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jueves, 22 de diciembre de 2005

La despedida


Los profesores hacemos las llamadas "guardias de patio" que consisten en vigilar el espacio de recreo distribuidos estratégicamente. Controlamos que no se fume, que no haya peleas ni conflictos, que se utilicen las papeleras... La hora del patio es un pandemonium con varios centenares de alumnos dando vueltas, charlando o jugando al fútbol con latas de bebidas. El espectáculo del patio cuando acaba la media hora de recreo es digno de verse por su descuido y suciedad. No hemos conseguido inculcarles hábitos cívicos como el uso de las papeleras.

En un rinconcito del patio, junto a la verja, se reúne un grupito de muchachas magrebíes. Son siete u ocho. Son pacíficas, educadas y sobre todo, no se meten con nadie. Algunas llevan pañuelos en la cabeza y otras no. Sin embargo, ha habido reiterados intentos de agresión contra ellas a lo largo del trimestre. Grupos de descontrolados las insultan o empujan. Los profesores de guardia hemos de estar atentos para que no se produzcan estas agresiones.

Sin embargo, el martes pasado, justo cuando sonó el timbre estridente que señalaba el final de la hora del patio, volvió a suceder. Los alumnos se arremolinaban para ir de vuelta al centro. En el tumulto que se produjo, dos o tres cafres se acercaron a ellas y empezaron a insultarlas. Uno de ellos le metió un codazo a Hafida en la boca del estómago y la dejó tirada en el suelo. Ella se retorcía mientras el grueso de los alumnos la veían tirada y se reían de ella. Quizás pensaban que estaba haciendo teatro. Alguno grito: "Que ahora no es la hora del parto". Otra alumna magrebí la atendió, la recogió del suelo y la llevó adentro del edificio. Hafida no podía dejar de llorar. Apenas sabe expresarse. Lleva un año y medio en España y es muy tímida. Leila, la compañera, la consolaba y se quejaba amargamente. Las dos son alumnas de mi tutoría. Las circunstancias de los hechos las supimos posteriormente.

Las dos estaban desconsoladas. No fueron a clase a la siguiente hora. Leila se sentía humillada. Es de las mejores alumnas de su curso. Es una niña diez por su dedicación al estudio, su constancia y aplicación, y su educación exquisita. Mientras Hafida seguía llorando por el dolor en el estómago y la humillación sufrida, Leila, muy nerviosa, decía que no volverían al instituto después de navidades. Que no podían seguir así. La psicopedagoga, que fue su tutora el curso pasado, y yo intentábamos animarla. Que no se rindiera. Que no se dejara avasallar por dos impresentables que serían sancionados, que no les diera esa satisfacción, que ellas habían de seguir estudiando y un día llegar a ser médicos o profesoras o lo que les pareciera.

Entretanto, los dos agresores estaban retenidos en Jefatura de Estudios. Tenían aspecto de escasa inteligencia y gesto de cinismo. Uno de ellos no hacía sino morderse y mirarse las uñas mientras el jefe de estudios le inquiría que por qué lo habían hecho. Uno decía que el otro le había empujado, y el que había empujado, que no sabía lo que hacía. Que era una broma y que todo había sido un accidente. Entonces ¿por qué os fuisteis con ella tirada en el suelo y no la socorristeis? No hay respuesta. Se sigue observando las uñas y ni se digna dirigirnos la mirada.

Ambos serán sancionados, pero no parece que se sientan ni responsables ni dolidos por la agresión. "Son moras", claro. Se las puede humillar. Es lo que oyen por todas partes, también en sus casas.

Al día siguiente, las dos estaban mucho más animadas y desde luego Leila seguirá estudiando para no darles el gustazo de abandonar. Puede esta niña llegar a ser lo que quiera por su inteligencia, sensibilidad y constancia. Podrá ser lo que quiera si nuestro sistema lo permite y su familia acepta que siga estudiando. No lo tendrá fácil.

