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domingo, 3 de diciembre de 2006

La ortografía en los blogs


Los docentes que nos dedicamos a promover los blogs como herramienta educativa, instrumento de conocimiento y vehículo de expresión de ideas nos topamos con el grave inconveniente de la pésima ortografía que existe en ellos.

Hemos de distinguir entre los blogs personales y los blogs educativos o de la clase. En estos últimos, el profesor revisa y verifica con rigor el correcto estado de la ortografía y apunta a cuestiones de estilo y de coherencia del discurso. Los materiales que llegan están contrastados por dicha corrección estilística y no suelen plantear problemas.

La cuestión estriba en los llamados blogs personales que circulan, a veces enlazados al blog de la clase, en donde nuestros adolescentes dan rienda suelta a sus reflexiones, sentimientos e ideas… allí donde se apasionan con el contacto íntimo de la blogosfera. Allí precisamente las faltas de ortografía son dueñas y señoras de cada post, si no es que la jerga resultante no es la propia del mundo de los SMS con sus abreviaturas, iconos y tipografía características. He visto blogs escritos íntegramente con este tipo de tipografía por parte de alguna alumna que no suele cometer demasiadas faltas de ortografía en sus redacciones y escritos de clase.

Las confusiones en el uso de la b/v, g/j, h, s/x, signos de puntuación, mayúsculas, y no digamos de los acentos… son abrumadoras. Las recomendaciones del profesor en el sentido de que extremen el cuidado en el estilo y la ortografía son consideradas como limitaciones a la libre expresión y la espontaneidad de cada uno. Si se pararan a considerar sus posibles errores ortográficos ¿cómo iban a escribir? –parecen sostener-. El primer paso –les dice el profesor- sería redactar un borrador que debería cotejarse con el diccionario y con algún corrector de textos, aunque ya sabemos que estos no son infalibles sino más bien bastante falibles. Posteriormente, el texto debería ser revisado por el profesor antes de ser publicado.

Da la impresión de que igual que existe una moda híbrida donde todo cabe, en la que se mezclan los estilos y en la que las concepciones acerca de los gustos han quedado obsoletas, igual se comportan con la ortografía: con un descuido y una dejadez absolutas, tal como si la buena ortografía fuera una cuestión autoritaria del pasado, una rémora del franquismo podríamos decir. Su libre expresión pasa por hacerlo con entera libertad sin coerciones ni restricciones. Es una marca generacional que se percibe en sus blogs, en sus posts y en los comentarios que reciben que suelen ser todavía más disparatados. Es como si en ese neolenguaje antiautoritario dejaran la señal de la generación a la que pertenecen, no sé muy bien cuál es pero algún alumno ya la ha calificado de la generación bloguera.

Para el profesor es un gozo ver cómo sus alumnos aprovechan la herramienta que suponen los blogs. Son fragmentos de libertad y de creación personal. Pero asiste con horror a la perversión ortográfica que reina en ellos. No sé cuál es la solución, pero mucho me temo que nos desborda por la tendencia mayoritaria que supone.

Tengo la teoría de que la buena ortografía se aprende desde las primeras letras. Un alumno a los nueve años debe tener ya una correcta ortografía y una clara conciencia de la normatividad. Luego hay que añadir e ir puliendo. Si esto no es así, si el alumno no supera este estadio con una correcta ortografía, el proceso está viciado desde la base porque nunca tendrá idea nítida de qué es lo correcto y lo que no, y cuanto más escriba más profundizará en su confusión. Máxime en las comunidades bilingües como Cataluña donde se mezclan dos lenguas muy próximas y con sistemas ortográficos muchas veces contrapuestos. Si un alumno no tiene clara cuál es la norma sobre el uso de la acentuación, las mayúsculas, los signos de puntuación y de las distintas grafías a los nueve años, es difícil que logre alcanzarlo posteriormente. Pues bien, esto no se consigue en la escuela primaria, ignoro el motivo, y cuando llegan a secundaria los alumnos suelen asistir imperturbables a nuestros discursos, a nuestras cuidadosas correcciones de sus textos, a todas nuestra técnicas de mejora. Es un asunto que dan por perdido y al que no le dan demasiada o ninguna importancia. Terminan por asumirlo con orgullo y nada hay en la sociedad que les lleve a pensar lo contrario. Sólo cuando algún día busquen un trabajo donde sea necesaria una buena ortografía, se darán cuenta de lo imprescindible que era, pero esto no es lo mayoritario y así encontramos a cualificados profesionales que tienen una ortografía desastrosa.

