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lunes, 29 de octubre de 2007

A contracorriente


Hemos comenzado la andadura del blog del nivel de cuarto de Eso que tiene el mismo nombre que el año pasado: lengua en movimiento. Aunque no descarto someterlo a votación y cambiarle el título si mis alumnos lo quieren así.

Lengua en movimiento es un blog que propondrá actividades a los alumnos que habrán de resolver mediante sus comentarios. El problema es que sólo una pequeña parte de mis alumnos tienen acceso a internet desde sus casas y la participación tendrá que ser mediante el aula de ordenadores portátiles cada quince días, pues he de compartirlos con el Gabinete de Psicopedagogía. Las aulas ordinarias están ocupadas por las habituales horas de Tecnología.

El primer post de Lengua en movimiento ha sido de bienvenida. El segundo les proponía que reflejaran su opinión sobre los libros que están leyendo, sobre los que imagino informados a los lectores de este blog. Es una apuesta por la literatura adulta, que incluye libros mayores como Crimen y castigo de Dostoievski, El extranjero de Camus, Las uvas de la ira de Steinbeck, Drácula de Bram Stocker, La metamorfosis y la Carta al padre de Kafka, varios títulos de Boris Vian como La espuma de los días o Escupiré sobre vuestra tumba, Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, varios libros de Stephen King, algún libro de Richard Matheson, Bartleby el escribiente de Hermann Melville, Factotum de Charles Bukowski...

En este enlace podéis encontrar el primer encuentro con los libros que han elegido, o mejor dicho, que yo les he ayudado a elegir. Los alumnos de Cuarto B han dejado sus primeros comentarios que se ampliará con los comentarios de Cuarto A cuando disponga del aula de ordenadores portátiles.

Paralelamente he fomentado que crearan sus propio blogs que irán enlazados al blog de la clase. En el blogroll de Lengua en Movimiento queda constancia de los primeros blogs que se han acogido a la propuesta. Varios de ellos todavía no han posteado y su entrada queda vacía, pero alguno de ellos promete. Me gustan los alumnos singulares, con su sentido de la vida desarrollado contracorriente y con ideas propias. Este curso me he encontrado en los dos cuartos de Eso con alumnos heterodoxos que tienen su propio planteamiento de las cosas. No sé si son buenos estudiantes todavía, pero me atrae su alejamiento de los lugares comunes… Siempre me han gustado los alumnos rebeldes aunque no esté de acuerdo con su ideología. Deseo que mis alumnos tengan algo más allá de planteamientos concretos. Quiero verles pensar y pensarse a ellos mismos, quiero verles deambular en la complejidad de nuestra sociedad y de nuestra existencia.

Es muy posible que a los alumnos se les pueda ofrecer actividades concretas muy interesantes, pero la actividad más apasionante es la de desarrollar un sistema de pensamiento particular. Es lo que echo a faltar en el conjunto de la adolescencia que estamos educando. Son jóvenes prematuramente integrados en la sociedad, que no se la cuestionan para nada. Quiero que la posibilidad de tener un blog sirva para desarrollar la rebeldía de los pocos que son. Quien tenga algo que decir al mundo que lo haga, que organice sus ideas, que estructure su pensamiento y dispare. Con cargas de profundidad y dinamita. Para ello la buena literatura adulta ha de servir para algo. Espero.

viernes, 26 de octubre de 2007

Apuntes del subsuelo


Lo mejor de este blog son los comentarios que recibe, a veces largos y expositivos, y otras veces, escuetos y esenciales. Me relamo cuando recibo vuestros comentarios. Los veo primero como aviso en Outlook Express y luego voy inmediatamente a abrir mi blog para leerlos con fruición. No quiero destacar a nadie. Cada uno añade matices que ayudan a completar mi propuesta de reflexión que más que nada son dudas de un profesor en ejercicio y que cada día ha de enfrentarse a la tarea insólita de educar adolescentes. Digo “insólita” porque si la adolescencia es un periodo tipificado por los tratados de psicología, he de reconocer que me he enfrentado en mis veinte años de profesión a adolescentes muy diferentes. Cada cinco años cambian las características del alumnado al que te diriges. Cada año observas diferencias cualitativas entre esos muchachos inquietos que constituyen una tribu diferenciada del mundo de los adultos, esos adultos que han de acercarse a su mundo como si fueran espías de otro universo.

