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martes, 18 de abril de 2006

Volver


Volver con ganas, al menos convencerte de ello. No has dormido muy bien, piensas en lo que vendrá mañana, ya hoy. Suena la radio, te levantas ojeroso pero algo te impulsa a saltar hacia adelante: la convicción de que las cosas hay que hacerlas con el mayor entusiasmo, si no queda más remedio que hacerlas. Preparas el desayuno de tus hijas. Ayer te dieron cada una cuarenta o cincuenta besos al despedirse por la noche. Los guardaste en el bolsillo y les dijiste que cuando estuvieras triste sacarías unos cuantos y te pondrías contento. Los guardas como un tesoro.

Llegas al instituto. Encuentros agradables, otros tediosos… Tus compañeros de seminario te dan la bienvenida. Procuras ser positivo y saludar con ganas. Preparas todo el material y te diriges a tu primera clase de la ESO. Te sientes tranquilo. Hablas del libro de lectura del trimestre. A ver si esta vez tenemos suerte: La perla de John Steinbeck, el genial autor de Las uvas de la ira. Es la historia de un indio mejicano, Kino, que encuentra la más hermosa perla del mundo. Su tesoro le lleva a descubrir la sociedad de los blancos, materialista y devoradora. Ello provoca un agudo conflicto interior en el protagonista y la perla hará emerger la maldad que se encontraba escondida en la comunidad a la que había pretendido salvar Kino. La sabiduría implica la pérdida de la inocencia y el sufrimiento interior. Es un relato maestro que nos puede servir como reflexión simbólica acerca de la vida y la relación del hombre con la naturaleza. Espero que sea un hermoso libro para ellos.

Repasamos los ejercicios que llevaban para las vacaciones. No va mal la clase aunque ha habido varias ausencias significativas. Sales satisfecho. Te ves con energía, esa que estaba tan magullada antes de las vacaciones. Los paisajes gallegos y asturianos todavía están en la retina. También en la memoria, los cocidos y el lacón con grelos que te comiste por indicación de fmop (http://elsexodelasmoscas.bitacoras.com)

Tienes guardia de patio. Intervienes en una pelea entre marroquíes. No sabes qué se dicen pero sus rostros están crispados. Te quedas vigilando para que no vuelva a reiniciarse. Unas alumnas te preguntan por la nota que han sacado. Sabes que están suspendidas y con más motivo procuras ser amable con ellas. No han pegado ni sello, pero no son malas niñas. A eso tienes que acostumbrarte. La mayoría de tus alumnos no ponen su vida en el estudio. El instituto es un lugar de relación. Aquellos que trabajan, inmediatamente lo ven reflejado en sus resultados. La mayor parte de las veces los padres no son responsables. No saben educar ni orientar a sus hijos. Y menos transmitirles amor por la cultura. Estás en el barrio que estás y aquí la vida es así. Dentro de ese desastre intentas poner al mal tiempo, buena cara.

Dos marroquíes se insultan esta vez en castellano. “Puto moro” le dice el uno al otro. Otra profesora y yo nos quedamos boquiabiertos. El director pasa controlando la situación. Él ve las cosas desde arriba. Elabora planes estratégicos de centro y hace su pequeña carrera política. Los docentes, los que entramos en las aulas, no somos demasiado conscientes de las estrategias ni los planes tan bien urdidos como inútiles. Se estudia muy poco. Se trabaja menos. Todos son tácticas para maquillar el fracaso, el gran tabú de las autoridades educativas. Nos toca bailar con la más fea… Pero hoy no te pongas estupendo, querido profesor en la Secundaria.

Tu última clase de la mañana es laboriosa pero logras controlar el riesgo de que degenere en caos como acaban algunas clases que imparten sustitutos que llegan alucinados al centro en los primeros días. Sales contento. Tienes ahora dos horas para comer y preparar las clases de la tarde.

Hoy ha sido un día positivo. Has logrado mantener el autocontrol y el dominio de ti mismo ante la derivación creciente a la juerga, la desgana, el desastre. Probablemente no han aprendido mucho, pero todo está dentro de unas coordenadas aceptables. ¿Qué más se puede pedir? ¿Tendrán algo que ver los besitos guardados de tus hijas? ¿Tendrá que ver el consejo que las dos te dan desde el balcón cuando sales de casa por la mañana? Sé paciente, papá, sé paciente. ¡Qué canastos! Me voy a tomar una cervecita. No ha sido malo el regreso.

3 comentarios :

  1. Mi estimado amigo Joselu:

    Todos los días nos lanzamos al vacío pero tú tienes la suerte de hacerlo con un buen paracaídas, ese con el que te equipa el cariño de quienes te rodean. Y nada mejor para volver a la, tantas veces, sórdida realidad que regresar cargado de besos (que espero sean como la “pilas del conejito”).

    Agradecerte la cita bitacorera y que siguieras mi recomendación gastronómica (alguien me hace caso en este mundo).

    Respecto a la pérdida de la inocencia ya se sabe lo que implica, lucidez y por tanto dolor, cuanto menos, porque a otros los cargaron con el pecado universal.

    Un abrazo.

    fmop

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  2. Todos los días nos estamos yendo, para volver con nuevas energías. Un cariño amigo.

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  3. Recuerdo el primer día de clases, visto desde un ángulo: cuando llevaba a mi esposa, que es maestra, a iniciar el año escolar y le revoloteaban mil mariposas en el aparato digestivo. Retratas muy bien, JL, esa angustia por la que pasan ustedes, los que enseñan. Estamos contigo.

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