Con esta entrada, me uno al manifiesto Eres lo que escribes y me hago eco de los múltiples artículos que se han ido publicando estos últimos días en el ámbito educativo.
Todo ha comenzado con la bitácora de Gabriel Trujillo Muñoz Eres lo que escribes. Eres como escribes que aboga por la corrección ortográfica en la blogosfera, y en su estela la bitácora del tigre de Eduardo Larequi, A pie de aula de Lourdes Doménech, y Como una reina de María José Reina.

15 comentarios :

  1. Son muy atinadas tus reflexiones acerca del neolenguaje generacional. Algo hay de rebeldía y de afán de afirmación. Aunque no sé si esto sólo afecta a los adolescentes. Hay muchos adultos que se suman a este nuevo uso del lenguaje.
    Si antes era difícil fijar la ortografía, cuando no existía el messenger y los SMS. ¡Qué no será ahora!

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  2. García Calvo hablaba hace años de alumnos latinoresistentes, que llegaban a clase de latín convencidos de que esta lengua era de aprendizaje imposible y no estaban dispuestos a apearse de tal creencia. Para él era una novedad real: durante muchos años los alumnos habían pasado por la asignatura como por una más, con provecho en general. Una vez instaurado, el prejuicio arruinó la experiencia de muchísimos alumnos y profesores.

    A nosotros nos toca educar a generaciones antiortográficas, convencidos de que "ellos escriben así" y sinceramente indignados cuando 'esa minucia' les baja puntos en un examen o trabajo. Creen de buena fe que es una manía nuestra, un formalismo extremado que sólo nos importa a nosotros y que fuera del entorno escolar no tiene la menor trascendencia.

    Cuando me enfado, pienso que el descuido ortográfico es la manifestación más visible del 'igual da ocho que ochenta', una mentalidad que no da importancia alguna a la exactitud o la excelencia. Creo que no exagero mucho, aunque no faltan contrajemplos importantes (compatibles con la peor ortografía del planeta): el rapero de rima y ritmo perfectos, el hacker que prepara con precisión digna de César un crack, el copiota que se dispone a dar el cambiazo con elegancia extrema.

    Que en ciertos contextos la ortografía laxa o abiertamente festiva sea lo procedente no plantea tantos problemas como la gente cree (desde Pompeya y antes, las pintadas se han hecho con faltas intencionadas). Lo grave es no saber cambiar de registro (ortográfico en este caso) cuando la situación lo pide. Ceder en esto (y para qué vamos a engañarnos, hay quien lo hace) es hacerles un flaco favor a nuestros alumnos.

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  3. Latinorresistentes (casa del herrero, etc.).

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  4. Tengo la sospecha de que las faltas deliberadas de los alumnos no sólo obedecen a un impulso de rebeldía o autoafirmación. Hay también mucho de comodidad, de imitación de lo que está de moda, de seguimiento de esa costumbre tan perniciosa y tan difundida en nuestros días que al59 caracteriza como "igual da ocho que ochenta".

    Que un joven cometa una transgresión de la norma como expresión de rebeldía consciente no me parece mal. El problema se producirá si construye un idiolecto único del que es incapaz de alejarse cuando las circunstancias lo requieran.

    Y, no nos engañemos: antes o después esas circunstancias se le presentarán, y probablemente le pasen factura.

    Nuestra obligación como docentes (de cualquier área o asignatura) es hacer lo posible para prevenir semejante catástrofe.

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  5. Imagino que aquí podría servir utilizar la tan manida transversalidad.
    ¿Acaso un profesor de matemáticas da la misma importancia a la ortografía que al cálculo? ¿Y viceversa?
    No creo mucho en ese concepto. Cuando diferentes profesionales no hablan el mismo lenguaje cuando se educa en valores, se desvirtúa el carácter horizontal del asunto.
    Pero... lo de la ortografía es algo más exacto y creo que la respuesta a mi primera pregunta es NO, creo que no se da misma importancia.
    El otro día vi "ayer" escrito como "haller". ¡Qué alguien me lo explique! Ni siquiera cumple el principio de economía según el cual, muchos se comen letras para escribir y/o tardar menos.

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  6. ¿No irá el asunto, en términos generales, por convencerles de que ellos "son" sus palabras, no su envoltorio físico o sus emociones silentes? Si dedican tanto tiempo a su aspecto, su atuendo inmaculado -aunque sea el "dejado"-, la colocación exacta de esos cabellos rebeldes del peinado, la caída exacta del pantalón hasta la exhibición supuestamente transgresora de la raja del culo, etc., ¿no les podemos acaso exigir que le dediquen los mismos mimos a sus palabras, su verdadero yo? Debemos hacerlo. Hijo de tus obras, dice Cervantes que hemos de ser; pero el primer obrar es el decir, ergo..