Hubo un tiempo en que la adolescencia y el mundo de los adultos eran compatibles. Nos unían inquietudes y una cierta percepción de época. Latíamos de forma no muy diferente. Casi nos gustaban las mismas canciones y compartíamos una dimensión existencial del humor y de la literatura.

Hoy, los que enseñamos de mi generación, nos hemos alejado de la adolescencia por razones obvias, tempus fugit, y en su contrapartida, carpe diem, se ha adueñado de todo.

Hay que quemar el presente en cada instante, no hay que guardar nada para el futuro. La vida es eterna en cinco minutos que cantaba Víctor Jara. Mis adolescentes no pueden estarse quietos. Les quema el presente que avanza demasiado lentamente. Nuestras enseñanzas son tediosas, las clases son jaulas en donde se atenaza la vida. Si pudieran harían estallar la vida en forma de videojuegos frenéticos. Marinetti cantó al futuro, a la velocidad, al dinamismo. ¡Cómo le ha dado la razón la historia! Nada es firme sino es en movimiento, en una pantalla plana de millones de colores, en un click en el que se enlaza el cosmos entero. Cambio, mutación constante. Irreversibilidad. Juego vertiginoso. No hay que tomarse la vida demasiado en serio como decían las vanguardias. La historia ha condenado a la hormiga y ha erigido en héroe a la cigarra cantora durante el verano. La vida es cambio. Nada es permanente. El profesor es un héroe patético. Es difícil ser un buen profesor. Hay que saber conectar con ese mundo tan evanescente, tan frágil, tan fugaz, que es la adolescencia de nuestros días.

Una profesora aquejada de cáncer volvíó el otro día de visita a nuestro centro. Estaba en fase de superación de la enfermedad pero no sabía si podría volver a enfrentarse a la docencia. Lo malo no son los chavales –decía-. Lo malo es todo el sistema que va asociado a la educación que se ha vuelto espantosamente burocrático. Por cada movimiento que uno hace, ha de rellenar docenas de papeles. No basta con intentar hacer las cosas bien. No, hay que mantener un mundo de informes, de programaciones, de permisos, de seguros, de parrillas, de papeleo oficial. Hay que enfrentarse a inspecciones y a control directivo. Lo menos importantes en este conglomerado son las clases.

Otra profesora me hablaba del engaño que es la educación, de cómo en el fondo estamos entreteniendo a esos adolescentes inquietos con contenidos de bajo nivel porque el sistema se ha centrado en otros aspectos como son los procedimientos y las actitudes a las que siempre se les había dado su valor pero respetando la importancia de los conocimientos. Estos hoy día son secundarios y los chavales los ven así. La educación es una pantalla plana en el que cuenta más que otra cosa el entretenimiento y se valora muy poco los valores de superación, de esfuerzo, de conocimiento… Nos hemos visto obligados a cambiar nuestra forma de evaluar tantas veces y de tantos modos, que muchas veces se nos olvida qué estamos juzgando.

La educación es un mundo gaseoso en el que, a veces, surgen, por azar, verdaderas maravillas en dirección contraria a la época inestable y conservadora que estamos viviendo. El profesor, un profesor anónimo, se quema y se expone a ese conglomerado contradictorio que es el acto de enseñar. ¿Enseñar? ¿qué? ¿para qué? Son dudas, son incertezas, de un tiempo revuelto y crecientemente efímero.

martes, 23 de octubre de 2007

Tecnología ¿para qué?