Ayer era el día final de trimestre. Se entregaban las notas a las doce de la mañana. Todos mis tutorandos tenían prisa para marcharse. Les hice sentarse. Protestaban y gritaban por la demora. Les quise hacer una reflexión sobre su rendimiento -muy bajo salvo excepciones- y sobre sus relaciones humanas en el aula -muy deterioradas por los enfrentamientos-. Hablé unos tres minutos y luego les deseé felices navidades y procedí a entregarles las notas en un sobre con una felicitación de Navidad. Fue visto y no visto. Sin darme cuenta, salieron todos corriendo del aula con sus notas. Nadie me saludó ni se despidió ni me deseó unas felices navidades. Bueno, nadie no es exacto. Hubo cuatro alumnas que se quedaron y esperaron para expresarme su deseo de que pasara unos buenos días y para despedirse. ¿Saben quiénes eran? Eran Leila, Hafida, Rachida y Sara, las cuatro alumnas magrebíes.

13 comentarios :

  1. Qué bonito, parece un cuento más que realidad. Sin darte cuenta, creo, les has dado final feliz a "los buenos", y por tu descripción salen mal parados los "malos". Eso es también final feliz, les has hecho justicia de alguna manera al escribir esto. Si todo el mundo pensase como tú, otro gallo cantaría...qué lástima que no sea así. Creo que eres muy buen profesor y, quizá, incluso para sorpresa tuya, te veo todavía muy motivado. Un abrazo, y felices días.

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  2. Lo terrible, Simalme, es la indiferencia de la mayoría. No es la primera vez que ellas son agredidas sin ningún motivo. Probablemente esto les hará más fuertes, pero ¿quién puede asegurar que no dejará en ellas y en muchos semejantes, una huella de resentimiento muy peligroso? Son adolescentes y no entienden por qué pasa esto. Luego nos extrañamos de estallidos sociales en países cercanos.

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  3. Este año soy secretario de mi centro y, aunque no me ocupo directamente de ello, veo y oigo pasar a la caravana de individuos que llegan expulsados a jefatura de estudios. En la mayor parte de ellos, estupidez y maldad hacen un cocktail explosivo. Unos pocos vienen de familias (por llamarlas algo) en las que no se les hace ningún caso (a no ser para pegarles), y uno puede pensar que detrás de su dureza e insensibilidad se esconda un niño frágil que sólo ha aprendido una lección: o pisas o te pisan. Muchos otros, sin embargo, vienen de familias que los han superprotegido. Están acostumbrados a hacer siempre su santa voluntad, y saben que las sanciones con las que padres y profesores podemos amenazarles se quedan al final en poco menos que tres charlas y unos días en casa (tocándose la barriga). Horrible pero cierto.

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  4. Concuerdo completamente contigo en el análisis de la tipología de estos chavales, sobre todo, en ese cocktail de estupidez y maldad que señalas. Pero a mí me preocupa la falta de reacción general, la insensibilidad colectiva ante el dolor o el sufrimiento, ese acostumbrarse a cualquier cosa y no tener capacidad de oponerse, de tener que decir algo, la falta de empatía, la dureza de los sentimientos. Esto, desde luego, no es el mundo de "Corazón" de Edmondo de Amicis. Me gustaría releerlo. No sé si es un libro totalmente periclitado o es un libro rabiosamente necesario.

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  5. Hacía poco que había empezado ha estudiar en el instituto y un día un grupo de chicos hizo un comentario que me dolió y me irritó intensamente. Decían refiriéndose a los extranjeros:
    -Si Franco estuviera vivo, esto no pasaría, que el no dejaría que entrasen “moros” en “nuestro” país.
    No hay palabras para expresar lo que sentí. Chicos de entonces 12 años defendían una dictadura que ellos no habían vivido y a un dictador que no era precisamente un “santo” como ellos lo pintaban. En ese momento no puede evitar que se me cayeran algunas lágrimas y les dije que no sabían lo que decían y me fui. Un profesor vino hablar conmigo y me preguntó por mi reacción, y yo le explique que mi abuelo paterno había sido encarcelado por vender productos en el mercado negro durante la dictadura y que lo hacía porque su familia se moría de hambre y que mi abuelo materno tuvo que emigrar a Francia y aquel país extranjero le acogió.
    Cuando oigo comentarios elogiando a Franco o diciendo que los “moros”, se vayan me duele. Muchas personas tuvieron que emigrar cuando la dictadura y les brindaron su aguda los países cercanos al nuestro y ahora que son otros países los que necesitan nuestra ayuda, nosotros les damos la espalda. Y es que el pueblo que olvida su historia, esta obligado a repetirla y el racismo que sustenta la mayoría de la población española, nos pasara factura.