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  7. Me escandaliza ver una falta de ortografía, pero me escandaliza más que se le quieran poner puertas al campo.

    Editar una bitácora más que un ejercicio ortográfico es un ejercicio de libertad.

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  8. Alguien me recomendo el libro "Hablar con correcciòn. Normas, dudas y curiosidades de la lengua española". El autor es Pancracio Celdrán Gomariz, pero desconozco la editorial. Yo me apunto a localizarlo. Creo que la libertad está bien, pero una bitácora debe mantener por encima de todo la corrección ortográfica. Escribimos para que nos lean y tal vez debamos corregirnos unos a otros. Yo lo agradezco, a veces son gazapos, a veces se cuelan fallos. En primaria se estudian poco las reglas ortográficas, se cuida poco el estilo. En parte porque no se puede repetir más que una vez, lo que supone mantener unos criterios poco exigentes."La culpa fue del chachacha..."

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  9. Si se lee mucho poco a poco las faltas de ortografía desaparecen. y si no, pues... sms

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  10. Hola, magnífico Blog.
    No sé si os acordáis de la película "My Fair Lady", con la deliciosa Audrey Hepburn y el entrañable Rex Harrison.

    Bien es verdad que en la película había un componente social centrado en la pronunciación de la florista, pero este tema del blog me ha recordado a cuando el profesor canta aquello de:

    "Miradla! Prisionera de las sucias calles,
    condenada por cada sílaba que pronuncia,
    (...)
    Mirad a la criatura con su inglés barriobajero...
    que la mantendrá en la cuneta hasta el final de sus días...
    Os garantizo que si trabajo con ellq 6 meses podría hacerla pasar por una dama en el baile del embajador" :)

    En fin, los que se acuerden, recordarán las terribles broncas del profesor a la pobre florista...
    Venga; ánimo, que nos quedan 6 meses para llevar a nuestros niños a la fiesta del embajador.

    Saludos (y entended que no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dicen en la película)

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  11. Lu, rebeldía, dejadez, comodidad... constituyen un cóctel letal para las buenas maneras ortográficas. La ortografía está en crisis como toda idea de buenos modales o la conformación de un estilo cuidadoso. Está de moda lo inarmónico y lo descuidado. Creo que en el ámbito de la moda se llamó grunge. Esta es la ortografía que nos invade:ortografía-grunge.

    Al 59, recuerdo la ortografía que utilizaba Salvador Dalí como especialmente horrorosa y deplorable. No sé si lo hacía como elemento de autoafirmación o como rechazo del lenguaje putrefacto de la academia. Sin duda tenemos alumnos ortográficorresistentes como dices. No sé si el problema en Cataluña es mayor que en otras comunidades por los motivos que cito en el post. Aquí desde luego el paisaje es desolador. Y no veo la forma de meterle mano al asunto porque no ponen ningún interés en remediarlo.

    Eduardo Larequi, no hay duda de que la tarea de cualquier profesor de Lengua es la de impedir dicho desastre. Lo que yo no tengo claro es que esto les vaya a suponer problemas en un futuro. Muchos de mis alumnos no volverán a tener contacto con la letra impresa cuando salgan del instituto. Ni leerán, fuera de la prensa deportiva, ni escribirán salvo alguna instancia de formulario ya prerrellenado. Me gustaría pensar, para poderlo utilizar, que su penosa ortografía les costará cara, pero no lo tengo así de claro. Ojalá. En todo caso, por intentarlo que no quede.

    Máximo, lo que he llegado a ver escrito es delirante: llo por yo, habeces por a veces, Varcelona por la ciudad donde vivo... No sé si hay algo de provocación en esto. A veces creo que sí. Es una batalla que ellos dan por perdida y es cierto que no todos los profesores le dan la misma importancia. Los hay -y son mayoría- que se la quitan totalmente. Yo mismo, he tenido que reducir el descuento que aplico por falta de ortografía porque si no, no me aprobaría nadie. Descuento ahora 0,05 por error ortográfico, lo que es a todas luces, mínimo, pero si no, no me aprueba nadie.

    Juan Poz, le he leído a usted intentando persuadir a sus alumnos sobre el problema de las faltas de ortografía en los blogs que ellos publican. Estamos en el mismo barco. Sí, sería una buena idea la de hacerles ver que la ortografía es parte de nuestra tarjeta de presentación en sociedad, igual que su estilo aparentemente falto de estilo. No obstante pienso que hay mucho de transgresión y de ignorancia voluntaria mezcladas.