He visitado Tavertet, un pueblecito situado en la comarca de Osona en Barcelona. Tiene 133 habitantes. Las casas son casi todas de piedra, construidas según el modelo catalán. Este pueblo no tendría nada especial quizás si allí no residiera uno de los más importantes filosofos y teólogos en la historia de las religiones, Raimon Panikkar. Panikkar o Paniker, según otros escriben, se ha especializado en las relaciones entre las religiones cristiana, budista e hinduista. Es un maestro, en el sentido literal de la palabra, que vive en aislamiento fecundo su dedicación a la sabiduría.

¿A qué viene todo esto? Me he estado preguntando sobre el papel de la tecnología en nuestras vidas. En la mía, fundamental. Vivo pendiente de la pantalla del ordenador y de mi blog, escuchando mensajes que me viene de múltiples latitudes. Sigo blogs muy diferentes en planteamientos. Cada blog es un mundo en el que late una personalidad única. Son personas que tienen algo que decir al mundo. Al menos lo intentan, con mayor o menor acierto. Cada blog es una voz que se alza en la inmensidad de la blogosfera intentando comunicarse con otros.

Me pregunto por la función de la tecnología en los adolescentes que educamos. He de reconocer que es un lenguaje atractivo para ellos. Ponerles delante de un ordenador siempre es una fiesta. Chatean, ven vídeos, juegan a juegos interactivos o participan en carreras de coches. Toman de la tecnología su lado más superficial. Emociones del córtex mas epidérmico. Raramente se comunican intentando decir algo importante al mundo: su propia visión de las cosas. Esto es muy raro. Yo lo he observado en muy contadas ocasiones en que un adolescente ha tenido la oportunidad de abrir un blog y comunicarse con los demás. La mayoría de los blogs mueren al poco tiempo. Sólo hay algunos que estructuran una construcción coherente de una realidad.

Mis alumnos utilizan Google. ¡Cómo no! El vídeo en inglés que mostré en mi post anterior hablaba de una generación Before Google y una generación Google. Las búsquedas lanzadas con el buscador son preguntas que utilizadas en una clase suponen un alto nivel de curiosidad frente al silencio que acongoja a las clases convencionales en que raramente se hacen preguntas. La tecnología ofrece, según ese vídeo, unas posibilidades y una riqueza incomparables. No en vano, cada adolescente ha visto decenas de miles de horas de televisión, ha mantenido miles de horas de conversaciones con el móvil y se ha embebido de vídeojuegos durante sus años de niño y púber. Esto es riqueza, según Bill Gates. ¡Cómo les estamos negando a nuestros adolescentes esa tecnología mágica y maravillosa! ¿Acaso no les estamos negando el acceso a una cierta concepción de las cosas? A una concepción de las cosas y a unos métodos de indagar en la realidad.

Pues no sé. Me preocupa más el fondo que la forma. ¿Qué hemos de decirnos? ¿Qué mensajes hemos de intercambiar? Me temo que la inmensa mayoría de los mensajes que emiten nuestros adolescentes son banales. He visto a pocos de ellos preocupados por el cambio climático o por la desigualdad de oportunidades en la sociedad, o preocupados por la situación del mundo. Los veo asentados, esperando su oportunidad de tener un coche y un empleo. No les veo interesados en preguntarse cómo está el mundo y por qué. La teconología les fascina, es cierto. Si pudiéramos dar nuestras clases con pizarras digitales y pudiéramos tener ordenadores en todas las aulas, si cada alumno tuviera un pendrive o Ipod para conservar y manipular información, ¿de qué hablaríamos? ¿Cuál sería el mensaje? ¿La muchacha ecuatoriana agredida por un fascista en Barcelona? ¿El deshielo de los glaciares? ¿La deforestación mundial? ¿La desaparición de especies o de tribus enteras en el proceso de globalización?

