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viernes, 20 de junio de 2008

Despedida

Imagen sacada de http://www.ifs.csic.es/Activida/
Había imaginado diversos posts para despedirme por esta temporada. Ninguno me ha convencido lo suficiente como para desarrollarlo. La llegada de este final de curso me ha dejado agotado y falto de inspiración bloguera. No sé si esto significa que bioblográficamente estoy en la fase final de mi periplo como bloguer o que sencillamente necesito unas vacaciones. Quiero pensar esto último. Dedico este último y breve post de la temporada a todos los que me habéis seguido a lo largo de todo el curso. Gracias por vuestra presencia. Es emocionante pensar que las palabras que uno escribe pueden llegar a lugares y personas jamás previstas que me infunden calor y compañía con su presencia invisible y sus comentarios. Gracias nuevamente. Quizás nos volvamos a leer. Espero. Como siempre, con afectuosa cordialidad.

jueves, 12 de junio de 2008

Orden y método


Una primavera lluviosa ha dejado abundantes precipitaciones en casi toda España. Incluso se han batido records en muchas capitales y regiones. El curso ha ido acabando y ahora estamos en los últimos días. Prácticamente las clases han acabado. En mi centro nos dedicamos estos días a los llamados Créditos de síntesis y a las clases de preparación de suficiencia para alumnos con asignaturas pendientes. El clima se ha relajado y todos nos preparamos para un receso veraniego que nos llevará a cargarnos de energía cara al curso que viene.

Quiero retener aquí algunas conversaciones captadas a nivel de pasillos en estos días finales. Varios profesores se estremecen con el alumnado que ha habido este año en primero de la ESO. Han sido cursos realmente conflictivos en que bastantes alumnos creaban un clima de difícil resolución académica. Algún profesor ha confesado que se ha despertado soñando con determinados alumnos. Se han hecho estimaciones que en primero de la ESO hay 26 familias que han perdido totalmente el control de sus hijos. En su casa no pueden con ellos y en el instituto tenemos graves problemas para contenerlos faltos de diques emocionales y de autoridad.

Curiosamente, hoy en hora de guardia, he tenido ocasión de conversar con una de las alumnas más famosas del centro por sus constantes amonestaciones y su permanente asalto a las normas de convivencia. Llamémosle Adriana. Parecía una muchacha razonable. Estaba expulsada. Quería ser derivada a la UE (Unidad Externa), especializada en alumnos conflictivos. Charlando con ella no parecía esa alumna terrible que retratan sus docenas de partes de expulsión.

Hay otros casos de alumnas descaradas que gritan a algún profesor comentarios obscenos y desafiantes. En este blog en la anterior entrada se daban interesantes claves para controlar el aula. He leído todas con sumo interés aunque no las haya comentado en el post. Ser un buen profesor es un don como ser buen artista o un buen arquitecto o un buen actor. No todo el mundo posee esas cualidades casi mágicas que convierten la entropía en orden y equilibrio. Hay un desafío palmario a la autoridad. Hay quien lo resuelve con el carácter justo y equilibrado, hay quien lo hace con autoritarismo y el juego de miradas, hay quien con la presencia sólida en la clase. Ser profesor es un ejercicio difícil del uso de la autoridad. Y es como el caso de los buenos y malos toreros. A veces se sale a hombros y otras nos cae encima una lluvia de almohadillas y silbidos. Este año que acaba he salido con una sensación compleja. Por un lado me doy cuenta de que ha habido aciertos, pero también salgo con una sensación de cierta desolación por la que me digo que podría haberlo hecho mucho mejor. Mi carácter desordenado y caótico no contribuye a la ordenación de alumnos faltos de método y de hábitos. Y es un problema difícil de resolver. Sin embargo esta carencia de orden en mi constitución personal –que es un grave problema- es un buen aliciente para alumnos con ciertas estructuras organizadas porque les anima a crear.

Por eso pienso que el orden mental es un potente organizador del aula. Nadie lo había citado salvo Cariátides en su magnífico comentario. Lamentablemente quien esto escribe es enormemente deficitario en todo lo referente al método. No sé hacer dos veces la misma operación del mismo modo. Ello es un factor de creatividad en ciertos niveles pero también de desconcierto y desbarajuste en los niveles que más necesitados están de rigor, método y reglas fijas. De ahí mi desconsuelo y pesadumbre.

domingo, 8 de junio de 2008

Teatralidad


El otro día hacía mi guardia, iba recorriendo los pasillos del centro cuando me encontré una clase abierta y un barullo de alumnos en la puerta. Me dirigí a ellos y entré en en el aula. La profesora, enmedio de un caos espectacular, con gritos generalizados, intentaba ponerles un vídeo. El desorden era mayúsculo. Aquel curso de primero de la ESO es uno de los más sancionados y conflictivos del instituto. La profesora estaba desbordada. Intenté ayudarla a poner la película de Billy Elliot pero todo se rebelaba en nuestra contra.