    Francisco M. Ortega, sin duda un blog es un ejercicio de libertad, pero cómo queda de devaluado un blog lleno de faltas de ortografía. Al menos a mí se me encienden unas enormes bombillas allí donde veo dichas faltas. Pierde casi totalmente su fundamento un blog lleno de errores ortográficos. Al menos eso es lo que quiero transmitir a mis alumnos. Libertad sí, pero también ortografía. Ahora que mis alumnos entran en mi blog, no estará de más que lean estas reflexiones compartidas.

    Carmen, es cierto que en la primaria la ortografía se trabaja no lo suficiente. A los resultados nos remitimos. Hay colegios, sin embargo, donde los niños tienen una ortografía espléndida. Eso significa que un sistema coherente puede hacer mucho por solucionar el problema. Falta mucho de coherencia a la hora de enfrentarnos -en hora temprana- al caos que luego vendrá.

    Simalme, leyendo algo se soluciona, pero he conocido alumnos que eran buenos lectores y, sin embargo, sus blogs y sus escritos están plagaditos de faltas de ortografía. Creo, que como sostengo en el post, es a una edad temprana en la que hay que solucionar el problema. Luego es tarde.

    Sorel, el mito de Pigmalion es el que alienta en esta película que comentas. Algo de eso hay en los programas de Operación Triunfo, con muchachos que quieren aprender, que quieren superarse. Pero si este afán de superación no existe, y lo veo muy escasito en la ESO, es casi imposible hacer lo que pasa en My fair Lady. No cejaremos en el intento, al menos que eso no falte por nuestra parte.

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  12. mmadrigal.spaces.live.com7 de diciembre de 2006, 21:54

    Buenas
    He llegado aquí por las estadísticas de mi blog.
    Muy interesante lo que dices
    Yo estoy peleando con eso mismo desde mi blog, ya que muchos de los visitantes se expresan así.
    Igual esta entrada te parece interesante.
    http://mmadrigal.spaces.live.com/blog/cns!1989B873A580CA12!22447.entry

    Por cierto el enlace está mal es
    http://mmadrigal.spaces.live.com
    Un saludo desde el otro lado de la blogosfera

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  13. Vuelvo a disentir de nuevo estimado Joselu. El fundamento de un 'blog' es el 'blog' mismo. Me parece loable tu labor pero una bitácora no es algo meramente pedagógico, aunque algunas puedan mantener esa intención.

    Lo importante, para mí, es el 'blog' en sí. Su contenido será parte de una elección en función de las exigencias o de los gustos de cada 'bloguero' y que deberán ser asumidas o rechazadas por cada 'blogolector'.

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  14. Francisco, creo que tienes razón al menos en parte. Un blog es un ejercicio de libertad y depende de sus lectores su supervivencia o no. No obstante, comprenderás que desde mi punto de vista, obviamente pedagógico, abogue por una ortografía correcta y que sea ese el mensaje que difunda entre mis alumnos. Incluso, a veces he dejado mensajes en blogs haciendo referencia respetuosa a la deficiente ortografía que devaluaba, a mi juicio, el contenido. Quizás otros no se atrevían a decirlo. Es el caso de un bloguero argentino, amigo, que pone sistemáticamente los acentos abiertos(`)en todas las palabras. Con toda amabilidad le he preguntado por qué lo hace. Entre las docenas y docenas de comentarios que recibe nadie le había hecho observar este fenómeno. No sé si mi postura es de poco tacto o si debería dejarlo pasar sin hacer mención. Creo que entre todos hemos de contribuir a hacer una blogosfera crítica y rebelde si es necesario, pero también que respete un mínimo ordenamiento ortográfico. En todo caso, entiendo tu fundamento y he de decirte que cuando un alumno abre su bitácora, sea cual sea su contenido o forma, es un momento de alegría para mí. Luego, si se deja, le ayudaré a hacerla más correcta. Si no, pues es suya que actúe como mejor le parezca.

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  15. Creo que tú también tienes razón y entiendo, perfectamente, tu postura. Ocurre que la ortografía -y no estoy en contra de su buen uso ni que se abogue en favor de ella- no es más que un "conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua", y desde mi punto de vista esta norma es de rango menor respecto al ejercicio de dar vida a una bitácora.

    Disculpa si abundo en el tema, pero entiendo que la autoedición e Internet -unido a las nuevas tecnologías- significan un punto de inflexión en la desaparición de las utopías. Una vez más el ser humano -quizás erróneamente- puede pensar que es capaz de expresar con libertad aquello que piensa.

    Pienso que ninguna norma puede restringir esa potencialidad, aunque sí mejorarla. Alguien puede entender que si no sabe, no puede o no quiere escribir correctamente no vale la pena tener un ‘blog’ y es una elección personal, a igual que sus consecuencias que pueden ser la de tener lectores exigentes con la ortografía, que no lo sean o, simplemente, que nadie los lea.

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