Vuelvo a Tavertet. En un humilde pueblo se ha creado un foco de irradiación mundial de relación entre las culturas y las religiones. Es un intento de diálogo fuera de los focos de la actualidad mediática. Hay algo que decir. Me temo que tras toda la reivindicación que existe de todo lo tecnológico se esconde un gran vacío. ¿Qué hemos de decirnos?
¿Qué quieren comunicar los adolescentes que educamos?

miércoles, 17 de octubre de 2007

La diversidad en el aula


La diversidad en el aula es un lema atractivo. ¿Qué mejor ambiente que la diversidad para enriquecernos y para que el profesor sepa adaptarse a los distintos ritmos de aprendizaje en un ambiente cordial y de cooperación?

Esa es la teoría que me temo han ideado los que no tienen la obligación de estar dentro de las aulas enfrentándose a la diversidad que coloca a muchachos de ritmos de aprendizaje lentos lo que quiere decir que las actividades que se haga con ellos han de ser poco reflexivas, variadas y que exijan poco más que la copia de enunciados y respuestas. Son muchachos inquietos de bajo nivel, con graves dificultades de aprendizaje fuera de los rudimentos mecánicos. A estos veinticuatro muchachos de orígenes distintos como latinoamericanos, magrebíes y españoles, añádase un grupo de siete alumnos y alumnas de origen magrebí que apenas saben decir buenos días. Entre ellos también hay diversidad de aprendizajes y de motivación.

¿A quién dirige la clase el profesor? Si se centra por unos minutos en el colectivo magrebí recién aterrizado, el resto del grupo se sube a la parra y no espera pacientemente a que el profesor acabe de explicar sino que comienzan a enredar entre ellos y a perder la escasa concentración que se había logrado anteriormente. Si se centra en el grupo mayoritario aunque de nivel bajo, ve con angustia que el grupo de muchachas magrebíes tienen problemas con los dossieres supersencillos se les ha repartido. Necesitan al profesor y el profesor no está porque está intentando reconducir la clase con el otro grupo.

No hay posibilidad de aula de informática porque todas –las dos que tenemos- están ocupadas incluida el aula de ordenadores portátiles.

Los alumnos de bajo nivel se aburren fácilmente. Cualquier actividad que sea un poco reflexiva es rechazada porque supone pensar. Todo tiene que ser muy dinámico pero mecánico. Hay que hacerles mantener constantemente la atención y hacerles participar. No pueden quedarse simplemente escuchando, tienen que tener una actividad entre manos, una actividad sencilla y de fácil comprensión.

Reconozco que estoy aprendiendo. No tienen libro de texto porque el oficial tenía un nivel demasiado elevado y los textos difícilmente podrían ser comprendidos por ellos. Todo funciona a través de hojas fotocopiadas de palabras que hay que buscar en el diccionario, separación de sílabas, distinción de la sílaba tónica, díctados que se escriben una vez y hay que volverlos a corregir una vez que han acabado, lectura en voz alta para aprender a vocalizar, ejercicios muy sencillos de sinónimos y antónimos…

He de decir que pocas veces me he encontrado con un colectivo tan diverso y tan complejo y que a la vez necesite, a pesar de su comportamiento inquieto, más ayuda. Una solución sería poder tener a otro profesor en el aula, pero eso no es posible por la dotación que tenemos en el centro.

A veces me cuesta reconducir la situación y me doy cuenta de que me supera. Tengo muchas ganas de aprender a hacerlo mejor pero me faltan elementos de apoyo como la informática u otros profesores que me ayudaran a atender a los alumnos marroquíes, tan abandonados en tantas ocasiones.

Todas estas clases me suponen un alto nivel de estrés y de ansiedad. Acepto sugerencias e ideas en este foro de profesionales y amigos en la blogosfera.

domingo, 14 de octubre de 2007

Trilogía de lo invisible


Quiero comentar hoy unos hermosos libros que he leído recientemente y que he recomendado a mis alumnos. Es la trilogía de lo invisible de Eric-Enmanuel Schmitt compuesta por tres títulos: El señor Ibrahim y las flores del Corán, Oscar y Mamie-Rose y Milarepa. Son tres volúmenes que rondan las cien páginas, aunque alguno de ellos, Milarepa, apenas tiene sesenta.

