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martes, 27 de febrero de 2007

Hasta siempre


Queridos amigos: Profesor en la Secundaria entra en un periodo de espera y de reflexión tras un año y medio de permanencia en la red. En total han sido unos ciento cincuenta y siete post los que he publicado en mis dos etapas. Últimamente veo que me falta esa íntima vocación de publicar, de comunicarme respecto a temas educativos. Mi experiencia docente, mi práctica diaria, no me suministra suficientes estímulos para hacerlo. No es culpa de mis alumnos que son magníficos. Probablemente es mi mirada la que se ha hecho perezosa. Mi búsqueda se encamina hacia objetivos más íntimos, más personales. Probablemente ensaye nuevos blogs en consonancia con mi situación actual. A los que me habéis seguido con enorme generosidad, os doy las gracias por estar ahí, por mantener la comunicación conmigo durante todo este tiempo. Ha sido una hermosa historia pero honestamente no puede ser mantenida. Recibid todos los que me habéis leído un fuerte abrazo. Hasta siempre.

lunes, 26 de febrero de 2007

El error


No hay nada que enseñe más a un profesor acerca de sus alumnos que enfrentarse a sus errores. Cuando el error es fruto de un determinado razonamiento no necesariamente es negativo; es más, puede demostrarse como altamente constructivo porque no hay nada más que seguir el proceso de deducción o inducción para reconocer sus bases teóricas, que pueden ser revisadas.

Tenemos que transmitir a nuestros alumnos que equivocarse no es malo. Es más, es posible que haya problemas que necesiten de la libertad de poder formulas hipótesis con la necesaria tranquilidad de poderse equivocar. De ellas aprenderemos igualmente que si fueran aciertos. Del ensayo-error surge la luz. Avanzamos a tientas y a veces es necesario equivocarse para aprender.

Lo malo de una clase es cuando su dinámica penaliza los errores, más que por la actitud del profesor, por la de los compañeros. Los alumnos temen las reacciones de sus condiscípulos más que la del profesor. Por la presión de grupo no se atreven a hacer preguntas -una pregunta bien formulada es un alto ejercicio de pensamiento- o a formular hipótesis. Hacer esto último significa haberse puesto a pensar en el problema, y éste puede ofrecer varios enfoques probablemente creativos.

El problema del respeto es esencial. Los alumnos más discapacitados intelectualmente tienden a hacer valer sus poderes corrosivos respecto a la autoridad del que más sabe o más estudia. Se saben incapaces para el razonamiento y la tarea del pensamiento y procuran hundir o torpedear, al menos a aquellos alumnos que pueden sobresalir intelectualmente.

Luego están los graciosos, los que convierten cada cuestión que se debata en un objeto de burla o de chacota. Son los comentarios que se oyen a lo largo de una clase y que inhiben a los alumnos que podrían equivocarse y alumbrarnos el camino con su error.

Una clase necesita de un clima de libertad emocional. Es necesario sentirse libre para poder pensar. Un clima de ligereza, de insensibilidad hacia el conocimiento pulveriza las bases de un pensamiento abierto. No es la dinámica del más bruto o el más gracioso la que debe predominar, aunque muchas veces sabemos que esto es lo que sucede. La ignorancia es sumamente atrevida y se atreve incluso a alardear de sí misma. ¿Cuántas veces vemos a alumnos dotados teniéndose que esconder para no excitar a otros que no lo son?