Me puse a reflexionar sobre el problema del orden en clase. Hay profesores que atraen el desorden y que no logran controlar a veinticinco alumnos que se rebelan ostentosamente contra cualquier intento de ordenación. Los mismos alumnos que luego en presencia de otro profesor se muestran razonables y atentos. ¿Qué hace que un profesor puede controlar su clase y que esta no se convierta en un guirigay caótico? ¿Qué fuerzas orientan el orden académico?

He conocido magníficos especialistas en literatura cuyas clases eran un desastre de confusión y alteración de las normas más elementales de la convivencia. Nadie callaba y nadie escuchaba al extraordinario profesional que tenían enfrente y que amaba hablar de literatura. He conocido, en cambio, a profesores hastiados de su profesión y totalmente quemados, que impartían sus clases en medio de un silencio sagrado en los cursos más difíciles y terribles.

También he visto a buenos profesionales que eran capaces de controlar sus clases y estas discurrían en el orden más excepcional, que era inmediatamente alterado cuando llegaba otro profesor cuya presencia no predisponía a esa armonía. Y es que los chavales, si se les permite, tienden a la entropía. ¿Qué fomenta el desorden en un profesor?

No es la profesionalidad. Hay buenos profesionales que tienen graves problemas de disciplina. Recuerdo el caso de Antonio Machado, profesor de bachillerato, que tenía serios problemas en clase para mantener el orden. Solía aprobar a todo los alumnos con notas magníficas pero eso no evitaba que sus clases fueran inestables y caóticas. Posteriormente inventó un profesor, Juan de Mairena, hablando a sus alumnos, para compensar los malos momentos que pasó en el aula. En sus diálogos con sus alumnos imaginarios, él añadió todo aquello que le hubiera gustado vivir en realidad.

Es como este blog, salvando las distancias, con el Juan de Mairena. Uno piensa que el problema es el afecto que se puede poner en juego, que los alumnos aprecien que son queridos, pero esto en principio no es decisivo. Los alumnos son astutos y saben de quién pueden aprovecharse. Un profesor puede poner mucho afecto y profesionalidad pero no hace ello que funcione la clase. El profesor ha de exhibir una cualidad esencialmente teatral que le lleve a dominar el aula. Sus palabras han de ser profundamente teatrales, interesantes, en algún sentido. Pobre del profesor cuyo discurso sea monótono o poco atractivo. Dará igual que sea buen profesor o que ame la asignatura o que quiera a sus alumnos. Es una cualidad que se tiene o no se tiene, la de ser centro de un grupo humano que tiende a la dispersión y al desorden. Es una cualidad que se puede tener y luego perder dramáticamente incluso.

Con dolor algunos profesores que aman su profesión se lamentan de que su autoridad es próxima a cero. La experiencia algo ayuda, pero no es decisiva. La clave es la teatralidad, saber conseguir el silencio y ser capaces de explicar el complemento predicativo haciendo de esa cuestión gramatical el asunto más apasionante del siglo veintiuno También serviría hacer trucos de magia. El profesor es un mago que saca conejos de la chistera, o que debe crear la ilusión de que puede hacerlo. Pobre del que no sea capaz de sugerir tal sensación.

jueves, 5 de junio de 2008

El hit parade de la crítica


En estos días he pedido a mis alumnos de cuarto de ESO que me hicieran una valoración de los libros que más les habían gustado a lo largo del curso. Los que me han seguido sabrán que a principios de setiembre formulé la hipótesis de que a los adolescentes de quince o dieciséis años podría interesarles la literatura adulta frente a otras fórmulas de la llamada literatura juvenil, que este bloguero no consideraba demasiado nutritivas.

Mis alumnos han estado leyendo a lo largo de este curso, y en el blog de la clase han resaltado las siguientes lecturas como especialmente interesantes. Resumo sus citas, sobre todo porque luego veremos aquellos libros que iniciaron el periplo lector y luego nadie ha recordado:

- Escupiré sobre vuestra tumba de Boris Vian.
- El juego de Ender de Orson Scott Card.
- El camino invisible de Rafael Ábalos (libro no recomendado por el profesor).
- Como agua para chocolate de Laura Esquivel.
- El guardian entre el centeno de J.D. Salinger.
- Soy leyenda de Richard Matheson, aunque el alumno recordaba más la película reciente que la novela.
- La traidora de Gudrun Pausewang (obra leída en lengua catalana).
- Bartleby el escribiente de Hermann Melville.
- Entrevista con el vampiro de Anne Rice.
- Crónica de una muerta anunciada de García Márquez.
- Flores en el ático y Pétalos al viento de V.C. Andrews.
- El diario de Ana Frank.
- Rebeldes de Susan Hinton.
- La dama de las camelias de Alexandre Dumas.
- El asesinato en el Oriente Express de Agatha Christie.
- Los miserables de Víctor Hugo.
- Corazones en la Atlántida de Stephen King.
- La historia interminable de Michael Ende.
- Harry Potter y las reliquias de la muerte de J.K. Rowling.
- 97 formas de decir te quiero de Jordi Sierra i Fabra.
- El niño con el pijama de rayas de John Boyne.
- Las uvas de la ira de John Steinbeck.
- Carrie de Stephen King.
- Misery de Stephen King.
- El perfume de Patrick Süskind.
- Crimen y castigo de Fedor Dostoievski.
- Drácula de Bram Stocker.
- Hombres y ratones de John Steimbeck (libro leído en lengua catalana).
- El ladrón de días de Clive Barker (cómic).
- Los amores lunáticos de Lorenzo Silva.

