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miércoles, 13 de diciembre de 2006

Neolenguaje

Uno de los aspectos más detestables de la enseñanza actual es la fosilización burocrática que se ha impuesto en la misma. Ello se nota en la forma de funcionar y en el lenguaje. No importa cómo las cosas sean, sólo importa que estén enunciadas adecuadamente y convenientemente planificadas. Esto ha sido consecuencia del desembarco redentor de la Nueva Pedagogía en el mundo educativo. Durante muchos años, la enseñanza funcionó –no siendo sinónimo de reaccionarismo- sin la adecuada supervisión de los pedagogos y entonces hablábamos de conceptos más apegados a la realidad: rendimiento, esfuerzo, comportamiento, notas, lecciones, educación, conocimientos, afán de superación…

Desde que se impuso la pedagogía constructivista en la concepción de la enseñanza entró una jerga críptica y esotérica que no hemos logrado entender (ni hemos aceptado) los que habíamos de aplicarla a pesar de los años que han pasado. Ahora se habla a nivel oficial de sistemas conceptuales, objetivos procedimentales, actitudes, primer y segundo nivel de concreción, acción tutorial, adaptación curricular, diseño curricular en espiral, aprendizaje significativo, conflictos cognitivos, diseño curricular base, diversificación curricular, estrategias didácticas expositivas, evaluación diagnóstica, globalización, materias curriculares, objetivos transversales, necesidades educativa especiales, objetivos didácticos, de área, plan de acción tutorial, preconceptos, proyecto curricular de centro, reglamentos de régimen interior, unidades didácticas, competencias básicas, planes estratégicos, proceso de enseñanza-aprendizaje…

No sé. En mi tarea me encuentro chavales con pocas, medianas o muchas ganas de aprender, con mayor o menor nivel y yo intento adaptarme a ellos. Es algo obvio. Lo contrario sería un dislate. Procuro adaptarme y sacar lo mejor de ellos. Para eso, hay que hacerles comprender que hay que trabajar–a veces se puede de forma amena y otras veces no es posible-. Una clase debe ser un diálogo fecundo entre los alumnos y el profesor y éste debe estar abierto a recibir sugerencias de los destinatarios de la enseñanza. Pero esto no significa que debamos imitar necesariamente el mundo de los mass media para hacernos agradables a ellos. Debemos utilizar un lenguaje preciso y riguroso, sin tampoco excesivo envaramiento. El tono dominante debe ser la naturalidad y la relación con los alumnos, si se puede, habría de ser relajada lo que no sería impedimento para ser exigente con ellos. Me gustan los cursos con los que me puedo reír porque hay intercambio de ideas y de sensibilidades. Quiero que conozcan el mundo del presente tecnológico e introduzco en mi modo de enseñar, los nuevos soportes de información y comunicación como son los blogs y los wikis…Quiero educarles la sensibilidad, que se abran a la poesía y al arte, quiero que lean y disfruten con la lectura, y si no, que puedan ejercer su derecho a la crítica literaria.

Ya ven, puedo intentar hablar de educación (este blog y otros de contenido educativo son una prueba) sin necesidad de acudir a ese espeluznante neolenguaje constructivista, alejado de la realidad y especialmente horrible en cuanto a su elegancia en el manejo de la lengua. Es un lenguaje tecnocrático, producido en cátedras de Psicología Evolutiva que tienen una concepción infantil de los adolescentes; que tiene una vocación próxima a lo maníaco por los eufemismos que utiliza para descubrir el pan con tomate. Lo cierto es que desde que se impuso este modelo americano, que consagró la LOGSE, los niveles en cuanto a conocimientos se han hundido en el vacío y los comportamientos han empeorado notablemente.

Una charla –y sufrimos muchas- expresada mediante esta terminología es algo enojoso y tremendamente aburrido porque con una jerga tecnocrática quiere estructurar y planificar la complejidad humana. Este neolenguaje nunca ha sido del agrado de los profesores, pero progresivamente ha ido imponiéndose en los niveles oficiales de la administración, en los políticos hambrientos de novedades estratégicas, en las Juntas directivas de los centros que lo son en función de que se han adaptado al sistema dominante, en los equipos psicopedagógicos –cada vez más influyentes-, en las reuniones –muchas veces inútiles e ineficaces- que se convocan, en los cursillos de formación… Es todo un modelo lingüístico para expresar la banalidad de un organigrama educativo que se ha apoderado del mundo educativo occidental.

Es posible hablar de educación con mayor elegancia y naturalidad. También con más cercanía a nuestra labor y a nuestros alumnos, que son personas en estado de desarrollo en un momento clave de su existencia, y que necesitan modelos de sensibilidad y de rigor. Necesitamos un lenguaje que nos acerque más a la realidad. La tradición nos ofrece modelos autoritarios pero también experimentales y avanzados. El constructivismo pareció descubrir la sopa de ajo pero multitud de maestros y profesores habían ensayado modelos progresistas de educación. Algún día pasará esta moda y entonces se revelará como lo que es: pueril en sus concepciones y contraria al buen uso de la lengua.