Este es el problema de la diversidad en la escuela. Nuestros alumnos son los que son y no los podemos elegir. Podemos ir reconduciendo grupos, hacer grupos de niveles o aptitudes diferentes; podemos adaptarles los programas; podemos ayudar a los más necesitados con una atención especial… pero siempre es necesaria su colaboración activa para poder promocionar en los estudios. Sería un buen programa enseñarles que el error es creativo, que no teman equivocarse, porque equivocarse es pensar igualmente. Todo aprendizaje necesita de una buena base de errores para poderse reafirmar.

lunes, 19 de febrero de 2007

El calentamiento global


El tema del calentamiento global que tiene como consecuencia el llamado cambio climático ha dejado de ser una cuestión de ecólogos y especialistas para haber sido en unos meses difundido extensamente por los medios de comunicación y haber llegado al conocimiento de la población. No son teorías fruto de hipótesis exóticas. No, hay abrumadores fundamentos, hechos y estudios para poder afirmar que la acción del hombre está provocando un cambio climático sin precedentes en decenas de miles de años. No revelo nada nuevo.

Lo que es nuevo es la actitud que tomamos ante esta realidad inobjetable. Hace unos meses poco se hablaba de esta metamorfosis del clima en la tierra. De pronto, se ha convertido en un tema estrella en toda la prensa y la televisión. Como consecuencia, el ciudadano medianamente informado lo ha incorporado a su bagaje cultural. ¿Cambio climático? Ah, pues bueno -parece decirse-. Hay tantas cosas que pasan que ésta es una más en un mundo que ha escapado a nuestro control. Tengo la impresión que junto a esta toma de conciencia no hay una acción consecuente respecto a ello. Incluso veo que el cambio climático es incluido en conversaciones de modo rutinario sin que nadie entre al trapo a desentrañar lo que significa. Hay además quien lo toma como tema de broma o chascarrillo fácil. Mis alumnos no hablan de ello y cuando lo hacen lo hacen en tono de chanza.

No sé qué es peor: la negación o la indiferencia en la que estamos ahora. Según Al Gore, tenemos todavía tiempo -hay quien lo niega- para contrarrestar los efectos del calentamiento global. Depende de nuestra acción, de la limitación voluntaria de nuestro consumo energético. Hace unas semanas hubo un apagón de cinco minutos en España. No sé si en otros países. Fue escasamente seguido, excepto por instituciones oficiales que apagaron monumentos históricos y edificios oficiales. La población en general, lo ignoró no sé si por desconocimiento de la convocatoria o escepticismo sobre su eficacia. O sencillamente, indiferencia.

Me asombra el exceso de iluminación comercial que domina en todos los establecimientos, me irrita el derroche energético al que estamos acostumbrados (las calefacciones, la energía eléctrica, la propaganda mayoritaria para que nos pongamos aire acondicionado los meses de verano, la venta masiva de vehículos a motor que emiten CO2 a raudales). El exceso y el gasto superfluo se ha convertido en unas décadas en nuestro motor de la existencia. Y nadie parece que voluntariamente esté dispuesto a limitar el consumo aunque esté en juego la supervivencia del planeta. Seguramente la población en general no ve la conexión entre ambas variables: consumo personal y salud del planeta, o es escéptica sobre las acciones individuales y su eficacia. O quizás se piense que por mucho que yo me limite, otros no lo harán y el resultado es el mismo.

Es esto lo que me sorprende. El fatalismo de nuestra civilización. No pensamos en el mundo que habremos de dejar a nuestros hijos y nietos. Sólo importa el presente y el placer. Es como si una especie de hedonismo lleno de inconsciencia se hubiera apropiado de todo. Poco hay en mis alumnos -según yo lo observo- que les lleve a considerar valores que estén por encima de ellos mismos y de su bienestar personal. No hay una conciencia planetaria que nos haga ver que en esto estamos metidos todos en el mismo barco: musulmanes y judíos, cristianos y budistas, ateos y escépticos, agnósticos y librepensadores.