Han dejado fuera de la lista libros iniciales como:

- La espuma de los días de Boris Vian.
- La metamorfosis de Franz Kafka.
- Estupor y temblores de Amelie Nothomb.
- La habitación cerrada de H. P. Lovecraft.
- Historias del Kronen de José Ángel Mañas.
- Carta al padre de Franz Kafka.
- Pesadillas y alucinaciones de Stephen King.
- El señor Ibrahim y las flores del Corán de Erich Emmanuel Schmitt.
- Oscar y mamie Rose de Erich Emmanuel Schmitt.
- Factotum de Charles Bukowski.
- Viaje alucinante de Isaac Asimov.

Ignoro las razones por que estos libros han sido olvidados. El sistema de distribución no era lo suficientemente eficaz. Alumnos se quedaban los libros en casa y no los hacían circular. Sin duda ha habido algunos que han triunfado en sus comentarios y han sido sobre todo Flores en el ático y El niño con el pijama de rayas. Yo los calificaría como los triunfadores este año.

lunes, 2 de junio de 2008

Balance provisional


Es difícil escribir en lunes cuando todo se ha apagado y han de pasar todavía unas horas para que comience de nuevo el tráfago diario en las clases. Ese tráfago que implica tensión, ilusión y ansiedad. Estos días los alumnos ya intuyen el cierre del negocio. Las notas finales están llegando a ellos y sólo quedan los últimos ajustes, aunque las clases oficialmente llegan hasta el día veintitantos.

Es el momento de hacer un balance. Ante este objetivo mi imaginación se queda exhausta. Ha habido sin duda muchos errores. Las cosas se podían haber hecho mejor en lucha contra la entropía o la tendencia al caos. Ha habido momentos buenos. Recuerdo los siete polvos que echó el marqués de Bradomín a la niña Chole, los paseos de Juan Ramón Jiménez recorriendo las tumbas de los niños muertos, el dadaísmo literario, las relaciones extrañas de Antonio Machado con Leonor y más adelante con Guiomar. Para despertar el interés de los alumnos por figuras literarias recurrías a los trucos más manidos: el morbo y la vida personal… Están demasiado influidos por los programas de televisión para apreciar intrínsecamente la obra literaria. Cuando abordaste a Miguel Hernández les pusiste como ejercicio una octava real en que se describía crípticamente una masturbación. Eres un tramposo, Joselu. Un tramposo que espera ver en los ojos de los alumnos un brillo que te anime a seguir.

Planteaste el programa de intercambio de lecturas a partir de un viaje a Barcelona a conseguir una serie de libros aconsejados por el profesor. Algunos de ellos –magníficos- han caído en tierra estéril y se han olvidado; otros han caído en terreno más fértil y han dejado una estela de idas y venidas. Tienes la impresión de que el sistema no ha sido muy productivo. Tu tesis de que los chavales de cuarto de ESO se sienten atraídos por lecturas adultas no ha sido contrastado por la realidad. Haría falta una labor de seguimiento de sus experiencias lectoras. Quizás lo hagas en el blog de la clase. Pero tienes la impresión de que grandes obras han pasado por ellos sin pena ni gloria.

Tu experiencia más positiva ha sido la escritura de una novela. Ahí te han desbordado y sorprendido como has dejado plasmado en un post anterior. Ha habido mucha creatividad e intuición literaria. ¿De dónde sacan sus modelos literarios? ¿De la televisión? ¿De los videojuegos? ¿De libros leídos?

Otra aportación al curso ha sido la cultura bloguera a la que se han apuntado con la participación en el blog de la clase y el mantenimiento de blogs personales que han subsistido contra viento y marea.

El paisaje cuando acaba un curso no tiene nada que ver con lo que habías imaginado. Ha funcionado lo que no pensabas que lo hiciera y no ha funcionado aquello en que depositabas grandes esperanzas.

Ser profesor es una profesión llena de incertidumbre, abierta a la creación artística y a profundos desalientos. No obstante, en tu fuero interno estás satisfecho. Se ha cerrado otro ciclo y tus alumnos y tú, aunque no quieran o no lo piensen, algo han aprendido. Y ahí has estado tú. Aprendiendo también.

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