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sábado, 30 de septiembre de 2006

Hafida en su nuevo curso


Los lectores de mi blog del curso pasado recuerdan al entrañable grupo de cuatro niñas bereberes que formaban parte de mi tutoría. Sufrieron, si lo recuerdan, un verdadero caso de acoso escolar por parte de muchachas “del país”. El formar parte de un grupo que no se integraba demasiado con el resto de la clase y el hecho de ser diferentes despertaba la agresividad en alumnas muy poco dotadas que veía en ellas una ocasión de desahogarse y proyectar sus carencias.

El grupo se ha deshecho: una de ellas ha marchado a otra ciudad; dos –las más flojitas- han pasado a un cuarto de “ritmo más lento”, más por una adaptación curricular que por auténtico nivel académico. Tienen muchas carencias empezando por su escaso dominio de los idiomas castellano y catalán. Es normal, llevan tres o cuatro años en España y el hecho de que vivan en ambientes casi herméticos no facilita su integración. Se añade el hecho de ser mujeres lo que dificulta aún más su aclimatación porque las muchachas marroquíes se relacionan entre ellas pero escasamente con el resto de compañeros con los que hay una enorme distancia cultural.

Sin embargo, me preocupa Hafida. Esta muchacha es muy inteligente. En consecuencia ha sido trasladada a un grupo de ritmo académico “normal”, con alumnos en su inmensa mayoría españoles. Ella puede seguir el ritmo de la clase. No le falta agudeza, tesón e inteligencia. El problema es que Hafida está aislada del resto de sus compañeros. El año pasado sufría claros signos de rechazo por parte de sus condiscípulas. Este año, al menos al comienzo de curso, es objeto de una extrema indiferencia. Es como si un círculo de soledad la rodeara. Se parece a los personajes de la saga de los Buendía en la novela de García Márquez. Viéndola a ella puedo comprender la soledad extrema de la familia del coronel Aureliano. Ella es sumamente sensible y humana. Es capaz de analizar su realidad y entorno, pero pertenece a otra forma de ver las cosas que no concuerda con la que domina entre sus compañeros, especialmente las muchachas.

Su concepción del mundo es más moral, más recatada, más puritana. Es mujer y su hiyab marca un círculo de aislamiento en torno a ella. Es un signo de cubrimiento y de subordinación de la mujer respecto al hombre; es un signo que denota que la mujer pertenece a una determinada moral y forma de comportarse, lo que incluye que no le sea fácil –casi imposible- establecer relaciones con otros compañeros, especialmente muchachos aunque sean de su misma cultura bereber. Es curioso porque estas chicas a veces vuelven a Marruecos y allí sus antiguas amigas no llevan pañuelo en la cabeza porque intentan acercarse a la modernidad. Es en España donde sus padres se convierten en conservadores y quieren que en una sociedad corrompida sus hijas estén marcadas, que no sean miradas como iguales a las demás.

Tengo alumnas de origen magrebí que han nacido en España y tienen un aire muy diferente. Son muchachas de aquí, a pesar de lo que puedan sugerir sus apellidos y su físico. Hay un salto cualitativo en su integración.

Quizás haya que darle tiempo al tiempo, y esperar que la evolución natural de estas muchachas las lleve a integrarse, a ser más iguales a los demás. Sin embargo, veo que es difícil. Hafida tiene mucho que aportarnos. Su temperamento sensible y su inteligencia no es fácil de encontrar. Es un caso único entre los que he conocido. Me asusta su soledad, su aire concentrado y trabajador, pero también su tristeza. Se sabe sola y diferente. La tutora –una profesional excelente- está intentando que sus compañeros se acerquen a ella, que no la dejen aparte, pero es ella misma la que no casa con el ambiente que no es especialmente negativo en este caso.

Pienso en Francia en las leyes antivelo y no puedo dejar de sentirme identificado con ellas. En la escuela pública no deberían permitirse signos distintivos por razón de sexo o de religión. Sé que es algo que suscita polémicas y que aquí en España no se comparten en general los argumentos de la escuela laica y republicana francesa: pero los símbolos que impliquen subordinación de la mujer así como pertenencia religiosa deberían ser evitados en las aulas. No sé cómo funciona la experiencia francesa. No me parece que haya ido mal ni que haya habido excesivos problemas de aceptación o acatamiento. Al menos no han trascendido a la prensa española.