Queda todavía un espacio (amplio) para la acción pero debemos limitar nuestro consumo en primer lugar, evitar el despilfarro, reciclar más, usar agua menos caliente, evitar comprar productos con muchos envoltorios, apagar los aparatos electrónicos que no utilicemos, plantar árboles, limitar el uso del automóvil, apagar luces inútiles...

miércoles, 14 de febrero de 2007

Poesía y Tiempo


Me gustan los temas de literatura que permiten dar salida a reflexiones sobre el hecho estético, sobre la creación literaria, sobre la poesía. Estos días tenemos un tema atractivo entre manos: la etapa sensitiva de Juan Ramón Jiménez, en especial aquella poesía anterior a Diario de poeta y mar (1916) vestida de inocencia sin estar recubierta por los ropajes del modernismo. Trabajamos sobre todo Arias tristes, Baladas de primavera, Poemas agrestes y Platero y yo. Procuro primero intentar acercarles al hombre que fue Juan Ramón: su infancia solitaria de niño hipersensible que escuchaba desde su jardín el canto melodioso de los pájaros, la fuente que borbollaba en el huerto, las notas de algún piano, las campanas de la iglesia, los ladridos de los perros, los aires de fiesta de alguna verbena … Era un mundo todavía no invadido por los estrépitos electrónicos o mecánicos; quiero evocar al niño que observaba hechizado el color de la luz del sol entre las hojas de los árboles o el resplandor de la luna que se reflejaba en el estanque del parque cercano a su casa. Quiero acercarles a aquel joven esteta que era poseído por un mundo de sensaciones y estaba fascinado y atemorizado por la muerte. De ahí sus paseos obsesivos por el cementerio buscando los nichos de los niños muertos. La muerte y el paso del tiempo vertebran toda su poesía. Su ansia de Belleza y Conocimiento van unidas al ansia de Eternidad. Le compungía y asustaba la fugacidad de las cosas…

Su poesía se fue progresivamente desnudando de todo lo anecdótico y sentimental para convertirse en esencial, depurada, en poesía de raíz intelectual. Esta es más difícil de entender a los adolescentes. Les hablo del encuentro con aquella mujer extraordinaria que fue Zenobia Camprubí Aymar y el giro consiguiente que dio su poesía. Pero el comentario se centra en los primeros libros que he señalado. Está bien como aperitivo para penetrar en el mundo poético de uno de nuestros mayores poetas, si no el mayor de todos ellos. La introducción de los adolescentes en la poesía veo que requiere tiempo. A veces pretendo acelerar la clase para cubrir el programa y avanzar pero ellos me piden tiempo para comprender y sentir. Hay momentos en que la clase se hace densa y el silencio es espeso. Tienen ganas de participar y abren sus oídos prestando total atención. Pero el profesor está urgido por el tiempo, por la materia a explicar y entonces surge el pragmatismo –esa urgencia utilitaria que tanto deploró Julio Cortázar- y rompe el hechizo. Mis alumnos protestan. Quiero hacerles producir y analizar, cuando ellos lo que quieren es sentir, convertir la clase de literatura en un espacio de dimensión mágica.

Este es el resultado que ha dado mi inmersión en el mundo poético. Les ha gustado tanto que es difícil hacerles ir al taller a fabricar, a mancharse las manos… Les veo deseosos de escuchar poesía, de hablar sobre ella sin hacer demasiados ejercicios, sin copiar (norma básica del centro) los enunciados.

Es una delicia empezar las clases leyendo a Walt Whittman o a Juan Ramón Jiménez, pero después ¿quién se pone a trabajar? En esas estamos.

domingo, 11 de febrero de 2007

WILT


Hace ya unos cuantos años que leí por primera vez esta delirante farsa que es Wilt (1976) del escritor británico Tom Sharpe (Londres, 1928). Todavía no se había implantado la reforma educativa en España (Logse) ni yo había impartido clase en centros de Formación Profesional. Mi experiencia era con alumnos generalmente aplicados y escolares del antiguo BUP. Aquellos alumnos estaban abiertos y gozaban de la enseñanza de la literatura. Por ello, para mí resultaban increíbles, desconcertantes y endiabladamente cómicas las vicisitutudes del profesor Wilt en un instituto Politécnico inglés. Allí había de dar clases a alumnos pertenecientes a las ramas de carniceros, impresores, secretarias, fontaneros, electricistas, yeseros… Los chavales eran totalmente refractarios a las enseñanzas del profesor Wilt sobre obras fundamentales de la literatura como El señor de las moscas o La isla de coral y le machacaban a preguntas absurdas sobre el sexo que a cualquier otro docente le volverían loco.

