón por la que no pudo de ir de viaje de estudios a Londres con sus compañeros la primera vez que cursó cuarto de la ESO. Fue un duro golpe para ella.

El proyecto de escribir una novela fue una de las propuestas más provechosas que he planteado en los últimos años, como pudieron seguir los lectores de mi blog. Eran muchachos de cuarto de la ESO. Este próximo curso imparto primeros y segundos de ESO y me pregunto si es posible una experiencia semejante con niños más pequeños. Nos nutrimos de historias, necesitamos intensamente de la ficción, o reflexionar sobre nuestra propia existencia. Necesitamos intentar comprender nuestra vida. Cada uno lo hace a su manera mediante este cerebro que se alimenta de cuentos desde su infancia, pasando por esa adolescencia vivida como un periodo extraordinariamente complejo y que María en un relato prodigioso, digno de publicarse si se cuidaran más los aspectos formales, retrató como “doloroso”. Yo añadiría también los calificativos para ella, para su relato, y para esos años, de apasionantes y luminosos.

martes, 19 de agosto de 2008

Incertidumbre

El nadador norteamericano Michael Phelps (Baltimore -1985) ha sido el triunfador más reconocido de los juegos olímpicos de Pekín 2008. Ha obtenido ocho medallas de oro en algunas finales épicas que han hecho de él, en el imaginario deportivo y popular, el mejor nadador de la historia superando al también mítico Mark Spitz que ganó siete medallas de oro en los JJ.OO de 1972. De todos son conocidos estos hechos. Lo es menos que Michael Phelps, tras su espectacular victoria en 4x100 estilos merecedora de su octava medalla, ha evocado la figura de una profesora de lengua y literatura inglesas que le dijo que él nunca triunfaría en la vida. Pareciera que el nadador ha aguardado este momento estelar en su carrera para recordar algo que en su momento le marcó profundamente. Aquella profesora anónima le auguró un fracaso vital y profesional, y él no ha dejado ni un momento de recordar aquello que le causó una honda herida que él ha querido desmentir con una carrera humana y profesional brillante e inigualable.

¿Qué densidad tienen nuestras palabras como profesores? ¿Podemos intuir el fracaso o el éxito en la vida de nuestros alumnos? La anécdota de Michael Phelps, por el hondo poso que ha dejado en él, me ha hecho reflexionar. Somos ocasionales orientadores de espíritus en desarrollo. Cuando miramos a nuestros alumnos durante todo un curso vemos algunas miradas encendidas, vivas, bondadosas, maliciosas, tiernas, turbias, inteligentes, otras confusas y ambiguas, así como dulces e indecisas. ¿Quién sabe adónde pueden ir a parar aquellos muchachos? Un fracaso en la escuela no implica un fracaso en la vida, del mismo modo que un éxito en la escuela no decide un éxito profesional, humano o sentimental. El cerebro humano es un músculo complejo y regenerable. Una falta de competencia en el área de lengua no es irremediable ni decisiva. Hay otras potencialidades que se van desarrollando en los años de aprendizaje.

Los profesores no somos profetas, nuestro papel es bastante más modesto, y, sin embargo, nuestra aportación es considerable. Unas palabra apresuradas de una profesora de lengua sobre el futuro de un alumno de secundaria le sirvieron de acicate a Michael Phelps en sus últimas brazadas para obtener el mayor éxito de la historia de la natación. Sin embargo, a otros, un comentario negativo o despectivo puede que les hunda anímica y moralmente el resto de sus vidas. Los seres humanos somos un misterio. Las mismas palabras pueden tener efectos totalmente diferentes. A unos los puede catapultar a la gloria y a otros les lleva a la falta de confianza en sí mismos y al fracaso.

Lo tendré en cuenta. Mis alumnos son seres enigmáticos. Sólo hay que ver fotografías individualizadas de ellos. Aislados del conjunto y de sus compañeros suscitan hondas simas de complejidad humana. Hay en ellos campeones olímpicos en potencia, escritores, actores, buenas personas...; también maltratadores, víctimas y verdugos, así como héroes que esperan su momento para la gloria o su pasaporte a la mediocridad. Por ello, necesitamos ser pequeños artistas que potencien lo mejor de ellos mismos, con prudencia, pero también con decisión. ¿Quién sabe si tendremos a Michael Phelps entre ellos? ¿O a ese anómimo panadero que cuece el pan con amor y ternura? ¿O a esa muchacha anónima que sabrá intuitivamente construir un mundo mejor con su bondad e inteligencia?

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