Me atrae esta trilogía porque se centra en el ámbito de lo existencial-religioso. Habitualmente encontramos a las religiones como fuente de conflictos y de enfrentamientos, de intolerancia en su pretensión cada una de ellas de poseer la verdad frente a los infieles o desgraciados que no están dentro del club de los escogidos. Es algo así como el patriotismo, que cuando oigo hablar de él me echo a temblar. Muchas veces las religiones han sido origen de violencia y barbarie aunque todas se proclamen defensoras de la paz y el amor.

¿Qué tal acercarse a las religiones desde una postura abierta y receptiva? Eso es lo que hace Eric-Enmanuel Schmitt, el dramaturgo francés más conocido. El señor Ibrahim y las flores del Corán cuenta la profunda relación entre un musulmán sufí –que no árabe- y un muchacho judío en el Paris de los años sesenta. Es una relación entrañable en la que el tendero Ibrahim hace de mentor de un desorientado Momó que gasta su dinero en putas a las que hay que hacerles un regalo cuando se va a estar con ellas. Los diálogos –es una novela dialógica como también Oscar y Mamie-Rose- en que se vertebran maravillosos intercambios de puntos de vista de los dos personajes.
Me atrae aquel en que Momo –Moisés- sostiene que sonreír es cosa de ricos, que es lo que hace la gente feliz. Ibrahim le contesta:

- Pues ése es justamente tu error. Es el sonreír lo que le hace a uno sentirse feliz.
- ¡Y un huevo!
- Pruébalo (…) Ser bien educado está bien. Pero ser amable es mejor. Intenta sonreír y verás.

O cuando se van los dos de viaje hacia el mar, a la tierra del señor Ibrahim y recalan en Turquía donde ven a los derviches girar, al resonar un tambor, como peonzas:

- ¡Ves, Momó! Giran sobre sí mismos, giran en torno a su corazón, que es el lugar de la presencia de Dios. Es como una oración.
- ¿A eso le llama una oración usted?
- Pues claro, Momó. Pierden toda referencia terrenal, ese lastre al que llamamos equilibrio, y se convierten en unas antorchas que se consumen en un gran fuego. Pruébalo, Momó. Sígueme.
- (...) ¿Qué tal, Momó, has sentido cosas bonitas?
- ¡Sí, era increíble! Me estaba vaciando de odio. Si los tambores no hubieran parado, quizá me habría ocupado del caso de mi madre. Ha molado rezar así, señor Ibrahim, aunque habría preferido rezar con las zapatillas puestas. Cuanto más pesado se vuelve el cuerpo, más ligera se vuelve la mente.

Oscar y Mamie-Rose es una serie de cartas que escribe a Dios un niño de diez años que padece cáncer en fase terminal. Es Mamie-Rose quien le aconseja hacerlo:

- La verdad es que, dicho así, todo cambia. ¿Y para qué me voy a poner a escribirle a Dios, se puede saber?
- Te sentirás menos solo.
- ¿Menos solo con alguien que no existe?
- Haz tú que exista (…) Cada vez que creas en él, existirá un poco más y, si persistes, existirá completamente. Y entonces te ayudará.

Oscar y Mamie-Rose es un cuento sobre el sufrimiento que puede ser trascendido yendo más allá de nuestros límites y una batalla ganada contra la muerte, una delicada fábula llena de sensibilidad y sentido del humor a pesar de la gravedad del tema.

Milarepa es una fábula budista y tibetana algo más críptica y quizás menos indicada para ser leída por nuestros adolescentes.

- Me dio el nombre de Mila, el Destello Diamantino. Me ligó a él con el voto de noviciado y me dio el mandamiento de dedicarme a ayudar a los demás incluso más allá de mi propio sufrimiento y, más tarde, después de la muerte, de regresar a la tierra tantas veces como fuera necesario para proseguir con mi tarea. Quería hacer de mí un verdadero Bodhisatva.

