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miércoles, 1 de febrero de 2006

¿La vida es sueño?


El drama filosófico de Calderón de la Barca nos ha inspirado en la clase de literatura de Bachillerato. He querido dar cuerpo a alguna de las ideas contenidas en la obra: la predestinación y la comparación de la vida con un sueño. Les he propuesto a doce alumnos, habitualmente poco interesados, algunas reflexiones a propósito. ¿Es la vida un sueño? ¿Han tenido esa sospecha alguna vez? ¿Somos el sueño de alguien que nos está soñando como se dice en Alicia en el país de las maravillas?

Les he sugerido el punto de vista de un anciano de noventa años que recorre su vida y se queda perplejo de la rapidez con que ha pasado. Recuerda sus años mozos, las chicas que cortejaba, el servicio militar, la guerra de Marruecos, la caída de la monarquía y la subsiguiente república, el cambio de valores políticos y morales que vio, su boda, la guerra Civil y su participación en uno de los bandos, el franquismo, la guerra Mundial… Y él creciendo y haciéndose mayor y todo lo que ha visto va lenta o rápidamente desapareciendo. Tendrá hijos que crecerán a velocidad vertiginosa, y luego nietos. Y morirá Franco y vendrá de nuevo la Monarquía y la democracia, y luego, ya viejo, será testigo de la caída del Comunismo, etc, etc. ¿No es razonable que esa persona -a esa edad- tenga una noción de inconsistencia de la vida, de que nada es firme, de que en cierta manera parece un sueño del que algún día despertará? El hinduismo y el budismo han tenido la intuición de que la vida es real por un lado, pero por otro es ilusión, es como un sueño del que cabe despertar.

Les he planteado el cambio de perspectiva que tendría su vida si de pronto un examen médico les descubriera una enfermedad de pronóstico grave, una vida, de repente, limitada en el tiempo, cercenada por la incertidumbre de durar poco más allá de unos meses o años. ¿Qué haríamos entonces? ¿Qué sacaríamos de nosotros? ¿Cómo emplearíamos ese tiempo?

Alguno ha dicho que aprovechándolo a tope, dejaría el instituto y a disfrutar. Pero ¿algo más? ¿Qué reflexiones nos cabrían? No es lo mismo ver la vida con diecisiete años y una larga carretera infinita por delante que ver el fin a la vuelta de la esquina. Les he contado el caso de una profesora, persona excelente, que se vio en esa tesitura e, inopidamente, se acercó a la religión. Un sacerdote le sirvió de guía: Esta vida no es nuestra, la tenemos sólo en prestamo y hemos de emplearla bien. Aquella mujer, guapa, bastante joven y elegante, con una hija de dieciséis años, sacó lo mejor de sí misma, extrayendo una extraordinaria fuerza moral de su situación. No entro ni salgo en su creencia. Sólo en cómo aprovechó el tiempo que le quedaba: intentando ser mejor. Poco después, sin que nadie sospechara su enfermedad, nos llegó la noticia de su fallecimiento. Ella, como concluye Calderón en La vida es sueño, optó por ser buena por si acaso soñamos.

La clase se ha hecho densa. Los silencios, espesos. Todos estaban removiendo su interior. ¿Habrá algo más? Alguna muchacha opinaba que no, pero que no sabía. Y se preguntaba que si hubiera otra vida con quién nos relacionaríamos. ¿Con las mismas personas que lo hemos hecho en esta vida? Otro ha sugerido que vivimos mientras alguien nos recuerda. Pero ¿y después? ¿No es como si desapareciéramos? ¿Qué significan para nosotros las lápidas que resumen una vida en dos fechas? Nada. Y probablemente aquellas vidas estuvieron plenas y llenas de sentido y pasión.

Hemos derivado a temas colaterales sobre lo que significa sacar lo mejor de nosotros mismos y lo fácil que es sacar lo peor, volvernos desconfiados, vengativos, envidiosos, rastreros, bajos…¿A cuántas personas que conocemos las vemos desesperanzadas, violentas, amargadas, crueles? ¿Cómo se puede juzgar eso? ¿Cómo medir la densidad humana? ¿No es acaso una perspectiva religiosa? ¿Hay acaso una religión humana, que hable de seres humanos y su necesidad de la bondad, de la generosidad, de la aceptación del dolor?

Hoy la clase ha estado bien empleada. Hemos reflexionado. Probablemente no hemos abierto ningún nuevo camino. Las intervenciones de mis alumnos han sido profundas, meditadas, sentidas… con largos silencios fecundos que estaban llenos de contenido. Hemos percibido como ráfagas de eternidad el sentimiento de lo efímero de la vida y de las cosas, la sensación de finitud, de necesidad de sentido, de sospecha de si la vida tiene consistencia o no, si es un sueño o no. Pero en todo caso, mejor es obrar bien por si acaso y también por convicción. Es la enseñanza de Calderón y no me parece un disparate.

Hace años, cuando a mis alumnos les atraían las conversaciones trascendentales, les sugería que trajeran una vela a clase. Cerrábamos las persianas y el juego era el siguiente: cuando alguien quería intervenir hablando sobre el amor, el sexo, la muerte, la literatura, el caos, el deseo o cualquier idea que le viniera, encendía la vela. Si alguien quería seguirle o contestarle o introducir otra idea hacía lo mismo. Al final era un gozo ver toda la clase con veinticinco o treinta velas encendidas sin que el profesor hubiera dicho la más mínima palabra. Eran clases de reflexión, de creación de pensamiento y de expresión de sentimientos. ¡Qué fértiles eran! Hoy las he recordado.

2 comentarios :

  1. Hola.... mmm el insomnio nos hace que nos quedemos horas y horas en la computadora buscando por algo interesante que leer....me pregunto que hacían antes cuando no había computadora e internet para entretenerse cuando el cuerpo se aferra a no dormirse.... no se lo que hacían.... pero bueno….pasando al tema…
    Gracias a ese insomnio llegue aquí.... leyendo el post que pusiste me hiciste recordar a un libro... si así se puede llamar.... no tenia texto solo imágenes.... era muy sencillo.... muy llamativo y bien ilustrado... abrías la primera pagina y veías una imagen... abrías la segunda y te dabas cuenta que esa imagen...estaba dentro de algo.... de las venas de alguien...del cabello....de un cuadro...de un retrato...de una pintura..... y así te ibas extendiendo....parecía no tener fin.... el libro me dejó una sensación muy extrañas por muchos días…me dijo que simplemente somos una pequeñita parte de un cuadro... de una imagen preferida de alguien de un todo.....antes yo también pensaba que la vida era un sueño...ahora pienso eso...que somos una pequeñísima pincelada que conforma una gran pintura.

    Solo queria compartir el libro.... investigare como se llama.... es demasiado simple pero muy interesante...SALUDOS!

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  2. Cuántas velas encendidas por el interés hacia la vida...Cada una esperanza.

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