La vida profesional de Wilt es altamente frustrante, pero no lo es menos su vida conyugal. Está casado con Eva Wilt, una mujer que se deja arrastrar por cualquier novedad que alguien le cuente sea en el ámbito sexual o filosófico. La trama parte de que Wilt está absolutamente harto de su mujer y fantasea con asesinarla. Acuden ambos a una fiesta convocada por una pareja de snobs, Los Pringshein. Eva está también cansada de Wilt y se deja seducir por la teoría de la terapia tactil de Sally Pringhein, que es una esnob bisexual. La situación se enreda porque Wilt es requerido sexualmente por Sally pero ésta es rechazada por el profesor que ve en ella a una peligrosa y desagradable ninfómana. Entonces hace acto de aparición Judy, una muñeca hinchable que será la que provoque todo el enredo y que hace que cuando vamos leyendo este relato mordaz y excepcionalmente cómico, nos tengamos que agarrar la tripa de las carcajadas que nos provoca. La gente nos mira con curiosidad en el metro al ver nuestros ataques de risa y se pregunta si nos pasa algo o qué narices estamos leyendo. Nosotros seguimos tronchándonos, impertérritos a las miradas ajenas.

No queda títere con cabeza: el sistema educativo, el claustro de profesores, las teorías de la liberación sexual de los sesenta, el esnobismo, la burocracia, la policía y sus métodos de investigación, los presbíteros borrachos… Wilt en el fondo no es tan lábil como pudiera parecer. Su resistencia como profesor de Humanidades frente a sus alumnos de carne uno y yeseros dos ha hecho de él un hueso duro de roer y soporta con increíble firmeza los interrogatorios de varios días por parte del inspector Flint que se obstina en afirmar que ha asesinado a su mujer que ha desaparecido. Para más inri está la dichosa muñeca hinchable, Judy, arrojada a uno de los pilares y que es cubierta por miles de kilos y kilos de hormigón. ¿Dónde está Eva? ¿Cómo la ha asesinado? No cuento más porque puede haber lectores que todavía no lo hayan leído. Este libro es altamente recomendable para aquellos que desean reírse con ganas de forma irresistible. De igual modo, recomiendo toda la obra de Tom Sharpe, especialmente sus relatos ambientados en Sudáfrica en la época del apartheid como Reunión tumultuosa y Exhibición impúdica. No puede haber sátiras más corrosivas contra el sistema racista que imperó en aquel país durante décadas. De hecho Tom Sharpe fue encarcelado y deportado de Sudáfrica por sus obras.

Un relato excepcional para profesores de lengua y literatura y para todos en general que tengan ganas de reírse. A pesar de haber sido publicado en 1976 no ha perdido un ápice de frescura y de comicidad.

domingo, 4 de febrero de 2007

Lecturas atractivas


En el último post del blog de la clase planteaba a mis alumnos algunas preguntas sobre su relación con la lectura y el mundo de los libros. Partía de un texto de Alberto Manguel en el que se afirmaba que leer era un acto de rebeldía porque supone una elección de la acción frente a la inacción, que conduce a la reflexión y ello siempre es peligroso. El fragmento continuaba con el principio de “Lee lo que quieras” porque, según Alberto Manguel, "nadie puede enseñarnos a amar un libro. Es algo que se aprende pero no se enseña, del mismo modo de que nadie puede obligarnos a enamorarnos de alguien. Es un proceso misterioso, pero seguro que hay un libro, algunas páginas que existen y que han sido pensadas para nosotros".