El multiculturalismo es un mito. Los inmigrantes deben integrarse, deben impregnarse de los valores dominantes en la cultura de acogida. Son ellos los que deben aprender las costumbres y valores del país de llegada. Es un flaco favor el que hacemos planteando que todas las culturas son iguales y somos nosotros los que debemos adaptarnos a su idiosincrasia. Occidente significa muchas cosas. Sin duda, nuestro pasado no está limpio y tampoco nuestro presente, pero quien opta por venir aquí no debería pensar que podrá seguir viviendo en un gheto con valores y cultura distintos. Como si no hubiera cambiado de coordenadas. Hafida merece la oportunidad de pertenecer a este mundo. Necesitamos su humanidad, su capacidad reflexiva, su sensibilidad. Si la conocieran advertirían que es un prodigio de persona, pero está terriblemente triste y sola…Sé que el hiyab no es el único motivo, pero sin duda la marca intensamente, igual que su cuerpo totalmente cubierto incluso en verano. Es un motivo de reflexión.

9 comentarios :

  1. ¿No deberíamos alentar en ella, como en tantas otras y otros, el espíritu de rebeldía contra la irracionalidad de las autoridades paterna y materna? ¿No deberíamos potenciar la individualidad, la reflexión crítica y autocrítica, como única expresión de la libertad personal? ¡Romper cadenas... aún, en el siglo XXI! Ninguno de nosotros hemos llegado a ser quienes somos sin habernos enfrentado ideológica, psíquica y a veces hasta físicamente a nuestros padres. Suena extraño que hayamos de reivindicar la rebelión contra los padres, pero o pasan por ese mal trago y adquieren una individualidad desde la que orientarse en el mundo, o serán siempre esclavos de este o el otro poder, civil o religioso. Una anécdota, para que se vea que no pienso necesariamente en los inmigrantes árabes. Dos ecuatorianas acompañadas de sus hijos van el metro. La niña, de dos años, se sienta en las piernas de la madre y pisa con el pie en el asiento. Las dos mujeres, casi al unísono, le dicen a la niña, ¡de dos años!: "Duulcita, hija que se te ven las braguitas". La niña baja el pie y comienza a alisarse el escasísismo trozo de tela que conforma su falda para cubrirse decorosamente... ¡He estado a punto de gritarles, a esas castradoras, que eran unas mentes perversas y endemoniadas! ¡Qué porvenir no le espera a esa criatura como no sepa "liberarse" de esas represoras de tomo y lomo. Eso es, también, la multiculturalidad, por eso Joselu tiene toda la razón al referirse a ella como una catástrofe; del mismo modo que lo ha sido la autocensura operística, las disculpas del Papa u otras manifestaciones acomplejadas frente al lenguaje de la violencia integrista, ¡tan parecida a la de quienes querían mandar al paredón a rubianes, como antaño a Tarancón!

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  2. La escuela es un espacio público y, desde mi punto de vista, no caben disculpas para que nadie la use para vender ideología -en este caso de origen religioso-. Por tanto todo signo que aparezca como sectario debe desaparecer. No puede ser un lugar de confrontación.

    Por otro lado es cierto que, a veces, a la marginación se une la automarginación consciente y determinada para salvaguardar una identidad cultural sin la cual muchos individuos se sienten perdidos. En nuestro país el caso más claro es la etnia gitana.

    Además están las garantías sociales alcanzadas y que no pueden restringirse en nombre de una idea religiosa o cultural. Me viene a la mente el caso de la chica, creo que paquistaní, asesinada por su padre, tíos y hermanos por querer a su novio italiano y no una boda impuesta en su país de origen.

    Finalmente está Hafida perdida entre diferentes las tensiones que tú describes. Claro que merece una oportunidad de pertenecer a una sociedad europea con muchas más libertades y derechos que de la que procede, pero habrá que saber si tiene fuerzas para rebelarse -como apunta juanpoz- contra la manipulación de su cultural y la imposición de su familia. Si esta chica no tendrá miedo a desprenderse de ese lastre y si el destino no le será esquivo.

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  3. El caso de Hafida no es, lamentablemente, un caso aislado. Pero sí es la metáfora de lo que representa la integración de los inmigrantes en nuestra cultura.
    Hafida -los inmigrantes- vive entre dos fuegos. Vive(n) una lucha interior entre dos fuerzas (la cultura propia y la adquirida).
    La integración puede, en muchos casos, abrir horizontes nuevos ante nuevas manifestaciones culturales, pero... ¿no es también castradora de valores?
    Me atrevo a ejemplificarlo con el caso de los alumnos chinos que conozco.
    Estos llegan aquí con los valores del esfuerzo, el estudio y el respeto a la familia muy interiorizados. Al llegar a nuestros institutos entran en contacto con modelo de conducta completamente opuesto y -dicho sea de paso- nada ejemplar.