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  6. Dicen que lo que no te mata, te hace más fuerte. Pero no sé yo tampoco hasta qué punto es bueno endurecerse...Lo más lógico es que sean extremos en un futuro, o de buenas personas o de vivir en el filo. Cruzo los dedos para que no se les haga tan difícil los adultos como los niños. Ojalá. Un abrazo, Joselu, Y que pases muy buenas fiestas.

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  7. María José y Simalme, pasad unas felices fiestas. Gracias por vuestros comentarios. Ambos son enriquecedores. Me alegra que estéis ahí. Me alegran vuestros puntos de vista. Creo que esto también demuestra que la "red" puede convertirse en un lugar de encuentro, afecto y diálogo. Felices fiestas. Yo intentaré seguir al pie del cañón.

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  8. Yo creo que en algunos institutos han existido siempre este tipo de gentuza que se dedica a humillar a los demás o a insultarlos para considerarse mejores. Dejando de lado todo tema racial, ya sea porque lleves gafas, estés gordo o te vistas diferente. Quizá cuando yo estudiaba en el Verdaguer, hará ya 10 años, había más respeto. Pero, como tú bien dices los alumnos de secundaria de hoy en dia alargan su infantilismo a lo largo de la adolescencia. Por tanto, no es de extrañar que actitudes propias de la ignorancia típicas de EGB se repitan en el instituto. Me ha gustado como lo habéis expresado, con lo del cocktail,jeje
    Saludos, te sigo leyendo que me encantan tus blogs y... felices fiestas ;-)
    ^*Eva*^

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  9. Sería un bonito cuento de Navidad si no fuera real. El incidente es un retrato de la sociedad que vivimos, tiene muchos de sus ‘tics’. Si restamos lo que se refiere al aspecto adolescente algo que se repite en todas las épocas: agresiones ante lo diferente, la fuerza sobre la razón, los conflictos que se generan a nivel de formación de la personalidad –quien sabe si en el fondo a ese alumno no le atrae esa muchacha-, etcétera; encontramos una radiografía de las carencias sociales.

    Detrás de ese tipo de conducta suele haber una falta de valores, sobre todo de respeto a los demás y responsabilidad con los actos propios. Padres dedicados al trabajo o a sus vidas que conceden todos los caprichos a sus hijos para que no les den problemas y apenas si hablan con ellos, mientras en sus entornos son bombardeados por unos modelos a imitar que son competitivos, insolidarios, agresivos, indolentes. Lo peor es que son parte de la sociedad futura. En fin un largo debate.

    Pero está la otra cara, afortunadamente, gente preocupada que va a pelear por compensar la balance. Es un difícil equilibrio, pero no hay que desfallecer, nos entretiene mientras vivimos.

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  10. fmop, pienso como tú que esta época supone un desafío, un conflicto entre la esperanza y la desesperanza, porque a pesar de todo hay jóvenes que siguen luchando por unos valores y unas ideas de mayor humanidad y justicia. Son pocos, pero existen. Hay que reconocerlos y darles nuestro apoyo. Saludos.

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  11. En mi niñez estudiaba en una pequeña ciudad del norte del Ecuador y me insultaban por ser colombiano. Lamentablemente los niños y jóvenes suelen repetir las actitudes racistas y/o xenófobas de sus padres. Pienso que cada vez que ocurren este tipo de agresiones es necesario no sólo hablar con los agresores sino también con sus familiares.

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  12. La falta de respeto es hoy en día una constante en los alumnos. Falta de respeto por los propios padres (he visto niños de 7 años llamar a su padre "patán", etc.), por los profesores, por todos los que no son exactamente iguales que ellos... Han cambiado mucho las cosas: yo misma vine a España hará unos diez años, y siempre me sentí muy bien acogida... Es un tema de mucho hablar, sin duda.
    Saludos

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  13. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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