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domingo, 7 de enero de 2007

El diario de Montse


Recuerdo perfectamente las tapas floreadas de aquella libreta encolada que utilizaba Montse para recoger con cierta frecuencia sus reflexiones y vivencias pero desgraciadamente no tuve acceso a ella en aquel viaje de 1981. Aquí he querido ejercer de cronista y no de novelista. Los hechos presentados han sido escasamente romanceados y no han adquirido cualidades novelescas. Este es su valor y estos son los límites que me he marcado desde su comienzo. Sin embargo, admito que nada más excitante e incitante que ponerme a imaginar el contenido de su diario y de lo que sucedió en los últimos días. ¿Qué había pasado en las jornadas anteriores al que hemos venido refiriéndonos como fatal accidente? No lo sé. Sólo sé que Maica recibió la libreta con emoción y que estuvo leyéndola durante toda una mañana soleada en el puerto de Kodiak. Se sumergió en una burbuja fuera del tiempo en una coffee-shop adonde íbamos porque daban un café bastante aceptable y unos donuts buenísimos (aunque ahora los imagino desgraciadamente cargados de colesterol). Maica estuvo toda la mañana embebida en el diario de Montse, pero en aquella ocasión no dejó traslucir nada de su contenido. Ella y Douglass habían establecido una cierta relación afectiva y él esperó conmigo a que ella acabara de leer. Aquel día no había trabajo en la cannery y teníamos tiempo en aquel puerto con fuerte olor a pescado y gasoil de las embarcaciones de pesca.

El diario estaba escrito en catalán, lengua materna de Montse. Los americanos, que hablaban español con cierta soltura, no podían entenderlo. Este diario no formó parte de la investigación de la justicia americana por lo que quedó en la sombra, pero sin ninguna duda hubiera contribuido a iluminar lo que había pasado.

Una trabajadora mejicana que había conocido a Montse en la cannery donde estaban las dos le advirtió que aquel sujeto –Dick- le transmitía malas vibraciones y le aconsejó que no se fuera con él a Afognak porque nada bueno podía sucederle. Rosario -la mujer mejicana- me lo contó durante un descanso en la cannery APS donde estuve trabajando dos años después. Según ella, lo que había pasado era sin duda un asesinato con premeditación. Todo lo que supe posteriormente de este asunto fue dos años después cuando volví de nuevo a Alaska, acompañado en esta ocasión no de una mujer sino de un amigo. Tuve ocasión de conocer a Dick –casado ya con una mujer esquimal y con un hijo- e incluso de tener en mis manos el rifle con que la había matado, pero desgraciadamente el diario de Montse quedó en manos de Maica y ella se quedó en Estados Unidos como su amiga y se perdió en la niebla. Nunca más he vuelto a saber de ella. Y de esto ha pasado ya tanto tiempo…

La única palabra que me llegó de este diario fue la que ponía en la portada escrita con letras violetas: Alaska, 1980.

4 comentarios :

  1. Nos dejas sin palabras. A ver mañana con qué cara nos presentamos ante la barbarie...

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  2. Pues nada, habrá que hacer el "remake" pertinente y titularlo como corresponde: "Buscando a Maica desesperadamente"... Como me dijo alguien un día: si no está en la red, no busques más: no existe. A mí me encontraron desde un pasado de 40 años y hoy vuelvo a disfrutar de una entrañable amistad de la que nunca debí haberme alejado.
    ................................
    La barbarie, como dice Antonio, habrá estado jugando con Barbies... asesinas en cualquier videojuego/escuela de matarifes...

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  3. Un estupendo broche final que encierra el círculo de una historia finamente tejida por un hilo narrativo ameno, sencillo y trabajado. Enhorabuena por habernos regalado esta aventura.

    Por los comentarios veo una cierta resistencia a volver a la rutina.

    Suerte.

    Pdt.- Lástima que no pueda ver las fotos que no terminan de cargarse.

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  4. No sé, pero sólo imaginar a Maica leyendo el diario de Montse, pone los pelos de punta.
    Para mí sería difícil terminar de leerlo.
    Muy interesantes tus vivencias en Alaska, como dicen por aquí: gracias por compartirlas!!

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