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  4. Al respecto, una anécdota curiosa. Una alumna argelina, muy inteligente y perfectamente integrada entre sus compañeros y compañeras, que no sólo no llevaba pañuelo, sino que no tenía problemas en llevar vaqueros ajustados y enseñar el ombligo, me dijo un día: Yo no podré casarme, los chicos de aquí no creen en mi Dios, en cuanto a los musulmanes, no soportaría la forma que tendrían de tratarme. Creo que expresó muy bien el conflicto a que se enfrentan los adolescentes que pertenecen a dos mundos distintos. Espero que cuando vayan madurando el mundo no sea tan complicado como lo imaginan.

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  5. Nunca pensé en la soledad de los Buendía como especialmente destacada, sólo un ejemplo de la soledad cotidiana o de todos. No sé. Respecto al resto, que me da lástima que esto no lo lea más gente.

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  6. Aunque hay varias cosas interesantes que comentar, me centro en el pañuelo. El pañuelo es un símbolo y, por tanto, no tiene un único significado: su sentido puede cambiar según la persona, según el contexto, variar históricamente, e incluso significar varias cosas al mismo tiempo. Puede significar y reforzar la sumisión de la mujer, pero también puede ser refugio, protección frente a un mundo que se percibe como hostil (para lo bueno y para lo malo); puede tener un carácter religioso, pero en un país no musulmán también puede ser simplemente un signo de identidad, una marca que expresa quién eres y de dónde vienes; puede ser incluso una moda (en Marruecos últimamente lo era, sin ningún sentido profundo, según me contaban los marroquíes e incluso lo llevaban chicas que vestían "ligeramente").

    Puede que Hafida necesite desprenderse del pañuelo, pero sólo como instrumento, como herramienta ritual para desprenderse de otra cosa, y desde luego, es bueno que crezca libre para decidir si lleva o no lleva pañuelo; no niego que pueda haber esclavitudes asociadas al pañuelo, pero es de la esclavitud de lo que tiene que liberarse. En último término, combatir el símbolo es mucho más sencillo que combatir lo que hay debajo, que es lo que verdaderamente importa, pero tiene también contraindicaciones.

    Prohibir el pañuelo en la escuela pública no incentiva la autonomía, la libertad para ponerse o quitarse el pañuelo, sino todo lo contrario. Quien no se sintiera sometida por él, tampoco se sentirá liberada. Si alguna lo llevaba adherida a su identidad, a su autoimagen, verá también su identidad agredida y mutilada, auque esa no fuera la intención. Si era cuestión de que los chavales auctóctonos no la marginaran, es triste el final del cuento en el que una tiene que desprenderse de algo suyo para que la acepten. Lo de la laicidad era para que todo el mundo se sintiese libre de expresarse, no para que nadie se exprese y todos seamos homogéneos.

    Si la gente ve agredida su identidad, puede reaccionar defensivamente, sumiéndose en la automarginación y limitando más las interacciones. Un ejemplo muy claro: nada nos libra (y menos en Francia, donde hay una población musulmana importante) de que entonces se empiecen a montar escuelas privadas musulmanas (¿con capital saudí?), donde quizás estas chicas se sientan como en "casa", pero donde tendrán menos oportunidades de adaptarse al mundo que les ha tocado vivir.