Sus respuestas han sido bastante coincidentes. En general reconocen que no les gusta demasiado leer. Tienen a su alcance otros muchos estímulos que les parecen más emocionantes y directos: internet, los chats, las vídeo-consolas, la música… Pero no quitan totalmente el valor a la lectura (reconocen que les aporta conocimientos y cultura) aunque sí que son selectivos con los temas que ésta aborde. En general atraen los libros basados en la realidad (acoso en la escuela, mujeres maltratadas, el mundo de las drogas, bandas juveniles, la emigración, la temática de la anorexia…), o el mundo del misterio y la intriga, la magia y la fantasía… Dos tendencias que nos llevan a la dualidad del realismo y la ficción fantástica. Les atraen universos narrativos con los que se puedan sentir identificados pero su identificación está condicionada por la imagen del mundo y de los adolescentes que proyectan los medios de comunicación y la publicidad. Les cuesta mucho identificarse con circunstancias que no sean las coincidentes con este sentir colectivo del tiempo juvenil que estamos viviendo. Su conocimiento del mundo y de la historia es muy limitado y les es muy complicado salir del tiempo actual para introducirse en otras coordenadas histórico-sociales. El presente es absorbente y lo devora todo.

Sin duda coinciden en que la lectura "no es un acto de rebeldía". No sé si han leído o entendido la propuesta de Alberto Manguel, pero desde luego no ven en la lectura una forma de rebelarse contra la sociedad que están viviendo. Esta idea de rebelión les es muy ajena. Ven en la lectura sobre todo una posibilidad de evadirse de la rutina y vivir otros mundos en los que les gustaría existir. Reconocen que puede haber otros países u otras épocas en las que leer haya estado prohibido, pero se dan cuenta de que no es el caso en nuestra sociedad. Un par de alumnos sugieren que lo que habría que hacer para promover la lectura es prohibirla porque así se convertiría en atractiva. Predomina en sus respuestas la predilección por una literatura de evasión o de distracción frente a la gris realidad. No hay en absoluto la idea tan cara en los años sesenta del siglo pasado de que la literatura puede servir para cambiar el mundo.

En cuanto a si es buena idea la de imponer libros de lectura en los institutos, la mayor parte se decantan en que ésta no es una buena forma de plantear el asunto. Los hay que sugieren que los alumnos puedan leer lo que quieran porque lo importante es leer sea lo que sea, u otra sugerencia es la de que el profesor dé varios libros distintos como posibilidad y que sean ellos los que elijan según sus gustos y aficiones. Hay algunas opiniones que refrendan la obligatoriedad de libros de lectura porque entre ellos hay algunos interesantes y en todo caso, se puede pensar que el siguiente lo será. No obstante la opinión generalizada es la de la libre elección o al menos una elección parcial de la lectura.

Otro tema es el de la importancia de la familia en la conformación del gusto lector. Algunos, pocos, han visto siempre presentes los libros en sus padres y hermanos. O recuerdan los libros que les leían cuando eran pequeños. No hay duda de que un ambiente propicio a los libros es un buen campo de cultivo para la formación de futuros lectores, pero no es una condición absoluta. Pueden surgir buenos lectores de hogares sin gusto por la lectura y por el contrario, nada garantiza que una atmósfera lectora sea decisiva para la creación de buenos lectores. Ayuda mucho pero no es determinante.

Como conclusión: literatura o libros con los que puedan sentirse identificados; que les ayuden a vivir otras experiencias distintas de las suyas, aunque éstas deban pertenecer al mundo previamente diseñado en su imaginación por los mass media; la literatura como evasión y diversión y no como instrumento de cambiar el mundo ni de indagar en la realidad; la literatura libremente elegida y no impuesta por profesores; literatura en esencia divertida y ligera, llena de acción sea en el ámbito del reportaje o de la fantasía, el misterio y los enigmas. Nada de literatura inquisitiva, existencial o de contenido filosófico.

Este es el campo de juego de nuestros adolescentes. Es toda una sociología del gusto adolescente. No hay duda de que podemos extraer conclusiones interesantes sobre los jóvenes y los libros adecuados para ellos.

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