Los tres relatos, de estructura sumamente sencilla, se hayan vertebrados por verdaderas fuentecicas de filosofía e inteligencia para afrontar la vida. No en vano los he recomendado como libros para pensar, pensar para crecer, para interrogarse acerca de ciertas tradiciones místico religiosas y acerca del absoluto o nuestra propia existencia. Creo que en el hecho religioso hay fuentes profundas de conocimiento –incluso desde una postura agnóstica-. Acercarse a las experiencias religiosas puede iluminar aspectos de nuestra propia existencia. Recuerdo que leí a mis veinte años un comentario de uno de los Salmos hecho por un psicoanalista ateo, Erich Fromm, y lograba rastrear en la experiencia religiosa del hundimiento del ser humano en la sima de la depresión un caudal de conocimiento aprovechable para el hombre moderno alejado de lo religioso. En este sentido, estas narraciones que se centran en el islam tolerante, el cristianismo humanista y el budismo esotérico, pueden hacer reflexionar a nuestros adolescentes. Humanismo, amistad, conocimiento de uno mismo… son los ejes de estos tres libros.

lunes, 8 de octubre de 2007

El club de lectura


Hoy hemos iniciado las sesiones de lectura silenciosa en clase de cuarto de ESO con los libros que compraron la semana pasada. He querido encontrar un espacio para el silencio y la lectura en hora de clase de lengua. Ignoro si es perder una hora de clase de práctica o teoría de la lengua o ganar una de intensa concentración en los libros recomendados.

En general los he visto inmersos en los libros que estaban leyendo. Algunos, no obstante, me han hecho conocer las dificultades que estaban teniendo con la lectura de algunos de ellos. ¿Qué diablos pasa en La espuma de los días de Boris Vian? La acción no acaba de empezar y todo es descripción –se quejaba una alumna-. Recuerdo la intensa fascinación que causaba este libro en las generaciones de hace quince años. Había un antes y un después de leer La espuma de los días, a pesar de sus descripciones surrealistas en que los objetos tienen vida como los seres humanos. El impacto emocional que provocaba dio lugar a reflexiones densas sobre la vida, la muerte y el amor. A la alumna le he pedido un poco de paciencia y que espere a que el libro se le abra lo que en los mejores textos puede ser una decenas de páginas.

Otro alumno se quejaba de que Viaje alucinante de Isaac Asimov era demasiado científico y que ese lenguaje no le gustaba. Le he pedido también paciencia para esperar que el libro comience a funcionar. Es una aventura en que unos científicos se meten en un submarino que es miniaturizado para ser inyectado en el sistema circulatorio con el objetivo de operar un coágulo en el cerebro de un famoso científico que guarda un importante secreto para la supervivencia del mundo libre. Las aventuras en el interior del organismo son trepidantes. Confío en que le gustará pero ha de tener paciencia.

Otros leían a gusto a pesar de estar metidos en volúmenes de quinientas páginas como la alumna que leía Drácula de Bram Stocker o alguna novela de John Steinbeck como Las uvas de la ira.

El experimento, porque es un experimento, es incierto. Los adolescentes de nuestro tiempo son imprevisibles y sobre todo muy impacientes. Quieren conocer inmediatamente lo que va a pasar. Quieren ver resultados inmediatamente. Resultados y acción. Pero no cualquier acción. Tiene que interesarles. Me ha sorprendido ver enormemente concentrados a los lectores de La metamorfosis y La carta al padre de Franz Kafka. Estos libros son unas propuestas enigmáticas para mí. Los “vendí” como libros para pensar, igual que Oscar y mamie Rose del dramaturgo francés Erich-Enmanuel Schmitt. Su lectora parecía vibrar con el libro recomendado como reflexivo.