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  7. Acabo de ver en televisión el caso de una muchacha paquistaní de diecisiete años que ha conseguido, tras un exitoso bachillerato, entrar en la facultad de medicina en contra de muchas opiniones entre sus familiares que pensaban que el papel de una mujer estaba en su hogar. La muchacha es un dechado de energía y de decisión. Quiere estudiar medicina y lo ha logrado. No obstante, cuando acabe los estudios de medicina habrá de contraer matrimonio, según ha afirmado la madre, con algún primo o familiar. Traigo esto a colación porque la protagonista de la noticia llevaba pañuelo, un lindo pañuelo rojo, que cubría su cabeza. Y ello no ha impedido haber logrado lo que a las mujeres les está vedado. Ello daría la razón, según entiendo, a Antonio Alvárez del Cuvillo, mi amable y cordial comentarista en mi blog. He pensado seriamente sus argumentos, y no deja de tener razón, igual que otros comentaristas que hablan de la tensión interna que se produce en los inmigrantes jóvenes que vienen de un mundo y se ven confrontados con otro sin fácil solución. A todos os doy las gracias por vuestra aportación. Sin embargo, pienso que la muchacha paquistaní ha encontrado en Occidente lo que probablemente en su país no hubiera logrado fácilmente: el derecho a estudiar, el derecho a formarse intelectualmente. Es esto a lo que pienso que nuestra sociedad moderna no puede renunciar, a abrir expectativas, a alentar la rebeldía, a practicar la crítica de todo y contra todo. Mucho me temo que cuando se trata del Islam nos está invadiendo un reconocido terror a ofender, a molestar, a criticar. El Islam en su vertiente integrista es una ideología premoderna, casi medieval, y hemos de ser muy decididos a la hora de no renunciar a lo que son los fundamentos de nuestra sociedad, de nuestra modernidad, que incluye los matrimonios homosexuales, pero en Holanda ya hay zonas del país donde deben esconderse para no escandalizar y no provocar la ira de los musulmanes más exaltados. El velo islámico puede ser muchas cosas, sin duda. Es un símbolo plurivalente, tiene razón Antonio Alvárez en su rica argumentación, pero como símbolo también es analizable y elemento de discusión sana y productiva. Hay que también alentar a las muchachas que querrían despojarse de él o dar ideas a las que todavía no las tienen. Sin duda hay que respetar a las que lo llevan voluntariamente. España en ese sentido es ejemplar, pero temo que buena parte de todo este tema esté fundamentado en el miedo que suscita el Islam. Nadie afirmará que todas las costumbres llegadas del sur son positivas: la ablación del clítoris, los matrimonios concertados, la poligamia... deben ser objeto de análisis y políticas preventivas y en este sentido pienso que la modernidad de Occidente, con muchas comillas, debe ser un criterio de orientación. No en vano nació en Grecia el teatro en el que se podía criticar cualquier cosa, incluidos los dioses y los héroes. También el hiyab puede ser objeto de discusión, y esto es lo que ha surgido aquí y animo a que otros comentaristas lo continúen.

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  8. Siento en Hafida todo el problema de la inmigración, esa que no consiente en aceptar los valores de Occidente y desea en cambio perpetuar sus valores "medievales". El tema de la mujer en el mundo musulmán me revuelve por dentro. Gracias por aportar esa historia tan interesante.
    En mi clase se planteó el tema del velo y el padre no consintió que se lo quitara para realizar educación física, es más quería que no fuera a esa asignatura. Un verdadero lío, que finalizó claudicando la escuela con el tema del velo. Todo a favor del respeto de sus valores, por eso también hay un menú especial para el comedor.
    Un saludo, amigo

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  9. Joselu,

    Aunque leí la antigua entrada de Hafida & Cía en tu blog, no recuerdo de qué país venía. En cualquier caso, en Marruecos y Argelia, por ejemplo, no puede presumirse que las mujeres no estudian (lo hacen en sitios peores). En Tánger me contaban que ya la inmensa mayoría de los universitarios son mujeres, lo que me resultó esperanzador. No sé si será verdad el dato, pero haberlas habíalas (y en cantidad) en el curso que estuve impartiendo. Algunas con pañuelito, otras sin él. Quizás participaban menos que los hombres (lo que todavía observo en parte en España, pero poco), pero algo sí que lo hacían.

    Ojo, no quiero decir con esto que la situación de la mujer sea allí mejor que aquí y estoy casi seguro de que en España Hafida tendrá más posibilidades de desarrollar su sentido crítico. Sólo una nota de esperanza, las cosas van cambiando, aunque tarden.

    Te doy la razón en la valoración de que es inaceptable que no pueda hacerse crítica sociocultural a una gente concreta y que haya que andar temiendo represalias. Eso sí, el fenómeno que está ocurriendo es muy complicado y todavía me falta perspectiva para tratarlo en mi blog. En épocas de mucha mayor virulencia de ese tipo de enfrentamientos nunca las críticas (o los insultos, como en el caso de las caricaturas de Mahoma, donde tal profeta llevaba una bomba por turbante) tuvieron tanta repercusión, cosas de la vida moderna. Creo que en aquellas inexplicables matanzas de hutus y tutsis había emisoras de radio bombardeando incitaciones al odio.

    No digo que haya una conspiración judeo-masónica, simplemente los resultados son una suma de diversos acontecimientos. E intuyo que los medios de comunicación (especialmente, pero no sólo, los de los países musulmanes) están jugando un papel importante en ello. Se está alimentando una especie de victimismo muy peligroso, que puede fanatizar en momentos concretos a musulmanes cualquiera, igual que el español cualquiera puede verse de pronto en una manifestación violenta xenófoba si los hados lo quieren. Al mismo tiempo, la victimización que verdaderamente se produce en muchos foros alimenta este victimismo y a la inversa.

    Ojalá me equivoque, pero vamos a tener más de lo mismo. Y habrá que seguir criticando a quien haga falta e incluso ejerciendo el derecho a blasfemar. Pero también habrá que empezar a pensar en estrategias inteligentes para romper este círculo vicioso.

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