12 comentarios :

  1. Efectivamente, parece una jerga inventada en Mordor. En algunos aspectos, se diría que la cosa va remitiendo. Por ejemplo, ya no insisten con la terquedad de antes en que evaluemos numéricamente y por separado procedimientos, actitudes y contenidos (trinidad en la que los contenidos funcionaban como residuo culpable y sospechoso del Antiguo Régimen). Eso sí, el mea culpa por los horrendos resultados testimoniados por el informe PISA no se lo oiremos entonar a Marchesi y compañía, no.

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  2. ¡Muy bueno lo de Mordor! En mi centro tenemos al mando un triunvirato amigo de toda esta jerga y las reuniones son soporíferas. Por aquí no amaina. Nos presionan para que hagamos cursillos a troche y moche para adaptarnos a las nuevas tecnologías, pero yo tengo la impresión de estar con un pie en ellas desde hace tiempo. Saco de la blogosfera mis mejores inspiraciones. Un cordial saludo, Al59.

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  3. Tu post me ha recordado un artículo de Elvira Lindo en el que presentaba un juego que hace furor en América para afrontar con humor reuniones en las que prevalece esta "palabrería seudoespecializada que hincha un discurso" de la que hablas.

    El juego se llama Bullshit. Sólo introducir la palabra en un buscador, hallarás más detalles.

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  4. Enhorabuena, Joselu. Tengo por ahí un artículo de El País 26/11/06 donde Ricardo Moreno Castillo, profesor de instituto da en el clavo, mientras Álvaro Marchesi catedrático de psicología evolutiva sigue defendiendo lo que ha sido un absoluto fracaso. A las pruebas nos remitimos. Claro que ellos son quienes ahora mandan en la Educación, teoría, teoría.
    Un saludo, sufridos colegas

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  5. A Marchesi márchese le habríamos de decir; mientras que Moreno es un lector como le gustaban a Vélez de Guevara y a Cervantes, es decir, no cándido, no blanco, no ingenuo.
    La peste del lenguaje políticamente correcto e intelectualmente aberrante lleva a esos extremos tan graciosos que señalana hace poco un académico frente al sexismo del lenguaje: los ciudadanos y las ciudadanas, sí, pero ¿los cuadros y las "cuadras" de un partido...?
    Como aficionado -e inficionado también- a la ficción, yo admito esa construcción lingüística, pero confieso que, además de escandalosamente paupérrima, es lo más insignificante y aburrido que he conocido en toda mi vida intelectual, o mejor dicho, intelectora, que lo otro es picar muy alto para mis escasos y "lagunares" conocimientos.

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  6. Bueno, creo que hay poco para objetar.
    De acuerdo en casi todo , amigo
    Un saludo

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  7. Gracias Joselu, trasmite a toda la familia mis mejores deseos. No he visto la película pero tengo referencias de que es una versión sui géneris. Lo que si quiero ver el El gran silencio, ya te comentaré.
    Desde que has migrado a blogger beta, no sé cómo dejar comentarios

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  8. Me llamaréis loca, pero hice un trabajo en la facultad sobre la necesidad de emplear el lenguaje literario en las ciencias. Sí, suena a barbaridad, pero mi trabajo es un conjunto de pruebas y razones para ello... No es cuestión de si es cierto o no, sino de acercar materias, y emplear el lenguaje que más se adecúe a lo que se quiera decir. Y un símil literario siempre explica mejor que cien mil frases científicas, por ejemplo...

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  9. Es una jerga tecnocrática con pretensiones de cientificidad, Simalme. Es un modelo de lenguaje poco humanizado. Por ello no puedo estar más de acuerdo con lo que propones: utilizar el lenguaje literario en la pedagogía. Sin duda, sería mucho más divertido y cualitativamente superior a esa verborrea que nos ha invadido.

    Cuando hablamos de este tema, la figura nefasta de Álvaro Marchesi es, con razón, la primera referencia que nos viene a la cabeza, pero sin duda hay otras corrientes en la misma línea en los Movimientos de Renovación Pedagógica aquí en Cataluña. He buscado el concepto de bullshit y no puede ser más apropiado y revelador, Lu.

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  10. De acuerdo... Ese tipo de lenguaje lo encontramos en todas las profesiones. Se deriva de la especialización excesiva, me parece a mi. Una vez existen los especialistas, tienen que inventarse una jerga para justificar su especialidad.

    De paso, te saludo... No he venido a tu blog tanto como antes, y he extrañado ese hábito.

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  11. Siempre consuela saber que no hay bien ni mal que cien años dure, ni humano que lo resista. Si es moda, será pasajera.

    En cuanto a la aplicación del lenguaje literario a lo científico es lo que intenta algún tipo de poesía, dado los numerosos vocablos de esta disciplina introducidos en el habla.

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  12. Me ha encantado leer este artículo tan interesante.
    Además, añado que fruto de ese afán desaforado por la enunciación correcta; a veces dotamos a los términos de una especifidad que no existe a nivel de pensamiento y a costa de hacer entender su significado de forma preclara.
    También, bajo mi óptica, es uno de los motivos por los que introducimos tantos extranjerismos innecesarios.

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