La clase de hoy ha sido provechosa. Han sido cincuenta y cinco minutos de fuerte concentración. Espero que continúen los libros en casa. Esta clase sólo es una pequeña ayuda en que como en las sesiones de meditación budistas, la concentración de uno ayuda a la concentración de los demás. Y viceversa: la desconcentración de algunos afecta también a los demás. Pero hoy ha habido silencio, silencio gozoso que he disfrutado con ellos.

jueves, 4 de octubre de 2007

El hiyab en la escuela


Es reciente el caso de una niña de ocho años, Chaima, que ha debido ser escolarizada obligatoriamente, según orden de la Generalitat, en un colegio público de Girona. Los padres de Chaima reivindicaban el derecho de su hija a llevar hiyab y la Generalitat les ha dado la razón. El director del centro, Cristóbal Rojas, sostiene que este precedente en una niña tan pequeña echa por tierra sus esfuerzos de mediación para evitar este tipo de distintivos religiosos y sexuales en niños de primaria. Hasta ahora se optaba por el diálogo con los padres, pero a partir de este momento todas las alumnas musulmanas por pequeñas que sean –ha habido casos de niñas de tres años cuyos padres querían que fueran a clase con velo- podrán ir al colegio con hiyab. Será el efecto llamada al que se acogerán muchas familias musulmanas.

La Generalitat ha dado prioridad al derecho a la escolarización por encima de cualquier otra consideración cuando la escuela pretendía defender que a clase había que ir con la cabeza destapada, sea por el velo o por gorras que alumnos latinoamericanos reivindican como parte de su cultura.

No sé cómo lo verán ustedes, pero a mí la posición de la Generalitat me resulta incomprensible sobre todo en una etapa de escolarización inicial en que se van conformando los modelos y roles sociales. El hiyab crea una marca profunda en la muchacha que lo lleva, aislándola por completo del resto de sus compañeros. Los muchachos no lo llevan, y es más fácil su integración. Las niñas que llevan velo crean un círculo invisible a su alrededor al que sólo tienen acceso otras niñas en iguales circunstancias y que son su único mundo de referencia. El resto del mundo es diferente y hostil y hay que mantenerlo alejado. Ese es el mensaje. Es la marca del velo, una prenda que señala y condena claramente a la niña que lo lleva. Es un signo segregador que implica supeditación social y sexual. Supongo que esto ya lo sabemos. No es simplemente una cuestión cultural como la de llevar pendientes o no. Es algo más profundo e ideológico. En la escuela secundaria ya estamos acostumbrados a tener esas niñas con velo en clase, imposibles de integrar por su aislamiento y su extrema timidez ¿cómo va a tener derecho a hablar o reivindicar algo una mujer? Cuando están solas, permanecen solas en clase, y cuando están con otras de iguales características tienden a juntarse entre ellas, haciendo inútil todos nuestros esfuerzos de integración. Ya estamos acostumbrados, pero en la educación primaria quedaba algo de sensatez y prefería apelarse al diálogo para evitar que estas muchachas lleven velo a edades tan tempranas.

Este es un precedente importante. La Generalitat debería haber apoyado a la escuela. En Francia se ha impuesto el veto a cualquier signo distintivo religioso y no ha habido conflictos importantes. Las muchachas musulmanas francesas pueden ir a la escuela en igualdad de condiciones que sus compañeras. Seguramente ello tiene consecuencias positivas para su integración. Fuera de la escuela, si lo desean, pueden llevarlo , pero ésta es un espacio laico en el que no deberían esta autorizados signos religiosos.

Pero España no es un país laico, y Cataluña dentro de España, tampoco ha optado por la laicidad. Ha preferido optar por la solución más fácil y menos conflictiva. Y aparentemente más progresista. Que cada uno vaya como quiera. Prohibido prohibir, como huella del mayo francés. Alumnas de cuatro o cinco años con velo y alumnos latinoamericanos con pañuelo y gorra en clase. A partir de ahora todo ha quedado legitimado y refrendado por la Administración. .

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